domingo, 24 de marzo de 2013

Domingo de Ramos... no todo es lo que aparenta ser

Hoy la Iglesia cristiana celebra lo que tradicionalmente se conoce como "la entrada triunfal" de Jesucristo en Jerusalén. Este episodio también es conocido como "domingo de ramos" o "domingo de palmas" en referencia a las ramas o palmas que la gente agitaba como señal de júbilo mientras Jesús iba pasando. Razones que van más allá el alcance de este breve ensayo me han llevado en el pasado a cuestionar la adecuacidad del título "entrada triunfal" para este importante acontecimiento.

Aquellas iglesias cristianas que siguen el leccionario común habrán leído la versión del relato que aparece en el Evangelio Según Lucas la cual se encuentra en el capitulo 19, versos 28 al 40.  No obstante, cuando se lee algún relato bíblico, es importante observar dónde se ubica en la línea narrativa, particularmente si se trata de un relato que también aparece en otros escritos similares, como es el caso de los Evangelios.  Nuestra lectura se enriquece cuando consideramos los contextos más amplios.  En el caso que aquí nos concierne, el capítulo 19 de Lucas incluye una interesante narración en la que un cobrador de impuestos (conocido y despreciado por su ética cuestionable) es transformado radicalmente por su encuentro con Jesucristo y por el trato que de él recibió.  Luego presenta a Jesús contando una parábola en la que un rey pide cuentas a los súbditos por la utilización de los recursos que dejó a su cuidado.  Concluye esta historia con las siguientes palabras del rey: «en cuanto a mis enemigos, los que no querían que yo fuera su rey, ¡tráiganlos y decapítenlos delante de mí!» (19.27).  Estas palabras resultan perturbadoras, tomando en consideración lo que se narra a continuación: la llegada de Jesús a la ciudad de Jerusalén -cosa que desembocó en confrontaciones con las autoridades civiles y religiosas y le costó a Jesús la vida, a manos de aquellos que no lo querían como rey.

El episodio es conocido: particularmente desde un entendimiento popular formado por una síntesis de las diferentes versiones de los Evangelios.  En el Ev. Lucas no hay palmas ni ramos, hay mantos tendidos en el camino y alabanzas en boca del grupo de discípulos de Jesús (19.36-38). Entre los presentes habían fariseos que pedían a Jesús silenciar a los discípulos, cosa que éste rechazó hacer.

A través de los años he escuchado innumerables sermones y reflexiones sobre el tema de la adoración a Dios, tomando como fundamento el contenido de esta narración.  Algunas de las reflexiones me han resultado muy inspiradoras, no obstante, pasan por alto el sentido de lo que allí se está narrando.  Para tener el cuadro completo que nos pinta el Ev. Lucas, es indispensable observar el resto del capítulo 19. Se indica que cuando Jesús llegó cerca de la ciudad lloró y lamentó diciendo: «¡Ah, si por lo menos hoy pudieras saber lo que te puede traer paz! Pero eso ahora está oculto a tus ojos. Porque van a venir sobre ti días, cuando tus enemigos levantarán un cerco a tu alrededor, y te sitiarán. Y te destruirán por completo, a ti y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, por cuanto no te diste cuenta del momento en que Dios vino a visitarte.» (19.42-44). La historia de la entrada "triunfal" de Jesús resulta ser una historia de rechazo a Jesús y las terribles implicaciones de no acoger su reinado de paz.  Décadas más tarde Jerusalén sería devastada como resultado de concepciones mesiánicas bélicas y políticas militares.

Ahora bien, el relato del Ev. Lucas no culmina ahí.  Luego de su llanto por la ciudad, Jesús entró en el templo y comenzó a desalojar a los comerciantes que ya formaban parte de la religiosidad de Israel: Les decía: «Escrito está: “Mi casa es casa de oración.” ¡Pero ustedes han hecho de ella una cueva de ladrones!» (19.46). La prédica, la enseñanza y la práctica de Jesús era un duro golpe a los poderes políticos, económicos y religiosos de su tiempo... y del nuestro.  El Ev. Lucas nos deja saber que su enseñanza llevó a «los principales sacerdotes, los escribas y los principales del pueblo» a querer matarlo (19.47). Tan radicales fueron sus puntos de vista que provocaron una conspiración multisectorial para silenciarlo.

Hoy Jesús no puede ser asesinado físicamente.  Así que su mensaje es confrontado de otras maneras sutiles.  La radicalidad de su mensaje queda domesticada al punto de que somos entretenidos por una espiritualidad que divorcia la fe de la búsqueda de paz, dignidad y bienestar integral para todas las personas, indistintamente de su etnia, género, religión, sexualidad, educación, salud, nivel económico y social, o cualquier otra condición humana. Sus enseñanzas son adormecidas por una religiosidad individualista y desencarnada, enfocada en la piedad personal y en "el más allá" mientras en "el más acá" la violencia está rampante y la injusticia es ya una institución. Mientras bendecimos a Jesucristo como rey, nos hacemos de la vista larga ante lo que a Jesucristo realmente le importa.  El Domingo de Ramos, lejos de sumergirnos en prácticas cúlticas triunfalistas, nos debiese invitar a considerar la incongruencia de decir que amamos a Dios, a la vez que no amamos al prójimo. Si Jesucristo estuviera físicamente entre nosotros, tal vez se detendría al ver nuestras ciudades, nuestras comunidades, ¡y nuestras iglesias!, y volvería a llorar...

lunes, 18 de marzo de 2013

Para su bien

(c) Chris Peters 2009
No se trataba de un viaje para vacacionar.  Se trataba de una deportación, la medida que solían utilizar los imperios antiguos para la asimilación de las tierras conquistadas.  En este caso, Nabucodonozor, el rey de Babilonia, había deportado habitantes de Judá para hacer lo propio.  Lejos de su tierra, en un lugar extraño, con el dolor de haber visto su amada ciudad en ruinas, con el templo de Jerusalén - símbolo de la presencia divina - hecho pedazos... difícilmente sean condiciones que se puedan considerar como gratas o propicias.  Toda aquella persona que haya tenido que dejar su lugar de origen en circunstancias imprevistas conoce la sensación de vacío y luto que en momentos dados puede monopolizar el estado de ánimo.

Las Escrituras de Israel contienen muchas reflexiones sobre lo acontecido en el tiempo de la deportación a Babilonia.  El pensamiento teológico fue particularmente fecundo durante dicho periodo. ¿Por qué ocurrió? ¿Dónde estaba Dios? ¿Castigo? ¿Prueba? ¿Consecuencia? Estas y muchas otras preguntas inundaron la mente del pueblo exiliado.  Las respuestas fueron igualmente diversas.  Lo cierto es que las experiencias humanas son tan complejas que no se pueden (ni se deben) encerrar en conceptos estrechos y simplistas. La mayor parte de la vida se compone de tonalidades grises: no todo es blanco o negro.

Una de esas reflexiones de Israel, contenidas en los escritos de Jeremías, llamó mucho mi atención al leerla recientemente.  El texto en cuestión es parte de un discurso profético a los deportados:
«Como a estos higos buenos, así miraré a los deportados de Judá, a los cuáles eché de este lugar a la tierra de los caldeos, para su bien» (Jeremías 24.5 RV95).
No pretendo de ninguna manera hacer una declaración categórica que identifique como "bueno" todo lo "malo" que nos ocurre en la vida.  Hacer eso sería rayar en arrogancia de frente a la complejidad de las dinámicas existenciales.  No obstante, la expresión profética en este pasaje bíblico, reta mi razonamiento: es una invitación a hacer la paz con el hecho de que ocurren cosas inesperadas, desagradables, lamentables, dolorosas y tristes (la lista de adjetivos puede ser mucho más extensa).  Pero esas circunstancias muy bien pudiesen convertirse en experiencias de aprendizaje, e incluso, en experiencias de bendición (por absurdo que esto le pueda parecer al "sentido común").

En una reflexión similar, el apóstol Pablo escribió que a quienes «aman a Dios, todas las cosas los ayudan a bien» (Romanos 8.28 RV95).  No significa esto que todas las cosas salen bien, sino que «cooperan para el bien de...», como reza otra traducción del texto.  Si la experiencia que se enfrenta, ayuda a uno a ser más fuerte, más resistente, más empático, más humilde, más solidario, más integro... se puede entonces ver esa experiencia desde la óptica planteada por Jeremías.  El reto que enfrentamos de cara a las contrariedades de la vida, es que en lugar de fragmentar nuestro carácter, las experiencias nos lleven a madurar y ser mejores seres humanos.  El acero se forja entre altas temperaturas y fuertes golpes.

Que el Eterno nos conceda paz interior en nuestros respectivos procesos.  Amén.

martes, 5 de marzo de 2013

El cáncer no es juicio divino


«No te alegres cuando caiga tu enemigo; que no se alegre tu corazón cuando él tropiece...» --Proverbios 24.17

Son apenas las cinco y pico del 5 de marzo de 2013.  Me encuentro en la oficina pastoral cuando recibo la noticia de la muerte del presidente de Venezuela, Hugo Chávez.  No soy partidario de Chávez, ni tampoco detractor.  Esas opiniones le pertenecen al pueblo venezolano, de entre quienes tengo amistades que le admiran y amistades que le detestan. Mis expresiones aquí no vienen por la perspectiva política, sino por la perspectiva teológica.

Hoy vuelvo a ver lo que hace dos años observé cuando se anunció el asesinado de Osama Bin Laden: personas que con fervor afirman su lealtad al cristianismo a la misma vez que celebran con alegría y entusiasmo la muerte de otro ser humano (aunque sus acciones hayan sido "despreciables"). Hermanas y hermanos cristianos anunciando que la muerte del individuo en cuestión es un "juicio de Dios".

De todo corazón hago una invitación a la prudencia.  Detrás de cada persona que muere, hay una familia, una comunidad, una humanidad.  Hoy, como hace años, recuerdo el dolor que sentí la primera vez que escuché el diagnóstico médico del padecimiento de mi madre.  Como hijo que soy de una persona afectada por el cáncer, no puedo evitar repulsión por el tipo de juicio visceral que algunos "cristianos" anuncian a viva voz.  No olvidemos que aquel que para algunos es un héroe y para otros es un sociópata, para sus hij@s es "papá".

Aquell@s que reclamamos ser seguidores de Jesucristo, debemos recordar que Jesucristo es el modelo que debemos buscar emular.  Claro está, en muchos relatos bíblicos encontraremos personajes celebrando la muerte y el destino fatal de algún "enemigo" (como se observa en múltiples Salmos y otros escritos veterotestamentarios). No obstante, Jesucristo como paradigma humano tiene preminencia sobre cualquier otro modelo.  Aquel que colgado en una cruz, víctima de una ejecución atroz, perdonó a sus verdugos, es el que reclama que nos esforcemos en hacer lo mismo.  Las cintas rosadas colocadas en nuestros pechos en "apoyo" a las víctimas de cáncer, sólo serán un adorno vano y simplista si no estamos dispuestos a reconocer la dignidad humana básica de todas las víctimas de esta enfermedad mortal.  Algún día el cáncer puede tocar la puerta de nuestro hogar, quizás nos corresponda incluso enfrentarlo en carne propia. ¿Nos gustaría ver a otras personas alegrarse por ello?

A tod@s los venezolan@s, un abrazo solidario, y mis ruegos por la paz de su País en los momentos complejos que se avecinan. La gracia divina sea con ustedes. La gracia divina sea con tod@s.