lunes, 26 de enero de 2015

Parábola de los pescadores

I.  Existió un grupo que se llamó “los pescadores”.  Y había peces en cantidad por toda el área, estaban rodeados por ríos, lagos, riachuelos, y quebradas.  Y los peces tenían hambre.  Y semana tras semana, mes tras mes, y año tras año, aquellos que se llamaban “pescadores” se reunían y hablaban de su llamamiento a pescar... hablaban de la abundancia de peces y de la necesidad de ir a pescar... también hablaban sobre cómo se pesca.  Año tras año con gran cuidado y claridad definían qué era pescar.  Pero nunca pescaban.

II.  Auspiciaban campañas para pescadores, compraban nuevos equipos de pesca y discutían si se había inventado algún tipo nuevo de carnada.  Y estos pescadores construyeron un enorme, espacioso, bonito y flamante edificio al que denominaron “Oficinas Centrales de los Pescadores”.  Se alegaba que toda persona debía pescar, y que todo pescador debía pescar.  Pero nunca se daban a la tarea de pescar.

III.  En adición de sus reuniones regulares, organizaron una junta para enviar pescadores a pescar en otros lugares pues había muchos peces por doquier.  Era formidable el reto y nombraron personal y comités.  Pero nadie del personal ni los miembros de los comités iban a pescar.

IV.  Se organizó un Centro de Adiestramiento muy bien equipado, espacioso y bien elaborado para adiestrar pescadores.  La gente ahora, obtenía sus Doctorados en Pescatología o el Arte de Pescar.

V.  Y año tras año, y después de entrenamientos tediosos, muchos se graduaban y obtenían sus licencias para pescar.  Eran enviados a muchos lugares donde los peces abundan.  Pero nadie iba a pescar.

VI.  Un día, después de una inspiradora reunión sobre la necesidad de pescar, un joven pescador salió de la reunión y se fue a pescar.  Al otro día reportó que había capturado dos considerables peces.  Fue honrado y reconocido por su excelente pesca.  Entonces se le llenó el calendario para que fuera a visitar todas las posibles reuniones de importancia para compartir cómo fue que lo hizo.  Así que dejó de pescar para compartir con otros la historia de su proeza.

Lo hicieron miembro de la Junta General de Pescadores como persona que tenía experiencia considerable en la pesca.  Imagínense cómo se sintieron de lastimados los demás pescadores cuando esta persona dijo que las personas que no habían pescado nada no eran pescadores, no importa que lo reclamaran.  Pero sonaba correcto lo que decía.  ¿Es realmente pescadora aquella persona que año tras año no pesca?

------------
*La parábola fue presentada por Bob Cueni ante el “National Evangelism Workshop '90”, Mayo 8-10 de 1990, en Nashville Tennessee, de una publicación de Bethrem Church. Traducción del Rev. Tony Lugo.

martes, 20 de enero de 2015

El ciclo del menosprecio

Al día siguiente, Jesús quiso ir a Galilea, y halló a Felipe y le dijo: «Sígueme.» Felipe era de Betsaida, la ciudad de Andrés y Pedro. Y Felipe halló a Natanael y le dijo: «Hemos hallado a aquél de quien escribió Moisés en la ley, y también los profetas: a Jesús, el hijo de José, de Nazaret.» Natanael le dijo: «¿Y de Nazaret puede salir algo bueno?» Y le dijo Felipe: «Ven a ver.» Cuando Jesús vio que Natanael se le acercaba, dijo de él: «Aquí tienen a un verdadero israelita, en quien no hay engaño.» Natanael le dijo: «¿Y de dónde me conoces?» Jesús le respondió: «Te vi antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera.»  Natanael le dijo: «Rabí, ¡tú eres el Hijo de Dios!; ¡tú eres el Rey de Israel!»  Jesús le respondió: «¿Crees sólo porque te dije que te vi debajo de la higuera? ¡Pues cosas mayores que éstas verás!»  También le dijo: «De cierto, de cierto les digo, que de aquí en adelante verán el cielo abierto, y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del Hombre.» (Evangelio Según Juan 1.43-51 RVC)

*Ningún otro de los evangelios menciona a Natanael, pero el Evangelio Según Juan lo introduce como uno de los primeros discípulos reclutados por Jesús. Natanael es identificado como un hombre «sin engaño», alguien sin agenda oculta, alguien transparente, que dice lo que piensa, como lo piensa. Por su cruda honestidad es que podemos conocer cómo se sentía Natanael en relación a Nazaret.  Cuando Felipe le indica a Natanael que han encontrado al mesías anunciado por las profecías antiguas, a Jesús el hijo de José, de Nazaret, la reacción de Natanael no se hizo esperar: «¿Y de Nazaret puede salir algo bueno?»  Nazaret no era una ciudad capital, Nazaret ni siquiera era una gran ciudad, muchos estudiosos identifican a Nazaret como un lugar de poco prestigio y de pocos recursos, casi una aldea... «¿De Nazaret puede salir algo bueno?»  Observemos que la pregunta de Natanael evidencia su menosprecio hacia Nazaret. Más aún, manifiesta su opinión deshumanizante hacia quien procede de Nazaret.  Observemos que no dice «¿De Nazaret puede salir alguien bueno?», sino que dice «¿De Nazaret puede salir algo bueno?»  Natanael está manifestando la actitud de quien considera a la otra persona como inferior, en esta ocasión, por su lugar de procedencia.  Natanael está encarnando la actitud de quien menosprecia al otro ser humano por que es distinto, en este caso por causa de su origen, pero en otros casos por causa de diferencias políticas, económicas, religiosas, raciales, y otras tantas expresiones propias de la diversidad humana. «¿De Nazaret puede salir algo bueno?»

Tristemente desde que el mundo es mundo, el ser humano tiende a menospreciar a quien es distinto, al punto de pasar por alto su dignidad básica. Por tal razón hoy planteamos las siguientes interrogantes: ¿Podremos romper el ciclo del menosprecio?  ¿Podremos superar esa necesidad de alienar, separar y distanciarnos de la arrogancia que nos insensibiliza del otro ser humano?  ¿Podremos entender que las distinciones que insistimos en acentuar nos alejan los unos de los otros, al extremo de hacernos indolentes ante el dolor y la necesidad ajena?  ¿Seremos capaces de movernos de la indiferencia hacia la empatía?

En estos días en la nación se conmemora el natalicio de un ministro cristiano, el Rev. Martin Luther King Jr., quien protestó enérgicamente en contra del discrimen racial, el menosprecio hacia seres humanos por causa del color de su piel. Promotor de la paz, inspirado en las enseñanzas y el ejemplo de Jesucristo, fue asesinado violentamente en 1968.  Su discurso titulado “I Have a Dream” (Yo tengo un sueño), donde aboga por la igualdad, la integración y la unidad, ha sido considerado por estudiosos como el principal discurso estadounidense del Siglo 20**.  Cuarenta y seis años después de la muerte de Martin Luther King Jr. seguimos viviendo en una sociedad altamente dividida por barreras y prejuicios raciales, y más aún, por prejuicios étnicos, políticos, económicos, religiosos, y otros prejuicios por el estilo... «¿De Nazaret puede salir algo bueno?»  Nadie está exento del ciclo del menosprecio: a veces nos menosprecian, y veces menospreciamos.  Cuando sintamos deseos de hacer un chiste o burlarnos de la nacionalidad o el origen de otra persona, debemos preguntarnos si nos agradaría ser el objeto del chiste o de la burla.  La próxima vez que pensemos referirnos a otra persona de manera despectiva por su color de piel, debemos considerar si nos gustaría que nos juzguen igual.  Cuando menospreciemos a una persona que sea de una religión distinta a la nuestra, debemos tomar un rato para considerar si nos gusta cuando otras personas nos menosprecian por la fe que profesamos y se burlan de esa fe.  Cuando pasamos por alto las limitaciones físicas de otra persona, debemos meditar, ¿cómo se siente que otras personas ignoren nuestras propias limitaciones y necesidades? Empatía es ponerse en el lugar del otro, o como dice la frase: “ponerse los zapatos del otro”.

El trato que Jesús brindó a Natanael fue muy distinto a la idea que Natanael tenía sobre la gente de Nazaret, sentando de esta manera un ejemplo de humildad, compasión y sensibilidad. Hubiese sido más fácil menospreciar a Natanael, pero con su acción, Jesús nos enseña que el ciclo de menosprecio puede y tiene que ser quebrantado.  Es necesario mirar más allá de la superficie, de las generalizaciones, de las etiquetas, de los estereotipos, de las apariencias y de los engaños propios de la naturaleza humana.  El encuentro de Natanael con Jesús lo llevó a superar el prejuicio y las ideas preconcebidas, reconociendo en él al maestro, al Hijo de Dios, al Rey de Israel.

Nuestro mundo está demasiado fragmentado y dividido.  No seamos más de lo mismo.  No seamos quienes contribuyan a extender el ciclo del menosprecio.  Hace falta gente como Jesús, que aún de frente al menosprecio, actúen en favor de la paz, la conciliación, la compasión, la justicia y la solidaridad.

SOLI DEO GLORIA.

------------------------------------------
Notas:
*Esta reflexión es una porción de mi sermón del 18 de enero de 2015 en la Primera Iglesia Presbiteriana Hispana en Miami, FL. (vídeo)
**Stephen Lucas and Martin Medhurst (December 15, 1999). "I Have a Dream Speech Leads Top 100 Speeches of the Century". University of Wisconsin–Madison.