miércoles, 18 de mayo de 2016

Soltar los amarres

"Let it go" es una frase anglosajona frecuentemente utilizada para referirse a aquellos elementos que se convierten en lastre en nuestras vidas.  Son circunstancias de diversa naturaleza.  Quizás se trata de una idea, una meta o un proyecto para el cual en verdad no contamos con los recursos e insistimos irracionalmente en su viabilidad.  Lo ideal sería reconocer nuestra vulnerabilidad y fijar objetivos realistas, pero la programación cultural que idolatra los "vencedores" nos hace creer que si desistimos de la idea somos "perdedores".  Quizás se trata de el recuerdo de una relación que no pudo ser.  Y aunque no haya posibilidad de que la relación se restablezca, el inconsciente nos lleva a un torbellino de escenarios imaginarios: "¿Y si hubiera dicho esto?", "¿Y si hubiera hecho lo otro?", "Quizás debí haber..."  Los constantes pensamientos de "tal vez" y "debí" se convierten en un festival interminable de complejos de culpa que consumen la energía y la creatividad.  Quizás se trata de la frustración de las cosas que no son como queremos: un accidente, una enfermedad terminal, una limitación física.  Resistirnos aceptar dichas realidades se convierte en un ejercicio fútil que nos impide dar pasos, aunque sea pequeños, hacia el futuro.  Quizás se trata del resentimiento por una traición.  Aferrarnos al rencor y la amargura se convierte en una fuente inagotable de toxinas que envenenan el alma.

Pudiésemos continuar elaborando descripciones de diversas situaciones que nos afectan, pero todas tienen un mismo efecto: detener nuestro avance en la vida.  "Let it go", déjalo ir.  Suéltalo. Renuncia al deseo de venganza. Perdona. Establece metas realistas. Reconoce tus límites. Esfuérzate en alcanzar y celebrar los "pequeños" avances y logros. Recuerda que el amor divino es incondicional, no depende de tus acciones ni tus triunfos.

Alguien, con gran sabiduría, dijo que no se puede conducir un automóvil hacia el frente mirando siempre por el retrovisor.  Imagina tu vida como un barco velero: es indispensable levantar el ancla, soltar los amarres y abrir las velas para que el viento lo impulse hacia su nuevo destino.

La "Plegaria de la serenidad", adjudicada el teólogo Reinhold Niebuhr, ha sido de gran inspiración a muchas personas que, como nosotros, se han enfrentado y se enfrentan a tiempos de dificultad.  Al ser tan reconocida, quizás la descartamos por considerarla un cliché, sin embargo te invito a meditar y considerar cuidadosamente sus palabras. Soltar los amarres nunca es fácil.  Es un proceso que se tiene que vivir cada día ---un día a la vez.  No obstante, desde la fe afirmamos que no estamos solos en la jornada.  Tenemos a quien acudir, orando así:

"Señor, concédeme serenidad para aceptar todo aquello que no puedo cambiar,
fortaleza para cambiar lo que soy capaz de cambiar
y sabiduría para entender la diferencia."