viernes, 29 de agosto de 2014

Una oración de confesión eclesial

AMADO DIOS,
como creyentes en Cristo Jesús somos llamados/as a proclamar el evangelio para la salvación de la humanidad,
pero muchas veces olvidamos que hemos recibido la mejor de todas las noticias: tu gracia eterna por medio de Jesucristo.

Hemos recibido el encargo de obrar con dedicación y empeño para el amparo, la educación y la confraternidad espiritual de las criaturas de Dios,
sin embargo en ocasiones relegamos nuestra vida como comunidad de fe a un segundo plano, cuando no encontramos “algo más importante que hacer”.

Somos responsables del mantenimiento de la adoración divina,
pero son muchas las veces que pretendemos llevarnos el crédito y buscamos protagonismo cuando la gloria sólo te pertenece a Ti.

Como pueblo redimido nos corresponde luchar por la preservación de la verdad y la promoción de la justicia social,
sin embargo mantenemos silencio ante las mentiras del reino de este siglo y nos volvemos insensibles ante las injusticias, la discriminación, las guerras y tantos otros males que erosionan la humanidad.

En fin, no siempre buscamos manifestar el Reino de los Cielos al mundo.
Por eso Señor, confesamos nuestras faltas y rogamos la acción poderosa de tu Espíritu Santo transformando nuestras conciencias y encendiendo nuestros corazones con la pasión de adorarte, servirte y hacer a otros y otras partícipes de tu bendición. En Nombre de Jesús oramos y creemos.  AMÉN.

{Esta oración ha sido inspirada en "Los grandes fines de la iglesia", según expresados en el Libro de Orden de la Iglesia Presbiteriana (EUA), F-1.0304, que son: "la proclamación del evangelio para la salvación de la humanidad, el amparo, la educación y la confraternidad espiritual de las criaturas de Dios, el mantenimiento de la adoración divina, la preservación de la verdad, la promoción de la justicia social, y la manifestación del Reino de los Cielos al mundo".}

jueves, 7 de agosto de 2014

Extendió la mano

«Al momento, Jesús extendió la mano...» (Mateo 14.31)

La lectura del Evangelio señalada para el próximo domingo comprende los versos 22 al 33 del evangelio Según Mateo.  Esta es una conocida narración en la cual se describe el milagro del Señor Jesús caminando sobre las aguas.  El pasaje bíblico indica que Jesús se había apartado a orar mientras ordenó a sus discípulos cruzar al otro lado del lago.  Se cuenta que mientras iban en la barca, el ambiente se tornó tormentoso, con fuertes vientos y olas azotando.  Luego Jesús se les acerca caminando sobre las aguas, ellos se asustan, él les alienta, y Pedro pide caminar por las aguas también. Al ver el fuerte viento comienza Pedro a hundirse, pide ayuda a Jesús, y este lo rescata diciéndole «¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?»

Varias cosas llaman mi atención en este texto bíblico, pero en esta ocasión quisiera simplemente enfocar la frase utilizada en la narración para describir la acción redentora del Señor Jesús: «extendió la mano».  Es alentador saber que en medio de la difícil situación Jesús extiende su mano para sostener al necesitado.  En otras partes del Evangelio Según Mateo encontramos expresiones similares:

«Jesús extendió la mano, lo tocó y le dijo: "Quiero. Ya has quedado limpio." Y al instante su lepra desapareció.» (8.3)

«Cuando Jesús le tocó la mano, la fiebre se le quitó. Entonces ella se levantó y los atendió.» (8.15)

«Pero luego de despedir a la gente, él entró y tomó de la mano a la niña, y ella se levantó.» (9.25)

A través de este Evangelio observamos que la mano del Señor se extiende para rescatar, para ayudar, para hacer bien a quien se encuentra en una situación compleja y desventajada.  Igualmente, en las Escrituras hebreas encontraremos diversas instancias donde se utiliza la expresión "extendió su mano/brazo" para referirse a la acción liberadora de Dios. Esto, a su vez, nos debe llevar a reflexionar en lo siguiente: ¿para qué se extienden mis manos?  Las manos pueden ser un instrumento de ayuda y edificación. Un toque, una caricia, un abrazo, son capaces de manifestar solidaridad, consolación, afecto, cariño, amor, apoyo, aliento.  Pero también pueden ser un instrumento de destrucción, de injusticia, de daño, de perjuicio, y de muerte.  Cada día se nos presentan situaciones en las que nos corresponderá decidir para qué se extienden nuestras manos.  Sigamos el ejemplo de Jesús, extendamos nuestras manos para bendecir.  En el mundo hay demasiadas manos que destruyen.  Sean las nuestras diferentes.