lunes, 31 de diciembre de 2012

Quiero dejar, Señor


Image courtesy of sdmania at FreeDigitalPhotos.net
por Javier Leoz, sacerdote español
Red de Liturgia CLAI

QUIERO DEJAR, SEÑOR, EN EL AÑO QUE AHORA ACABA

La envidia que me hace soñar con aquello que no me corresponde
e infravalorar los golpes de suerte del que camina junto a mí
La violencia que me convierte en verdugo de innumerables prójimos
La indiferencia ante el que vive horas amargas
y encuentra como respuesta el vacío de mis obras y palabras
La pereza en el afán de superación
Las manos que se cierran ante rostros que sufren
El corazón altanero y ambicioso, hipócrita y egoísta
El pensamiento por lo puramente efímero
La debilidad que me hace vulgar y uniforme en medio del mundo
La mentira que oculta la veracidad de las cosas
La tristeza por los proyectos truncados
La desesperanza que trae mis limitaciones y carácter
La tibieza en mis actitudes
El disfraz que disimula mi franqueza

Y

QUIERO RECOGER, SEÑOR, EN EL AÑO QUE AHORA COMIENZA

Un poco de tu paz para que sean días de sosiego
La conformidad para que no sufra con aquello que carezco
La fraternidad para ver al otro como un amigo y no como un adversario
La fe para no ser esclavo de aquellos grilletes
con los que aprietan las dudas
La audacia para resolver los problemas que me asalten
La profundidad para meditar y escrutar los misterios
La fortaleza para ser yo mismo
La originalidad para sentirme siempre vivo
La verdad para no ser esclavo de mis falsedades
La alegría para ser portador de optimismo
en el mundo que me rodea
La esperanza para soñar
con un nuevo hombre y un nuevo orden
La coherencia para que no exista
distancia entre el digo y hago
La nitidez para no ser malinterpretado
en la percepción de las cosas y de los hechos
El amor para saber que es una puerta
por la que se sirve en la tierra y se entra en el cielo
El perdón para comprender
que es peso que quito de mis hombros,

Amén.

lunes, 24 de diciembre de 2012

I heard the bells...

This is one of my favorites Christmas songs, from the album «Peace on earth» by Casting Crowns. I found this video on YouTube and want to share it as a reminder of what Christmas is about...



Enjoy!

sábado, 15 de diciembre de 2012

Sólo Dios basta



por Teresa de Ávila (1515-1582)

Nada te turbe,
nada te espante,
todo se pasa,
Dios no se muda;
la paciencia
todo lo alcanza;
quien a Dios tiene
nada le falta:
Sólo Dios basta.

Eleva tu pensamiento,
al cielo sube,
por nada te acongojes,
nada te turbe.

A Jesucristo sigue
con pecho grande,
y, venga lo que venga,
nada te espante.

¿Ves la gloria del mundo?
Es gloria vana;
nada tiene de estable,
todo se pasa.

Aspira a lo celeste,
que siempre dura;
fiel y rico en promesas,
Dios no se muda.

Ámala cual merece
bondad inmensa;
pero no hay amor fino
sin la paciencia.

Confianza y fe viva
mantenga el alma,
que quien cree y espera
todo lo alcanza.

Del infierno acosado
aunque se viere,
burlará sus furores
quien a Dios tiene.

Vénganle desamparos,
cruces, desgracias;
siendo Dios tu tesoro
nada te falta.

Id, pues, bienes del mundo;
id dichas vanas;
aunque todo lo pierda,
sólo Dios basta.


martes, 4 de diciembre de 2012

Para que no caigan en la locura

Salmo 85.8-13 

La vida es complicada, es difícil, y nos presenta retos, problemas y tragedias personales y colectivas. En ocasiones dichas circunstancias adversas son tan frecuentes que puede parecer una historia que no tiene fin. Más allá de la experiencia personal, una mirada a los medios noticiosos nos permite ver cuán lastimada está la humanidad en todas partes. Hay quienes sienten que tanta mala noticia pudiese llevarles "al borde de la locura”. 

Guerras, levantamientos, terremotos, hambre, pestilencias, intolerancias y persecuciones de todo tipo, angustias, traiciones, fragmentación familiar, confusión, miedo ... son experiencias que han acompañado a la humanidad desde que el mundo es mundo. En estos tiempos nuestro poder destructivo es mayor, así como la tecnología por la cuál se difunde la información de los acontecimientos, no obstante el dolor humano y las ansiedades trascienden las épocas y las culturas. Por eso podemos identificarnos con las palabras de los salmistas bíblicos.

El Salmo 85 es uno que se encuentra muy ligado a la experiencia del destierro del antiguo Israel, un evento que dejó profundas huellas de desolación y dolorosas frustraciones individuales y nacionales. El autor, como cualquiera de nosotros, ha sobrellevado la carga de grandes preocupaciones y tristezas, por eso cobran especial significado sus expresiones: «Escucharé lo que Dios el Señor va a decir; va a hablar de paz a su pueblo y a sus santos, para que no caigan en la locura» (v. 8). Aunque la vida sea como es – complicada, injusta, difícil – no tenemos porqué ser arrastrados por el desánimo y la ansiedad. El mensaje de Dios es capaz de poner paz en nuestras mentes y corazones, una paz que sobrepasa nuestra capacidad de entenderla.

En estos días de Adviento, hacemos nuestras las palabras del salmista al decir: «Su salvación está cerca de los que le temen...» (v. 9). Nos abrazamos a la visión utópica y esperanzadora de gran hermosura, llegará un día en que «Se encontrarán la misericordia y la verdad, se besarán la justicia y la paz» (v. 10). Quiera el Señor concedernos el ánimo y la fe, para seguir adelante, siempre creyendo, anhelando, trabajando y luchando por ese mundo mejor.

Noche de Paz 2012





Sábado, 8 de diciembre de 2012

4:00pm - Actividades recreativas
6:00pm - Cena fraternal

Tendremos la visita de los Sabios de Oriente, los cuáles traerán dulces a los niñ@s.

Donación: $3 (adultos); $1(niñ@s)
Separe su boleto llamando al 305-642-4755, antes del evento. No se venderán boletos ese día.

domingo, 25 de noviembre de 2012

"Upgrade" de Blanca Nieves a Merida

Hace poco tuve la oportunidad de ver la película "Brave" (valiente), de Disney/Pixar. Confieso que en mi corazón tengo un lugar especial para las películas infantiles, pero esta amerita una mención honorífica. "Brave" rompe con la imagen de la "damisela en necesidad de rescate" tan presente en historias clásicas como las propias de Disney o la serie 007 con sus "Bond Girls", por mencionar algunas.

En la trama vemos que Merida ha sido indoctrinada por su madre, la reina Elinor, para convertirse en toda una "dama" que esté lista para el casamiento con algún príncipe cuando le llegue la edad. Mérida se resiste a ser encerrada en ese molde, sino que lucha para forjar su propio destino, llegando a ser una excelente arquera (una función tradicionalmente reservada para los "héroes" varones). La película magistralmente trata otros temas, como el de la reconciliación y el perdón, las relaciones paterno/materno-filiales, y la autoestima.  No obstante, no pretendo hacer una reseña detallada aquí.  

Lo que me interesa resaltar es que, de cara a la horrenda realidad de la violencia familiar, particularmente en su expresión contra la mujer, es hora de que en los hogares se comience desde temprano a cambiar la programación mental que por defecto se inculca a las niñas (y a los niños).  Es tiempo de que se deje de enseñar explícita o implícitamente que la mujer es "el sexo débil", que necesita ser rescatada, que las habilidades que tiene que cultivar son las propias del trabajo doméstico, que su vida tendrá valor en tanto y en cuanto esté ligada a un hombre, que se realizará como mujer cuando se convierta en madre, que en la cama tiene que complacer a su pareja aunque sus sus propios deseos no sean satisfechos o su dignidad se vea menoscabada, y otras tantas ideas que sólo subyugan la mujer y la condenan a "ser inferior al hombre". A las madres y padres les recomiendo que (en adición a forjar una realidad distinta con el ejemplo propio), busquen modelos que brinden a sus niñas y niños un esquema distinto al de la dominación masculina: hagan un "upgrade" de Blanca Nieves a Merida.

Los primeros años en la vida de un niño o una niña son cruciales en su desarrollo e impactarán grandemente sus ideas y comportamientos en la vida adulta. Es esencial que los hombres aprendan desde niños a respetar a las mujeres; así como que las mujeres aprendan desde niñas a darse a respetar. Puede que tome más de una generación cambiar el paradigma, pero si no comenzamos desde hoy, en el futuro no veremos una disminución en los lamentables titulares notitiosos que reseñan la muerte de mujeres a mano de los hombres que juraban amarlas.
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viernes, 26 de octubre de 2012

Pastoreando republicanos, demócratas y otros especímenes

Al acercarse las elecciones generales en los Estados Unidos, hay un mensaje que quiero estipular claramente.  Lo he expresado en varias ocasiones, pero de vez en cuando no viene mal un recordatorio, particularmente cuando hay quienes suelen olvidarlo... Como pastor, no es mi función endosar públicamente candidato ni partido político alguno.  No es mi función decir ni insinuar ni recomendar a mi feligresía que vote por tal o cual persona. Considero que eso es un flaco servicio al Evangelio de la gracia de Dios en Cristo y una falta de respeto a mi vocación pastoral.  Mi deber es pastorear a todas las personas, indistintamente de cuáles sean sus preferencias particulares. No voy a dejarme arrastrar por el juego de quienes pretenden que yo "le eche la bendición" a su candidato de preferencia.

Claro está, esto no significa que los cristianos no debamos participar activamente en el quehacer de nuestra sociedad.  No hemos sido llamados a alienarnos del mundo, sino a dar testimonio en el mundo.  Nuestra Iglesia enseña que «La obra redentora de Dios en Jesucristo abarca la totalidad de la vida del ser humano: lo social y lo cultural, la economía y la política, lo científico y lo tecnológico, lo individual y lo corporativo» (Confesión de 1967, 9.53). Damos testimonio del reino de Dios y la gracia divina cuando nos involucramos buscando el bienestar para todas las personas en un marco de justicia, equidad, y paz.

El sistema democrático representativo que gozamos en nuestra sociedad es algo que debemos cultivar, defender y mejorar.  Una de las herramientas que la democracia nos otorga es el derecho al voto.  Por medio del voto -que además de ser un derecho, es también un deber- podemos hacer constar nuestro sentir como ciudadanos en cuanto a los destinos del país.  Vayamos a las urnas con un sentido de responsabilidad ciudadana.  Busquemos documentación adecuada.  Leamos las ideas, propuestas y plataformas de gobierno de los partidos, las cuáles se encuentran disponibles en la internet. (Un recurso para comenzar la investigación es "2016 Presidential Candidates", pero no nos conformemos sólo con una fuente de información. Hay muchas.) Una de las peores cosas que nos puede pasar como nación es contar con una ciudadanía desinformada o malinformada.  Atrevámonos a romper con los fanatismos y apasionamientos que muchas veces ahogan la razón y la sensatez.  Es indispensable educarse e informarse.

Por encima de todo, nuestra participación ciudadana debe darse en el marco de un profundo sentido de oración.  Uno de los autores bíblicos hace la siguiente exhortación: «Ante todo recomiendo que se hagan peticiones, oraciones, súplicas y acciones de gracias a Dios por toda la humanidad. Se debe orar por los que gobiernan y por todas las autoridades, para que podamos gozar de una vida tranquila y pacífica, con toda piedad y dignidad. Esto es bueno y agrada a Dios nuestro Salvador...» (1 Timoteo 2.1-3 DHH).  Desde la fe cristiana afirmamos que nuestra lealtad al reinado de Dios va por encima de las consideraciones, intereses y lealtades político-partidistas.  Demos, pues, ejemplo del amor y la gracia divina para «toda la humanidad» ... y eso incluye a republicanos, demócratas y otros especímenes.


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2016-04-12. Actualizado con enlace a información sobre elecciones presidenciales del 2016.

lunes, 22 de octubre de 2012

No descartes ese teléfono

NOTA: Esta entrada a mi blog no tiene que ver directamente con asuntos de fe y religión, no obstante, la comparto pues a fin de cuentas el ser humano es un ser integrado.  Muchas veces hacemos tanta separación entre "lo espiritual" y "lo material" que se nos olvida que todavía vivimos en el planeta tierra.

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Con eso en mente te comparto un consejo no solicitado: no tires a la basura ese teléfono "viejo".  Con la velocidad en que se mueve el mercado de consumo tecnológico, cambiar de teléfono celular cada año o cada dos años se convierte en costumbre (y, en algunos casos, en obsesión).  Cuando estás aprendiendo a manejar bien el que tienes, ya la compañía está anunciando el lanzamiento de un modelo nuevo que "hace" algo que el que tienes no puede hacer.  Por lo general es algo irrelevante como que el nuevo puede eliminar el efecto de ojos rojos en las fotos o tonteras por el estilo.

Sea por la compulsión a estar "in" con el último grito de la moda tecnológica o porque simplemente cambiamos de proveedor celular, lo cierto es que terminamos siendo dueños de un equipo "obsoleto" o "viejo" (particularmente si tiene dos o más años de edad, en el mundo tecnológico se considera un "dinosaurio").  Pues bien, repito mi consejo: no tires a la basura ese teléfono "viejo", particularmente si su sistema operativo es Android y tiene capacidad de conexión wi-fi.  En otras épocas los teléfonos solamente tenían la capacidad de hacer y recibir llamadas, pero de unos años para acá los teléfonos son computadoras en miniatura.  Aún conservo un teléfono modelo "My-Touch 3G", lanzado por la compañia T-Mobile.  Hace como 10 meses que no lo usaba pues al cambiar de proveedor celular de PR a Miami tuve que cambiar de número telefónico, contrato nuevo, etc.  Mi "viejo" My-Touch estaba guardadito en su caja y almacenado (tengo sentimientos especiales para las "reliquias" tecnológicas).  Francamente no pensaba que lo volvería a usar, sin embargo, el teléfono de mi esposa sufrió un aparatoso accidente, y el teléfono "viejo" vino al rescate por un tiempo.  Luego de ello, le he encontrado uso como "media player" (reproductor musical).  Esa es una de las ventajas de estas computadoras en miniatura.  Le actualicé la programación, lo conecto a la internet via wi-fi, lo conecto por cable al amplificador de la sala, activo la aplicación Pandora y "voilá": disfruto de música ininterrumpida por horas.

Cuando no lo utilizo como reproductor musical, aún le puedo dar uso como lector de libros con la aplicación de Amazon Kindle, también leo/contesto emails, chequeo Facebook, etc.  Sigue teniendo todas las funciones propias de la plataforma Android, y me conecta con el mundo por medio del wi-fi -sólo que ya no lo uso propiamente como teléfono.

De esta manera  un equipo que hubiese terminado en el olvido (o en un zafacón) adquiere un nuevo propósito(s) que extenderá por mucho su vida útil.

jueves, 18 de octubre de 2012

Y el mar se calmó


«Dicho esto, echaron a Jonás al mar, y el mar se calmó. Al verlo, los marineros sintieron una profunda reverencia por el Señor, y le ofrecieron un sacrificio y le hicieron promesas. Entre tanto, el Señor había dispuesto un enorme pez para que se tragara a Jonás. Y Jonás pasó tres días y tres noches dentro del pez.» (Jonás 1.15-17 DHH)

Pocas historias son tan ricas en significado y proveen materia prima para tantas aplicaciones como la historia bíblica del profeta Jonás. Grandes sectores de la cristiandad la ven como un relato “histórico”, aún cuando hay suficiente evidencia (p.ej. el uso de ironía, sátira, hipérbole, repetición, humor, etc.) como para catalogarla como una parábola o una novela didáctica de la antigüedad. Esto, por supuesto, no mina en nada su cualidad de escritura sagrada ni su capacidad para proveer enseñanzas que son tan útiles hoy como lo fueron en el pasado.

La narración presenta a Jonás, un profeta del Señor llamado a ir a la ciudad de Nínive (Persia) a dar un anuncio de parte de Dios.  Jonás, en lugar de obedecer, procura irse en dirección contraria, huyendo del Señor.  Se embarca rumbo a Tarsis y a mitad de viaje se desata una fuerte tempestad que lleva a la tripulación a llenarse de miedo.  Asustados toman varias medidas: invocan a sus respectivos dioses, arrojan la carga al mar, y, siguiendo sus creencias echan suertes con el fin de identificar el causante de tal problema. Jonás, una vez señalado como el “culpable”, confiesa lo que ha hecho y cómo eso ha provocado la ira divina.  Como solución Jonás termina siendo arrojado por la borda al mar... «y el mar se calmó» (1.15).

No es mi intención aquí plantear que los fenómenos de la naturaleza sean un “castigo divino”. Los fenónemos naturales son eso mismo: naturales.  Sin embargo, esta pieza literaria, por medio de su trama magistralmente narrada nos inspira a formular algunas reflexiones.  Metafóricamente hablando, a veces necesitamos la sacudida de una “tormenta” para detenernos a reflexionar sobre los cambios que necesitamos hacer en nuestras vidas.  Ese momento, el del susto, el de la preocupación, el de la ansiedad, el de la incertidumbre que azota nuestra vida como las fuertes olas de una tormenta marina lo hacen con el barco, provee una oportunidad única para hacer introspección: ¿qué cosas tenemos que “arrojar” de nuestro barco? ¿Qué elemento(s) están presentes que no debieran estar? ¿Qué factores nos han llevado a la encerrona tormentosa? ¿Cómo podemos hacer nuestra embarcación más “liviana” para que no tenga que naufragar?  No permitamos que el barco se nos hunda por aferrarnos a la presencia de elementos que a todas luces nos llevan rumbo al fracaso personal, familiar o institucional.  Quizás sea alguna idea, alguna actitud, alguna relación o alguna práctica lo que se ha convertido en ese lastre cuyo único resultado será llevarnos a la ruina.  Ese lastre es lo que tiene que ser descartado
lo antes posible: sólo así el barco podrá sobrevivir la tormenta.

miércoles, 3 de octubre de 2012

Es cierto porque lo vi en la TV

Al momento de escribir estas líneas tengo 42 años.  Pertenezco a la llamada “Generación X”. Mi niñez y adolescencia fueron nutridas por la cultura de los años 70’s y 80’s. Vi nacer los video juegos, la computadora personal, los Sony “walkman”, las video grabadoras VHS, los teléfonos portátiles, los CD players y otras tantas cosas. Como muchos otros niños(as), tuve la oportunidad de participar en juegos de naturaleza física, en el patio y en la calle, pero a la misma vez pasar mucho tiempo frente al televisor. Mi visión de mundo incluía una noción de la historia en la que los “indios” eran salvajes y malos mientras que los “vaqueros” (blancos) eran civilizados. Recuerdo que cuando jugaba con amiguitos en la escuela y en el barrio, nadie quería ser de los “indios”, todos queríamos ser “vaqueros”. Todo el mundo “sabía” que los indios eran malos, lo veíamos en la TV. Luego entendí que eso de “indios” y “vaqueros” pertenecía al pasado del “Viejo Oeste” americano, era materia para los libros de historia.

Pero en el tiempo de mi adolescencia enfrentábamos otra realidad, aprendí que los rusos sí eran malos, querían conquistar el mundo y destruirlo por medio de bombas atómicas. Y, claro está, tenía que ser cierto, porque lo vi en la TV. En la mayoría de las películas y series televisivas “los malos” de alguna manera estaban asociados con la extinta Unión Soviética. Los soviéticos inventaron un avión supersónico llamado “Firefox” que hábilmente Clint Eastwood logró robar. Junto con los cubanos y nicaragüenses, los rusos invadieron una escuela en “Red Dawn” --gracias a Dios por Patrick Swayze y Charlie Sheen, quienes los lograron vencer. Hasta intentaron dominar el boxeo cuando aquel temible gigante de nombre Ivan Drago mató a Apollo Creed en el cuadrilátero --menos mal que contamos con Rocky Balboa para darle una lección en su propia tierra natal...  Todo esto parecerá tonto, pero lo cierto es que, aun cuando se sabe que todo esto es “ficción” y “entretenimiento”, en el inconsciente queda un mensaje grabado: el rechazo, temor, desprecio y hasta odio por los de tal o cual raza, etnia o nacionalidad porque son “los malos”, son “el enemigo”.

La niñez contemporánea poco sabe de la “Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas”, pero la programación mental que recibe le enseña que “los malos” tienen barba larga, usan turbantes en la cabeza y profesan alguna versión del Islam. Y, desde luego, tiene que ser cierto porque lo vemos en la TV. Los ejemplos son demasiados para contarlos, pero basta con echarle un vistazo a varias de las temporadas de la serie “24” -una de mis favoritas series de acción- para observar como Jack Bauer nos libra de "esos terroristas" del medio oriente...

La TV (y de igual forma el cine), como fuente de entretenimiento, programa las mentes para que adoptemos los prejuicios raciales del sistema. Y esto se manifiesta en otras esferas más allá del entretenimiento televisivo. Recientemente observaba horrorizado que la tarjeta en un campo de tiro tenía una figura que asemejaba a una persona con facciones étnicas propias del medio oriente... Se nos enseña a polarizarlo todo, a temer y rechazar a quien es distinto, a etiquetarlo todo, y a pensar en términos de categorías absolutas. Pero la vida es mucho más complicada que los reduccionismos de las categorías absolutas. El ser humano es diverso y complejo. Pertenecer a una raza, nación o religión no convierte a la persona de forma automática en un ser perverso y lleno de maldad con deseos de aniquilar al resto de la humanidad....

El problema de asumir esas visiones de tipo reduccionista es que afecta en todas las direcciones. Es decir, pensamos que tenemos la verdad inconmovible cuando tildamos a otros de lo que sea. Sin embargo, esa misma programación mental colectiva puede volcarse en detrimento propio. Recientemente observaba un vídeo en el cual muchas personas de uno de los principales partidos políticos proferían insultos contra el retrato del candidato presidencial del otro partido. Indistintamente de mis ideales políticos, no puedo negar que me sentí indignado por las cosas que escuché. Ahora bien, lo que más me indignó fue el comentario que hizo otro espectador del vídeo - un individuo identificado como no-religioso - a los efectos de que “así se expresan y se comportan los cristianos.” Desde el contexto de mi prédica y práctica de la fe cristiana, tengo la convicción de que Cristo no avalaría el tipo de insultos y expresiones que aquellas personas estaban diciendo. Sin embargo, el comportamiento bochornoso de un número de personas que se identifican como “cristianas”, lleva a quienes no comparten la fe a pensar que “todos los cristianos” actúan así. Si me inquieta que se generalice contra mi fe por el comportamiento errado de quienes de “identifican” con ella, también me inquieta que se generalice contra las personas de otra fe (o raza, o etnia, o clase económica, etc.), aunque lo haya visto en la televisión (o en cualquier otro medio).

En sus exhortaciones finales a la antigua iglesia cristiana en la ciudad de Tesalónica, el apóstol Pablo incluyó la siguiente:  «sométanlo todo a prueba, aférrense a lo bueno, eviten toda clase de mal» (1 Tesalonicenses 5.21-22 NVI). El examen riguroso, el análisis de las fuentes, la comprobación de hechos, la investigación cuidadosa y la ponderación mesurada nos debe llevar a una comprensión seria y madura de las complejas dinámicas de las comunidad humana.  Somos seres pensantes, la fe no debe vivir divorciada del uso de la razón. Al así hacerlo, estamos honrando a Dios y contribuyendo a una mejor convivencia social.

jueves, 27 de septiembre de 2012

Cortesía: en peligro de extinción

«Que su amabilidad sea evidente a todos.» (Filipenses 4.5 NVI)

No es un secreto que en los tiempos en que nos ha correspondido vivir, la cortesía o amabilidad es algo que muchas veces brilla por su ausencia. Nunca pensé que tendría que decir algo como esto. Cuando era muy jovencito pensaba que ese parecer era "cosa de viejos" que siempre añoran tiempos "mejores".  No obstante, al madurar y, ¿por qué no?, al envejecer, me he percatado de que "los viejos" tenían razón en esto. Frases como "por favor", "tenga la bondad", "buenos días", "disculpe", "muy amable", "pase usted", "gracias", son frases que se escuchan cada vez con menos frecuencia.

La cortesía es algo que debiera manifestarse en todas las relaciones humanas.  Pero en esta ocasión quiero enfocar mis pensamientos de forma particular en las comunicaciones electrónicas o "emails".  Un email es una carta que en lugar de ser escrita en papel, se escribe en una computadora (o tablet, o teléfono inteligente) y se envía de manera electrónica.  Tiene la ventaja de recibirse rápido.  No depende de todo el proceso más lento que implica el correo regular (escribir, sellar, enviar al buzón, y esperar un par de días en lo que llega). El correo electrónico se envía y se recibe en cuestión de segundos acelerando de esta manera la comunicación.  Ahora bien, el que una carta se envíe de manera electrónica, no invalida el hecho de que es una carta.  En la escuela aprendí que una carta comienza con un saludo y temina con una despedida.  Esto no es algo que constituya una ley que si no se cumple conlleva penas y castigos, pero es asunto de cortesía.  Una pequeña frase al principio y al final tiene la facultad de afectar positivamente el ánimo de quien recibe la comunicación.  Esa expresión simple de cortesía tiene la capacidad de brindar calor humano: no es una máquina la que escribe ni es una máquina quien recibe, son personas que tienen sentimientos, aspiraciones, esperanzas y frustraciones. 


Bien lo dice el escritor bíblico: «Las palabras amables son un panal de miel;
endulzan el alma y sanan el cuerpo» (Proverbios 16.24).  Aún aquellos temas que puedan ser más controvertibles pueden tratarse de forma positiva y obtener mejores resultados cuando son acompañados de cordialidad.  La prisa nunca debiese ser motivo para sacrificar un saludo amable y una despedida cordial. Una pizca de sal puede acentuar el buen sabor de la comida o lo puede arruinar. Les invito, pues, a contribuir para que la cortesía no sea algo en peligro de extinción.  El mundo está lleno de amarguras, pero por medio de “pequeñas” porciones de amabilidad, podemos hacer nuestra parte para darle un mejor sabor.

viernes, 21 de septiembre de 2012

Día internacional de la paz (2012)


«Él [Señor] juzgará entre las naciones, y dictará sentencia a muchos pueblos. Y ellos convertirán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces. Ninguna nación levantará la espada contra otra nación, ni se entrenarán más para hacer la guerra.» (Isaías 2.4)

Hoy, 21 de septiembre, se celebra el “Día internacional de la paz”.  ¿Lo sabían?  Es posible que algunas personas lo supiesen, pero me atrevo a asegurar que la mayoría de la gente ni se ha enterado de qué es eso...

En los principales medios de prensa no veremos noticias ni artículos sobre la búsqueda de la paz.  Todo lo contrario, como en cualquier otro día, los titulares están llenos de violencia, provocaciones, guerras, muertes, insultos, trampas, conspiraciones... la lista es tan larga que no vale la pena continuarla.

Aquí les comparto una oración para este día:

“Dios de la esperanza y la paz, Dios de la vida y el amor,
viniste al mundo
no con gritos de guerra
sino con el llanto de un recién nacido;
ven a las vidas de tus hijas e hijos en todo el mundo
para que este día pueda ser un día de paz.
Que tus criaturas estén abiertas
a la morada de tu Santo Espíritu
para que nos convirtamos
de la violencia a tu paz.
Y así, transformados, podamos convertir
nuestras armas de destrucción
en instrumentos de producción y salud,
para que todas tus hijas e hijos
conozcan la justicia, la plenitud y el bienestar.
Oramos en el nombre de Aquel recién nacido,
Cristo Jesús, el Príncipe de Paz.
Amén.”


{Oración original en inglés por el Rev. W. Mark Koenig (2011-08-06), traducida y adaptada.}

Ante tanta proliferación de violencia institucionalizada, en altos niveles gubernamentales e internacionales, no es difícil que nos invada un sentimiento de impotencia.  Es lógico preguntar “¿qué puedo hacer yo, una persona/ciudadano “común” en medio de todo eso?”  Quizás no tengamos la influencia de un diplomático para interceder en un conflicto internacional, pero podemos comenzar con influenciar nuestro entorno.  ¿Qué tal si tomamos prestamos mucha atención a las cosas más simples? ¿Qué tal si aprendemos a decir “por favor”, “gracias”, “tenga la bondad”?  ¿Qué tal si mostramos cortesía en nuestras comunicaciones electrónicas?  ¿Qué tal si en lugar de compartir el último chisme que escuchamos le ponemos un alto? ¿Qué tal si paramos la costumbre de estar criticando todo lo que hacen los demás y practicamos los valores de la cooperación y la ayuda? … De ahí nos podemos mover a cosas más complejas, pero que de alguna manera están a nuestro alcance... ¿Qué tal si en lugar de gritar, conversamos? ¿Qué tal si suspendemos nuestros discursos que avalan la venganza y la represalia? ¿Qué tal si ponemos freno a la violencia doméstica?  ¿Qué tal si resistimos la tentación del acoso hacia los más débiles (bullying)?  

Muchas acciones ordinarias pueden lograr efectos extraordinarios. La peor decisión es no hacer nada.  «Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios» (Mateo 5.9).  Entrenémonos para la paz y no para la violencia.

Recursos:
Enlace a la página principal de Las Naciones Unidas

Florida Coalition Against Domestic Violence
Stopbullying.gov

sábado, 15 de septiembre de 2012

Diferencia entre "ellos" y "nosotros"

El libro de los «Hechos de los apóstoles» constituye una joya didáctica para toda la cristiandad. Lamentablemente no recibe tanta atención como otros escritos bíblicos.  Esta magistral obra, es considerada por muchos simplememente como un libro de historia. Se pasa por alto un importante detalle: «Hechos» es la segunda parte de «Lucas» y fue escrito por el mismo autor, es decir: el libro de Hechos es también «evangelio».  En el mismo encontramos relatos que ejemplifican el movimiento y expansión de la fe cristiana en el primer Siglo.  Como parte de su narrativa podemos observar cómo la «buena noticia» fue superando barreras y llegando a personas de gran diversidad étnica, política, social, cultural y religiosa, entre otras.

El capítulo 15 contiene uno de esos relatos. El apóstol Pablo y sus asociados se encontraban congregándose con la comunidad cristiana en Antioquía de Siria (véase capítulo 14). Allí le contaban a la iglesia las cosas maravillosas que Dios estaba haciendo en las vidas de quienes recibían el evangelio en las diversas ciudades donde habían estado predicando. De particular interés les resultaba el hecho de descubrir que la gracia de Dios estaba actuando en personas cuyo origen étnico/racial no era judío. En ese contexto se da el episodio narrado en el capítulo siguiente, el cual comienza indicando que «De Judea llegaron algunos que enseñaban a los hermanos que, si no se circuncidaban según el rito de Moisés, no podían ser salvos» (Hechos 15.1)...

Es interesante observar cómo en los grupos humanos nunca faltan los "aguafiestas". Los amigos angloparlantes les llaman "Debbie Downers".  Son las personas que siempre están prestas a atentar contra la alegría de las demás.  Sólo que el caso en cuestión es mucho más serio que un simple comentario, se trata de una contradicción amenazante a lo que ha estado ocurriendo en las vidas que con gozo han recibido el evangelio, la buena noticia del Señor. Aquellos llegaron a imponer sobre los recién conversos tradiciones religiosas y culturales como condición para disfrutar de la reconciliación con Dios, eso que el texto bíblico llama "salvación". Y con toda razón ahora podemos preguntar ¿quiénes se creían aquellos para determinar los recipientes del favor divino?  ¿Acaso unos seres humanos tienen el derecho y el poder de decidir quienes pueden y quienes no pueden ser objeto de la gracia de Dios? ¡Cuánta arrogancia pretender decidir lo que sólo a Dios le corresponde decidir!

El Señor Jesucristo, en su prédica y práctica, había demostrado el apasionado amor de Dios independientemente de mérito humano alguno.  Cuando miramos la primera parte de esta doble obra, el «Evangelio Según Lucas», vemos a Jesucristo describiendo a Dios como el padre que invita a sus dos hijos perdidos a disfrutar la fiesta, como el pastor que busca incansablemente hasta rescatar a su oveja perdida, como la mujer que barre y recoje insistentemente hasta encontrar la moneda perdida.  Lo vemos  abrazando a la niñez, tratando con dignidad a las mujeres, comiendo y festejando con los despreciados, pronunciando su palabra de perdón hacia sus crueles verdugos...  En la segunda parte de la obra, el libro de «Hechos», vemos a Jesucristo resucitado, a través del Espíritu Santo tocando los corazones de aquellas personas a quienes la religión de Israel marginaba señalándoles como ajenas al "pueblo de Dios".

Cuenta la narración bíblica que el asunto provocó una importante reunión del liderato cristiano primitivo para dilucidar lo que estaba pasando.  Lo cierto es que el Señor estaba cambiando los paradigmas que aquellos religiosos daban por sentados.  La gracia de Dios no es para gente que cumpla con ciertos requisitos o pre-condiciones (como la raza, por ejemplo). El apóstol Pedro (también judío) testificó la obra de Dios entre las personas de otras naciones, diciendo: «Dios, que conoce los corazones, los confirmó y les dio el Espíritu Santo, lo mismo que a nosotros. Dios no hizo ninguna diferencia entre ellos y nosotros, sino que por la fe purificó sus corazones» (Hechos 15.8-9).

Escenas como esta se manifiestan en distintas partes del documento bíblico. Las cartas del Nuevo Testamento son ejemplo de cómo se manifestaba en las congregaciones del primer Siglo ese interés de unos en dictar condiciones "para ser salvos", es decir, para ser objeto del amor de Dios.  Lo triste del caso es que, aunque podemos estudiar esa práctica contraria al evangelio de Jesucristo en la iglesia primitiva, aun en pleno Siglo 21 seguimos observando grandes vestigios de esa actitud de religiosidad arrogante en la cristiandad. Criticamos lo que hacían los religiosos leguleyos del pasado, pero nosotros seguimos haciendo lo mismo.  Ya no pretendemos imponer el rito de la circuncisión ni la adherencia a las tradiciones mosaicas, pero seguimos queriendo imponer otros criterios propios de nuestras respectivas preferencias, como si se tratase de requisitos divinamente establecidos.  En la práctica seguimos promoviendo la visión de "si no hacen X o Y no pueden ser salvos", "si no votan de tal o cual manera no son cristianos", "si no adoptan tal credo o dogma serán reos del infierno", "si no _________ (los prerrequisitos son tantos y tan variados que tomaría demasiado espacio enumerarlos todos), entonces no tienen salvación".  Establecemos nuestras propias categorías y castas como si tuviésemos el derecho de determinar el favor y el amor divino. El discurso de Pedro a los hermanos judíos confronta seriamente nuestras concepciones contemporáneas: «Dios no hizo ninguna diferencia entre ellos y nosotros... ¿por qué ponen a prueba a Dios, al imponer sobre los discípulos una carga que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar? Lo que creemos es que, por la bondad del Señor Jesús, seremos salvos lo mismo que ellos» (Hechos 15.9a, 10-11).

Prestemos mucha atención: Dios no hizo ninguna diferencia entre ellos y nosotros.  Entonces, ¿por qué pretendemos hacerlo nosotros?  Lo cierto es que todos necesitamos la gracia de Dios, indistintamente de cuáles sean nuestras características y condiciones humanas.  Valga la redundancia: la gracia de Dios es su gracia  y es su derecho otorgarla libremente y por encima de las barreras que el egocentrismo humano impone. Debiésemos, pues, vivir agradecidos de que Dios no funciona según nuestros criterios limitados por la arrogancia, los prejuicios y el odio, sino que su amor actúa más allá de todo eso.  Debiésemos, pues, abrir nuestros brazos solidarios y esforzarnos en obrar como Jesucristo obró.  El Señor mostró su generosidad y compasión para con todas las personas.  A nosotros nos corresponde humildemente hacer lo mismo.

Soli Deo Gloria.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Tirando piedras

Una de las porciones bíblicas señaladas por el leccionario para hoy (Hechos 14.19-28), comienza con la siguiente expresión:
«En ese momento llegaron de Antioquía y de Iconio unos judíos que persuadieron a la multitud para que apedreara a Pablo; después de eso lo arrastraron y lo llevaron fuera de la ciudad, pues creían que estaba muerto» (v. 19)
Este es apenas un ejemplo de los extremos a los que el ser humano llega para silenciar a quien es y piensa diferente.  En la narración previa se informa de cómo el apóstol Pablo y sus asociados habían estado haciendo el bien y anunciando la buena noticia (evangelio) a las personas en la ciudad de Listra.  En medio de esa circunstancia es que se da la intervención de aquellos cobardes que lejos de aceptar la coexistencia de ideas religiosas a las suyas, provocaron la multitud para silenciar permanentemente a Pablo, matándolo a pedradas.

Ante un acto como ese, habrá quienes levanten su dedo acusador contra todos los judíos por lo que algunos extremistas fanáticos hicieron.  Habrá otras personas que dirán que eso es un asunto propio de las culturas del mundo mediterráneo del Siglo Primero, pero que es algo que no ocurre en nuestro contexto cultural y religioso.  A los primeros les debo recordar que no es apropiado juzgar a todas las personas de un credo, raza o nacionalidad por los exabruptos de unos pocos.  Los fanáticos extremistas han existido y siguen manifestándose en diversas religiones y culturas.  Son personas inescrupulosas que evidentemente no entienden lo que es la sana convivencia humana en la diversidad y la pluralidad.  A los segundos les debo responder que en el contexto particular de la cristiandad occidental no andamos con piedras en las manos para ejecutar a quienes profesen una fe diferente, sin embargo, con frecuencia observamos en los diversos medios pedradas verbales y emocionales que laceran, lastiman y destruyen a la otra persona.  El mismo pasaje bíblico nos muestra una pincelada de lo que debiese ser nuestra actitud como discípulos(as) de Jesucristo: aquellos fanáticos intentaron matar a Pablo, «pero los discípulos lo protegieron» (v. 20).  Quienes afirmamos seguir el camino del Señor no debiésemos andar arrojando piedras (ni físicas, ni verbales) contra los demás, más bien debiéramos ser quienes brinden protección de las pedradas religiosas que abundan en nuestros tiempos.

Seamos gente conocida por el evangelio de la gracia de Dios y no por pedradas lanzadas en contra de las demás.  Seamos conocidos por la compasión en lugar del juicio y la acusación.  Seamos conocidos por la prudencia y el amor en lugar del fanatismo intolerante.  Mantengamos nuestras manos llenas de gracia en lugar de mantenerlas llenas de piedras.  El señor Jesucristo no se llevaba muy bien con las piedras... De hecho, cuenta una narración bíblica que su respuesta hacia los religiosos ávidos por apedrear fue la siguiente: «Aquel de ustedes que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra» (Juan 8.7). Si nos atrevemos a vivir con humildad y franqueza, nuestras manos tendrán que abrirse para dejar las piedras en el suelo.  Así nos ayude Dios.

Les pido perdón

Hoy escribo esta breve nota para pedir perdón. Sí, perdón. Particularmente ruego perdón a compañeros(as) de escuela superior y universidad por haberles tratado con arrogancia religiosa... por haberme trepado en mi propio pedestal de autojustificación e ínfulas de santidad... por haber mirado con desdén a quienes no profesaban las ideas religiosas de la misma manera que yo las entendía... por haber tratado con menosprecio e intolerancia a quienes no compartían lo que yo entendía como “la(s) doctrina(s) correcta(s)”. Mis intenciones no eran malas, pero aún así, desde mi ignorancia reconozco que en ocasiones les pude haber lastimado con mi fanatismo y mi fervor.

Los años de educación teológica, la experiencia pastoral y la maduración personal en la fe cristiana me han llevado a redescubrir cada día el carácter esencial de la enseñanza y la práctica de Jesucristo. Su tema era el reino de Dios: un estilo de vida, una práctica cotidiana caracterizada por la humildad, la compasión, la justicia, el amor. En Jesucristo encuentro manifestado ese concepto al que teológicamente llamamos «gracia de Dios»: el amor apasionado e incondicional de Dios por sus criaturas, el abundante favor de Dios otorgado gratuitamente a quienes no lo podemos ganar ni merecer, la compasión divina que se derrama para la humanidad por encima de dogmas y credos... Esa gracia de Dios me hace libre, me hace expandir los horizontes de mi pensamiento y me hace abrir el corazón para hallar reconciliación con Dios, con el prójimo, con la naturaleza y con mi propio ser.

No he llegado a la meta, pero estoy en el camino. La experiencia de la fe cristiana es una jornada en la cual cada día constituye una nueva oportunidad para mirar bien a Jesucristo y seguir sus huellas. Soy a la vez un "pecador" en constante conversión y un "fariseo" en rehabilitación. Mi oración a Dios es que me conceda pensar, sentir y actuar como Jesucristo. En ese proceso de aprendizaje continuo sé que tropezaré y caeré muchas veces, pero estoy convencido de que la gracia de Dios me levantará y seguirá enderezando mis pasos hacia la dirección correcta. Espero que nos volvamos a encontrar, juntos(as), en el camino...

jueves, 6 de septiembre de 2012

Reasons to not drink water in plastic bottles


  1. Protect your health.  Bottled water is less regulated than tap water, and toxic chemicals like Bisphenol-A (BPA) can be leached from plastic bottles.
  2. Protect the environment.  Nearly three quarters of all plastic bottles are burned or put into landfills.
  3. Reduce carbon footprints.  Production, transportation, packaging and disposal of plastic water bottles hurt the environment and contribute to global warming.
  4. Save money. Bottled water costs thousands of times more than tap water.
  5. Support human rights to water.  One in six people on earth does not have access to enough water.  For a fraction of the $100 billion that consumers spend on bottled water everyone on the planet could have safe water.
  6. It just makes sense. For everyone now and for future generations.
Source: 2012 Daily Horizons, Issue 2, page 3.

sábado, 25 de agosto de 2012

TS ISAAC


AMADA COMUNIDAD DE FE:

DEBIDO A LA ADVERTENCIA DE TORMENTA TROPICAL Y VIGILANCIA DE HURACÁN EMITIDAS POR LAS AUTORIDADES, LOS SERVICIOS Y ACTIVIDADES DE LA IGLESIA MAÑANA, DOMINGO 26 DE AGOSTO, QUEDAN CANCELADOS.

RECOMENDAMOS A TODAS LAS PERSONAS MANTENERSE INFORMADAS A TRAVÉS DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN, TENER LISTOS SUS PLANES DE CONTINGENCIA Y SEGUIR LAS INSTRUCCIONES DE LAS AUTORIDADES CORRESPONDIENTES.

ELEVAMOS NUESTROS RUEGOS AL SEÑOR POR FORTALEZA PARA LOS PAÍSES QUE HAN SIDO AFECTADOS Y PARA TODA NUESTRA COMUNIDAD EN LA FLORIDA.

FAVOR DE COMPARTIR ESTA INFORMACIÓN CON TODOS SUS CONTACTOS.

PAZ DE DIOS SEA CON TODOS(AS).

viernes, 24 de agosto de 2012

Profesionales del (des)ánimo


«...el que haya recibido el don de animar a otros, que se dedique a animarlos.»  (Romanos 12.8 DHH)

¿Te has encontrado alguna vez con un profesional del desánimo? Estoy seguro que sí. Los profesionales del desánimo son esas personas que a todo le añaden un “pero”. Tienen la crítica en la punta de la lengua. Miran el “vaso medio vacío, en lugar de verlo medio lleno”. Son pesimistas que se especializan en trasmitir ese pesimismo a diestra y siniestra. Cuando ven a alguien trabajando y esforzándose por una causa, no tardan mucho en hacerle un señalamiento de “cómo es que se debe hacer” (claro está, ellos/as saben). Son, decía mi bisabuela, “como el perro del hortelano, que no come ni deja comer”. Son los que critican al deportista que ganó una medalla de plata, porque no ganó la medalla de oro. Son los que nunca están conformes. Son los que no agradecen. Son los que desangran las energías de quienes quieren y se esfuerzan por un mundo mejor.   Por eso les llamo profesionales, pues consciente o inconscientemente hacen del desánimo su profesión.

Ciertamente me da lástima de quienes caen en la trampa de intentar complacer a los profesionales del desánimo, pues terminarán por consumirse en ansiedad y frustración.  Mi mejor consejo: no les hagas caso.  No les prestes atención. No permitas que sus comentarios aniden en tu mente.  Utiliza tu mente para albergar pensamientos que valgan la pena.  Hay muchas otras personas que te necesitan y aprecian tu aportación al bien común.

Los profesionales del desánimo se encuentran presentes en toda institución y organización civil, religiosa, política, educativa, pública o privada.  Incluso, es posible que tú (o yo) mismo hayas asumido en ocasiones el rol del profesional del desánimo.  Si ese es el caso, es imprescindible, por el bien de la humanidad, que hagamos un alto y renunciemos a ese rol.  Por el contrario, debemos esforzarnos en cultivar el don de animar a otras personas.  Me fascina el hecho de que el apóstol Pablo, en su carta a la iglesia cristiana de Roma (Siglo I e.c.), le llame «don» o «carisma», dando a entender el origen divino/espiritual de la actitud de quien se dedica a animar a las demás.  Los dones/carismas son regalos del Creador para que los desarrollemos y los cultivemos.

Nuestro mundo está lleno de malas noticias, nuestra comunidad sufre el impacto constante de circunstancias complejas, dolorosas y frustrantes.  No seamos nosotros parte del problema.  No seamos nosostros quienes le añadamos cargas a las personas que se sienten agobiadas.  Cambiemos de profesión: seamos profesionales del ánimo.  De esta manera estaremos haciendo una importante contribución a la calidad de vida en nuestro entorno.  Una palabra de aliento puede obrar milagros en las personas que la reciben. Seamos nosotros quienes demos esa palabra.

sábado, 11 de agosto de 2012

Violencia "sagrada"

Escribo como cristiano, desde una perspectiva cristiana, sobre algo que afecta la sana convivencia social en general. Me resulta irónico escuchar cristianas y cristianos devotos acusando a otras religiones de fomentar la violencia y el terrorismo. De manera específica acusan con vehemencia al Islam de ser una religión que avala la violencia contra los "infieles". 

Claro está, al conversar con quienes hacen estas acusaciones observo que en su mayoría lo hacen sin conocimiento de causa. Es decir, nunca han leído el Corán (el libro sagrado del Islam), y cuando citan alguna porción, lo hacen repitiendo lo que han escuchado o leído de alguna otra persona que plantea el mismo argumento. En honor a la verdad, no pretendo que personas que se identifican con el Cristianismo conozcan el Corán cuando ni siquiera han leído por completo sus propias Escrituras Sagradas- Antiguo y Nuevo Testamento.  Si conocieran las Escrituras del Cristianismo, se percatarían de que los libros de la Biblia están plagados de expresiones violentas como esta: "¡Dichoso el que agarre tus niños y los estrelle contra las rocas!" (Salmo 137.9 RVC). ¿Acaso esto no es un acto barbárico? ¿No catalogaríamos esto como un acto de terrorismo, como un crimen contra la humanidad?

Veamos otro ejemplo.  Recientemente leía el Salmo 149 como parte de mi tiempo de oración y reflexión matutina. Me sentí muy inspirado al leer sus invitaciones a cantar, danzar y alegrarse alabando al Creador.  Me conmovió la afirmación de que "El Señor se complace en su pueblo, y bendice a los humildes con su salvación" (v. 4). Entonces, como si me hubiesen echado un balde de agua fría, me encontré con las siguientes expresiones:
"5 ¡Que se alegren sus fieles por su triunfo! ¡Que salten de alegría allí, en su lecho! 6 ¡Que exalten a Dios a voz en cuello mientras agitan en sus manos las espadas! 7 ¡Que se venguen de todas las naciones! ¡Que castiguen a todos los pueblos! 8 ¡Que sujeten a sus reyes con grilletes, y a sus jefes con cadenas de hierro! 9 ¡Que ejecuten en ellos la sentencia escrita! Esto será motivo de alegría para los fieles. ¡Aleluya!"
La visión de un grupo de personas agitando espadas mientras gritan alabanzas a Dios no es algo que inspire aliento, paz y sosiego, es algo que infunde terror. Y esa visión es parte de las Escrituras Sagradas del Cristianismo y del Judaísmo (para que quede claro: las citas que aquí he incluido no son del Corán, sino de la Biblia).

Habrá quien piense que éstos son ejemplos aislados, que difícilmente encontraremos otros textos similares.  Nada más lejos de la verdad. Basta con leer el resto de los Salmos y veremos muchas otras expresiones de violencia, rencor y deseos de venganza. Otros libros bíblicos como Jueces y Josué contienen incluso expresiones donde la divinidad manda ejecutar mujeres, niños y animales... y, a pesar de eso, los cristianos insistimos en acusar a otras religiones de fomentar la violencia y el terror...

El Señor Jesucristo menifestó su rechazo a las actitudes que nos llevan a condenar y señalar continuamente los pecados del prójimo. Sin embargo los cristianos somos especialistas mirando los males ajenos e ignorando los propios.  ¿Cómo podemos llamarmos "cristianos" y actuar tan distinto a Cristo? A esa actitud de prepotencia religiosa Jesucristo le llamó "hipocresía".

No podemos ignorar la realidad de que textos sagrados de diversas religiones, incluyendo la Biblia, contienen expresiones que reflejan entendimientos de sus respectivas épocas y culturas. Leerlos desde el fanatismo y el fundamentalismo nos puede llevar (como históricamente ha ocurrido) a justificar actos atroces que con razón motivan a muchas personas a rechazar tajantemente toda religión. Para hacer una lectura constructiva de los textos sagrados es importante considerarlos e interpretarlos desde sus respectivos contextos para poder aplicarlos en los nuestros. En el caso de la fe cristiana, no solo los textos, sino la vida misma debe entenderse y regirse desde la medida de lo que Jesucristo enseñó y practicó: el reino de Dios -la convivencia de paz, justicia, perdón, humildad, y amor solidario.

Que la paz/shalom/salam de Dios sea con toda la humanidad.

martes, 7 de agosto de 2012

Me quito el sombrero

«... con el juicio con que ustedes juzgan, serán juzgados; y con la medida con que miden, serán medidos. ¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no miras la viga que está en tu propio ojo?» (Mateo 7.2-3 RVC)
No ha dejado de asombrarme la cantidad de “atletas de sofá” que desde ayer (6 de agosto) han estado opinando sobre lo que Javier Culson "debió" hacer para ganar la medalla de oro en lugar de la medalla de bronce en su carrera en las Olimpiadas Londres/2012. Me resulta espantoso el carácter de las personas que sólo se dedican a opinar (particularmente con críticas y juicios injustos) sobre lo que otros hacen y logran. Esa maldita tendencia a decir a otros(as) cómo deben hacer lo que deben hacer, es algo de mal gusto, particularmente cuando quienes opinan no tienen ni la preparación ni la experiencia para opinar. Desde las gradas cualquiera es “experto” en atletismo, fútbol, baloncesto, natación... Pero abajo en el campo, en la cancha, en la pista, en el ring, es donde realmente se hace el trabajo. 

El sacrificio, la dedicación, el esfuerzo de los atletas -ya sea que ganen alguna medalla, o que lleguen en último lugar- para mí es digno de admiración y respeto, particularmente cuando muchos de esos atletas no cuentan con la infraestructura de una ciudad/país que invierta en proveer las condiciones necesarias para promover las disciplinas deportivas. Cada medalla -sea oro, plata o bronce- tiene su mérito especial. De igual manera, el sólo hecho de superar los obstáculos y carencias existentes para ir a competir es algo muy digno de alabanza y encomio. Me quito el sombrero (y, sí, yo uso sombrero) ante todas aquellas personas que, en lugar de escoger la vía fácil, escogen el camino del sacrificio, el arduo trabajo, la dedicación y el esfuerzo.  De igual manera me quito el sombrero ante las personas que tienen la nobleza, el honor y la madurez para ayudar, alentar, animar y agradecer a otras en sus respectivas jornadas vocacionales.

miércoles, 1 de agosto de 2012

Como vuela el tiempo

Cuando era pequeñito (sí, alguna vez lo fui) recuerdo a mis abuelos decir en diversas ocasiones: “como vuela el tiempo”.  A mi temprana edad, el tiempo parecía interminable.  Los días parecían semanas, y las semanas parecían meses.  En la medida en que fui creciendo el tiempo comenzó a acortarse.  Ya los días no parecían tan largos, y los meses parecían acelerar... en un abrir y cerrar de ojos terminé la escuela superior, hice un bachillerato, una maestría, me casé, entré en el ministerio pastoral y ahora me encuentro en proceso de completar requisitos para obtener un doctorado.  En otro abrir y cerrar de ojos cumplí quince años en la pastoral, habiendo dirigido dos congregaciones.  En otro pestañear, el llamado ministerial me trajo al otro lado del mar...  Hoy se cumple un año desde que comencé la labor pastoral en la Primera Iglesia Presbiteriana Hispana en Miami, FL.  Me percaté, como a eso de las 7:00pm, que ya había pasado un año.  Ahora comprendo lo que decían mis abuelos: “como vuela el tiempo”...

Al considerar todo lo que ha acontecido, particularmente lo que ha acontecido en el año que ha pasado, ciertamente me invade un sentido de gratitud.  Gratitud, en primer lugar, a Dios, porque no me abandona en ningún momento, ni siquiera cuando estoy tan sumergido en mis problemas o ansiedades que no puedo percibir su presencia.  Gratitud a mi esposa, por haberse embarcado conmigo en cada aventura ministerial durante los pasados 16 años.  Gratitud a mi familia inmediata y extendida, porque aún en medio de la tristeza de nuestra separación física, la unión sigue viva en nuestros corazones.  Gratitud a mi nueva familia en la fe, la congregación de la Primera Iglesia Presbiteriana Hispana en Miami, por haber respondido al llamado del Señor para caminar juntos este tramo de nuestra jornada.


De igual manera, me invade la esperanza.  Al mirar al pasado y al presente, reafirmo que Dios tiene en sus manos el futuro.  Vendrán nuevos retos y oportunidades.  En ocasiones nuestra visión limitada no alcanza para ver las dimensiones del cuadro que Dios está pintando.  No obstante, debemos confiar en que el Gran Artista del Universo culminará su obra maestra. Suya es la obra, suyo es el tiempo, aún cuando a veces me parezca que se va “volando”.

viernes, 27 de julio de 2012

Yo te necesito


Yo no te necesito

Antes de continuar leyendo esta reflexión, te invito a que tomes unos momentos para leer con detenimiento el pasaje bíblico de 1 Corintios 12.12-27.
Por lo que se desprende de las dos cartas a la Iglesia en Corinto, según las encontramos en el Nuevo Testamento, podemos observar que aquella congregación cristiana del Siglo I era una congregación fragmentada. Se encontraba dividida por diversas razones, entre las cuales comento algunas a continuación.
Había divisiones por etnia / nacionalidad, esencialmente entre judíos y los no-judíos, llamados “gentiles” en las traducciones clásicas. Aquellos miembros que tenían raíces judías se proyectaban como superiores a los demás, fundamentados en la antigua teología de “pueblo escogido”, un entendimiento de que Dios privilegia a Israel sobre todas las demás naciones. Había divisiones por clase social, algo que se hacía evidente hasta en la participación de la comunión. Imagínate, algo tan sublime como el participar de la Mesa del Señor se convertía en oportunidad para acentuar las diferencias entre ricos y pobres, entre quienes por tener ventaja económica menoscababan la dignidad de los menos pudientes. Había, además, divisiones por razones de dones / funciones, es decir, en la práctica establecieron ciertas jerarquías de superioridad por causa de los carismas espirituales de cada cual tuviese. Para completar el cuadro de fragmentación de la Iglesia, había también divisiones por preferencias de estilos de liderazgo, unos y otros se “alineaban” de acuerdo al sentido de pertenencia y afinidad que tuviesen con diversos líderes (presentes o previos). Habría mucho más que comentar sobre la situación de la Iglesia de Corinto, no obstante, estas cuatro áreas son una muestra sustancial del serio problema que se enfrentaba: una congregación fragmentada, una iglesia dividida.
En su carta, el apóstol Pablo atiende el problema de la fragmentación de la Iglesia, recurriendo a la metáfora del cuerpo para acentuar la necesidad de una verdadera unidad enriquecida por la diversidad. En este espacio no voy a detallar todos los detalles de la enseñanza apostólica de la «iglesia como cuerpo de Cristo». Simplemente quiero señalar que Pablo es bastante enfático al establecer el valor que cada miembro del cuerpo tiene. «Así como el cuerpo es uno solo, y tiene muchos miembros, pero todos ellos, siendo muchos, conforman un solo cuerpo, así también Cristo es uno solo» (12.12). Muchas personas ven la diversidad como un mal, cuando en realidad la diversidad, bien comprendida, es una bendición: parte integral del diseño divino de la vida.
En su argumentación utilizando la imagen del cuerpo para describir la naturaleza de la iglesia, el apóstol enfoca dos grandes ideas equivocadas. Algunos miembros del cuerpo (la iglesia) no se sentían parte de ella: «no soy del cuerpo», decían. No tenían un sentido de pertenencia, un envolvimiento genuino, una participación comprometida en el proyecto de la iglesia (el cuerpo). Otros miembros del cuerpo (la iglesia) tenían un concepto diametralmente opuesto, pero igualmente dañino: «no te necesito», decían. Su sentido de orgullo les llevaba a menospreciar a los demás y menoscabar su importancia. Consideraban a otros miembros como irrelevantes: de ellos se puede prescindir. Ambas ideas, grabadas en la mente y el corazón de los miembros de la iglesia, conducen a un mismo resultado: el desmembramiento del cuerpo, un cuerpo incompleto, un cuerpo limitado, un cuerpo carente de integridad.
Luego de tantos siglos seguimos observando manifestaciones del mismo mal en diversas expresiones de la iglesia (a nivel nacional, regional y local). Hay quienes por no sentirse parte del cuerpo, no se involucran, no participan, no asumen el papel que les corresponde privando al cuerpo en pleno de lo mucho que pueden aportar a la comunidad de fe: «no soy del cuerpo», piensan. Hay quienes, por el contrario, se consideran tan importantes que genuinamente piensan que pueden prescindir de otros miembros del cuerpo en la vivencia eclesial: mantienen una actitud de «no te necesito», demostrada en palabras y acciones. El resultado final de ambos tipos de pensamiento y comportamiento es el mismo: un cuerpo debilitado, un cuerpo fragmentado, incapaz de cumplir la vocación a la que fue llamado.
De cara al contexto histórico que estamos viviendo a nivel nacional, regional y local, la enseñanza apostólica en Las Escrituras se hace cada vez más necesaria. Es indispensable que dejemos atrás la idea generalizada de que la Iglesia es un lugar geográfico: la Iglesia no es un edificio, la Iglesia somos todos nosotros(as). Hay mucha historia que escribir, hay un gran trecho que recorrer, hay misión que realizar. El Señor nos ha llamado a ser Iglesia, cuerpo de Cristo aquí en la ciudad de Miami, Florida. Para lograr todo lo que el Señor espera de nosotros(as) es importante que sustituyamos las grandes ideas equivocadas que tenían los miembros de la Iglesia del Siglo I en Corinto y que la llevó a su eventual desaparición. Cada miembro del cuerpo es importante. En lugar de pensar «no soy del cuerpo», cada uno(a) de nosotros debe pensar «yo soy del cuerpo». En lugar de pensar «no te necesito», debemos pensar «yo te necesito».
«De manera que, si uno de los miembros padece, todos los miembros se conduelen, y si uno de los miembros recibe honores, todos los miembros se regocijan con él. Ahora bien, ustedes son el cuerpo de Cristo, y cada uno de ustedes es un miembro con una función particular.» (12.26-27)
Veremos el fruto de esta cosecha. Sembremos la buena semilla. Sigamos adelante compartiendo la buena noticia de la gracia de Jesucristo. Seamos una comunidad de fe, esperanza, testimonio y amor.
Cada día recuerda, actúa, y repite el mensaje: «yo soy del cuerpo», y «yo te necesito». La Iglesia crecerá y se desarrollará como cuerpo de Cristo, llevando a cabo fielmente su misión:
“la proclamación del evangelio para la salvación de la humanidad;
el amparo, la educación, y la confraternidad espiritual de las criaturas de Dios;
el mantenimiento de la adoración divina;
la preservación de la verdad;
la promoción de la justicia social; y
la manifestación del reino de los cielos al mundo.”

Soli Deo Gloria.