viernes, 27 de enero de 2012

Seis meses y contando...


Ayer se cumplieron seis meses desde que mi esposa Vilmarie y yo salimos de nuestra tierra madre, siguiendo el llamamiento que recibí para laborar como Pastor de la Primera Iglesia Presbiteriana Hispana en Miami, FL.

Las experiencias vividas han incluido de todo, como le ocurre a otras personas que por diversas razones tienen que dejar atrás su patria. Particularmente al comienzo, a pesar de ser afortunado al contar con un trabajo seguro que catapultó la relocalización, fue inevitable en ocasiones el sentimiento de impotencia, fragilidad e incertidumbre que provoca llegar a un contexto distinto al acostumbrado, tratando de asentarnos en un lugar donde, a pesar de ser ciudadanos estadounidenses y tener un "US Passport", en diversas instituciones fuimos tratados como "extranjeros" y mirados con sospecha solo por tener licencias de conducir expedidas por el gobierno de Puerto Rico. Es interesante descubrir que, contrario a lo que muchos puertorriqueños en la Isla creen, en los Estados Unidos no toda la gente sabe que Puerto Rico es un "territorio no incorporado" (es decir, 'colonia') perteneciente al "US Congress".

Con la ayuda de familiares, amig@s y gente de la comunidad de fe a la que sirvo, logramos establecernos en un periodo relativamente corto (aunque cuando uno se encuentra sin casa/apartamento el tiempo parece una eternidad). Mi gratitud a Dios por mi hermana y su familia, por habernos brindado alojamiento durante ese crucial primer mes, mi gratitud a Dios por la Iglesia que se ha desbordado en cariño y aceptación, y mi gratitud a Dios porque sus planes siempre son mejores que los míos, aunque en ocasiones yo me tropiece con periodos de desespero e impaciencia.

Aún nos quedan muchos asuntos que atender y resolver, tanto aquí como en la Isla. Tratar de hacer gestiones con agencias gubernamentales a la distancia (aunque sea "online") es una tortura y ni hablar de intentar vender un apartamento en medio de la situación económica que se vive en la mayor parte del mundo. No obstante, como dijera un poeta bíblico, las mercedes del Señor "son nuevas cada mañana y muy grande es su fidelidad".

Mi esposa y yo hemos constatado lo que por mucho tiempo hemos creído: el hogar es donde estemos juntos, ya sea en Caguas, Hato Rey, Little Havana y hasta en... sólo Dios sabrá. El camino es largo, pero hay que seguir andando, siguiendo los pasos del Señor donde quiera que estemos.

Quizás algún día me animo a escribir una guía para puertorriqueñ@s en la diáspora. El hecho de que los puertorriqueñ@s seamos "ciudadanos americanos" no nos hace menos inmigrantes que el resto de personas que por diversas causas se desplazan hacia esta nación que, aunque algunos no lo quieran aceptar, es una nación multicultural y multiétnica. Ahora nos corresponde seguir el consejo bíblico a los deportados en Babilonia: «Procuren la paz de la ciudad a la que permití que fueran llevados. Rueguen al Señor por ella, porque si ella tiene paz, también tendrán paz ustedes» (Jeremías 29.7).

Soli Deo Gloria.

sábado, 7 de enero de 2012

Magos del Oriente


«... arrodillándose le rindieron homenaje.  Abrieron sus cofres y le ofrecieron oro, incienso y mirra»  (Mateo 2.11 DHH).

Me resulta extraño estar residiendo en una tierra donde la celebración de la epifanía pasa desapercibida.  La tradición en Puerto Rico y otros países de habla hispana celebra el "día de los tres reyes magos". En la víspera del 6 de enero los niñ@s colectan hierba que colocan en una caja o canasta para alimentar a los camellos de los reyes que vienen a traer regalos a quienes se han portado "bien" (algo así como las galletitas y la leche que se le ofrece a Santa Claus - el mismo cuento con otros protagonistas). Ahora bien, lo que distingue la tradición de los reyes magos de la tradición de Santa Claus es que la primera tiene un origen - aunque somero - en la narración del evangelio según Mateo mientras que la segunda proviene de fuentes externas a la Biblia que ahora no vienen al caso.

La palabra "epifanía" en su sentido original quiere decir simplemente "manifestación/revelación de un rey".  La Iglesia cristiana conmemora la epifanía (manifestación/revelación) de Jesucristo a los pueblos no judíos (pueblos "gentiles", representados por los "magos").  El relato bíblico, contenido en el capítulo 2 de Mateo, no menciona nada de que estos personajes fueran "reyes", ni que fueran "tres", simplemente les identifica como sabios/magos del Oriente que se dedicaban al estudio de las estrellas.  De hecho, el relato bíblico tiene un sentido de ironía, pues el liderato judío (representado por el rey Herodes, los "jefes de los sacerdotes y los maestros de la ley") ignoraba el acontecimiento del nacimiento del mesías anunciado, mientras que quienes no eran parte del llamado "pueblo de Dios" estaban abiertos a la "manifestación del rey".  No puedo evitar comparar esto con muchas experiencias donde he observado que gente no identificada como "religiosa" está más a tono con el reino de Dios que muchos que se autoproclaman como fervorosos "creyentes".  [Sobre esa triste realidad comentaré en otros escritos y predicaciones].

El relato bíblico indica que los magos del Oriente siguieron una brillante estrella que les indicó el lugar donde se encontraba el niño recién nacido.  Al llegar a la casa, vieron al niño con su madre y «arrodillándose le rindieron homenaje».  La celebración de la epifanía (al igual que la celebración de la natividad) no consiste en hacer regalos a los niñ@s que se porten bien - como tradicionalmente  la celebramos.  La celebración se trata de reconocer y rendir homenaje/adoración al maravilloso Ser que se ha encarnado para salvación de la humanidad más allá de nacionalidad, procedencia o cualquier otra condición.  De los magos del Oriente tenemos mucho que aprender.  Ellos no eran teólogos, tampoco eran entendidos de las tradiciones y costumbres religiosas de los que se identificaban como "pueblo de Dios", pero supieron ante quién arrodillarse para reconocerle, entregarle sus mejores dones y rendirle adoración.

No dejemos pasar el tiempo de epifanía sin abrir nuestras vidas a la manifestación del rey identificado por las Escrituras como Emanuel: Dios-con-nosotros.

jueves, 5 de enero de 2012

Intercesión de Epifanía


¡Ah, si todos los tanques de nuestro siglo
dispararan furiosos panes y vinos!
Que todos los pobres y los mendigos no murieran de hambre,
tristeza o frío.
¿Por qué no pedimos a los reyes cañones vivos
que disparen muchas flores y ramos de olivo?
Lluvia de flores, lluvia de trigo,
alegría en los pueblos, alimento a los niños.
Reyes, presidentes, secretarios y ministros:
¿no leen ustedes las cartas suplicantes de tantos niños?
¿no escuchan el clamor de los pueblos y sus gemidos?
¿no ven que agonizan por hambre madres e hijos?
¿no les llegan millones de firmas pidiendo a gritos
un poco más de justicia y de cariño?
Hoy pedimos a los reyes, padres y obispos,
que hagan de reyes magos de Jesucristo.
Que multipliquen los panes, panes benditos;
serán eucaristía para los niños.
Lluvia de panes, maná de trigo;
Los hombres todos hermanos, todos amigos.

[Un aporte de la Red Electrónica de Liturgia del CLAI]

martes, 3 de enero de 2012

Why stay in the PC(USA)? / ¿Por qué permanezco en la IP(EUA)?

(Spanish version bellow / Versión en Español al fondo)

I love this Christian denomination known as the Presbyterian Church (USA). I haven't always agreed with its decisions and/or actions, but I don't leave my family when we have disagreements. We are still family, even when we have different points of view.

For many years we have been immersed in a debate about the ordination of homosexual members. Even when the current Book of Order removes from ordination standards the specific language about sexuality, we are still debating a one-size-fits-all solution to the issue. Ordination is much more than issues of sexuality. It's about gifts, abilities, “strong faith, dedicated discipleship and love of Jesus Christ as Savior and Lord” (G-2.0104a). Ordination is not about adopting left/right worldviews, it is about learning by Jesus' example and following it. Ordination is about joyful submission “to the Lordship of Jesus Christ in all aspects of life” (G-2.0104b), yet we have tied ordination to sexual orientation as the main aspect of life over others.

I'm deeply saddened by our practice of labeling everyone as liberal or conservative and the subsequent demonization of those in one side or another. I feel hurt when someone puts into question my fidelity to the Scriptures because I don't embrace his/her understanding of what “biblical authority” is. My heart breaks every time someone tells me that in order to be faithful to Christ I have to leave the PC(USA). In this denomination I learned about God's amazing grace. In this denomination I learned the humbling power of God's love, a love that is deeper than my vices and more excellent than my virtues. In this denomination I learned to study the Bible to find in its pages the living Word of God, Jesus Christ. In this denomination I learned to rely on the Holy Spirit who constantly renews and transforms my life. In this denomination I learned that the heart and the brain are not enemies, but partners. In this denomination I learned that compassion is not a “feeling”, but concrete acts of love. In this denomination I learned that whatever I do, in word or deed, is for the sole glory of God, and not for my satisfaction or amusement. Nothing in our confessional heritage, as gathered in the Book of Confessions, nor in the current or former Book of Order changes what I have learned in this denomination, but affirms it.

I respect the points of views of those who are leaving. I respect their right to choose whether to stay or not. I'd rather they 
stay. «The eye can never say to the hand “I don't need you”. The head can't say to the feet “I don't need you”» (1 Cor 12.21 NLT). I believe that we are better together. I am convinced that what we have in common is more valuable than the issues that divide us. We still have a mission to do, as expressed in “The great ends of the Church” (F-1.0304):
«the proclamation of the gospel for the salvation of humankind;the shelter, nurture, and spiritual fellowship of the children of God;the maintenance of divine worship;the preservation of the truth;the promotion of social righteousness; andthe exhibition of the Kingdom of Heaven to the world.»
So help us God.


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¿Por qué permanezco en la IP(EUA)?
Por José Manuel Capella-Pratts
Presbítero Docente

Amo esta denominación cristiana conocida como la Iglesia Presbiteriana (EUA). No siempre he estado de acuerdo con sus decisiones y/o determinaciones, pero yo no dejo mi familia cuando tenemos desacuerdos. Seguimos siendo familia, aún cuando tengamos puntos de vista distintos.

Por muchos años hemos estado inmersos en un debate sobre la ordenación de miembros homosexuales. Aún cuando el Libro de Orden actual removió de los estándares de ordenación el lenguaje específico sobre la sexualidad, todavía seguimos debatiendo una solución uniforme. La ordenación es mucho más que asuntos sobre la sexualidad. Es sobre dones, habilidades, «fe sólida, discipulado dedicado y amor por Jesucristo como Señor y Salvador » (G-2.0104a). La ordenación no se trata de la adopción de visiones de derecha o izquierda, sino de aprender el ejemplo de Jesús y seguirlo. La ordenación se trata de la sumisión gozosa al Señorío de Cristo Jesús en todos los aspectos de la vida (G-2.0104b), sin embargo hemos anejado la ordenación a la orientación sexual como principal por encima de otros aspectos de la vida.

Estoy profundamente triste por nuestras prácticas de etiquetar a toda persona como “liberal” o “conservadora” y la consiguiente demonización de uno y otro lado. Me siento herido cuando alguien cuestiona mi fidelidad a Las Escrituras porque yo no abrazo su misma forma de entender la “autoridad bíblica”. Mi corazón se quebranta cada vez que alguien me dice que para ser fiel a Cristo tengo que dejar la Iglesia Presbiteriana (EUA). En esta denominación aprendí sobre la asombrosa gracia de Dios. En esta denominación aprendí del poderoso amor de Dios, un amor que es más profundo que mis vicios y más excelente que mis virtudes. En esta denominación aprendí a estudiar la Biblia y encontrar en sus páginas La Palabra Viva de Dios: Jesucristo. En esta denominación aprendí a depender del Espíritu Santo que constantemente renueva y transforma mi vida. En esta denominación aprendí que el corazón y el cerebro no son enemigos, sino compañeros. En esta denominación aprendí que la compasión no es un sentimiento, sino actos de amor concretos. En esta denominación aprendí que todo lo que yo haga, sea de palabra o de hecho, es para la sola gloria de Dios, y no para mi satisfacción o entretenimiento. Nada en nuestra herencia confesional ni en el Libro de Orden, previo o actual, cambia lo que he aprendido en esta denominación, sino que lo afirma.

Respeto los puntos de vista de quienes se van de la Iglesia Presbiteriana (EUA). Respeto su derecho a escoger quedarse o irse. Preferiría que se queden. «El ojo no puede decirle a la mano: “No te necesito”; ni la cabeza puede decirles a los pies: “No los necesito.”» (1 Corintios 12.21). Creo que juntos somos mejores. Estoy convencido de que lo que tenemos en común es más valioso que nuestras discrepancias. Aún tenemos una misión que hacer, según expresada en “Los grandes fines de la Iglesia” (F-1.0304):

«la proclamación del evangelio para la salvación de la humanidad;
el amparo, la educación, y la confraternidad espiritual de las criaturas de Dios;
el mantenimiento de la adoración divina;
la preservación de la verdad;
la promoción de la justicia social; y
la manifestación del reino de los cielos al mundo.»

Así nos ayude Dios.