lunes, 14 de agosto de 2017

Charlotessville y la Hispanidad


El germen de la ideología de la #supremacíablanca también está presente en la población Hispana. No es necesario que te unas al KKK y marches públicamente con antorchas y rifles para ser parte de la comunidad racista.

El sentimiento que te lleva a menospreciar a los afrodescendientes y a los nativo-americanos del Caribe, Centro y Sur América es la misma gasolina que impulsó a James Alex Field Jr. a atropellar gente en Charlottesville, VA. Tus chistes y comentarios despectivos hacia quienes tú llamas ”indios”, “mulaticos”, “negritos”, etc., no son palabras inocentes, son síntomas de un mal sistémico que tiene que ser denunciado y erradicado de nuestra sociedad.

El #racismo es un atentado contra la imagen de Dios en el prójimo y contra la justicia, la paz y el amor. No seas cómplice de esa monstruosidad. El odio y la violencia (física o verbal) no debe tener lugar en nuestro medio. Sé tú la diferencia.

Rev. José Manuel Capella-Pratts, Pastor
Primera Iglesia Presbiteriana Hispana
Miami, Florida
13 de agosto de 2017

viernes, 30 de junio de 2017

El triple filtro de Sócrates


Recientemente me encontré con algo que, en la mejor tradición de las parábolas de Jesús, nos debe invitar a pensar. Se trata de un diálogo de Sócrates, colmado de sabiduría para el vivir cotidiano. Se puede encontrar reproducido en diversas versiones a través de la internet. Lo comparto, a continuación:
- ¿Sabes, Sócrates, lo que acabo de oír sobre uno de tus discípulos?
- Antes me gustaría que pasaras la prueba del triple filtro. El primero es el de la verdad. ¿Estás seguro de que lo que vas a decirme es cierto?
- Me acabo de enterar y . . .
- ... o sea, que no sabes si es cierto. El segundo filtro es el de la bondad. ¿Quienes contarme algo bueno sobre mi discípulo?
- Todo lo contrario.
- Conque quieres contarme algo malo de él y sin saber si es cierto. No obstante aún podría pasar el tercer filtro, el de la utilidad, ¿me va a ser útil?
- No mucho.
- Si no es cierto, ni bueno, ni útil, ¿para qué contarlo? 
En ese mismo espíritu, la Carta de Santiago, en el Nuevo Testamento, hace la siguiente afirmación:
Si alguien se cree religioso, pero no le pone freno a su lengua, se engaña a sí mismo, y su religión no sirve para nada. (Santiago 1.26 NVI)
Seamos prudentes en lo que decimos y en lo que publicamos.

sábado, 17 de junio de 2017

Abbá (Papá)


Amado Dios,
a quién Jesús llamaba “Abbá”, – Papá,
hoy elevamos nuestras oraciones en gratitud
por quienes han tomado muy en serio
la responsabilidad paternal,
por quienes se esforzaron, no solo en engendrar
sino en cuidar, proteger, sustentar y abrazar,
por quienes buscaron ofrecer lo mejor de sí mismos,
aún en medio de sus limitaciones y carencias.

De igual forma, Padre Celestial,
rogamos por aquellos que asumen
tan magna responsabilidad en nuestro tiempo.

Suplicamos les sostengas ante los retos de nuestro Siglo,
les levantes ante los tropiezos del camino,
y les colmes de gracia, paciencia, sensibilidad y ternura
para que así mismo la compartan con sus familias.

Rogamos por los padres biológicos,
por los padres adoptivos,
por los padres casados y por los solteros,
por los padres jóvenes y por los adultos...
en especial, rogamos por quienes han asumido el rol paternal
para con personas desamparadas y abandonadas.

Que puedan encontrar en ti
el mayor ejemplo de amor,
el amor que se sacrifica,
el amor que se entrega,
el amor que se niega a sí mismo por el ser amado.

Gracias Dios, por ser nuestro Abbá,
en Jesucristo, Amén.

(Junio 2017 | Miami, FL)

miércoles, 14 de junio de 2017

La gente dice

«Todos, al ver esto, murmuraban, pues decían que Jesús había entrado en la casa de un pecador.» Lucas 19.7

En mis dos décadas de labor pastoral hay un par de frases que constantemente han resonado, indistintamente de la ubicación o composición de la iglesia.  La primera de esas frases es "esto siempre se ha hecho de tal manera".  Esa es la frase que sale a relucir ante cualquier intento de inovación, aún una mínima sugerencia de cambio tarde o temprano se enfrenta a quien sintiéndose guardián de la inmutabilidad la pronuncia como si se tratase de algo mandado por Dios mismo. Esto suele resultar curioso pues, si observamos con cuidado el mensaje de Jesús el Cristo y de sus primeras comunidades, veremos que inmutabilidad no era la característica principal del discipulado cristiano. Por el contrario, antes de llamarles "cristian@s", se les llamaba "los del camino".  El camino no se hizo para sentarse y petrificarse, sino para moverse, para avanzar, para caminar (valga la redundancia).  En las Escrituras encontraremos diversas metáforas que implican vida, movimiento y transformación.  Tomemos, por ejemplo, "cuerpo de Cristo".  Un cuerpo que no crece ni se mueve, se atrofia. También podemos recordar la expresión del escritor bíblico al decir «...una cosa sí hago: me olvido ciertamente de lo que ha quedado atrás, y me extiendo hacia lo que está adelante; prosigo a la meta...» (Filipenses 3.13-14). En el campo de la filosofía organizacional se plantea el principio básico de que no se pueden esperar resultados diferentes haciendo las cosas de la misma manera.  Por lo cual, recomiendo a cualquier líder que se enfrente a la consabida frase que, con ternura reconozca la nostalgia presente en todo ser humano (incluyendo al/la líder), pero no permita que la institución se congele en el pasado. Aprendí de un amigo que intentar conducir un automóvil mirando todo el tiempo por el retrovisor resultará en la pérdida todal del vehículo.

La otra frase que he escuchado constantemente es "la gente dice". Ambas frases son noscivas, pero "la gente dice" tiene una capacidad de daño difícil de igualar.  Destruye reputaciones, lascera relaciones, quebranta lealtades, siembra "cizaña", produce desconfianza, genera malestar, provoca desánimo, hiere autoestimas, atenta contra buenas intenciones, hace germinar especulaciones tóxicas, frustra ilusiones, fomenta rivalidades, alimenta contiendas y divisiones... pudiera seguir describiendo su efecto, pero me parece que de una forma u otra usted también habrá sufrido el latigazo de "la gente dice".  La experiencia me ha enseñado que "la gente dice" en muchas ocasiones se convierte en un artificio para camuflajear la opinión de quien dice que "la gente dice".  "La gente dice" sumerge en el anonimato quien(es) está(n) hablando. "La gente dice" esconde la cobardía de quienes no se atreven a hablar de frente, pues -consciente o inconscientemente- saben que sus argumentos se derrumbarán al ser pasados por el crisol de la razón y la verdad. "La gente dice" tiende a convertir una opinión en asunto de interés común, transforma una especulación en un "todo el mundo sabe".

Leyendo los evangelios me percato de que Jesús, el Cristo, se enfrentó constantemente a los "la gente dice".  De hecho, lo que "la gente dice" se convirtió en testimonio para sustentar su condena y ejecución. La imagen que tenemos hoy sobre Jesús --divino Hijo de Dios, Señor, Salvador, Rey de Reyes, etc.-- muchas veces nos impide observar la imagen pública que Jesús tenía en su tiempo, particularmente como resultado de la radicalidad de su mensaje y sus acciones. Una lectura cuidadosa de los relatos de los evangelios nos permitirá constatar la reacción de quienes lo observaron amar sin condiciones y acercarse a las personas marginadas y menospreciadas de su tiempo.  En múltiples narraciones contemplamos que Jesús fue víctima del "dime con quién andas y te diré quien eres" ---otra variante de "la gente dice".  El relato que me motivó a escribir este ensayo se encuentra en el Evangelio Según Lucas (19.1-10).  Es el encuentro de Jesús con Zaqueo, un hombre que por diversas razones no gozaba de la simpatía "de la gente".  Este hombre tenía interés en ver a Jesús y terminó siendo su anfitrión. El propio Jesús se invitó a casa de Zaqueo: así de radical era su trato hacia el prójimo.  Claro está, tal como ocurrió en múltiples ocasiones, la acción de Jesús se convirtió en objeto de murmuración: «decían que había entrado en la casa de un pecador» (v. 7).  Sin embargo, Jesús no se dejó intimidar por lo que "la gente dice".  Jesús no validó la opinión de quienes hablaban en su contra buscando desprestigiarlo con sus murmuraciones. Al contrario, confrontó la hipocresía de quienes hablaban, particularmente de quienes hablaban desde las tribunas de sus vanos sentimientos de superioridad moral y religiosa.

Si la Iglesia quiere ser verdaderamente "cuerpo de Cristo", tendrá que hacer caso omiso a las murmuraciones y prejuicios de "la gente que dice", y obrar de manera compasiva, llevando el amor a la acción, relacionándose con las personas menospreciadas y rechazadas de nuestro tiempo. La gente dice --particularmente alardeando de su religiosidad y sus "virtudes"-- y seguirá diciendo.  ¡Que la gente diga lo que diga!  Es mejor seguir el ejemplo de Jesús: es su Palabra --y no la de "la gente"-- la que nos debe importar.

Soli Deo Gloria.

lunes, 22 de mayo de 2017

Ustedes también

"Porque yo vivo, ustedes también vivirán." 
--Juan 14.19

El calendario de lecturas bíblicas para esta temporada de pascua de resurrección nos ha estado poniendo en contacto con el discurso de despedida de Jesús. El Evangelio Según Juan dedica varios capítulos (del 13 al 16) para reseñar lo que Jesús dijo a sus discípulos la última noche que pasó con ellos.  Es una escena muy triste. Jesús ha indicado a los discípulos que ya no estará entre ellos. Más aún, Jesús les ha anunciado la traición de uno de sus hermanos en la jornada de la fe, diciendo "el que come conmigo, se ha vuelto contra mí" (13.18). Puedo imaginar la mezcla de sentimientos de confusión, tristeza y, tal vez, hasta ira. Seguramente se sentirían devastados. La narración nos deja saber que el propio Jesús se encontraba perturbado en su espíritu (13.21).  No obstante, en medio de dicho tiempo de gran angustia Jesús pronuncia múltiples afirmaciones de ánimo y esperanza. Las expresiones constantes a lo largo de aquella triste velada son indicadores de que su presencia consoladora, su acompañamiento solidario, es algo que trasciende el siglo presente y se extiende aún más allá de la misma muerte.

«Porque yo vivo, ustedes también vivirán» (14.19). Esas son palabras que debemos atesorar cuando enfrentamos nuestras tristezas, traiciones, angustias y frustraciones. Ni aún la muerte podrá romper el nexo de unión entre el Señor y los suyos. Ahora podremos estar aturdidos al recibir la mala noticia que no esperábamos, podremos estar en un mar de preguntas sin respuestas, podremos sentirnos como que el suelo bajo nuestros pies se sacude violentamente, mas las palabras de Jesús son una roca firme en la que nos podemos afianzar.  Ese «ustedes también» es algo fundamental. En primer lugar es un recordatorio de que el Señor conoce de primera mano el dolor que estremece. Y en segundo lugar, es una proclamación de que nuestras vidas están enlazadas a la suya.  Cuando estemos atravesando nuestra propia noche de larga espera y triste soledad, abracemos las palabras del Señor.

sábado, 25 de marzo de 2017

Entre semillas y frustraciones

No sé si es la edad, o si es algo que pasa luego de dos décadas de labor pastoral, pero lo cierto es que con relativa frecuencia me encuentro en introspección, análisis y repensando la fe, la vocación y los "por qué" y "para qué" de la vida.

Me consta que lo que aquí comparto no sólo me ocurre a mí. Le ocurre a otros pastores y pastoras, así como a otras personas en vocaciones de docencia, ya sea que estén comenzando su carrera, o que ya se encuentren de salida.  La docencia --religiosa o civil-- es una vocación que conlleva satisfacciones, pero a la vez sacrificios y su buena dosis de frustraciones.  Es devastador al interior de la persona docente cuando se encuentra discípulos(as) que llevan mucho tiempo escuchando la enseñanza, pero a la hora de la verdad parece como si nunca hubiesen tenido exposición a ella.  En el ámbito de la enseñanza cristiana, nunca dejan de sacudirme preguntas como las siguientes: ¿Cómo es posible que alguien que lleva muchísimo tiempo escuchando el mensaje de amor, gracia y aceptación de Cristo, abiertamente rechace a otra persona? ¿Cómo es posible que alguien que hace alarde de sus años en la fe excluya enérgicamente a otra persona por no considerarle su igual? Una de mis maestras en la niñez decía que «les entran las cosas por un oído y salen por el otro».  Uno de los autores bíblicos le reclamaba a su audiencia que tuvieran que alimentarse con leche cuando a esas alturas deberían estar comiendo alimento sólido (Hebreos 5.11-14). El propio Jesús preguntó a sus discípulos en una ocasión «¿Hasta cuándo tendré que soportarlos?» (Marcos 9.19) Se impartió la enseñanza, pero no hubo aprendizaje. Se escuchó el mensaje, pero el mensaje no se alojó en el corazón.  Cuando pondero estas cosas, no puedo evitar que el desánimo y la frustración toquen a mi puerta.

Quizás tú también hayas estado en ese mismo lugar, preguntándote si vale la pena hacer lo que haces, ponderando si tus energías y esfuerzos pueden lograr más en otro proyecto o en otro lugar.  Después de cierta edad, cuando uno sabe que el reloj de la vida sigue avanzando, es apropiado ser más selectivo en las cosas que acaparan nuestra atención. Es en esos momentos de la vida cuando algunas personas deciden cambiar de vocación, estudiar algo diferente, comenzar una nueva empresa, mudarse de país, cambiar de religión, integrarse a un partido político distinto, e incluso cambiar de pareja.

Ahora bien, cuando se trata del encargo que Jesucristo dejó para quienes quieran ser sus discípulos(as), antes de "enganchar los guantes" y claudicar, es bueno recordar sus enseñanzas. Jesús solía enseñar contando historias, haciendo cuentos (tradicionalmente conocidos como "parábolas") que provocaran el pensamiento y el autoanálisis. En uno de esos cuentos, Jesús indicó que un sembrador había salido a sembrar (Marcos 4.1-9). Las semillas que cayeron en distintos tipos de terrenos no germinaron, o si germinaron se malograron al poco tiempo. No obstante, una parte de la semilla cayó en tierra en la cual germinó, luego creció y fructificó.

Usualmente, cuando se analiza este cuento de Jesús, se hace énfasis en las analogías de los distintos tipos de terreno en donde cae la semilla. Sin embargo, lo que más cautiva mi atención es el hecho de que el sembrador continuaba sembrando, aún cuando en muchas ocasiones no veía el resultado esperado. La frustración de las semillas que no germinan no debe ser razón para dejar de sembrar.  Hay que seguir sembrando y sembrando, en el momento menos esperado alguna semilla germinará y dará buen fruto. Tratándose del mensaje del reinado de Dios --esa vida caracterizada por el amor, la caridad, la compasión, la justicia, la hospitalidad, la inclusión, la generosidad, la bondad, la humildad, la paz, la esperanza-- es indispensable que sigamos sembrando. Que la frustración de los terrenos inhóspitos no nos lleve a privar de la semilla a terrenos donde caerá, germinará y crecerá.  De la misma manera en que he visto personas a quienes  «les entran las cosas por un oído y salen por el otro», también he visto gente conmovida y transformada por el evangelio del reino, personas cuyos corazones renovados les llevan a dar buen fruto --ser honestas, humildes, pacificadoras, generosas, compasivas y con un gran deseo de servir a Dios y servir al prójimo.  Nuestro trabajo no es discriminar entre "terrenos", sino sembrar, sembrar, y seguir sembrando.

Soli Deo Gloria.