lunes, 9 de diciembre de 2019

Las manos de Dios


(autor desconocido)

⇒ Cuando observo los campos sin arar y están olvidados, cuando la tierra está quebrada y abandonada, me pregunto: ¿dónde están las manos de Dios?

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Fotografía: https://twoeightproject.wordpress.com/2015/08/06/working-hands/
⇒ Cuando observo la injusticia, la corrupción, el que explota al débil; cuando veo al prepotente pedante enriquecerse del ignorante, el pobre, el obrero y el campesino carente de recursos para defender sus derechos, me pregunto: ¿dónde están las manos de Dios?

⇒ Cuando contemplo a esa anciana olvidada, cuya mirada es nostálgica y aun balbucea algunas palabras de amor por el hijo que la abandonó, me pregunto: ¿dónde están las manos de Dios?

⇒ Cuando veo al moribundo en su agonía lleno de dolor, su sufrimiento insoportable y su lecho se convierte en un grito de súplica de paz, su pareja y sus hijos deseando no verle sufrir ya más, me pregunto: ¿dónde están las manos de Dios?

⇒ Cuando observo a ese joven antes fuerte y decidido, ahora embrutecido por la adicción, cuando veo titubeante lo que antes era inteligencia brillante y ahora es harapos sin rumbo ni destino, me pregunto: ¿dónde están las manos de Dios?

⇒ Cuando esa chiquilla que debería soñar en fantasías, la veo arrastrar su existencia y en su rostro se refleja ya el hastío de vivir y buscando sobrevivir se pinta la boca, se ciñe el vestido y sale a vender su cuerpo, me pregunto: ¿dónde están las manos de Dios?

⇒ Cuando aquel pequeño me ofrece a las tres de la madrugada el periódico o su miserable cajita de dulces sin vender, cuando lo veo dormir en la puerta de un zaguán tiritando de frío con unos cuantos periódicos cubriendo su cuerpecito y su mirada me reclama una caricia...  cuando lo veo vagar sin esperanzas y su única compañía es un perro callejero, me pregunto: ¿dónde están las manos de Dios?

Y me enfrento a Él y le pregunto: ¿dónde están tus manos Señor? ¿Dónde están tus manos para luchar por la justicia, para dar una caricia, un consuelo al abandonado, rescatar la juventud de las drogas, dar amor y ternura a los olvidados?

Después de un largo silencio escuché Su voz que me reclamó: “¿No te das cuenta que tú eres mis manos?  Atrévete a usarlas para lo que fueron hechas: para dar amor y alcanzar estrellas.”

jueves, 7 de noviembre de 2019

Para leer La Biblia

No es un secreto que la religión cristiana afirma la importancia de Las Escrituras Sagradas - La Biblia - como autoridad en materia de fe y práctica. En la cristiandad hay gran diversidad de acercamientos a la interpretación de las Escrituras, en un gran continuo que va desde quienes creen -en un extremo- que todo el contenido ha sido verbalmente dictado por Dios hasta quienes creen -en el otro extremo- que se trata de un conjunto de escritos tan condicionados por las culturas que los produjeron que apenas se puede reclamar alguna inspiración divina en ellos. No importa en cual parte de este continuo se ubiquen, lo cierto es que para quienes profesan la fe cristiana, La Biblia tiene un valor singular.

Ahora bien, a través de mis décadas en la fe cristiana, y específicamente en la labor pastoral, encuentro algo que me parece paradójico: por más que digan reconocer la importancia de La Biblia, lo cierto es que un gran número de cristian@s no toma tiempo para leer su contenido, más allá de unos pocos versos “favoritos”. Para decirlo aún más claro: he visto que la ignorancia o el analfabetismo bíblico es rampante, cosa que contradice el discurso del gran aprecio que dicen tenerle a La Biblia.

No se puede tapar el cielo con una mano: por un lado la lectura no es un hábito cultivado por la población en general, y por el otro, las Escrituras Sagradas son una colección de documentos de difícil comprensión - si no se cuenta con las herramientas de estudio apropiadas.  Dicho esto, como suelo recordarle a mi audiencia, si uno pretende profesar la fe cristiana, es importante leer y conocer el contenido de La Biblia.

Ahora bien, a quienes interesen comenzar a leer La Biblia con la intención de cultivar su fe cristiana, les comparto algunos consejos y sugerencias:

→ No comiencen a leer desde "el principio", es decir, no empiecen a leer el Génesis. Recuerden que La Biblia no es un libro, sino que es una biblioteca, una colección de escritos de distintos géneros, distintos autores y distintos contextos. Algunos de sus documentos son más complicados para comprender que otros.

→ Tengan conciencia de que entre los documentos que componen La Biblia, encontrarán escritos inspiracionales, pero también encontrarán historias de horror. Por tanto, no asuman que todo lo que lean son instrucciones divinas para ponerlas en práctica o tomarlas de forma literal. Hay historias que sirven como ejemplo de lo que simplemente no se debe hacer...

→ En la fe cristiana nos identificamos como discípul@s, gente que busca seguir a Jesucristo en el camino de la vida, por tanto, enérgicamente sugiero que den prioridad a leer los primeros libros del Nuevo Testamento, en el siguiente orden:

  • Marcos 
  • Mateo
  • Lucas
  • Hechos
  • Juan

Comenzar por ahí nos debe dar un cuadro general de quién fue/es Jesucristo, cuál fue/es el contenido de sus enseñanzas y cómo llevó a la práctica su mensaje en la vida cotidiana, es decir, en su forma de relacionarse con Dios, consigo mismo y con las demás personas. Ese debe ser nuestro fundamento.

→ Habiéndonos familiarizado con el mensaje y la visión de Jesucristo, entonces podemos continuar leyendo el resto del Nuevo Testamento y los documentos del Antiguo Testamento, teniendo siempre el testimonio y la vida de Jesucristo como medida para considerar y  sopesar todo lo demás. En la fe cristiana afirmamos que Jesucristo (no la Biblia) es LA Palabra de Dios. Por lo tanto, Jesucristo es “el lente” a través del cual debemos “leerlo” todo. La Carta a Los Hebreos, en el Nuevo Testamento, provee una afirmación que resume muy bien este planteamiento: “Dios, que muchas veces y de distintas maneras habló en otros tiempos a nuestros padres por medio de los profetas, en estos días finales nos ha hablado por medio del Hijo (1:1-2).

→ Leamos siempre con un profundo sentido de humildad, reconociendo nuestras limitaciones, con la apertura a aprender y considerar nuevas perspectivas, sin miedo a preguntar, cuestionar y repensar ideas y preconcepciones, confiando siempre en la dirección divina a través del proceso.

Espero que estos consejos y sugerencias les sean de utilidad en el viaje a través de Las Escrituras Sagradas. Si quieren leer un poco más sobre acercamientos a la lectura e interpretación de La Biblia, pulsen en los siguientes enlaces:

Leyendo Las Escrituras Sagradas

Génesis, La Creación, y los dinosaurios

El Señor le dijo: "Hipócrita"

Bibliolatría

El Señor salió al encuentro de Moisés y quiso matarlo

La sangre de tus enemigos

¿Tienes alguna duda o pregunta sobre lectura e interpretación? Escríbeme a pastor696@gmail.com y con gusto continuamos la conversación.





jueves, 31 de octubre de 2019

Jesús ES el modelo a seguir


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«Por lo tanto, también nosotros, que tenemos tan grande nube de testigos a nuestro alrededor, liberémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante. Fijemos la mirada en Jesús, el autor y consumador de la fe, quien por el gozo que le esperaba sufrió la cruz y menospreció el oprobio, y se sentó a la derecha del trono de Dios. Por lo tanto, consideren a aquel que sufrió tanta contradicción de parte de los pecadores, para que no se cansen ni se desanimen.» (Hebreos 12:1-3, RVC)

Estos versos son parte de un argumento muy extenso en la Carta que lleva el nombre de “Hebreos”.

En términos generales, esta carta es más bien un discurso/sermón exhortando a los miembros de una comunidad cristiana primitiva a no claudicar, no volver atrás abandonando la fe en Jesucristo y abrazando nuevamente sus antiguos caminos.

El autor utiliza diversos recursos para acuñar su mensaje, desde argumentos inspiracionales hasta terribles advertencias.

Ya en el capítulo 11, el autor hace un recuento de quienes precedieron en la fe a los miembros de su comunidad.  Es algo así como un álbum de fotografías de familia --que trae a la memoria gratos recuerdos, pero también tristes remembranzas.

Todo eso desemboca en la exhortación de los primeros versos del capítulo 12. Allí esencialmente hace dos llamados a su audiencia:

El primero es a observar las vidas que les precedieron y que eso sirva de inspiración para quienes se encuentran enfrentando las luchas del tiempo presente (v. 1):
Por lo tanto, también nosotros, que tenemos tan grande nube de testigos a nuestro alrededor, liberémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante.
Aquí la imagen/metáfora es la de un atleta corriendo en un estado de la cultura grecorromana, mirando la trayectoria de sus predecesores como inspiración para correr con dedicación y con ganas de llegar a la meta.

El segundo llamado, continuando la misma metáfora de la carrera, es a poner la mirada en Jesús como modelo / ejemplo de perseverancia y fidelidad aún en medio de las más graves contrariedades (la cruz): «Consideren a aquel que sufrió...» (v. 3)

Es en este segundo llamado que hoy quiero hacer hincapié. Si usted ha estado siguiendo mi enseñanza y predicación a través de los años, se habrá percatado de mi insistencia en este particular: el centro de la religión cristiana es Cristo, ser discípulos de Jesús es mucho más que “admirar a Jesús” sino imitar a Jesús y seguir su ejemplo en todas las relaciones y áreas de la vida, específicamente su relación con Dios y su relación con los demás seres humanos.

Ser iglesia de Cristo no es reclutar personas para que vengan a ver un programa de “sano entretenimiento”. Ser iglesia de Cristo es involucrarse en la misión reconciliadora de Dios en el mundo, en los pasos de Jesús. No es hablar de Jesús, no es memorizar datos sobre Jesús, es fijar la mirada en Jesús y seguir su ejemplo:

  • ¿Cómo trataba Jesús a las demás personas? ... mujeres, niños, enfermos, personas desplazadas, personas vulnerables...
  • ¿Cómo confrontaba Jesús la hipocresía religiosa? ¿Cómo se enfrentó Jesús las ideologías y acciones de los poderosos de la tierra?
  • ¿Cómo se relacionaba Jesús con Dios, a quien llamaba “Abbá”? ¿Cómo atendía Jesús su salud física? ¿Cómo cultivaba Jesús su salud emocional y espiritual?
  • ¿Cómo enfrentó Jesús el sufrimiento? ¿Cómo expresó Jesús su alegría?

Observando y considerando a Jesús en su tiempo, es que descubrimos cómo nos corresponde actuar en el nuestro.

Una de las Confesiones de nuestra Iglesia Presbiteriana (EUA), lo expresa de la siguiente manera:
El estar reconciliado con Dios significa ser enviado al mundo como su comunidad reconciliadora. A esta comunidad, la iglesia universal, se le ha confiado el mensaje de Dios de la reconciliación y ella participa en la labor de subsanar las enemistades que separan al ser humano de Dios y de sus semejantes. Cristo ha llamado a la iglesia a esta misión y le ha dado el don del Espíritu Santo. La iglesia mantiene continuidad con los apóstoles y con Israel por medio de una fiel obediencia a su llamado. 
La vida, la muerte, la resurrección y el retorno prometido de Jesucristo han establecido el modelo para la misión de la iglesia.  
-- Su vida como ser humano envuelve a la iglesia en la vida ordinaria de la humanidad. 
-- Su servicio a los seres humanos compromete a la iglesia a trabajar en pro del bienestar humano en todas sus formas. 
-- Su sufrimiento hace a la iglesia sensible a todos los sufrimientos humanos, de manera que contempla la faz de Cristo en el rostro de los seres humanos que sufren toda clase de privaciones. 
-- Su crucifixión revela a la iglesia el juicio de Dios sobre la crueldad del ser humano hacia sus semejantes, y las consecuencias terribles de su propia complicidad en la injusticia. 
-- En el poder del Cristo resucitado y en la esperanza de su retorno, la iglesia contempla la promesa de la renovación de la vida del ser humano en la sociedad y de la victoria de Dios sobre toda maldad. 
La iglesia sigue este modelo en su forma de vida y en su método de trabajo. Vivir y servir de esta manera es confesar a Cristo como Señor. (Confesión de 1967, 9.31-9.33, negrillas añadidas)
Quiero acentuar la última oración: Vivir y servir de esta manera es confesar a Cristo como Señor.” De eso se trata la religión cristiana, "lo demás" --como dicen en Ponce, Puerto Rico-- "es parking.”

sábado, 21 de septiembre de 2019

Una oración para el Día Internacional de la Paz


Dios amoroso, tus hijas e hijos anhelamos el día en que tu shalom sea la cultura que predomine. Ansiamos el día
   cuando convirtamos espadas en arados;
   cuando nuestros gobiernos produzcan más cultivos que armamentos;
   cuando construyamos más escuelas que prisiones.

Dios paciente, tus hijas e hijos anhelamos el día en que tu shalom sea la cultura que predomine. Ansiamos el día cuando tu pueblo pueda adorarte libremente sin la amenaza de terror o daño sobre nosotros, sobre los lugares de oración, o sobre los textos sagrados;
   cuando respetemos la humanidad de cada cual;
   cuando tratemos unos a otros con equidad y justicia.

Dios libertador, tus hijas e hijos anhelamos el día en que tu shalom sea la cultura que predomine. Ansiamos el día
   cuando los injustamente detenidos sean liberados;
   cuando no haya más tortura;
   cuando comprendamos lo que significa “Nadie es libre hasta que todos sean libres” (Fannie Lou Hamer).

Dios misericordioso, tus hijas e hijos que anhelamos el día en que tu shalom sea la cultura que predomine, confesamos
   que no siempre hemos sido participantes dispuestos a cumplir tu mandato de paz;
   que con frecuencia hemos perpetuado injusticias y causado violencia.

Danos la fuerza para trabajar por la paz y vivir en paz.

Dios redentor, tus hijas e hijos anhelamos el día en que tu shalom sea la cultura que predomine. Bendice nuestras oraciones y acciones hacia la paz, para que sean testimonio de amorosa gracia. Haz que seamos pacificadores con cada pequeño y gran acto hacia la justicia.

Contigo, oh Dios, trabajaremos juntos por el día del shalom que anhelamos.

¡Aleluya! ¡Amén!

(Por Rev. Bridgett Green | Adaptación al Español por Rev. José Manuel Capella-Pratts)
Pulse aquí para información sobre el Día Internacional de La Paz.

miércoles, 4 de septiembre de 2019

El privilegio de hablar

(Una reflexión inspirada en Santiago 3:1-12)

Tengo una tristeza acumulada a través de los años, pero que se me ha agudizado en tiempos recientes. Tiene que ver con la manera tan destructiva en que muchos cristianos(as) hacen uso de su capacidad de hablar...

Poder hablar es un privilegio. Tener voz es un don que solemos dar por sentado y no apreciamos. Pensemos en tantas personas que tienen que aprender lenguajes en señas pues, por diversas causas y circunstancias, perdieron la voz o simplemente nacieron sin ella. En tiempos de Jesús la mayoría de la gente no sabía ni leer ni escribir: su único medio de comunicación era el habla - perder el habla era una tragedia de mayores proporciones. Nuevamente, tener voz es un privilegio.

Desafortunadamente en mis dos décadas de ministerio pastoral he observado que el factor más común en los males de las congregaciones es precisamente el mal uso del habla, o como Santiago le llama: la lengua. La carta que lleva el nombre de Santiago fue escrita entre el Siglo I y Siglo II (80-130). Más que una carta, el documento es un tratado parenético, es decir, de exhortaciones éticas sobre la vida práctica de la comunidad de fe. La porción que hoy leemos utiliza una serie de metáforas e imágenes impactantes para referirse al mal uso de la lengua:

  • “la lengua es fuego; es un mundo de maldad...” “si el infierno la prende, puede inflamar nuestra existencia entera...” (v.6)
  • “es un mal indómito, que rebosa de veneno mortal.” (v.8)
  • “¿Acaso de una misma fuente puede brotar agua dulce y agua amarga?” (v.11)

El asunto del cómo utilizamos el privilegio del habla no era un problema único en la comunidad de lectores que recibieron la Carta de Santiago por vez primera. Veamos,

Cuatrocientos años antes de Cristo, encontramos lo que Sócrates llamaba “el triple filtro”:

  1. El filtro de la verdad - ¿estás absolutamente seguro(a) de que lo que vas a decir es cierto?
  2. El filtro de la bondad - “Lo que vas a decir del prójimo, ¿es bueno?”
  3. El filtro de la utilidad - "¿Me es útil o me ayuda eso que vas a decir?”

Cerca de cuatro décadas antes de la Carta de Santiago, escuchamos a Jesús diciendo lo siguiente: «yo les digo que, en el día del juicio, cada uno de ustedes dará cuenta de cada palabra ociosa que haya pronunciado» (Mateo 12:36).

Y muchos siglos después, Mohandas Gandhi, al gran luchador por la liberación de la India, se le atribuye el siguiente dicho:  “habla solamente si tus palabras mejorarán el silencio.”

Es sumanente curioso observar cómo el mismo tema se manifiesta en diversas culturas y en diversas épocas. Pero me resulta devastador leer la Carta de Santiago, escrita tantos siglos atrás al otro lado del mundo, y sentirla como si se hubiera escrito la semana pasada para los(as) cristianos de nuestro tiempo. Bien lo dice el texto (v.10): «Hermanos míos, ¡esto no puede seguir así!»

El mensaje de Santiago es un llamado y una invitación a considerar el efecto de lo que decimos, y procurar alinearnos con lo que anima, lo que edifica, lo que enaltece. La cordura, la prudencia y la mesura debiesen ser características de todo seguidor(a) de Jesús. Usemos bien el privilegio de hablar:

para levantar la persona caída,

consolar a la persona triste,

y para llevar toda congoja y ansiedad a nuestro Padre Celestial en oración.

Que nuestra vida no sea fuente de amargura, sino fuente de “agua dulce”, fuente de bendición.

Soli Deo Gloria.

miércoles, 31 de julio de 2019

Cuando digo "Soy cristiano"


Cuando digo “Soy cristiano”
no estoy gritando que he sido salvado;
estoy susurrando que a veces me siento perdido
es por eso que escogí este camino.

Cuando digo “Soy cristiano”
no hablo con orgullo humano;
estoy confesando que tropiezo
y necesito ser, por Cristo, guiado.

Cuando digo “Soy cristiano”
no estoy tratando de ser fuerte;
estoy confesando que soy débil
y rezo por fuerzas para seguir adelante.

Cuando digo “Soy cristiano”
no estoy jactándome del éxito;
estoy admitiendo que he fallado
y que mi deuda pagar no puedo.

Cuando digo “Soy cristiano”
no pienso que lo se todo;
sino que reconozco mis confusiones
pidiendo con humildad ser enseñado.

Cuando digo “Soy cristiano”
no reclamo ser perfecto;
mis flaquezas son evidentes
pero Dios cree que valgo la pena.

Cuando digo “Soy cristiano”
todavía siento el aguijón del dolor;
tengo mi cuota de dolores en el corazón,
por eso clamo al Nombre del Señor.

Cuando digo “Soy cristiano”
no deseo ser quien juzgue;
autoridad alguna no tengo
solo sé que soy amado.

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Poema original "When I say I'm a Christian" por Carol Wimmer, 1988
(Traducción y adaptación libre por José Manuel Capella-Pratts)