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Y el segundo

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Jesús le respondió: «“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente.” Éste es el primero y más importante mandamiento. Y el segundo es semejante al primero: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas.»  (Mateo 22:37-40 RVC) El domingo más cercano al 31 de octubre se conoce en muchas partes del mundo como “Domingo de la Reforma Protestante” (en conmemoración a la fecha en que el monje Martín Lutero clavó sus 95 tesis en la puerta de la Catedral de Wittenberg, 1517). No pretendo escribir aquí sobre la historia de la reforma protestante, pero sí quiero enfatizar el concepto reforma . La Real Academia Española de la lengua, al definir el verbo “reformar”, hace mención de lo siguiente: «volver a formar; rehacer; modificar algo, por lo general con la intención de mejorarlo; reducir o restituir una orden religiosa u otro instituto a su primitiva observancia o disciplina; enmendar, corregir la cond

Los frutos que debe dar

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Imagen creada con IA. Jesús solía enseñar por medio de cuentos (llamados “parábolas”, en el argot religioso). El lugar de brindar elaboradas disertaciones teológicas llenas de lenguaje rebuscado, Jesús utilizaba cuentos con contenido que fuese familiar a su audiencia, cosa que facilitaba la interpretación y aplicación de sus enseñanzas a la luz de las experiencias cotidianas. Uno de esos cuentos conocido como “la parábola de los labradores malvados” ( Mateo 21:33-46 ), utilizó el escenario de un terreno arrendado para ilustrar las reacciones del pueblo de Israel hacia Dios y sus mensajeros. La parábola puede ser muy bien analizada en distintos planos y contextos, cosa que no haremos en esta breve reflexión. La propuesta en esta ocasión es enfocar las palabras de Jesús en su propia explicación y aplicación del cuento. Jesús dirigió estas fuertes palabras al liderato religioso de su tiempo, el cual, según el testimonio de los Evangelios, eventualmente conspiró con las autoridades imperia

Evidencia del amor

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Génesis 29.15-28, RVC Hoy continuamos nuestra travesía por la historia de Jacob (las dos reflexiones previas pueden ser leídas aquí y aquí ). Recordemos que el nombre “Jacob”, por la semejanza del sonido, es relacionado con el verbo hebreo que significa “hacer trampa” o “suplantar”. En los capítulos 25 y 27 de Génesis observamos a Jacob haciendo gala de su nombre: haciendo trampas y suplantando a su hermano para quedarse con los derechos de la primogenitura.  La presente narración nos muestra a Jacob entrando en contacto con su tío Labán, con quien también tendría una relación accidentada y marcada por las trampas y los engaños. No voy a entrar en los detalles de la trama. Me limito a decir que el tramposo fue víctima de una trampa por parte de su tío, quien aparentemente tenía más experiencia y sagacidad en esto de timar a la gente. Vale señalar que se trata de una narración muy antigua, que refleja los valores de sociedades nómadas patriarcales y polígamas, y no vamos aquí a juzgar

Date cuenta

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Génesis 28:10-19 RVC Cuando Jacob despertó de su sueño, dijo: «Realmente el Señor está en este lugar, y yo no lo sabía.»  (Génesis 28:16) Recientemente estaba leyendo un libro donde el autor utilizó la frase “gigantes de la fe” para referirse a los personajes bíblicos. Como comenté en un ensayo anterior [ La tiranía de lo inmediato ], me resisto a utilizar expresiones como “héroes de la Biblia” para identificar sus personajes: en primer lugar, porque este tipo de expresión empaña el hecho de que se trataba de gente como cualquiera de nosotros; y, en segundo lugar, porque sus acciones (como en el caso de Jacob) distan mucho de ser ejemplos de integridad.  La narración que hoy nos ocupa presenta a Jacob huyendo de su hermano Esaú, luego de haber concretado una artimaña que lo despojó de sus derechos como primogénito. Lo que parecía ser una movida sagaz de su parte, tuvo como consecuencia el quebrantamiento de la familia. Jacob (“el suplantador”) logró su objetivo de obtener la “bendición

La tiranía de lo inmediato

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  Génesis 25:27-34, RVC “Entonces Jacob le dio a Esaú pan y el guiso de lentejas, y Esaú comió y bebió; luego se levantó y se fue. Así fue como Esaú menospreció la primogenitura.” (Génesis 25:34) Las Escrituras Sagradas están repletas de historias que retratan la experiencia humana con toda la variedad de sus manifestaciones. En algunos círculos religiosos se utiliza la expresión “héroes de la Biblia” para referirse a muchos de sus personajes. Sin embargo, esta manera de identificarles suele distanciarnos del hecho de que se trataba de gente como cualquiera de nosotros, con más momentos “normales” que hazañas “heroicas”.  La narración que hoy nos ocupa es tan solo un episodio en una saga mayor: la historia de los hijos de Isaac (Génesis 25.19). Uno de ellos se llamaba “Esaú”, el cual gozaba de ciertos derechos reservados para el primogénito (el primero en nacer). El otro se llamaba “Jacob”, quien eventualmente sería conocido como “Israel”, el patriarca del pueblo hebreo. Los nombres e

Colmado de bienes

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“Mas yo en tu misericordia he confiado; mi corazón se regocijará en tu salvación. Cantaré al Señor, porque me ha colmado de bienes.” Estas palabras provienen del Salmo 13, versos 5 y 6 en la traducción de La Biblia de Las Américas . El Salmo 13 no es desconocido para la cristiandad. Si llevamos tiempo en el camino cristiano, seguramente habremos escuchado alguna vez este poema que comienza con una serie de preguntas un tanto perturbadoras (v. 1): “¿Hasta cuándo, oh Señor? ¿Me olvidarás para siempre? ¿Hasta cuándo esconderás de mí tu rostro?” Desde hace muchos años este Salmo ha tenido particular significación para mí. Es un recordatorio de que la vida no es un camino de hermosas flores y bellas mariposas. Hay momentos felices y hermosos, ¡claro que sí! Pero también hay periodos de gran sufrimiento, dolor e incertidumbre –indistintamente de las creencias religiosas o la “cantidad” de fe que podamos tener. “¿Hasta cuándo, oh Señor?” es la pregunta que surge naturalmente cuando la vida

Amor y... punto.

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Arte gráfico por Rev. Marissa Galván-Valle.   “Cuando yo era niño, mi manera de hablar y de pensar y razonar era la de un niño; pero cuando llegué a ser hombre, dejé atrás las cuestiones típicas de un niño. Ahora vemos con opacidad, como a través de un espejo, pero en aquel día veremos cara a cara; ahora conozco en parte, pero en aquel día conoceré tal y como soy conocido. Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor. Pero el más importante de todos es el amor.” (1 Corintios 13.11-13, RVC) Recientemente publiqué en redes sociales la bandera multicolores en apoyo al reconocimiento de la dignidad de las personas de la comunidad lgbtq+ (o «comunidad cuir», como se dice en Español). No había pasado mucho tiempo cuando uno de mis contactos reaccionó escribiendo un comentario condenatorio amparándose en la trillada frase “la palabra (i.e. la Biblia) es clara...” Comprendo el lugar desde donde la persona escribió: yo también estuve allí hace muchos años. Yo consideraba a las personas de