viernes, 27 de julio de 2012

Yo te necesito


Yo no te necesito

Antes de continuar leyendo esta reflexión, te invito a que tomes unos momentos para leer con detenimiento el pasaje bíblico de 1 Corintios 12.12-27.
Por lo que se desprende de las dos cartas a la Iglesia en Corinto, según las encontramos en el Nuevo Testamento, podemos observar que aquella congregación cristiana del Siglo I era una congregación fragmentada. Se encontraba dividida por diversas razones, entre las cuales comento algunas a continuación.
Había divisiones por etnia / nacionalidad, esencialmente entre judíos y los no-judíos, llamados “gentiles” en las traducciones clásicas. Aquellos miembros que tenían raíces judías se proyectaban como superiores a los demás, fundamentados en la antigua teología de “pueblo escogido”, un entendimiento de que Dios privilegia a Israel sobre todas las demás naciones. Había divisiones por clase social, algo que se hacía evidente hasta en la participación de la comunión. Imagínate, algo tan sublime como el participar de la Mesa del Señor se convertía en oportunidad para acentuar las diferencias entre ricos y pobres, entre quienes por tener ventaja económica menoscababan la dignidad de los menos pudientes. Había, además, divisiones por razones de dones / funciones, es decir, en la práctica establecieron ciertas jerarquías de superioridad por causa de los carismas espirituales de cada cual tuviese. Para completar el cuadro de fragmentación de la Iglesia, había también divisiones por preferencias de estilos de liderazgo, unos y otros se “alineaban” de acuerdo al sentido de pertenencia y afinidad que tuviesen con diversos líderes (presentes o previos). Habría mucho más que comentar sobre la situación de la Iglesia de Corinto, no obstante, estas cuatro áreas son una muestra sustancial del serio problema que se enfrentaba: una congregación fragmentada, una iglesia dividida.
En su carta, el apóstol Pablo atiende el problema de la fragmentación de la Iglesia, recurriendo a la metáfora del cuerpo para acentuar la necesidad de una verdadera unidad enriquecida por la diversidad. En este espacio no voy a detallar todos los detalles de la enseñanza apostólica de la «iglesia como cuerpo de Cristo». Simplemente quiero señalar que Pablo es bastante enfático al establecer el valor que cada miembro del cuerpo tiene. «Así como el cuerpo es uno solo, y tiene muchos miembros, pero todos ellos, siendo muchos, conforman un solo cuerpo, así también Cristo es uno solo» (12.12). Muchas personas ven la diversidad como un mal, cuando en realidad la diversidad, bien comprendida, es una bendición: parte integral del diseño divino de la vida.
En su argumentación utilizando la imagen del cuerpo para describir la naturaleza de la iglesia, el apóstol enfoca dos grandes ideas equivocadas. Algunos miembros del cuerpo (la iglesia) no se sentían parte de ella: «no soy del cuerpo», decían. No tenían un sentido de pertenencia, un envolvimiento genuino, una participación comprometida en el proyecto de la iglesia (el cuerpo). Otros miembros del cuerpo (la iglesia) tenían un concepto diametralmente opuesto, pero igualmente dañino: «no te necesito», decían. Su sentido de orgullo les llevaba a menospreciar a los demás y menoscabar su importancia. Consideraban a otros miembros como irrelevantes: de ellos se puede prescindir. Ambas ideas, grabadas en la mente y el corazón de los miembros de la iglesia, conducen a un mismo resultado: el desmembramiento del cuerpo, un cuerpo incompleto, un cuerpo limitado, un cuerpo carente de integridad.
Luego de tantos siglos seguimos observando manifestaciones del mismo mal en diversas expresiones de la iglesia (a nivel nacional, regional y local). Hay quienes por no sentirse parte del cuerpo, no se involucran, no participan, no asumen el papel que les corresponde privando al cuerpo en pleno de lo mucho que pueden aportar a la comunidad de fe: «no soy del cuerpo», piensan. Hay quienes, por el contrario, se consideran tan importantes que genuinamente piensan que pueden prescindir de otros miembros del cuerpo en la vivencia eclesial: mantienen una actitud de «no te necesito», demostrada en palabras y acciones. El resultado final de ambos tipos de pensamiento y comportamiento es el mismo: un cuerpo debilitado, un cuerpo fragmentado, incapaz de cumplir la vocación a la que fue llamado.
De cara al contexto histórico que estamos viviendo a nivel nacional, regional y local, la enseñanza apostólica en Las Escrituras se hace cada vez más necesaria. Es indispensable que dejemos atrás la idea generalizada de que la Iglesia es un lugar geográfico: la Iglesia no es un edificio, la Iglesia somos todos nosotros(as). Hay mucha historia que escribir, hay un gran trecho que recorrer, hay misión que realizar. El Señor nos ha llamado a ser Iglesia, cuerpo de Cristo aquí en la ciudad de Miami, Florida. Para lograr todo lo que el Señor espera de nosotros(as) es importante que sustituyamos las grandes ideas equivocadas que tenían los miembros de la Iglesia del Siglo I en Corinto y que la llevó a su eventual desaparición. Cada miembro del cuerpo es importante. En lugar de pensar «no soy del cuerpo», cada uno(a) de nosotros debe pensar «yo soy del cuerpo». En lugar de pensar «no te necesito», debemos pensar «yo te necesito».
«De manera que, si uno de los miembros padece, todos los miembros se conduelen, y si uno de los miembros recibe honores, todos los miembros se regocijan con él. Ahora bien, ustedes son el cuerpo de Cristo, y cada uno de ustedes es un miembro con una función particular.» (12.26-27)
Veremos el fruto de esta cosecha. Sembremos la buena semilla. Sigamos adelante compartiendo la buena noticia de la gracia de Jesucristo. Seamos una comunidad de fe, esperanza, testimonio y amor.
Cada día recuerda, actúa, y repite el mensaje: «yo soy del cuerpo», y «yo te necesito». La Iglesia crecerá y se desarrollará como cuerpo de Cristo, llevando a cabo fielmente su misión:
“la proclamación del evangelio para la salvación de la humanidad;
el amparo, la educación, y la confraternidad espiritual de las criaturas de Dios;
el mantenimiento de la adoración divina;
la preservación de la verdad;
la promoción de la justicia social; y
la manifestación del reino de los cielos al mundo.”

Soli Deo Gloria.

sábado, 7 de julio de 2012

Carta Pastoral Circular de la 220a Asamblea General


Iglesia Presbiteriana (EUA)

7 de julio de 2012

PITTSBURG –

Gracia y paz a ustedes en el nombre de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.
El día de hoy concluyó la 220a Asamblea General (2012) de la Iglesia Presbiteriana (EUA), luego de una semana de adoración y trabajo como el más alto Concilio de la denominación. Poco menos de 900 comisionados(as) electos y delegados(as) de asesoramiento de cada presbiterio vinieron del norte, sur, este y oeste a discernir juntos la mente de Cristo para la IP(EUA).
El tema de esta asamblea, “caminar, correr y remontarse en esperanza" (Isaías 40:31), fue una descripción apropiada de la asamblea en muchas maneras. En un nivel, los comisionados trabajaron incansablemente – reuniéndose, literalmente, hasta bien entrada la madrugada de hoy para completar su trabajo – con mucha energía y pasión. En un nivel más profundo, las deliberaciones y el discernimiento de esta asamblea reflejan una iglesia que está tratando de saber cómo demostrar fiel y eficazmente el Evangelio de Jesucristo en el siglo 21.
Algunos de los aspectos más destacados:
Adoración – Diariamente la asamblea hizo pausas en medio de sus trabajos, en el mismo espacio, para adorar a Dios. Cada uno de los predicadores(as) utilizaron el mismo texto, Marcos 2:1-12, elegido por la Moderadora saliente, Cindy Bolbach. Comisionados(as) y delegados(as) de asesoramiento oraron y cantaron frecuentemente, usando selecciones del próximo himnario de la Corporación Presbiteriana de Publicaciones, «Glory to God» (Gloria a Dios), el cual la asamblea votó a favor de recomendar a la iglesia (estará disponible en 2013; www.presbyterianhymnal.org).
Comunidad – Quienes han experimentado una Asamblea General hablan abrumadoramente de la sensación de conexión que se desarrolla en el transcurso de la asamblea, y ésta no fue la excepción. Las comidas de grupo, el trabajo en comités, los viajes de misión, el salón de exhibiciones, y más, proveyeron oportunidades para hacer nuevas amistades y reencontrarse con aquellos(as) para quienes una asamblea es una "reunión familiar". Usted puede tener una idea de esa comunidad a través de la galería de fotos y de vídeo y más en www.pcusa.org/ga220. La comunidad se extendió más allá de Pittsburgh – miles se reunieron en este país y en todo el mundo a través de las redes sociales para seguir los procedimientos (www.twitter.com/search/ga220).
Asuntos – La asamblea abordó cerca de 800 asuntos en forma de propuestas, informes, resoluciones de comisionados(as) y mucho más. Recomendamos visitar PC-biz (www.pc-biz.org), el sitio en línea donde usted puede leer acerca de cada asunto atendido. Es muy probable que algunos de los temas a ser considerados por la asamblea atrajeran la atención de los medios de comunicación – quizás ya en su propia localidad. Queremos destacar algunos de ellos, compartiendo con ustedes las medidas adoptadas por la asamblea:
  • Definición del matrimonio – La asamblea decidió no cambiar la definición de matrimonio que actualmente se encuentra en la constitución de la IP(EUA), a saber, que el matrimonio es un contrato civil “entre un hombre y una mujer”, sino que, por medio de su acción de aprobar un estudio de dos años, la asamblea invita a toda la Iglesia a participar en conversación seria y deliberada sobre este tema.
  • Oriente Medio – La asamblea decidió no retirar sus inversiones de tres empresas que participan en "actividades no pacíficas" en la Ribera Occidental, Jerusalén oriental y en Gaza. Por el contrario, la asamblea votó "proseguir un curso de acción positivo y creativo con respecto al conflicto palestino/israelí", y "elaborar un plan de participación activa y proyectos que apoyen la colaboración entre cristianos, judíos y musulmanes". La asamblea también aprobó un boicot a "todos los productos israelíes procedentes de los territorios palestinos ocupados".
  • Movimiento 1001 – La asamblea dio su apoyó abrumador a un movimiento para crear 1001 comunidades de adoración (www.onethousandone.org). Dichas comunidades de fe tal vez se verán muy distintas a las congregaciones tradicionales, pero las que ya han comenzado – en cafeterías, en centros comerciales, y hasta en bicicletas – están cambiando el mundo y la Iglesia por causa del evangelio.
Comisionados(as) y delegados(as) de asesoramiento debatieron apasionadamente, juntos en corazón, mente y oración, pero lo hicieron con respeto y amabilidad. Rara vez ocurrieron votaciones que tuvieran un margen mayor de 60% - 40%. En relación al matrimonio y los asuntos de Oriente Medio, los resultados de la votación fueron extremadamente cerrados. Más de una vez, comisionados(as) presentaron mociones para reconsiderar asuntos ya aprobados.
Obviamente, estamos trabajando asuntos difíciles que no se resuelven por uno o dos votos, ni siquiera dentro de uno o dos años. Sin embargo, nos mantenemos firmes en la convicción y la esperanza de que Dios está presente – al frente, detrás, y al lado de nosotros.
Cada comité de la asamblea comenzó su reunión con oración y reflexión sobre el consejo de Pablo a la iglesia en Efeso: «procurando mantener la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz» (4:3). Esta es, también, nuestra oración.
Oramos para que todos los esfuerzos se hagan para continuar la conversación en todos los niveles de la iglesia – desde las congregaciones, a los presbiterios, a los sínodos, y a la Asamblea General – alentando y participando unos(as) con otros(as), manteniendo la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz.
Que pueda continuar el trabajo fiel y bueno que comenzó en Pittsburgh, recordando que quienes «esperan en el Señor tendrán nuevas fuerzas, levantarán alas como las águilas, correrán y no se cansarán, caminarán y no se fatigarán» (Isaías 40:31).
En el nombre de Cristo Jesús, Señor nuestro, quien es nuestra paz,

Rev. Neal D. Presa
Moderador, 220a Asamblea General

Rev. Tom Trinidad
Vice Moderador, 220a Asamblea General

Rev. Gradye Parsons
Secretario Permanente de la Asamblea General

Anciana Linda Bryant Valentine
Directora Ejecutiva, Agencia Presbiteriana de Misión
(previamente Concilio de Misión de la Asamblea General)

Traducción por el Rev. José Manuel Capella-Pratts
Pastor de la Primera Iglesia Presbiteriana Hispana en Miami, FL
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