viernes, 23 de diciembre de 2016

El Señor salió al encuentro de Moisés y quiso matarlo

Éxodo 4:24-26 (DHH)
24 Durante el camino, en el lugar donde Moisés y su familia iban a pasar la noche, el Señor salió al encuentro de Moisés y quiso matarlo. 25 Entonces Séfora tomó un cuchillo de piedra y le cortó el prepucio a su hijo; luego, tocando con el prepucio del niño los pies de Moisés, le dijo: «En verdad, tú eres para mí un esposo de sangre.»
26 Entonces el Señor dejó ir a Moisés. Y Séfora dijo que Moisés era un esposo de sangre debido a la circuncisión.
Este es sin duda un texto horrorizante.  No hay manera de alegorizar el contenido. Dice lo que dice.  De forma cruda y sin explicación alguna, esta porción de la narrativa del Éxodo presenta al Señor que de manera bárbara e irracional determina hacer morir a Moisés. Así porque sí, sin elaborar razones ni mediar argumentación alguna.  Reta por completo toda lógica: ¿por qué querer matar a Moisés, a quien acaba de encomendar la liberación de los hebreos?  No hay respuesta, simplemente se narra el hecho.

No nos podemos acercar a este perturbador pasaje sin tomar en consideración cuál es nuestro entendimiento de Las Escrituras Sagradas.  Si creemos que la Biblia es un solo libro, que la inspiración divina implica que Dios dictó todo el texto, y que se puede aplicar indiscriminadamente en cualquier época y a cualquier situación, entonces tenemos un serio problema con este pasaje (Ex 4.24-26) y con otros que también resultan ser perturbadores...

Ahora bien, nosotros no entendemos que la Biblia es un solo libro (la palabra “biblia”, viene de “libros”, “biblioteca”), ni tampoco entendemos que inspiración divina signifique que Dios dictó el contenido en todos sus detalles.  La Biblia es una colección de documentos de diversos géneros (cartas, poemas, narraciones, colecciones legales, etc.), producidos por diversos autores, en diversas comunidades, en variados contextos, en un periodo de tiempo que tomó siglos completarse.  Algunos de estos documentos son producto de autores individuales (como las cartas de Pablo) y otros de estos documentos son producto de de tradiciones/narraciones que fueron transmitidas oralmente y luego fueron escritas, colectadas y redactadas en líneas narrativas relativamente coherentes.  Un ejemplo de ello son los libros del Pentateuco, que usualmente es atribuido a un solo autor (Moisés), pero que las investigaciones de los últimos dos siglos han demostrado ser el trabajo de varios autores/colectores/redactores en extensos periodos de formación. Por tal razón, para dar un ejemplo, en el libro del Génesis no tenemos uno sino dos relatos de la creación, los cuales difieren en contenido (Génesis 1.1 al 2-4a; y Génesis 2.4b-25) y estilo.

Todo lo que se escribe va a reflejar el contexto, educación, lenguaje, cultura y muchos otros factores propios de quien o quienes escriben.  Las Escrituras Sagradas no son la excepción.  De esta manera los textos van a reflejar ideas y creencias propias de los autores particulares. Por ejemplo, los antiguos no sabían que la tierra es un planeta esférico, parte de un grupo de planetas que giran alrededor de una estrella formando eso que conocemos como el sistema solar.  Pensaban que la tierra era plana, cubierta por una bóveda sobre la cual había agua. También pensaban que la tierra estaba montada sobre columnas y que a su vez, debajo de la tierra también había agua.  Esa idea se manifiesta en la narración de Génesis 7 sobre el diluvio. En la descripción se indica que el agua cayó del cielo y subió de la tierra inundandolo todo.

El texto específico de Éxodo 4.24-26 demuestra una idea de Dios que difiere mucho de la idea que tenemos ahora sobre Dios - particularmente desde las enseñanzas de Jesucristo para acá.  Esos versos probablemente vienen de alguna tradición oral muy antigua para explicar los orígenes del ritual hebreo de la circuncisión. La narración proviene de un tiempo en que Dios era considerado con características muy humanas - como la violencia, los caprichos y los cambios de opinión. Así, para su tiempo y contexto, era considerado como aceptable o normal que Dios así porque así quisiese amenazar de muerte a quien un tiempo antes había encomendado una labor tan importante como la de ir a Egipto a liberar al pueblo hebreo que allí se encontraba esclavizado.  Personalmente no creo ni acepto la idea de un Dios que cambie de parecer que desista de una decisión porque alguien le corte el prepucio a un niño y con él toque a otra persona (Ex 4.24-26).  Pero así lo veía y entendía el autor y la comunidad que originó dicha narración.

¿Significa todo eso que Las Sagradas Escrituras no son inspiradas?  Inspiradas sí, “dictadas” no.  En Las Sagradas Escrituras encontramos “la Palabra de Dios contenida en palabras/lenguaje humano”.  El lenguaje humano está sujeto a las limitaciones propias de las épocas y las culturas.  La labor de la interpretación bíblica es como cuando uno se come un caramelo: primero hay que quitarle la envoltura.  En este caso, “el dulce” es el hecho de que Dios actuó para liberar al pueblo de la esclavitud; la “envoltura” son episodios como el de Éxodo 4.24-26.