miércoles, 13 de febrero de 2013

Cuaresma: De la abstinencia a la acción


Hoy comienza la temporada de Cuaresma. Como es de esperarse, las redes sociales (Facebook, Twitter y otras) se inundan de usuarios anunciando las “cosas” que van a dejar de hacer durante este tiempo. Cosas que van desde lo clásico (“voy a dejar de fumar”, “voy a dejar de beber”, “voy a dejar de comer tal o cual cosa”) hasta lo contemporáneo (“voy a dejar de entrar a FACEBOOK” -Really?). Sin ánimo de ofender las prácticas espirituales de cada cual, confieso que lo que he leído me ha llevado a ponderar si realmente entendemos de qué se trata la Cuaresma. Por tal razón les comparto algunos pensamientos.

Cuaresma es una celebración propia del cristianismo, específicamente del cristianismo occidental. Es un periodo de tiempo donde se hace énfasis en la observación de disciplinas como la oración, el ayuno, y el autoexamen en preparación para la celebración de la Semana Santa. Es un tiempo de recogimiento espiritual. Muchos creyentes, inspirándose en la disciplina del ayuno, se abstienen de ciertas cosas durante este periodo.

Con el pasar de los años, la práctica del ayuno ha evolucionado (o más bien degenerado) en abstenerse de cosas sólo por abstenerse, como si nuestro Dios fuera un ente cruel que se beneficia con las carencias y sufrimientos de sus fieles.

Si miramos las Escrituras de Israel (Antiguo Testamento), así como las Escrituras cristianas (Nuevo Testamento), encontraremos allí voces que truenan contra las prácticas rituales huecas, que se hacen por mantener la costumbre o por exhibir piedad externa.  

«5 ¿Acaso lo que yo quiero como ayuno es que un día alguien aflija su cuerpo, que incline la cabeza como un junco, y que se acueste sobre el cilicio y la ceniza? ¿A eso le llaman ayuno, y día agradable al Señor? 6 Más bien, el ayuno que yo quiero es que se desaten las ataduras de la impiedad, que se suelten las cargas de la opresión, que se ponga en libertad a los oprimidos, ¡y que se rompa todo yugo! 7 Ayunar es que compartas tu pan con quien tiene hambre, que recibas en tu casa a los pobres vagabundos, que cubras al que veas desnudo, ¡y que no le des la espalda a tu hermano!» (Isaías 58.5-7) 
«Cuidado con hacer sus obras de justicia sólo para que la gente los vea. Si lo hacen así, su Padre que está en los cielos no les dará ninguna recompensa.» (Mateo 6.1) 
«Cuando ustedes ayunen, no se muestren afligidos, como los hipócritas, porque ellos demudan su rostro para mostrar a la gente que están ayunando; de cierto les digo que ya se han ganado su recompensa. Pero tú, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para no mostrar a los demás que estás ayunando, sino a tu Padre que está en secreto, y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.» (Mateo 6.16-18)
Te extiendo una invitación a que, en esta Cuaresma, en lugar de dejar de hacer cosas que, francamente, son triviales, te involucres en hacer obras para ayudar a otras personas, por sencillas que puedan parecer tus acciones.  Visita alguna persona enferma o solitaria.  Aporta dinero a alguna institución benéfica.  Prepara (o compra) un almuerzo y compártelo con una persona hambrienta.  Envía una tarjeta de aliento a alguien que sabes que se encuentra triste y desanimado(a). Pide perdón y restituye a alguna persona a quien hayas lastimado.  Toma tiempo para cultivar la espiritualidad, participando activamente de la comunidad de fe de tu preferencia.  Haz el firme propósito de orar cada día, pero en lugar de llenar el cielo de peticiones, concentra tu oración en agradecer lo que tienes y en abrir tu corazón a compartir sin reservas. Realiza un autoexamen cada día, para considerar de que maneras puedes ser un mejor ser humano,  más sensible, más humilde, más compasivo, más solidario. Involúcrate en algún proyecto de conservación de la naturaleza.  Haz el firme compromiso de superar las superficialidades para vivir con profundidad y plenitud.  Se creativo(a).  Es mucho lo que se puede lograr si renuncias a la idea de que el universo gira a tu alrededor.