domingo, 25 de diciembre de 2011

Navidad y encarnación


«¡Qué profundas son las riquezas de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Cuán incomprensibles son sus juicios, e inescrutables sus caminos!  Porque ¿quién ha entendido la mente del Señor? ¿O quién ha sido su consejero? ¿O quién le dio a él primero, para que él tenga que devolverlo? Ciertamente, todas las cosas son de él, y por él, y para él. ¡A él sea la gloria por siempre! Amén.» (Romanos 11.33-36)

Hoy no todas las personas recibirán regalos...
no todos contarán con grata compañía...
de hecho, muchas personas hoy amanecen sin un techo...
muchas pasarán hambre
muchas sufrirán enfermedad
muchas experimentarán carencias
incluso muchas morirán.

Pero Navidad no es
la fiesta de derroche de opulencia y vanalidad
que el sistema consumista nos ha hecho creer
con abundancia de regalos
con fiestas llenas de excesos
con la ilusión de que todo está bien...

La Navidad es el recordatorio
de que Dios se hace presente en la miseria,
de que no habita en palacios
sino donde hay necesidad,
que no se adorna con luces de colores
sino que Él es la luz
que disipa nuestras tinieblas...
que Él es el faro que muestra el camino
aún en la más densa oscuridad...
que siendo el Padre que vive en "los cielos"
se encarna en el niño que se hace presente en la tierra...
que siendo el rector del Universo
coloca su bienestar en las manos de una adolescente
y su seguridad en las manos de un carpintero...
que siendo la máxima potencia cósmica
prefiere habitar en el ser humano...

«Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni los principados, ni las potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor que Dios nos ha mostrado en Cristo Jesús nuestro Señor.» (Romanos 8.38-39)

jueves, 22 de diciembre de 2011

The Wonder of All Wonders

[Excerpted from God is in the Manger: Reflections on Advent and Christmas, by Dietrich Bonhoeffer]


God travels wonderful ways with human beings, but he does not comply with the views and opinions of people. God does not go the way that people want to prescribe for him; rather, his way is beyond all comprehension, free and self-determined beyond all proof.

Where reason is indignant, where our nature rebels, where our piety anxiously keeps us away: that is precisely where God loves to be. There he confounds the reason of the reasonable; there he aggravates our nature, our piety--that is where he wants to be, and no one can keep him from it. Only the humble believe him and rejoice that God is so free and so marvelous that he does wonders where people despair, that he takes what is little and lowly and makes it marvelous. And that is the wonder of all wonders, that God loves the lowly...God is not ashamed of the lowliness of human beings. God marches right in. He chooses people as his instruments and performs his wonders where one would least expect them. God is near to lowliness; he loves the lost, the neglected, the unseemly, the excluded, the weak and broken. 
---
That... is the unrecognized mystery of this world: Jesus Christ. That this Jesus of Nazareth, the carpenter, was himself the Lord of glory: that was the mystery of God. It was a mystery because God became poor, low, lowly, and weak out of love for humankind, because God became a human being like us, so that we would become divine, and because he came to us so that we would come to him. God as the one who becomes low for our sakes, God in Jesus of Nazareth--that is the secret, hidden wisdom... that "no eye has seen nor ear heard nor the human heart conceived" (I Cor. 2:9) ... That is the depth of the Deity, whom we worship as mystery andcomprehend as mystery.

sábado, 17 de diciembre de 2011

En un púlpito responsable...

Un sermón no es un discurso con frases bonitas y/o clichosas para entretener y complacer la audiencia durante 20 o 30 minutos. Un sermón requiere seriedad en el proceso de preparación y entrega. Requiere oración, lectura, investigación y reflexión para poder extraer de los textos antiguos un mensaje pertinente que confronte, inspire y motive a la transformación de nuestras relaciones con Dios, con el prójimo, con la naturaleza y con el propio ser, de tal manera que encarnemos poco a poco lo que Jesucristo enseñó y practicó: eso que él llamaba «reino de Dios» ... paz, justicia, dignidad, equidad, compasión ...

jueves, 1 de diciembre de 2011

Tuvo compasión... lo tocó con la mano


«Un hombre enfermo de lepra se acercó a Jesús, y poniéndose de rodillas le dijo: --Si quieres, puedes limpiarme de mi enfermedad. Jesús tuvo compasión de él; lo tocó con la mano y dijo: --Quiero. ¡Queda limpio!» (Marcos 1:40-41 DHH)

En el mundo de La Biblia la lepra era considerada como algo impuro (véase Levítico 13 y 14).  La persona con lepra (que era como se identificaba prácticamente a cualquier enfermedad de la piel) era vista como alguien bajo el juicio o castigo divino (como se infiere de los múltiples diálogos en el libro de Job).  Los enfermos de lepra eran sometidos al rechazo social y, en muchas ocasiones, a la humillación de tener que anunciar su presencia con campanas, para que las demás personas pudiesen evitarlos.  Eran pues, privados del contacto aún de sus seres queridos pues se entendía que quien tocase a un enfermo de lepra quedaba también “impuro” o “inmundo”.  ¡Cuán trágica la vida de alguien que se vea privado de recibir un abrazo o una caricia!  ¡Cuán lamentable la condición de quien no se puede recostar en el hombro de un ser querido ni siquiera para llorar sus penas!

Los Evangelios, los libros del Nuevo Testamento que dan testimonio de las palabras y acciones de Jesucristo, contienen varios relatos que informan del trato del Señor hacia las personas identificadas como “leprosas”.  De ellos quiero enfocar el relato de Marcos 1.40-41 (y versiones paralelas).  Lo que llama mi atención en este caso es que se indica que Jesús hizo lo impensable, hizo lo que nadie en su “sano juicio” haría, lo que a una persona “respetable” no se le ocurriría: tocar al enfermo con la mano.  Las normas socioreligiosas de su tiempo no fueron impedimento para que Jesús estuviera en contacto con aquel hombre.  Lejos de tratarle como “leproso”, lejos de huir de él o de ser indiferente, Jesús lo trató con dignidad humana.  No lo juzgó ni lo humilló por su condición, sino que tuvo compasión de él...

En nuestro tiempo ya no tememos tanto las enfermedades de la piel como en los tiempos de Jesús.  Ya no le llamamos “lepra” a toda condición dermatológica.  La ciencia médica nos ha brindado mucha y acertada información para lidiar con dichas enfermedades.  Incluso en términos generales hemos superado la propensión a pensar que todo enfermo de la piel tiene “lepra” y está recibiendo un “castigo divino”.  Sin embargo, a finales del Siglo XX y principios del Siglo XXI actuamos hacia las personas con VIH/SIDA como los antiguos actuaban en relación a las personas con condiciones de la piel.  Bien podemos afirmar que el VIH/SIDA es la lepra de nuestro tiempo.  No hace mucho escuché a un pastor predicar que “el SIDA es el castigo de Dios para quienes no siguen sus normas y preceptos morales”.  Lo que es peor, hay quienes sin proclamarlo abiertamente, sostienen esa misma creencia.  Las miradas cruzadas y las cejas levantadas cuando se informa de alguien que haya contraído VIH/SIDA son señal certera de los prejuicios que llevamos dentro, particularmente si se trata de personas de la comunidad LGBT.  La condena no se hace esperar, y aplicamos sin vacilar las etiquetas de “inmoral”, “pervertido”, “pecador” y otras tantas que se nos ocurren y que no voy a enumerar aquí.

Hacerse llamar “cristiano” o “cristiana” implica que se vive según las enseñanzas y el ejemplo de «Cristo».  Jesucristo no tuvo el menor reparo en actuar contrario a lo que dictaban las tradiciones de su sociedad, particularmente las tradiciones y pautas que los religiosos de su tiempo defendían como si fueran preceptos divinos.  Mientras los “leprosos” eran marginados y excluidos del contacto social, Jesucristo les tenía compasión y les brindó lo que otros le negaban, un trato digno y compasivo.  Hoy (1ro de diciembre), en ocasión de la celebración del «Día mundial de la lucha contra el SIDA», el ejemplo de Jesucristo nos confronta con nuestras incongruencias: llamándonos “cristianos” no actuamos como «Cristo».  ¿Qué tal si nos atrevemos a seguir su ejemplo de compasión y bondad? ¿Qué tal si actuamos como él lo hizo?  ¿Qué tal si echamos de lado nuestros prejuicios y conjeturas y aprendemos a ser solidarios con el dolor ajeno?  Hoy somos llamados a ser “la mano” de Jesús.  De eso se trata la compasión...


------------------------