domingo, 26 de junio de 2011

Disparar de la vaqueta

Durante la semana pasada en los medios cibernéticos se publicó un escrito en el que se alega que el Senador Estadounidense John McCain culpó a los inmigrantes “ilegales” por la derrota de los Miami Heat en el campeonato de la NBA. El enlace al escrito se difundió en redes sociales, principalmente en Facebook, desatando una ola de reacciones fuertes en contra del señor McCain por haber indicado que el baloncelista puertorriqueño José Juan Barea no es un ciudadano de los Estados Unidos.

Antes de continuar debo clarificar que me alegra la participación de Barea en el campeonato de la NBA. Me alegra ver cuando hijas e hijos de mi tierra natal triunfan en sus respectivos campos, ya sea el deporte, las artes, los negocios, la educación, las ciencias y otros. Es lindo el sentimiento que estremece el corazón cuando veo uno de los nuestros llegar lejos y llegar bien. También debo clarificar que no necesariamente tengo simpatías ni compromisos algunos en favor de las gestiones u opiniones del senador McCain. Al contrario, me indignan y me ofenden comentarios despectivos como el de atribuir a inmigrantes “ilegales” los recientes incendios en Arizona. No obstante me resultó curiosa la reacción de muchas personas ante el escrito difundido en los medios, y sobre eso es que comparto algunas ideas y reflexiones a continuación.

En primer lugar. Muchas de las reacciones y comentarios en contra del senador McCain fueron tan o más groseras que las alegadas expresiones originales. Es decir, muchas reacciones fueron proporcionalmente mayores a la alegada ofensa. ¿Qué fuerza o crédito podemos tener para señalar unas expresiones o conductas erróneas, si al hacerlo terminamos adoptando los mismos patrones que criticamos? “Ese gringo racista es un maldito %%^&$#%, @#$%, y un &*^&%%!!!” Eso, como se dice en mi pueblo, es “el muerto hablando del ahorcado” o “el burro criticando a los orejones”. El señor Jesucristo señaló la contradicción de quienes señalan la paja en el ojo ajeno pero no ven la viga que tienen en el propio.

En segundo lugar. Me dejó perplejo la velocidad conque las reacciones viscerales inundaron los espacios de comentarios en las redes sociales. De pronto muchos boricuas tenían en su “wall” de Facebook el enlace al artículo que contenía las alegadas expresiones de McCain, seguido por las opiniones de repudio y los comentarios despectivos en contra del “ofensor”. Si tan solo hubiesen leído el artículo completo, se hubiesen percatado de que el artículo no era otra cosa que una sátira política para acentuar las expresiones del senador McCain sobre los inmigrantes en Arizona. Es decir, no se trataba de una noticia fidedigna, un reportaje serio, o un testimonio verídico (de hecho, una nota al final del escrito clarifica la naturaleza satírica del mismo). Quienes reaccionaron se apresuraron a responder sin que hubiese una comprensión adecuada de aquello a lo que estaban respondiendo. En Puerto Rico se le llama a esto “disparar de la vaqueta” (que es al acto de disparar sin desenfundar el revólver). Nadie está excento de ese error. Hagamos memoria de las veces que en nuestras mentes se van cocinando respuestas a lo que escuchamos de otro interlocutor antes de que haya terminado su planteamiento. Una conversación de esa manera es como un barco destinado a naufragar. A eso no se le puede llamar "diálogo", sino "comunicación deficiente" que desemboca en una cadena de reacciones desproporcionadas y desatinadas que afectan relaciones, lastiman familias y hasta destruyen grupos sociales.

El autor de la carta de Santiago, en el Nuevo Testamento, hace la siguiente exhortación: «Mis queridos hermanos, tengan presente esto: Todos deben estar listos para escuchar, y ser lentos para hablar y para enojarse» (1.19). Hay gran sabiduría en estas palabras de las Sagradas Escrituras.  La sucesión es clara: no escuchar adecuadamente y reaccionar sin ponderar la respuesta desemboca en enojo innecesario.  Parejas, familias, iglesias, comunidades, naciones pueden ser edificadas o socabadas por la manera en que manejamos la comunicación. “Disparar de la vaqueta” es algo que provoca resultados nefastos. No se puede dar marcha atrás a una bala que ha sido disparada. La bala disparada alcanzará algún objetivo: alguna persona saldrá herida, o peor, muerta.  §

jueves, 23 de junio de 2011

Quinceañero ministerial

ACCIÓN DE GRACIAS:

Hoy, 23 de junio de 2011, cumplo mis 15 años de ordenación al Ministerio de la Palabra y los Sacramentos en la Iglesia Presbiteriana (EUA). Doy testimonio de que el Señor ha sido fiel y me ha sostenido a través de los años de labor pastoral ininterrumpida, mis primeros cinco años en la Iglesia Presbtieriana en Caguas y los siguientes diez años en la Iglesia Presbiteriana en Hato Rey.  En Puerto Rico, a las jovencitas quinceañeras se les dice: "Ahora eres toda una mujer".  Así que ahora soy todo un... pastor. LOL.

No quiero dejar pasar la oportunidad para expresar mi gratitud a Dios por todas las hermanas y hermanos que me han hecho llegar sus expresiones de afecto por medio de obsequios, tarjetas y correos electrónicos (emails). Ciertamente sus palabras han sido bálsamo para mi ser en medio del proceso de transición. Sus creativas y sinceras expresiones de afecto me llenan de inspiración para continuar adelante el ministerio que el Señor me ha encomendado, aquí, allá y donde quiera que sea enviado a proclamar la buena noticia del reino de Dios. Gracias por vuestro continuo respaldo y oraciones, las cuáles han sido pilares que sostienen mi ministerio pastoral.

De igual manera quiero expresar mi gratitud a las hermanas y hermanos de la Primera Iglesia Presbiteriana Hispana, los cuáles han estado comunicándome su alegría y entusiasmo, extendiendo una calurosa bienvenida a mi labor pastoral en Miami, FL, la cual comenzará en el mes de Agosto.  Estoy convencido de que en manos del Señor podemos lograr mucho, para gloria de Dios y bendición de ciudad.

Por último, y no menos importante, mi gratitud a ustedes que a través de los años han estado apoyando nuestro ministerio en las redes cibernéticas y ayudándonos a establecer nuevos contactos en todo el mundo de habla hispana para continuar proclamando lo que Jesucristo enseñó y practicó.

Soli Deo Gloria.

domingo, 19 de junio de 2011

Cristianismo "progresivo"

Una de las particularidades que encuentro al continuar haciendo mis preparativos para iniciar mi ministerio pastoral en los Estados Unidos [luego de 41 años de vida y 15 años de pastorado en Puerto Rico] es la tendencia a etiquetar las personas según su pensamiento político/religioso  como "conservadoras" o "liberales".  Eso resulta ser terreno nuevo para mí, pues en la Isla este fenómeno no se ve tan marcado o más bien los términos "conservador" o "liberal" tienen significados ligeramente diferentes a los de E.U.A.  De modo que, al examinar el fenómeno en E.U.A. (esta vez en términos religiosos más que políticos) descubro que mis posturas en algunas ocasiones pudiesen parecer "liberales" para los conservadores, y en otras ocasiones pudiesen parecer "conservadoras" para los liberales.  Reitero que no soy amante de las "etiquetas", me parece que tienden a limitar la libertad de pensamiento y a encerrar a la gente en un cajón del cual luego se les hace difícil salir (a menos que aprendan a "pensar fuera de la caja").  No obstante, encontré un artículo del Rev. Bruce Reyes-Chow, moderador de la Asamblea General #218 de la Iglesia Presbiteriana (E.U.A.), que se acerca a este tema con interesantes ideas.

[Enlace al artículo "You Might be a Progressive Christian if..."]

Aquellas y aquellos que se sientan incómodos con las etiquetas tradicionales de "conservador" o "liberal", pudieran encontrar que se parecen en algo a lo que Reyes-Chow define describe como "cristianos progresivos".  El artículo me hizo recordar un término utilizado por H. Hassall para referirse a los presbiterianos, "People of the Middle Way".

Espero que disfruten el artículo y que el mismo aporte al continuo desarrollo del pensamiento en nuestra jornada de fe.

lunes, 6 de junio de 2011

Via Verde: Via Dolorosa

Al escribo de estas cortas líneas estoy en medio de preparativos para mudarme fuera de Puerto Rico. Como parte de mi vocación pastoral en la Iglesia Presbiteriana (EUA) he aceptado un llamado para servir como pastor/párroco de una congregación en Miami, FL. Los próximos años de mi vida y ministerio se llevarán fuera de la tierra que me vio nacer. No obstante, el convertirme en boricua de la diáspora no minimiza en nada mi amor por Puerto Rico y el dolor que me producen las nefastas decisiones que década tras décadas han tomado los gobiernos de turno de mi amado País, Colonia, US Territory, ELA o como querramos llamarle a este paraíso deteriorado por las ambiciones económicas y la planificación deficiente. En mis casi 41 años de existencia he visto a la Isla del Encanto convertirse poco a poco en lo que algunos ya llaman “Isla del Espanto”. Son muchas las áreas en las que se hace patente el deterioro de nuestro pueblo, pero en estos breves comentarios quiero enfocar mi atención en el aspecto del daño ecológico, particularmente en ese funesto proyecto que con descarado sarcasmo el gobierno de turno ha llamado “Vía Verde”.

Para que quede claro: esto no es un asunto para ser abordado desde las tradicionales trincheras político-partidistas, es un problema que va más allá. Es algo que tiene que ver con prioridades e intereses, mayormente de corte económico-lucrativo. A través de los diferentes medios informativos tradicionales y no tradicionales se ha hecho público lo que ya parece ser una tradición en la administración gubernamental: se aprueban mega proyectos de infraestructura con todo un andamiaje de gastos y sobregiros que terminan beneficiando a individuos y corporaciones que hacen inversionismo político (ese trueque de donativos a candidatos y partidos asegurando jugosos contratos luego de las elecciones). El descaro de dicha práctica en nuestro País es que mientras más nos acostumbramos a que “las cosas son así”, menos capacidad tenemos para identificarla y combatirla. Claro está, siempre aparece algún chivo expiatorio que termina encarcelado (siendo el caso más reciente el Senador De Castro Font), pero por uno que “cae” hay montones que quedan impunes. Nuestro gobierno ha invertido una cantidad enorme de dinero en propaganda para “orientar” al pueblo sobre los “beneficios” del proyecto llamado “Via Verde”. Las mentiras, cuando son repetidas una y otra vez, terminan convirtiéndose en “verdades” colectivamente aceptadas, aunque sigan siendo mentiras. “Follow the money”, es una vieja máxima anglosajona que sirve de pista para identificar quién o quiénes son los que realmente se beneficiarán de la “Vía Verde”, que lo único que tiene de “verde” son los billetes que están llegando a manos de los inversionistas. ¿El gran perdedor? El ambiente y por consecuencia, el pueblo. Nuestro paraíso perdido será traspasado por un gran tubo que destruirá flora y fauna, montes y valles a diestra y siniestra – sin hablar del desastre ambiental que causaría un accidente (explosión) una vez esté en funciones de transportar el gas. A todo esto, la administración se ha hecho de la vista larga ante propuestas y alternativas como lo son la energía solar o la energía aeólica.

Como profesante de la fe cristiana me siento muy triste al ver la gran timidez con que las iglesias abordan (o no abordan) el tema. Y cuando alguien lo hace, se le acusa de ser sacerdote/pastor politiquero. Tal parece que la cristiandad institucionalizada le tiene miedo al gobierno. En algunos casos podemos observar incluso ciertos intereses compartidos. Pero lo cierto es que si somos seguidores de Jesucristo no podemos ignorar el problema. El Dios de la Biblia judeo-cristiana es un Dios que a través de las voces de los profetas se opuso a las injusticias, abusos e irresponsabilidades de los gobernantes, aún cuando éstos contaran con el aval oficial de los sacerdotes. La iglesia cristiana tiene un rol profético al que no debe renunciar. El atentar contra el bienestar común es algo que se opone directamente al corazón mismo del reino de Dios que fue proclamado y practicado por Jesucristo. No podemos ser cómplices de que a lo malo se le llame bueno y viceversa. Mientras la cristiandad institucionalizada se entretiene con discursos moralistas en relación a la sexualidad individual, en nuestras propias narices se destruye el planeta que todos y todas necesitamos para vivir. Por eso, desde mi trinchera pastoral aporto estas líneas para señalar y darle nombre a lo que está ocurriendo: a la “Via Verde” muy bien pudiésemos llamarle “Via Dolorosa”, emulando el nombre que la tradición le ha dado a la ruta que se cree que Jesús transitó en Jerusalén cargando la cruz en dirección a su martirio cruel. Si como pueblo aceptamos el discurso engañoso del gobierno de turno y mantenemos silencio ante tal pecado ecológico, estamos sencillamente crucificando a nuestra Isla: atravesando sus bosques y valles como los clavos romanos atravesaron las manos de Jesús, sometiendo la tierra a una muerte lenta, dolorosa y cruel. La “Via Verde” no es otra cosa que la “Via Dolorosa” de los pocos recursos naturales que serán impactados por eso que ingenuamente através de décadas hemos llamado “progreso”. Iglesia cristiana: levanta tu voz, asume tu vocación profética, pronúnciate, rompe el silencio de la complicidad. No seas parte de la multitud que contempla mientras se lleva a cabo una nueva crucifixión.

José Manuel Capella-Pratts, MPS, M. Div.
6 de junio de 2011
San Juan, Puerto Rico

sábado, 4 de junio de 2011

Definiendo "unidad"

Juan 17.20-22  -  «Pero no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. Yo les he dado la gloria que me diste, para que sean uno, así como nosotros somos uno.»
                  
¿Por qué Jesús ora por la unidad? Porque Jesús está consciente de la capacidad natural que tenemos para vivir divididos. Jesús está consciente de lo frágiles que pueden ser las relaciones entre los suyos (y recalco, los suyos, pues aquí Jesús no está orando por los que viven según el sistema “del mundo”, 17.9). Jesús sabe que una comunidad fragmentada por rencillas y conflictos es una comunidad débil que difícilmente podrá mostrar al mundo la gloria de Dios.

Unidad no significa que siempre vivamos de acuerdo, unidad no significa que provengamos de los mismos contextos socioculturales, unidad no significa que todas y cada una de nuestras ideas, gustos y preferencias sean iguales... Unidad es que por encima de toda diversidad de caracteres y personalidades, aprendamos a convivir en respeto, solidaridad, perdón y amor. Unidad es que aprendamos a amar a aquel y aquella por quien Jesús derramó su sangre al igual que lo hizo por mí y por tí. Unidad es que aprendamos a perdonar a aquel y aquella a quien Jesús ha perdonado, como lo ha hecho con nosotros(as). Jesús anhela la unidad de su pueblo, Jesús anhela que la calidad de las relaciones entre los suyos sea la misma calidad de las relaciones que hay en la divinidad. ¿Estaremos dispuestos(as) a vivir de tal manera que en nosotros se haga visible la gloria de Dios?