viernes, 18 de diciembre de 2015

Recuerdos

Hace mucho tiempo que no escribía para publicar por este medio.  Una multiplicidad de factores – estudios doctorales, problemas de salud, y el día a día pastoral, entre ellos – me mantuvieron alejado de mi “blog”.  Pero hoy quiero hacer un alto en todo el ajetreo y compartir algunos pensamientos por aquí.

Hoy estuve mirando un par de fotos.  Ambas fotos me evocan lindos recuerdos.  Una de ellas es del teatro Sol.  En dicho teatro fue que mi papá nos llevó a ver el estreno de “Star Wars” en el pueblo donde crecimos, Aguadilla, Puerto Rico.  Eso fue en 1977.  Han pasado casi cuatro décadas del acontecimiento que de muchas maneras marcó mi imaginación enlazándome con una narrativa de ciencia ficción que a la vez enseñaba el concepto del bien y el mal con sus metáforas del lado “oscuro” y el lado “claro” de “la Fuerza”.  Es lindo recordar.

La otra foto es mucho más reciente.  La tomó una hermana de nuestra Iglesia mientras nos preparábamos para la celebración del Día de Acción de Gracias en el salón social.  En la foto se encuentra el director musical de nuesta Iglesia, Anc. Jesús R. Sánchez-Reyes, quien ha sido un colega de ministerio de incalculable valor.  Y yo – y esto es lo que me evoca gratos recuerdos – me encuentro, como en muchas ocasiones cargando y acomodando los equipos de audio.  Mi afición por los sistemas de sonido comenzó desde muy temprano en mi vida, cuando veía a mi papá acomodando micrófonos en el templo de la Tercera Iglesia Presbiteriana en Aguadilla.    Los fundamentos de lo que sé sobre el tema los aprendí con él.  Aún tengo viva en mi memoria una tarde cuando me enseñó a enrollar los cables de micrófono de tal manera que no se enredaran (es algo simple, pero no toda la gente enrolla cables sin enredarlos). Al pasar los años fui yo quien se hizo cargo de operar los equipos de audio en el templo, hasta que me fui a estudiar.  Como también me desarrollé como vocalista (eso es materia para contar en otra ocasión), mi relación con los sistemas de amplificación de audio continuó creciendo y evolucionando mientras aprendía las nuevas tecnologías que iban surgiendo en el mercado.

A casi dos décadas de estar laborando formalmente como pastor, sigo trabajando con sistemas de audio.  Soy muy exigente y cuidadoso con eso, no tan solo porque me gusta, sino porque un sonido claro y sin distorsión es indispensable para que las palabras – cantadas o predicadas – lleguen bien hacia quienes las escuchan.  “La fe viene por el oír...” escribió el apóstol (Romanos 10.17).  El mensaje de la Palabra divina que transforma vidas debe ser entregado con precisión y claridad.

Es lindo recordar.  Los malos recuerdos nos enseñan y los lindos recuerdos nos inspiran.  El tiempo no pasa en vano.  Mirar esas fotos me lleva a hacer un alto, reflexionar, y dar gracias a Dios.  Los “pequeños” detalles vienen a ser un tesoro de incalculable valor.  Me siento afortunado, muy afortunado.

jueves, 13 de agosto de 2015

Jesús los miró con enojo y tristeza

«Jesús los miró con enojo y tristeza, al ver la dureza del corazón de ellos» (Marcos 3.4)

La imagen usual que existe de Jesús es una imagen de dulce compasión y ternura, por lo cual la expresión «Jesús los miró con enojo…» resulta hasta cierto punto, disonante. Ahora bien, antes de considerar los pensamientos que aquí comparto, les invito a leer la narración de Marcos 3.1-6 RVC.

«Los miró con enojo y tristeza...» es una expresión utilizada por el Evangelio Según Marcos para referirse a los religiosos de la época de Jesús, quienes se encontraban presentes en una sinagoga en el momento en que Jesús sanó a un hombre que tenía una mano atrofiada.  A continuación comento algunos puntos del relato que llaman mi atención.

Primero. El narrador se asegura de anotar que algunos de los presentes estaban vigilando a Jesús (3.2) para sorprenderlo en alguna falta, que en este caso sería ayudar al hombre de la mano atrofiada.  Esa mala costumbre que muchas personas religiosas tienen de andar entrometiendose en las vidas ajenas para señalarles es algo que perdura hasta nuestros días.  Están vigilantes, pero no para ayudar, sino para criticar, para condenar, para señalar, para acusar, para dar las opiniones que nadie les ha pedido, para emitir su juicio desde la tribuna que nadie les ha concedido. Muchos prefieren entretenerse acentuando los "pecados" y faltas ajenas antes que considerar los propios.

Segundo.  Jesús coloca al hombre enfermo en medio de la sinagoga.  Aquel que por su condición debía estar en la periferia, es traído al centro por Jesús. Aquel que por su enfermedad debía ser excluido, es convertido en el foco de atención.  Jesús, entonces, hace preguntas que tienen el efecto de confrontar a la audiencia con la necesidad de discernir lo que realmente es importante: ¿Qué debe ser prioritario - los dogmas y tradiciones o el bienestar humano?  Por lo que se lee en los evangelios podemos observar que los religiosos devotos en tiempos de Jesús eran muy estrictos con sus conceptos de la ley divina. A través de los años se había desarrollado todo un sistema de dogmas fundamentados en su forma de leer e interpretar las escrituras sagradas hebreas. Parte de esos dogmas comprendía las reglas sobre qué se podía hacer y que no se podía hacer en “el día de reposo” (el Sábado), para no violentar el mandamiento de guardarlo...  Las preguntas de Jesús fueron contestadas por aquellos con silencio inculpador.

Tercero.  Indica la narración que «Jesús los miró con enojo y tristeza al ver la dureza de sus corazones» (3.5).  ¿Cómo mirará Jesús a los religiosos de nuestro tiempo?  ¿Cómo reaccionaría si escuchara sus sermones y enseñanzas en las iglesias y en los medios de comunicación masiva? Desafortunadamente grandes sectores de la cristiandad contemporánea demuestran tener la misma actitud que los religiosos que se oponían al mensaje de Jesús.

Cuarto.  La ley religiosa hebrea se componía de 613 mandamientos, siendo el de guardar el Sábado uno de los “top-ten”. Es sumamente importante notar que a Jesús no le tembló el pulso al subordinar el mandamiento religioso al bienestar de aquel hombre necesitado…

La audiencia contemporánea es confrontada al igual que lo fue la audiencia en aquella sinagoga: ¿vamos a ser como los religiosos farisaicos cuyo interés es su dogma a como dé lugar, o vamos a asumir una actitud de compasión solidaria?  ¿Seremos como aquellos que se mantenían vigilantes para juzgar desde sus pedestales de arrogancia espiritual, o vamos a seguir los pasos de Jesús, para quien la misericordia era más importante que las leyes y tradiciones religiosas?

Si hoy nos hacemos llamar «cristianos», es indispensable que miremos el ejemplo de Cristo y nos esforcemos cada día en imitarlo.  El discipulado cristiano requiere que privilegiemos la caridad y el amor, por encima de cualquier otra consideración.

Es mi oración y anhelo que la gracia divina nos haga sensibles a la necesidad del prójimo y transforme nuestros corazones endurecidos.

Soli Deo Gloria.

jueves, 16 de julio de 2015

Bibliolatría

Esta es una homilía que prediqué en Junio de 2013, sobre acercamientos saludables y acercamientos enfermizos a la Biblia, tomando como inspiración el texto de Lucas 9.51-56 RVC.

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«Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra» (2 Timoteo 3.16-17) ... Así se expresa una de las cartas del Nuevo Testamento. Aunque en su contexto original se refería a las escrituras hebreas, ciertamente esta es una afirmación que hoy podemos confirmar en relación a la totalidad de la inigualable colección de documentos que conforman el Antiguo y Nuevo Testamento. Tengo la plena convicción de que el pasaje que hoy leemos cumple a cabalidad el propósito de enseñar, redargüir, corregir e instruir en justicia a fin de que vivamos en integridad y estemos preparados para obrar bien.

La narración es breve, concisa y precisa. Relata que Jesús está decidido a ir a Jerusalén. De camino pasaría por una aldea de Samaria. Envía delante de sí mensajeros para preparar su llegada y ellos se enfrentan al rechazo de los samaritanos. Es importante recordar que judíos y samaritanos no se llevaban bien, a pesar de estar étnicamente relacionados. Rencillas históricas de índole racial, religioso y político eran factores del rechazo entre ambos grupos. Los prejuicios eran mutuos. No debiera entonces parecernos asombroso que los samaritanos no se sintieran alagados ni entusiasmados con el paso de un rabí judío en camino hacia Jerusalén. Así que rechazan la visita de Jesús.

La reacción de dos discípulos de Jesús no se hace esperar: violencia, revancha, represalia que claramente se manifiesta en la pregunta: «Señor, ¿quieres que mandemos que caiga fuego del cielo, como hizo Elías, para que los destruya?» (9.52)... ¿Por qué habrán reaccionado de esta forma? Es interesante notar que esta no es la primera vez que Jesús ha sido rechazado. Más aún, no sería la última. ¿Por qué el rechazo en esta ocasión despierta tan visceral reacción de parte de los discípulos? Simple: porque en las otras ocasiones el rechazo ha venido de parte de sus “iguales” los judíos, pero esta vez se trata de samaritanos. Así la reacción de Juan y Jacobo manifiesta la actitud de quienes tienen la iniciativa para destruir pero no para edificar. En lugar de buscar crear puentes de entendimiento, lo que buscan es la eliminación de aquellos a quienes no consideran sus iguales, la destrucción de aquellos a quienes no consideran como su prójimo...

Jesús confronta a sus discípulos y los reprende. Ellos están distraídos del propósito de Jesús, quien les dice: «Ustedes no saben de qué espíritu son» (9.55). Los discípulos quieren que caiga fuego sobre los samaritanos, pero Jesús quiere algo distinto. Más aún, en un episodio posterior, Jesús cuenta una parábola que con cierta ironía resalta a un samaritano (10.33) como ejemplo de compasión en contraste con judíos religiosos. Y como si eso fuera poco, más adelante el Evangelio Según Lucas nos cuenta que fue un samaritano el único de diez hombres que expresó gratitud a Jesús por haber curado su enfermedad (17.16).

Ahora bien, quiero llamar nuestra atención al hecho de que la idea de hacer caer fuego del cielo no es una idea original de Jacobo y Juan. Ellos no se inventaron eso del fuego del cielo, es algo que lo conocían de las Escrituras sagradas. Ellos estaban citando un texto bíblico (2 Reyes 1.9-16) queriéndolo aplicar de manera literal a un contexto distinto del contexto original. Su manera de interpretar y aplicar las Escrituras iba a desembocar en destrucción y daño a otras personas. Su forma de acercarse a los textos bíblicos iba a tener un resultado totalmente distinto a “enseñar, redargüir, corregir e instruir en justicia”.   Ese es el gran peligro de acercarse a las Escrituras sagradas de manera fundamentalista y literalista. El texto bíblico, fuera de contexto, fácilmente puede convertirse en un instrumento de destrucción y no en un instrumento de bendición. Muchos siglos después, todavía hay discípulos de Jesús cuya manera de leer la Biblia y querer aplicarla es muy parecida a la manera en que Jacobo y Juan lo hicieron. No debemos pasar por alto la triste realidad de que muchas veces se citan textualmente los documentos sagrados con un espíritu incorrecto y se termina dañando y lastimando a otras personas.

Incidentalmente durante esta semana me topé con dos situaciones que ejemplifican el uso deficiente de las Escrituras, aplicándolas a la vida cotidiana, específicamente al ordenamiento familiar. En uno de estos casos, leí documentación de una organización religiosa que citando pasajes del Nuevo Testamento promueve la disparidad y la desigualdad en la relación de pareja, afirmando que el diseño “de Dios” para la pareja es “amor para la esposa” y “respeto para el esposo”. Sin embargo, sabemos que en un hogar saludable el amor y el respeto van de la mano y se manifiestan mutuamente en ambos componentes de la pareja, de lo contrario hay un desbalance en la relación y el resultado no será bienestar y felicidad.

El otro caso me resultó aún más alarmante, no sólo por lo nocivo de la interpretación bíblica, sino porque alcanzó notoriedad internacional en los medios de información. Se trata de grupos cristianos que promueven una modalidad en el matrimonio a la que le dan el nombre de «Disciplina Doméstica Cristiana». Según la descripción dada por uno de estos grupos (cito): “Un matrimonio de Disciplina Doméstica Cristiana se constituye de acuerdo a las guías establecidas en la Santa Biblia, queriendo decir que el esposo tiene autoridad sobre su esposa dentro de los límites de la Palabra de Dios, y aplica esa autoridad, de ser necesario, a través de la disciplina que incluye pero no está limitada a darle nalgadas” (www.christiandomesticdiscipline.net). De primera intención esto me pareció absurdo, como un chiste de mal gusto. Pero continué investigando y leí un libro sobre el tema{1}, donde se enseña que el esposo, por orden divino, tiene el deber y la responsabilidad de disciplinar y castigar corporalmente a la esposa, incluso con una vara... y todo eso citando textualmente pasajes bíblicos, repitiendo una y otra vez “la Biblia dice...”, “la Biblia dice...”

La reprensión de Jesús a sus discípulos Juan y Jacobo nos debe ayudar a entender cuán errados son los acercamientos literalistas y fundamentalistas contemporáneos, los cuáles rayan muchas veces en BIBLIOLATRÍA – la idolatría del texto sagrado forzado a cualquier situación pasando por alto los contextos originales así como los contextos actuales. Hoy Jesús vuelve a decir a sus discípulos: «Ustedes no saben de qué espíritu son» ...

A la luz de todo esto, vale entonces considerar ¿cómo podemos evitar caer en la BIBLIOLATRÍA? La Confesión de 1967 de la Iglesia Presbiteriana (EUA), nos brinda orientación útil sobre cómo acercarnos a las Escrituras Sagradas: PRIMERO: «La Biblia debe interpretarse a la luz de su testimonio sobre la obra de reconciliación de Dios en Cristo.» SEGUNDO: «Las Escrituras, dadas bajo la dirección del Espíritu Santo, son, a pesar de todo, las palabras de seres humanos, condicionadas por el lenguaje, formas de pensar, y estilos literarios de los lugares y épocas en que fueron escritas. Reflejan puntos de vista sobre la vida, la historia y el cosmos prevalecientes en aquel entonces. Por lo tanto, la iglesia tiene la obligación de acercarse a las Escrituras con entendimiento literario e histórico.» TERCERO: «Así como Dios ha hablado su palabra en diversas situaciones culturales, la iglesia tiene confianza de que Dios seguirá hablando mediante las Escrituras en un mundo cambiante y en todas las manifestaciones de la cultura humana.»  (Libro de Confesiones, 9.29)

Que nuestro acercamiento, lectura e interpretación de las Escrituras sagradas, sea siempre orientado por el Espíritu de Jesús: por su justicia, su amor y compasión, «porque el Hijo del Hombre no ha venido a quitarle la vida a nadie, sino a salvársela» (9.56). “¡Qué bellas son, qué bellas son, bellas palabras de vida!”

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{1} Leah Kelley, Understanding Christian Domestic Discipline.
Otros ensayos sobre el tema de interpretación bíblica: La sangre de tus enemigos y Violencia sagrada

viernes, 19 de junio de 2015

Libertad y justicia para todos

Si  en estos días usted ha estado pendiente a los medios de comunicación, de seguro para este momento ya se habrá enterado de la más reciente masacre que cobró 9 vidas dentro de un templo en la ciudad de Charleston, SC. Los medios han estado inundados de reacciones de múltiples sectores, añadiendo puntos de vista que pueden ser tan diferentes como lo es un copo de nieve de otro. Me perturba en las reacciones el hecho de que hay quienes identifican lo ocurrido como un ataque contra la libertad religiosa (ya que el atroz crimen se perpetró en una iglesia) con tal de no admitir la cruda y triste realidad que vivimos en la nación: el racismo sigue “vivito y coleando”. Hay quienes pretenden minimizar el asunto diciendo que no debiésemos acentuar tanto las cosas negativas, que “hemos progresado mucho de los tiempos del Dr. Martin Luther King para acá, ya hasta tenemos un presidente negro”. Pero, ¿cómo podemos proclamar triunfalmente el “progreso” cuando las personas afroamericanas siguen siendo pisoteadas por un sistema que constantemente culpa a las víctimas por su condición?

Nuestra nación está tóxicamente enferma y muy distante del ideal que proclamamos al repetir:
“I pledge Allegiance to the flag of the United States of America and to the Republic for which it stands, one nation under God, indivisible, with Liberty and Justice for all.”
(Prometo lealtad a la bandera de los Estados Unidos de America, y a la Republica que representa, una nación bajo Dios, indivisible, con libertad y justicia para todos.)
Ahora bien, la salud de la nación tiene partir de nuestra salud emocional y espiritual como individuos.  Para sanar la comunidad de este mal (o más bien, males) hay que comenzar con uno(a) mismo: reconociendo, confesando y arrepintiéndose por la propia participación en el sistema de antivalores, renunciando a seguir perpetuando el sistema, y obrando para concienciar y educar a otras personas.

Por tal razón confieso y pido perdón por todas las veces que a través de mis años he participado de este mal, ya sea haciendo o consintiendo expresiones y comentarios racistas, sexistas, homofóbicos, xenofóbicos, etnocéntricos o de cualquier otra índole que menosprecien, denigren, deshumanicen o cosifiquen al prójimo.  La dignidad humana no debe ser pisoteada, ni siquiera “de jugando”.  Los prejuicios se aprenden – y se enseñan – de generación en generación con cosas tan “simples” como un chiste.  Por medio de bromas, chistes y juegos estos prejuicios se perpetúan en el inconsciente colectivo al punto de llevar a personas a cometer horrendos actos de violencia creyendo que con esto le hacen un bien a la patria, a la humanidad o a su dios.

Quizás esto le pueda parecer simplista o tonto a algunas personas, pero por algún lado hay que empezar.  El camino por delante es muy largo, escabroso, y hasta peligroso (muchas personas han pagado el precio de este camino con sus vidas).  Y en ocasiones nos veremos muy tentados a dejarnos arrastrar por el sistema, creyendo que no es nuestro problema.  Aún así hay que seguir caminando.  No podemos desistir de la idea de que un mundo mejor es posible para todas las personas.

+++UPDATE: 3 de julio de 2015+++
Al momento han ocurrido cerca de 8 incendios en templos de iglesias afroamericanas.  Algunos han sido catalogados como accidentes, pero varios han sido catalogados como intencionales.  No podemos rendirnos ni descansar hasta que seamos una nación donde realmente hay libertad y justicia para todas las personas.

(Otro post relacionado con este tema, desde una perspectiva teológica: "El racismo nuestro de cada día")

miércoles, 20 de mayo de 2015

¿Por qué están mirando al cielo?

6 Entonces los que estaban reunidos con él le preguntaron: «Señor, ¿vas a devolverle a Israel el reino en este tiempo?» 7 Y él les respondió: «No les toca a ustedes saber el tiempo ni el momento, que son del dominio del Padre. 8 Pero cuando venga sobre ustedes el Espíritu Santo recibirán poder, y serán mis testigos en Jerusalén, en Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.»9 Después de haber dicho esto, ellos lo vieron elevarse y ser recibido por una nube, que lo ocultó de sus ojos. 10 Mientras miraban al cielo y veían cómo él se alejaba, dos varones vestidos de blanco se pusieron junto a ellos 11 y les dijeron: «Varones galileos, ¿por qué están mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ustedes han visto irse al cielo, vendrá de la misma manera que lo vieron desaparecer.» ---Hechos 1.6-11 RVC
Una de las más grandes frustraciones que un maestro(a) enfrenta es ver que sus discípulos(as) - luego de haber invertido una enorme cantidad de recursos en tiempo, talento y tesoro para enseñarles - hagan un comentario o lleven a cabo una acción que evidencie que no hubo aprendizaje alguno. Suele pasar en la educación civil, pero también ocurre en la educación religiosa. Enseñas el valor de la empatía, la compasión, la justicia y el amor… para luego ver al discípulo(a) maltratando a otra persona, o juzgándole, o simplemente evidenciando su menosprecio.  Se siente como un cubo de agua fría derramado sobre la cabeza del docente… "Paciencia, José, inténtalo de nuevo" -me repite la vocecita interna.  Quienes dedican su vida a enseñar entienden la desagradable sensación.

Jesús, el Maestro por excelencia, invirtió su vida (literalmente dio su vida) enseñando el camino del reino (el amor a Dios y al prójimo), solo para que, luego haber resucitado y estar a punto de ascender a los cielos, sus discípulos evidenciaran con una pregunta su crasa incomprensión del mensaje.  Seguían entendiendo la enseñanza del reino en términos políticos y militares, en términos de la adquisición del poder y la supremacía de una nación sobre las demás.  Jesús - imagino que luego de echar un suspiro - trata de enfocarlos nuevamente.  De hacerles ver que el poder que él les garantiza es un poder distinto al poder que ellos anhelan: «cuando venga el Espíritu Santo recibirán poder, y serán mis testigos».  El poder que Jesús les asegura no es el poder para levantar una monarquía, sino el poder para ser sus testigos, es decir, para hacer llegar sus enseñanzas en prédica y práctica «hasta lo último de la tierra».

Dicho esto, Jesús se eleva a los cielos y lo pierden de vista.  Imagina la escena: los discípulos emocionados, asombrados, mirando al infinito, maravillados contemplando un cuadro de tal magnificencia.  Entonces, su contemplación es interrumpida por la pregunta de «unos varones vestidos de blanco».  Así como la pregunta de los discípulos a Jesús debió haberse sentido como cubo de agua fría, ahora son los discípulos quienes terminan empapados con la pregunta que escuchan: «¿Por qué están mirando al cielo?»  Es innegable lo paradójico en la escena.  ¿Qué hacen ustedes mirando al cielo cuando hay tanto que ver -y hacer- en la tierra?  Jesús prometió «poder», pero no fue para envolverlos en un éctasis celestial, sino para que sean sus testigos aquí en la esfera terrenal.

Siglos más tarde, la cristiandad sigue generalmente en un viaje espiritual desconectada del mundo cotidiano. Se sigue mirando al cielo cuando hay tanto que hacer en la tierra.  Se sigue promoviendo una fe fantasiosa que nada comunica a la persona común.  La obsesión con "el más allá" nos lleva a pasar por alto las necesidades de otros en "el más acá".  Se hace necesario aterrizar la fe.  Ser testigos de Jesús, quien siempre buscó la manera de involucrarse en la realidad que le circundaba, quien se aseguró de practicar el reino de los cielos en la vivencia común, quien se ensuciaba las manos en su amor y servicio al prójimo necesitado en su contexto.

"¿Por qué están mirando al cielo?", es la pregunta que resurge para confrontar a quienes en sus delirios de santidad se sienten superiores a los demás "pecadores".  "¿Por qué están mirando al cielo?", es la pregunta que el texto bíblico aporta para quienes se encierran en sus nichos de espiritualidad personal y desde allí son incapaces de conectarse con la gente en el aquí y el ahora. "¿Por qué están mirando al cielo?", es la pregunta que deben considerar quienes prefieren defender los dogmas antes que acoger a las personas "de afuera", excluidas por las instituciones eclesiales.  "¿Por qué están mirando al cielo?", es la pregunta que se deben hacer quienes pretenden empujarle una religiosidad del Siglo 17 al mundo del Siglo 21. "¿Por qué están mirando al cielo?", es la pregunta que la narración hace para bajar de las nubes a quienes se trepan tanto que no pueden ser testigos de Jesús.

Jesús ascendió a los cielos (y afirmamos, con el texto bíblico, que regresará), pero nosotros aún estamos en la tierra.  Aún nos queda mucho por hacer...

martes, 5 de mayo de 2015

La cortina

Marcos 15.37-39 NVI

1ro de mayo de 2015.  Al momento de escribir estas líneas, me encuentro a miles de pies de altura, en un vuelo de Miami FL a Newark NJ.  Estar en un avión siempre me provee la oportunidad de pensar tantas cosas, a veces organizadas, a veces aleatorias… ¿Se caerá el avión?  ¿Volveré a ver a la gente que amo? ¿Será éste mi último vuelo? ¿Llegaremos bien?  Es interesante considerar que viajar por avión es muchísimo más seguro que viajar en un carro.  Sin embargo, todos los días me subo al carro sin pensar en estas cosas, quizás porque estoy muy entretenido con las manos en el volante.  Pero el avión, es otra cosa, yo no soy quien va manejando y tanto tiempo disponible provee espacio y oportunidad para que la mente se ponga a divagar.

El tiempo en el aire también me provee oportunidad para observar.  Hay gente a quien le gusta ponerse a hablar con otras, aunque sean desconocidas.  Ese no es mi caso.  Siendo una persona introvertida (en serio, lo soy), prefiero permanecer en silencio y observar.  Me gusta observar la gente. Me fascinan las dinámicas de las interacciones humanas. Disfruto estudiar el comportamiento de las personas. Se aprenden tantas cosas…

Mi asiento se encontraba ubicado en la línea 9, un lugar bastante cerca de la parte delantera del avión.  Cerca de la entrada/salida.  Cerca de la cabina de mando.  Luego del tiempo del despegue (usted sabe, ese tiempo en que no se pueden usar equipos electrónicos, cuando hay que mantenerse sentado y amarrado), tan pronto el capitán dio la señal autorizando a levantarse de los asientos, ocurrió lo usual: varias personas se levantaron de inmediato para ir al baño.  Por mi lado pasó un primer individuo a toda prisa.  Luego un segundo.  Luego un tercero.  Cuando el tercer individuo desalojó el baño y regresó a su asiento, la azafata que estaba al frente se acercó hasta la línea 6 y, con una expresión facial que transmitía incomodidad, cerró una cortina que separaba los asientos de primera clase del resto de los asientos.  El mensaje era claro, los de la línea 7 hacia atrás no pueden pasar al baño del frente, su lugar es atrás, este espacio está destinado a los clientes especiales.

Este incidente, para algunos, podrá parecer una tontería.  “Las cosas son así, no hay que darle mucho pensamiento”, dirán.  Bueno, no puedo evitar pensar y repensar. La cortina simboliza algo mayor y más profundo.  Es el recordatorio de la inclinación humana a establecer y acentuar distinciones, establecer límites que no deben ser rebasados, afirmar que los unos no son iguales a los otros.

Eso ocurre no solamente en el campo de lo socioeconómico, sino que es algo que se lleva al plano religioso.  Por siglos los seres humanos han establecido normas y reglas que privilegian a unos sobre otros.  Unos disfrutan el acceso a lo divino mientras a otros les es negado.  En el antiguo Israel, en el templo de Jerusalén había un velo, una cortina que apartaba un espacio conocido como el lugar santísimo.  Se entendía que allí se encontraba Dios, y sólo una persona muy especial – un sacerdote – tenía acceso a entrar allí una vez al año.  Cuentan las Escrituras Sagradas que al momento de la muerte de Jesucristo, el velo – la  cortina – se rasgó desde arriba hasta abajo. Una manera de decir que el acceso a Dios no está restringido, la participación de lo divino no está limitada, la experiencia del encuentro con lo sublime no está reservada para unas pocas personas especiales.

Con el pasar del tiempo los seguidores de Jesucristo seguimos cerrando cortinas.  Ya no se trata de cortinas físicas, como la del templo de Jerusalén, sino de ideas y dogmas que siguen diciéndole a unas personas que el acercamiento a Dios está condicionado, que no pueden pasar al otro lado de la cortina a menos que hagan tal cosa, dejen tal otra, piensen de tal o cual manera.  Entonces, para muchas personas la religión se convierte en una experiencia dolorosamente excluyente: se tropiezan con las cortinas que seguimos cerrando.  El mensaje de Jesucristo quiere abrir esas cortinas, más aún, quiere rasgarlas para que no se vuelvan a cerrar.  No sigamos intentando imponerle límites ni condiciones a la gracia divina.  Si fuera condicionada no sería gracia.  Si fuera regulada no sería divina.  No intentemos reparar la cortina que el Señor rasgó.  En Dios no hay tal cosa como sección de primera clase o sección “coach”.  El acceso a su amor está disponible para todas las personas, sin distinciones ni restricciones.

miércoles, 29 de abril de 2015

Los ciegos y el elefante


(Una parábola que tiene su origen en la India, con diversas versiones posteriores.  Esta es una adaptación de un poema de John Godfrey Saxe.)

Había seis hombres de Indostán
muy interesados en aprender,
que al elefante salieron a ver
a pesar de que eran ciegos,
para con cada observación
su curiosidad satisfacer.

El primero se acercó al elefante,
y sucedió que tropezó
con su costado grueso y duro
y a exclamar comenzó:
¡el elefante es como un muro!

El segundo, al tocar un colmillo,
gritó: ¿qué es esto que hay aquí,
tan redondo, tan liso y puntiagudo?
Para mí resulta muy claro:
¡el elefante es como un dardo!

El tercero se acercó al animal
y al palpar su trompa imponente,
exclamó sin pensar:
¡el elefante es como una serpiente!

El cuarto le tocó la rodilla,
al extender su impaciente mano, exclamando:
¡esta bestia admirable,
este enorme elefante
viene a ser algo así como un árbol!

El quinto, que por casualidad
le tocó la oreja dijo:
¡hasta el hombre más ciego notará
que esta maravilla de elefante
se parece mucho a un abanico!

En cuanto el sexto empezó a explorar
al animal, tomando la cola ondulante
con la que se encontró en sus tanteos, dijo:
¡a una cuerda se parece el elefante!

Y así estos hombres de Indostán
se enzarzaron en terca discusión,
sosteniendo cada uno con su afán
su porfiada e inflexible opinión.
Todos estaban en parte en lo cierto,
pero ninguno tenía razón.

lunes, 30 de marzo de 2015

El racismo nuestro de cada día



Con frecuencia escucho gente decir que "en ese País el racismo ha sido superado", o "los negros son más racistas que los blancos". No obstante, con frecuencia escucho comentarios racistas, muchas veces provenientes de quienes dicen que eso es cosa del pasado. Lo que es peor, mas allá del racismo blanco anglosajón (que es un problema sistémico en nuestra sociedad), encuentro constantes manifestaciones de racismo de parte de hispanos blancos contra otros hispanos, a veces de maneras sutiles, a veces de maneras abiertamente despectivas.

¡Qué mucho nos falta por aprender! Las actitudes de arrogancia y clacismo son latigazos que vuelven a lacerar las espaldas de Cristo. La falta de empatía y solidaridad son espinas que se vuelven a enterrar en la cabeza de Cristo. El menosprecio de la dignidad del prójimo y la deshumanización de quien es distinto son clavos que vuelven a traspasar las manos de Cristo. El prejuicio contra la otra persona es la lanza que vuelve a perforar el costado de Cristo.

Algo muy triste en la interacción con cristian@s racistas es que no saben (y en algunos casos, no aceptan) que lo son. Lo que no se reconoce, no se puede superar. Cualquier proceso de cambio y mejoría tiene que comenzar con la identificación y aceptación del problema. Tomemos esta Semana Santa como una oportunidad para reflexionar y decidir si estamos de parte del reino que Cristo predicó y demostró, o si nos uniremos a la turba de indolentes que cada día lo vuelven a crucificar...

jueves, 12 de marzo de 2015

El celo de tu casa

"Estaba cerca la pascua de los judíos; y Jesús subió a Jerusalén, y halló en el templo a los que vendían bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas allí sentados. Entonces hizo un azote de cuerdas y expulsó del templo a todos, y a las ovejas y bueyes; esparció las monedas de los cambistas y volcó las mesas, y dijo a los que vendían palomas: «Saquen esto de aquí, y no conviertan la casa de mi Padre en un mercado.» Entonces sus discípulos se acordaron de que está escrito: «El celo de tu casa me consume.»"  (Juan 2.13-17 RVC)

No me resulta posible leer el relato de Juan 2.13-17 sin sentirme profundamente conmovido. La narración el Evangelio según Juan nos presenta a Jesús en un momento repentino de gran ira. De hecho, en el texto original los versos 14 al 16 son parte de una sola oración, dando un sentido de urgencia a lo que está pasando allí. Jesús llegó, vio y actuó, sin darle largas al asunto: no lo pensó dos veces. Su reacción fue inmediata. El uso de la fuerza física sacudió a quienes allí estaban, lo vieron con un azote en mano sacando a los vendedores y a la mercancía (los animales), tirando las monedas de intercambio y volcando las mesas. El cuadro que pinta el texto bíblico es impresionante: hay algo que altera severamente al Príncipe de Paz...

En este punto es importante hacer un recuento sobre cómo funcionaban las cosas en el templo de Jerusalén, particularmente en los tiempos que Jesús vivió. Necesitamos desencajarnos momentáneamente de nuestro concepto contemporáneo del templo e intentar ubicarnos en el contexto del judaísmo del primer siglo. Esa no es una época como la nuestra en la cual encontramos templos prácticamente en cada cuadra. El templo era uno solo y se encontraba en Jerusalén. Se tenía la expectativa de que todo judío devoto debería hacer una peregrinación, por lo menos una vez al año, para participar de los sacrificios rituales que allí se llevaban a cabo. No es de extrañar que allí hubiese animales disponibles para la venta, pues era una necesiSoli Deo Gloria.dad real de los que viajaban desde muy lejos hasta el templo y no podían traer sus propios animales. Los animales (ovejas, bueyes y palomas) eran requeridos como ofrenda quemada (Levítico 1 y 3). De igual manera, las monedas extranjeras no eran aceptadas como tributo en el templo (porque tenían grabada la imagen del emperador romano), por tanto, para ofrendar era necesario cambiar las monedas. Estas necesidades se prestaban para abusos y explotación (negocio “redondo”) de parte de los comerciantes y líderes religiosos. Algo que en principio tenía la función de facilitar las expresiones de devoción de los peregrinos, terminó convirtiéndose en fuente de lucro para unos pocos y fuente de opresión para la población que con ignorancia se sometía a las directrices que recibían.

Jesús reaccionó severamente contra la comercialización de la fe. Jesús reaccionó severamente contra el beneficio de unos pocos aprovechándose de las circunstancias de la muchedumbre. Jesús reaccionó contra la idolatría rampante que daba más énfasis a la institución religiosa que a la voluntad del Dios que se supone que servía: «no hagan de la casa de mi Padre casa de mercado» (2.16 RV95). Evidentemente la práctica de la religión se proyectaba y funcionaba como un sistema opresivo y no como una experiencia liberadora. Es precisamente esa realidad la que me conmueve al enfrentarme a esa narración bíblica en nuestro tiempo. ¿Cuál es la proyección que tiene la iglesia cristiana en nuestro contexto? ¿Cuál es la imagen que las generaciones de nuestro tiempo tienen de la iglesia cristiana aquí en los Estados Unidos? Para responder a ello es necesario “salir de la burbuja” y mirar desde afuera (o como dice un amigo, “mirar con ojos de marciano”)...

Durante los últimos (6 o 7) años me he dado a la tarea de intentar ver la cristiandad con “ojos de marciano”. Es decir, intentar comprender las percepciones que la gente que no es parte de ninguna iglesia tiene sobre el cristianismo, tratar de entender cómo se ve el cristianismo "desde afuera". Es un ejercicio complicado cuando toda la vida se ha vivido en el ambiente eclesial, pero no es algo imposible. En ese esfuerzo hay también otros creyentes que, con preocupaciones similares, se han dado a la tarea de investigar y auscultar este fenómeno con métodos que van desde la observación rudimentaria y entrevistas personales hasta el análisis estadístico por medio de encuestas.1  Comparto, pues, algunas de las percepciones que resaltan en estos ejercicios de investigación reflexiva. En términos generales la iglesia cristiana es percibida como una religión organizada con una agenda para lograr poder político (por cierto, los políticos lo saben y se aprovechan de eso). Otra percepción muy frecuente es que la iglesia cristiana se comporta como las grandes corporaciones con fines de lucro. Sus líderes se proyectan como los altos ejecutivos (CEO's) de las mega corporaciones y buscan el “glamour” de las estrellas de cine y televisión. Justifican sus excesos con conceptos teológicos y bíblicos tergiversados: en lugar de enseñar la mayordomía responsable de la vida como expresión de gratitud a Dios y generosidad para con el prójimo, enseñan un sistema de intercambio monetario donde mientras más dinero “siembres” (ofrendes) más dinero recibirás. En lugar de enseñar sobre las realidades de la vida, en la que el sufrimiento es real pero puede ser enfrentado con esperanza, enseñan una fe superficial y escapista donde no se sufre porque “somos hijos(as) del Rey”.2   Otra de las percepciones – quizás la más dañina – es ver a los cristianos(as) como gente hipócrita, criticona, prejuiciada y negativa. Basta con ver los carteles que exhiben algunos cristianos(as) en sus protestas contra la equidad de género... Hablamos de gracia y misericordia hasta que se tocan temas relacionados a la sexualidad: “al infierno todos esos hijos del diablo”, he escuchado decir en más de una ocasión. Hay otras percepciones que no voy a comentar ahora, los estudios realizados proveen mucha información. Tan cerca como esta semana, algunos medios reseñaban un estudio (Public Religion Research Institute) indicando que los tres grupos religiosos más numerosos en la nación son: cristianos protestantes/evangélicos, cristianos católicos, y los “desafiliados” (“nones”, gente que no profesa religión alguna, y este grupo va en aumento). Me parece que a estas alturas debemos tener ya una idea general del problema.

Jesús reaccionó severamente contra los religiosos de su tiempo, pues habían desvirtuado la casa de su Padre. Nos cuenta la narración que los discípulos, al ver lo que Jesús hizo, recordaron la escritura que dice: «el celo de tu casa me consume» (2.17). ¿Como reaccionaría Jesús al entrar en nuestros templos hoy? El celo de tu casa me consume...

Cuando hacemos un recorrido por el Evangelio según Juan nos percatamos cuan apasionante es para el Señor ese concepto de “la casa”. Bien al comienzo (1.14) leemos que «el verbo se hizo carne y habitó entre nosotros» (lit. “puso su casa entre nosotros”). Cuando se narra el discurso de despedida en la última cena, encontramos las siguientes palabras de Jesús: «El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada con él» (14.23 RV95). Para Jesús, la casa del Padre, es lugar de encuentro, lugar de relación, lugar de intimidad, lugar de encuentro, lugar de reconciliación, lugar de amor: esa es una experiencia que nadie en su sano juicio se atrevería rechazar. Las percepciones que el mundo tiene de los cristianos(as) responden a las acciones y el testimonio que muchos(as) cristianos(as) han dado a lo largo de los siglos. Y sólo cristianos(as) comprometidos con Cristo Jesús podremos dar un testimonio diferente. En un documental fílmico (“Religulous”), el anfitrión – identificado como no/religioso – le dijo a un creyente las siguientes palabras: “gracias por comportarte como Cristo y no como los cristianos”... 

¿Qué tal si dejamos que el celo de la casa del Padre nos consuma? ¿Qué tal si nos apasionamos – como Jesús – por el mensaje que liberta las vidas y no por los elementos que las oprimen? ¿Qué tal si nos enfrascamos en una experiencia de amor en la casa de nuestro Padre en lugar de pretender que el mundo adopte una religión muerta por las superficialidades? ¿Qué tal si, nos comprometemos cada día a hacer de esta (la iglesia), una comunidad de fe, esperanza, amor y testimonio? ¿Qué mejor oportunidad para repensar la fe y llevarla a la práctica al estilo de Jesús?

Soli Deo Gloria.

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NOTAS:
1 Algunas referencias que vale la pena explorar son Un-christian de David Kinnaman y Gabe Lyons, They like Jesus but not the church de Dan Kimball, e investigaciones de “The Barna Group”.

2 Claro que Dios nuestro Padre es Rey, pero eso no nos exime de tener que enfrentar las dificultades propias de la vida.

miércoles, 25 de febrero de 2015

No más violencia contra la mujer

El día 25 de cada mes es dedicado a crear conciencia sobre la pandemia de la violencia contra la mujer.  Esto es una plaga que se manifiesta en todas partes, indistintamente de raza, religión, preferencias políticas, condición económica o nivel educativo.  Más aún, en las iglesias hay muchos victimarios que sustentan sus acciones desde una lectura literalista, fundamentalista y patriarcal de las Escrituras Sagradas.

Tod@s debemos hacer algo, comenzando por educarnos y crear conciencia sobre el problema.  El tabú, el silencio, y el ignorar la realidad es semillero para la propagación de este mal.

Les invito a tomar un rato para documentarse, pulsando estos enlaces:

La violencia contra la mujer no tiene justificación alguna. No más.

lunes, 26 de enero de 2015

Parábola de los pescadores

I.  Existió un grupo que se llamó “los pescadores”.  Y había peces en cantidad por toda el área, estaban rodeados por ríos, lagos, riachuelos, y quebradas.  Y los peces tenían hambre.  Y semana tras semana, mes tras mes, y año tras año, aquellos que se llamaban “pescadores” se reunían y hablaban de su llamamiento a pescar... hablaban de la abundancia de peces y de la necesidad de ir a pescar... también hablaban sobre cómo se pesca.  Año tras año con gran cuidado y claridad definían qué era pescar.  Pero nunca pescaban.

II.  Auspiciaban campañas para pescadores, compraban nuevos equipos de pesca y discutían si se había inventado algún tipo nuevo de carnada.  Y estos pescadores construyeron un enorme, espacioso, bonito y flamante edificio al que denominaron “Oficinas Centrales de los Pescadores”.  Se alegaba que toda persona debía pescar, y que todo pescador debía pescar.  Pero nunca se daban a la tarea de pescar.

III.  En adición de sus reuniones regulares, organizaron una junta para enviar pescadores a pescar en otros lugares pues había muchos peces por doquier.  Era formidable el reto y nombraron personal y comités.  Pero nadie del personal ni los miembros de los comités iban a pescar.

IV.  Se organizó un Centro de Adiestramiento muy bien equipado, espacioso y bien elaborado para adiestrar pescadores.  La gente ahora, obtenía sus Doctorados en Pescatología o el Arte de Pescar.

V.  Y año tras año, y después de entrenamientos tediosos, muchos se graduaban y obtenían sus licencias para pescar.  Eran enviados a muchos lugares donde los peces abundan.  Pero nadie iba a pescar.

VI.  Un día, después de una inspiradora reunión sobre la necesidad de pescar, un joven pescador salió de la reunión y se fue a pescar.  Al otro día reportó que había capturado dos considerables peces.  Fue honrado y reconocido por su excelente pesca.  Entonces se le llenó el calendario para que fuera a visitar todas las posibles reuniones de importancia para compartir cómo fue que lo hizo.  Así que dejó de pescar para compartir con otros la historia de su proeza.

Lo hicieron miembro de la Junta General de Pescadores como persona que tenía experiencia considerable en la pesca.  Imagínense cómo se sintieron de lastimados los demás pescadores cuando esta persona dijo que las personas que no habían pescado nada no eran pescadores, no importa que lo reclamaran.  Pero sonaba correcto lo que decía.  ¿Es realmente pescadora aquella persona que año tras año no pesca?

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*La parábola fue presentada por Bob Cueni ante el “National Evangelism Workshop '90”, Mayo 8-10 de 1990, en Nashville Tennessee, de una publicación de Bethrem Church. Traducción del Rev. Tony Lugo.

martes, 20 de enero de 2015

El ciclo del menosprecio

Al día siguiente, Jesús quiso ir a Galilea, y halló a Felipe y le dijo: «Sígueme.» Felipe era de Betsaida, la ciudad de Andrés y Pedro. Y Felipe halló a Natanael y le dijo: «Hemos hallado a aquél de quien escribió Moisés en la ley, y también los profetas: a Jesús, el hijo de José, de Nazaret.» Natanael le dijo: «¿Y de Nazaret puede salir algo bueno?» Y le dijo Felipe: «Ven a ver.» Cuando Jesús vio que Natanael se le acercaba, dijo de él: «Aquí tienen a un verdadero israelita, en quien no hay engaño.» Natanael le dijo: «¿Y de dónde me conoces?» Jesús le respondió: «Te vi antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera.»  Natanael le dijo: «Rabí, ¡tú eres el Hijo de Dios!; ¡tú eres el Rey de Israel!»  Jesús le respondió: «¿Crees sólo porque te dije que te vi debajo de la higuera? ¡Pues cosas mayores que éstas verás!»  También le dijo: «De cierto, de cierto les digo, que de aquí en adelante verán el cielo abierto, y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del Hombre.» (Evangelio Según Juan 1.43-51 RVC)

*Ningún otro de los evangelios menciona a Natanael, pero el Evangelio Según Juan lo introduce como uno de los primeros discípulos reclutados por Jesús. Natanael es identificado como un hombre «sin engaño», alguien sin agenda oculta, alguien transparente, que dice lo que piensa, como lo piensa. Por su cruda honestidad es que podemos conocer cómo se sentía Natanael en relación a Nazaret.  Cuando Felipe le indica a Natanael que han encontrado al mesías anunciado por las profecías antiguas, a Jesús el hijo de José, de Nazaret, la reacción de Natanael no se hizo esperar: «¿Y de Nazaret puede salir algo bueno?»  Nazaret no era una ciudad capital, Nazaret ni siquiera era una gran ciudad, muchos estudiosos identifican a Nazaret como un lugar de poco prestigio y de pocos recursos, casi una aldea... «¿De Nazaret puede salir algo bueno?»  Observemos que la pregunta de Natanael evidencia su menosprecio hacia Nazaret. Más aún, manifiesta su opinión deshumanizante hacia quien procede de Nazaret.  Observemos que no dice «¿De Nazaret puede salir alguien bueno?», sino que dice «¿De Nazaret puede salir algo bueno?»  Natanael está manifestando la actitud de quien considera a la otra persona como inferior, en esta ocasión, por su lugar de procedencia.  Natanael está encarnando la actitud de quien menosprecia al otro ser humano por que es distinto, en este caso por causa de su origen, pero en otros casos por causa de diferencias políticas, económicas, religiosas, raciales, y otras tantas expresiones propias de la diversidad humana. «¿De Nazaret puede salir algo bueno?»

Tristemente desde que el mundo es mundo, el ser humano tiende a menospreciar a quien es distinto, al punto de pasar por alto su dignidad básica. Por tal razón hoy planteamos las siguientes interrogantes: ¿Podremos romper el ciclo del menosprecio?  ¿Podremos superar esa necesidad de alienar, separar y distanciarnos de la arrogancia que nos insensibiliza del otro ser humano?  ¿Podremos entender que las distinciones que insistimos en acentuar nos alejan los unos de los otros, al extremo de hacernos indolentes ante el dolor y la necesidad ajena?  ¿Seremos capaces de movernos de la indiferencia hacia la empatía?

En estos días en la nación se conmemora el natalicio de un ministro cristiano, el Rev. Martin Luther King Jr., quien protestó enérgicamente en contra del discrimen racial, el menosprecio hacia seres humanos por causa del color de su piel. Promotor de la paz, inspirado en las enseñanzas y el ejemplo de Jesucristo, fue asesinado violentamente en 1968.  Su discurso titulado “I Have a Dream” (Yo tengo un sueño), donde aboga por la igualdad, la integración y la unidad, ha sido considerado por estudiosos como el principal discurso estadounidense del Siglo 20**.  Cuarenta y seis años después de la muerte de Martin Luther King Jr. seguimos viviendo en una sociedad altamente dividida por barreras y prejuicios raciales, y más aún, por prejuicios étnicos, políticos, económicos, religiosos, y otros prejuicios por el estilo... «¿De Nazaret puede salir algo bueno?»  Nadie está exento del ciclo del menosprecio: a veces nos menosprecian, y veces menospreciamos.  Cuando sintamos deseos de hacer un chiste o burlarnos de la nacionalidad o el origen de otra persona, debemos preguntarnos si nos agradaría ser el objeto del chiste o de la burla.  La próxima vez que pensemos referirnos a otra persona de manera despectiva por su color de piel, debemos considerar si nos gustaría que nos juzguen igual.  Cuando menospreciemos a una persona que sea de una religión distinta a la nuestra, debemos tomar un rato para considerar si nos gusta cuando otras personas nos menosprecian por la fe que profesamos y se burlan de esa fe.  Cuando pasamos por alto las limitaciones físicas de otra persona, debemos meditar, ¿cómo se siente que otras personas ignoren nuestras propias limitaciones y necesidades? Empatía es ponerse en el lugar del otro, o como dice la frase: “ponerse los zapatos del otro”.

El trato que Jesús brindó a Natanael fue muy distinto a la idea que Natanael tenía sobre la gente de Nazaret, sentando de esta manera un ejemplo de humildad, compasión y sensibilidad. Hubiese sido más fácil menospreciar a Natanael, pero con su acción, Jesús nos enseña que el ciclo de menosprecio puede y tiene que ser quebrantado.  Es necesario mirar más allá de la superficie, de las generalizaciones, de las etiquetas, de los estereotipos, de las apariencias y de los engaños propios de la naturaleza humana.  El encuentro de Natanael con Jesús lo llevó a superar el prejuicio y las ideas preconcebidas, reconociendo en él al maestro, al Hijo de Dios, al Rey de Israel.

Nuestro mundo está demasiado fragmentado y dividido.  No seamos más de lo mismo.  No seamos quienes contribuyan a extender el ciclo del menosprecio.  Hace falta gente como Jesús, que aún de frente al menosprecio, actúen en favor de la paz, la conciliación, la compasión, la justicia y la solidaridad.

SOLI DEO GLORIA.

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Notas:
*Esta reflexión es una porción de mi sermón del 18 de enero de 2015 en la Primera Iglesia Presbiteriana Hispana en Miami, FL. (vídeo)
**Stephen Lucas and Martin Medhurst (December 15, 1999). "I Have a Dream Speech Leads Top 100 Speeches of the Century". University of Wisconsin–Madison.