jueves, 20 de junio de 2019

Manera de pensar = manera de vivir

“No vivan ya según los criterios del tiempo presente; al contrario, cambien su manera de pensar para que así cambie su manera de vivir y lleguen a conocer la voluntad de Dios, es decir, lo que es bueno, lo que le es grato, lo que es perfecto.” (Romanos 12.2 DHH)

Hoy (20 de junio) se conmemora el Día Mundial de Las Personas Refugiadas, una iniciativa impulsada por Las Naciones Unidas y acogida por múltiples organizaciones alrededor del mundo, entre ellas, nuestra Iglesia Presbiteriana (EUA) a través de su Programa Presbiteriano de Asistencia en Desastres.

Un día como hoy, además de invitar a los ciudadanos a urgir a sus líderes gubernamentales a comprometerse con la solidaridad hacia la humanidad desplazada por las guerras y la miseria, las comunidades son invitadas a dar a conocer sus esfuerzos en extender ayuda en sus contextos locales. Las iglesias, en particular, son invitadas a compartir sobre sus ministerios y servicios para con las personas que buscan refugio.

La congregación de la cual soy pastor, no tiene ningún ministerio u organismo particularmente enfocado en este menester. Me consta que muchas otras congregaciones se encuentran en igual situación, ya sea por estrechez financiera, por escasez de personas voluntarias, o falta de concienciación. No obstante, eso no debe ser impedimento para obrar en favor de la solidaridad para con el prójimo. Nosotros podemos hacer algo tan simple como enviar una nota a nuestros representantes congresionales para instarles a poner en acción concreta los valores e ideales que aspiramos en nuestra nación democrática y que de manera especial se reflejan en la inscripción de la Estatua de la Libertad:

"Dadme tus cansados, tus pobres,
Tus masas amontonadas gimiendo por respirar libres,
Los despreciados de tus congestionadas costas.
Enviadme a estos, los desposeidos, basura de la tempestad.
Levanto mi lámpara al lado de la puerta dorada!" (1)

Podemos descargar e imprimir la nota pulsando aquí, y enviarla a alguno(a) de nuestros representantes (en el Sur de La Florida) (Personas de otras partes de la nación pueden buscar sus representantes pulsando aquí):

Rep. Mario Díaz Baralt (Distrito #25)
8669 NW 36th Street, Suite 100
Doral, FL 33166
phone: (305) 470-8555
web: https://mariodiazbalart.house.gov/

Rep. Debbie Mucarcell-Powell (Distrito #26)
12851 SW 42nd St
Suite 131
Miami, FL 33175
Phone: (305) 222-0160
web: https://mucarsel-powell.house.gov/

Rep. Donna Shalala (Distrito #27)
7700 N. Kendall Drive, #605
Miami, FL 33156
Phone: (305) 668-2285
web: https://shalala.house.gov/

Ahora bien. Toda acción comienza con la voluntad. Quizás no contemos con los recursos concretos para ir más allá de hacer una llamada o enviar una nota. Quizás algunos de nosotros no tengan las energías para participar en demostraciones multitudinarias de solidaridad. Quizás a muchos de nosotros el tema no les motive porque entienden que no les afecta. Es precisamente ahí donde necesitamos comenzar...

El apóstol Pablo nos recuerda que la transformación comienza en el campo de los pensamientos (Romanos 12.2).  Durante varios años nuestras mentes han sido bombardeadas con ideas que nos llevan a menospreciar a las personas inmigrantes y refugiadas. Los discursos que constantemente se esgrimen y se repiten a través de múltiples medios buscan criminalizar y deshumanizar a quienes llegan hasta nuestras fronteras en busca de refugio.  «Cambien su manera de pensar para que así cambie su manera de vivir y lleguen a conocer la voluntad de Dios, es decir, lo que es bueno, lo que le es grato, lo que es perfecto», nos recuerda Pablo.

Desde la fe cristiana encontramos que las Escrituras Sagradas están repletas de llamados de Dios a la hospitalidad y la solidaridad para con los extranjeros y los desposeídos de la tierra. Más aún, en nuestras propias experiencias debemos recordar que gran parte de nosotros hemos vivido circunstancias que nos han llevado a desplazarnos de nuestros lugares de origen y llegar hasta esta nación de la cual formamos parte. El amor, la caridad, la solidaridad para con las vidas desamparadas y agraviadas es un valor constantemente presente en la prédica y práctica de Jesús sobre el reino de Dios. Es tiempo de atrevernos a rechazar los prejuicios y la propaganda que menosprecia a las personas vulnerables. Es tiempo de atrevernos a cambiar nuestra manera de pensar y vivir para alinearla con el corazón de Dios.

#WeChooseWelcome #ElegimosDarLaBienvenida

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(1) Original en Inglés. Versión al Español por Jorge E. Sanint.

sábado, 8 de junio de 2019

La tristeza de un fruto malogrado

No sé ni cómo empezar a escribir estas líneas.

Al momento de escribir me encuentro triste, muy triste. Y aunque me veo tentado a no expresar nada ni reaccionar, dejar "que las aguas bajen a su nivel", la conciencia no me permite hacerlo. Esto es algo que debo compartir y, al hacerlo, tengo la esperanza de que sirva de llamado a despertar algunas conciencias dormidas y reanimar algunos corazones desanimados. Ya he escrito antes sobre este tema. Pero nunca está de más repasar, y reconsiderar.

En días recientes he enfrentado un par de episodios frustrantes. Son propios de la vida pastoral, es decir, algo a lo que las pastoras y pastores debiésemos estar acostumbrados y no sentirnos "tan" afectados por ello. Pero no puedo evitar el sentimiento de tristeza. Cuando pasas años sembrando un mensaje de amor, perdón, reconciliación, compasión, y de repente te tropiezas con un corazón endurecido, al que no le importa el amor, perdón, reconciliación y compasión. Cuando cosas así suceden las pastoras y pastores nos sentimos decepcionados, tristes, y en ocasiones, hasta fracasados (y me consta por el testimonio de muchos colegas que me han compartido su sentir). El choque de pensamientos y preguntas es inevitable. ¿Dónde estaba esta persona cuando prediqué/enseñé sobre tal o cual cosa? ¿No aprendió la lección del amor y la misericordia a pesar de las decenas, no, cientos de veces que se ofrecí la lección en palabra y acción, en prédica y práctica? ¿Cómo es que se puede profesar la religión cristiana, y a la misma vez insensibilizarse y endurecerse ante las mismas personas a quien Cristo constantemente acogió? ¿Cómo se puede decir que se ama a Dios, y a la misma vez despreciar al prójimo, creado a imagen de Dios? ¿No he sido claro en la enseñanza? ¿No supe llevar el mensaje del reino de Dios? ¿Cómo alguien que disfruta de la misericordia divina es capaz de negar esa misma misericordia hacia las personas más vulnerables?

En medio de todos esas preguntas y pensamientos cargados de decepción, a mi mente vienen dos pasajes bíblicos que muy bien pueden servir de recordatorio a todas aquellas y aquellos que nos encontramos en la vocación pastoral o magisterial.

El primero de los pasajes bíblicos narra una historia de gratitud e ingratitud. Lo puedes encontrar en Lucas 17.11-19.  Allí se cuenta cómo 10 hombres enfermos con una condición de la piel son curados por el poder compasivo de Jesucristo de Nazaret, y sólo uno regresa donde el Señor para expresarle su agradecimiento. El evento fue tan impactante que el propio Jesús lo acentuó: «¿No eran diez los que fueron limpiados? ¿Dónde están los otros nueve? ¿No hubo quien volviera y alabara a Dios sino este extranjero?» (El hombre agradecido era samaritano, en contraste con los demás que evidentemente compartían la etnia de Jesús, 17.17-18). Uno de diez, 10%. El otro 90% recibió el beneficio y siguió su camino como si nada. Toma nota de esos números.

El segundo de los pasajes bíblicos que ocuparon mi mente es una parábola, un cuento de esos que Jesús narraba para comunicar sus enseñanzas. Tradicionalmente conocido como "la parábola del sembrador", esta narración puede ser leída en Mateo 13:1-9, Marcos 4:1-9 y Lucas 8:4-8. En la misma se describe cómo una cuarta parte de la semilla sembrada germinó y dio fruto, mientras que el resto se echó a perder de diversas formas. Tres cuartas partes, 75%, de las semillas no pudieron producir el fruto esperado. También toma nota de estas cifras.

Algo que comúnmente suele suceder en encuentros entre pastoras y pastores -indistintamente de su denominación, concilio o tradición- es la conversación numérica. "¿Cuántos miembros tiene tu iglesia?" ... "¿Cuántas personas asisten en promedio al culto?" ... "¿Es viable el sostenimiento económico de la obra donde estás?"  Hace tiempo que dejé de prestarle atención a los números como indicador de "éxito" o "efectividad". Los años me han llevado a entender que la madurez espiritual y la salud congregacional tienen mayor peso que los meros números de asistencia y donaciones. Aún así, según los criterios de muchos en la vocación pastoral, 75% de pérdida de semillas, y 90% de indiferencia o ingratitud son indicadores de "fracaso". Son números muy altos y desalentadores.

No obstante, ahí es donde encontramos grandes lecciones en ambas narraciones.  Por un lado, la ausencia monumental de gratitud no fue impedimento para que Jesús hiciera el bien que tenía que hacer. Sólo uno regresó, pero Jesús ayudó a los diez, y luego siguió ayudando a muchas otras personas. Por otro lado, la pérdida del 75% de las semillas no fue motivo para que el sembrador desistiera de sembrar. El sembrador salió a sembrar, como solía hacerlo cada día.

Saber que posiblemente no se verá el "fruto" (i.e. el resultado) esperado no nos debe tomar por sorpresa. Por el contrario, debemos estar conscientes de que eso sucederá. Nos encontraremos con mucha gente ingrata, y nos enfrentaremos a la frustración de grandes porciones de cosecha malograda. Sin embargo no debemos dejar que el desaliento nos detenga. Siempre habrá quien aprecie, aproveche y agradezca lo que se hace, y siempre habrá terreno fértil donde germine la semilla y se produzca buen fruto. Hay que seguir haciendo todo lo que esté a nuestro alcance para sanar este mundo enfermo. Hay que seguir sembrando semillas de amor, aunque en ocasiones la cosecha sean espinas de odios y rencores. Hay que seguir sembrando. Cada día. En cada oportunidad. Hay que seguir. Hay que seguir.

En medio de los desaires y tristezas del camino, el salmista nos recuerda que

"Los que siembran con lágrimas,
cosecharán con gritos de alegría.
Aunque lloren mientras llevan el saco de semilla,
volverán cantando de alegría,
con manojos de trigo entre los brazos." (Salmo 126.5-6 DHH)

Soli Deo Gloria.

sábado, 11 de mayo de 2019

Algunos pensamientos sobre la predicación y el cuidado pastoral

Hace algún tiempo una querida amiga me preguntó “¿Qué es para ti la predicación y su rol en el cuidado pastoral” -- excelente pregunta que me llevó a pensar y reflexionar cuidadosamente. Cuando hacemos algo durante mucho tiempo (entiéndase "años") podemos caer en la trampa de hacer las cosas de forma mecánica.  De esa trampa, los predicadores y predicadoras nos debemos cuidar. Por eso me parece oportuno reflexionar de tiempo en tiempo en asuntos relacionados a la vocación. En ese interés, comparto aquí mi respuesta a la pregunta.

Para mí la predicación es el punto de encuentro fundamental en el cuidado pastoral: pastor y rebaño unidos en tiempo y espacio.  La predicación se da primordialmente en el contexto del culto de adoración a Dios cada domingo.  Este es el momento en que más personas de la congregación se reúnen, por lo cual ofrece la oportunidad de tener lo que en el campo de las comunicaciones tradicionalmente se conoce como “audiencia cautiva.”[1]

Como pastor, la predicación me ofrece una oportunidad sin igual:

--- para anunciar el evangelio y extender la invitación a seguir los pasos de Jesús en el camino del reino de Dios. Quiero acentuar el término “evangelio”, que significa “buena noticia”. La predicación no es para condenar ni humillar a la audiencia, sino para exponer la buena noticia de la gracia de Dios que en Cristo nos ha llegado.

--- para enseñar y educar la congregación en el discipulado cristiano.  La respuesta afirmativa a la gracia de Dios en Cristo, a su vez, nos debe motivar a la gratitud que se expresa en el seguimiento de Jesús. Por tanto, la predicación también es una magnífica oportunidad para guiar a los discípulos(as) en su andar cotidiano: cómo vivir la gracia de Dios en situaciones concretas en el aquí y ahora. A veces me frustro cuando la gente me dice “qué bonito sermón”. Sin embargo me apasiono cuando me dicen “hoy aprendí algo”, “quiero descubrir más sobre tal o cual cosa”, o “de ahora en adelante quiero actuar de tal manera”.

--- para consolar, animar y exhortar a no claudicar en medio de los retos y desafíos del tiempo cotidiano. El camino es duro y sobran las circunstancias (y la gente) cuyo único objetivo es desanimar y entorpecer. Por eso la predicación nos debe inspirar a levantarnos y seguir caminando (aunque en ocasiones sea arrastrándonos o gateando) en el seguimiento de Jesús.

Espero, pues, que este aporte sea de utilidad, a colegas en el ministerio de la predicación para recordarnos de qué se trata todo esto.  De igual manera, espero que este aporte sea de utilidad a la feligresía en diversas parroquias y congregaciones, para entender un poco mejor los retos y oportunidades presentes en la vocación de sus pastores y pastoras.

Soli Deo Gloria.

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[1] Claro está, con los adelantos tecnológicos, la audiencia se puede ampliar considerablemente al difundir el mensaje a través de las redes sociales, grabado en audio o en vídeo y publicado en diversas plataformas de comunicación.

domingo, 24 de marzo de 2019

Un consejo para futuros predicadores y predicadoras


Querida o querido amigo predicador:

La preparación para un sermón, entre otros factores, requiere cultivar y practicar la disciplina de la lectura.
  • Leer el texto bíblico (leerlo, y releerlo en múltiples ocasiones)
  • Leer la academia (los recursos escritos por exégetas y comentaristas)
  • Leer la congregación (en qué estado se encuentra tu gente, sus alegrías y penas)
  • Leer la comunidad (la ciudad, el campo, el barrio donde se encuentra ubicada la congregación)
  • Leer la sociedad en general (qué está ocurriendo a nivel nacional e internacional)
Y aquí solo me refiero al ejercicio de la lectura, sin incluir el proceso de diseño y escritura del sermón. Todo eso se traduce en largas horas de trabajo que muchas veces pasan desapercibidas por la audiencia que sólo ve los 20 o 30 minutos de "entrega" del sermón. Una feligrés me dijo en una ocasión: "Pastor, es que usted predica tan fácil..." Ella no tenía conciencia del trabajo y las noches sin sueño que todo esto cuesta. (Me hubiese encantado tener la gráfica aquí incluida para ilustrarle.) En otra ocasión alguien me cuestionó para qué comprar tantos libros si para predicar "solo hace falta una Biblia". Hubiera querido decirle que "para hablar como hablo hay que leer como leo."

En resumen, para que haya sustancia y contenido en lo que se dice, tiene que haber sustancia y disciplina en el estudio y la lectura. También hay que acostumbrarse a la idea de que siempre habrá alguien que no aprecie tu labor. Aún así, no dejes de dedicar el tiempo a la preparación responsable y rigurosa. Tu predicación será el alimento espiritual de muchos más...

viernes, 22 de marzo de 2019

"Voy" o "Soy"


Uno de los retos mayores para la iglesia contemporánea es moverse del modelo de consumo ("voy a la iglesia para recibir _____") al modelo de servicio/ministerio ("soy la iglesia y sirvo-colaboro-ayudo al prójimo donde quiera que esté). Nos reunimos como iglesia para adorar a Dios, renovar nuestra fe, y renovar nuestro compromiso de vivir según el reino de Dios en el día a día. Nos dispersamos para llevar a la práctica el evangelio, para “encarnar” el amor de Cristo en el mundo.

Much@s viven su cristianismo de consumo conformándose con "ir a la iglesia" como quien va a un cine o un teatro a "ver", "disfrutar" de un programa, sin mayores repercusiones en su andar cotidiano. Los cristian@s de consumo eventualmente se desconectan cuando no se les sirve el producto que desean. Los cristian@s comprometidos con seguir a Cristo se entregan y se esfuerzan cada día en testificar la gracia de Dios en todo tiempo y lugar. Los cristian@s de consumo brincan de iglesia en iglesia buscando aquello que satisfaga sus intereses y "necesidades" (que muchas veces son caprichos superficiales y no necesidades sustanciales).  Se mudan de congregación tan pronto son confrontados con las implicaciones reales del discipulado cristiano.  Los cristian@s comprometidos con Cristo asumen el discipulado con sus implicaciones: aprender, servir, darse, participar, fomentar relaciones saludables, cultivar una sana espiritualidad personal y colectiva, practicar misericordia, ejercitar el perdón, fomentar la hospitalidad, construir la paz y promover la justicia, abrir su corazón al Espíritu de Dios y abrir su corazón el prójimo desventajado.

Una nota particular para mi congregación: Al celebrar y agradecer a Dios por el 61 Aniversario de nuestra iglesia, La Primera Iglesia Presbiteriana Hispana en Miami, nos corresponde a cada un@ de nosotros hacer un alto y repensar nuestra vocación: ser cristian@s de consumo, o ser discípul@s de Cristo Jesús. En simples palabras: “Voy” o “Soy”.

"El Señor te ha dado a conocer lo que es bueno, y lo que él espera de ti, y que no es otra cosa que hacer justicia, amar la misericordia, y humillarte ante tu Dios." (Miqueas 6.8 RVC)

"Si alguno quiere seguirme, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame." (Lucas 9.23 RVC)

“Señor, me has mirado a los ojos / sonriendo has dicho mi nombre / en la arena he dejado mi barca / junto a ti buscaré otro mar” (Himno “El Pescador”)

Soli Deo Gloria.

viernes, 15 de marzo de 2019

Complicidad

Hoy (15 marzo 2019) amanecí ante un aluvión de noticias y comentarios sobre una horrenda masacre perpetrada en Christchurch, Nueva Zelandia, contra dos mezquitas.* Quiero invitarte a que tomes un momento para absorber el asunto: se trata de gente que tranquilamente fue a su lugar de recogimiento espiritual, en búsqueda de Dios. Al momento de escribir esto, se han reportado 49 muertes (y al menos 48 heridos)...
Brenton Tarrant grabó un video en sus redes sociales perpetrando el ataque

Si eres cristiano(a), imagina que se trata de tu congregación un domingo en la mañana: tu, tu familia, tus hermanas y hermanos en la fe, se han reunido para estar en comunión con Dios y lo que encuentran es una muerte violenta y angustiosa. ¿Qué te parece si la noticia, en lugar de reportarse en relación a dos mezquitas en otro país, se tratase de dos iglesias aquí en Miami? Terrible, cruel, inhumano, indignante, ¿no es así?

Personalmente esto me produce gran consternación. No es un secreto que, al igual que mi denominación, Iglesia Presbiteriana (EUA), soy promotor de las buenas relaciones interreligiosas. Me interesa continuamente la creación de puentes de hermandad entre personas de diferentes religiones y credos. La interreligiosidad ha sido una fuente de bendición y maduración en mi fe. Tampoco es un secreto que tengo seres muy amados en mi familia que profesan el Islam, lo que me ha permitido acercarme a hermanas y hermanos de una fe que en otros tiempos me resultaba desconocida.

Hasta el momento los reportes evidencian que el principal ejecutor de los asesinatos profesaba una ideología anti-inmigrante y de supremacía blanca. No es cuestión de rumores o interpretación: el individuo había publicado un manifiesto de 74 páginas donde esbozaba su sentir, y para completar, grabó/transmitió parte de su horrendo ataque en vivo por la red social Facebook.

Ahora quiero invitarte a que consideres algo más: quizás tú eres cómplice de este espantoso crimen. ¿Leíste bien? “Quizás tú eres cómplice de este espantoso crimen.”  Tal vez estés pensando que exagero al plantear esta idea. Pero antes de que vayas a reciclar la colección de adjetivos que en años recientes gratuitamente se me han aplicado,** quiero que remitirte a unas palabras pronunciadas por nuestro Señor Jesucristo, contenidas en “el sermón del monte”:
«Ustedes han oído que a sus antepasados se les dijo: “No mates, pues el que mate será condenado.” Pero yo les digo que cualquiera que se enoje con su hermano, será condenado. Al que insulte a su hermano, lo juzgará la Junta Suprema; y el que injurie gravemente a su hermano, se hará merecedor del fuego del infierno.» (Mateo 5.21-28 DHH)
La implicación de la enseñanza del divino Maestro es seria y profunda. Quizás no seamos asesinos en el sentido literal, físico. Quizás jamás hayamos tenido un arma de ningún tipo en nuestras manos para atacar a otra persona. Pero la semilla de la muerte y de la violencia, no comienza con una ametralladora o un puñal, sino que comienza con un sentimiento interior.

Ahora, vuelve a considerar el enunciado: quizás tú eres cómplice de este espantoso crimen. Cada vez que compartes un chiste humillando a “esos musulmanes”... Cada vez que circulas uno de tantos emails en cadena fomentando el miedo y las mentiras de que la gente que profesa el Islam quiere conquistar el país y “acabar con los cristianos”... Cada vez que envías propaganda islamofóbica, xenofóbica y racista a todos tus contactos… Cada vez que compartes a otros uno de esos "tweets" colmados de autoritarismo y demagogia... te haces cómplice de crímenes de odio perpetrados por quienes profesan el discurso de la supremacía blanca.

Y si estás considerando re-plantear el trillado argumento de que “los musulmanes cometen la mayoría de los ataques terroristas”, quiero alentarte a que contemples esto:

  • Mezquitas en Christchurch
  • Sinagoga Tree of Life
  • Iglesia Mother Emanuel
  • Templo Sikh Oak Creek
  • Centro Judío Overland Park
  • Centro Islámico de la Ciudad de Quebec
  • Sinagoga Judía Ortodoxa en Poway, California 

Todas dichas masacres, que forman parte de la historia reciente, han sido perpetradas por gente que adopta y profesa la ideología de la supremacía blanca que, en muchas ocasiones se hace identificar con la cristiandad.

No seamos partícipes del constante sembrado de odio y desprecio hacia el prójimo. No seamos cómplices del terror.  Rompamos la cadena de violencia y hostilidad. Tomemos en serio las palabras de nuestro Señor Jesucristo. Sigamos su ejemplo y abracemos el camino del amor, la justicia y la esperanza. Ser discípulas y discípulos de Jesucristo implica convicción y compromiso con una vida distinta, el evangelio, la vivencia del reino de Dios. Seamos caracterizados por la edificación de una cultura de paz, tolerancia, gentileza, reconciliación y solidaridad.

Oremos en solidaridad con tantas familias en duelo. Oremos por las comunidades afectadas por la intolerancia y persecución religiosa. Oremos, como nos enseñó Jesús, "Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra..."

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*Una mezquita es el lugar de adoración en el Islam, así como lo es la sinagoga para el judaísmo, y el templo/iglesia para el cristianismo.
**He sido calificado como “comunista”, “socialista”, promotor “de los terroristas”, “pastor del diablo”, “liberal”, “izquierdista”, etc. Claro está, ni acepto, ni recibo, ni me identifico, ni adopto como propios los insultos. Esos se los pueden quedar quienes los pronuncian.

(Actualizado en 5/11/2019)