jueves, 25 de agosto de 2011

Una palabra de gratitud

«...y sed agradecidos» (Colosenses 3.15)
La Escritura nos enseña una y otra vez la linda virtud del agradecimiento. Cuando somos agradecidos(as), humildemente estamos reconociendo que lo que somos y lo que tenemos no es el producto exclusivo del individuo, sino que es el resultado de la gracia, el esfuerzo, y la contribución que – con o sin intención – otras personas han hecho. Nadie puede reclamar con veracidad el “haberse formado sólo”: somos seres gregarios. Por ello quiero dedicar estas líneas a manifestar públicamente mi gratitud a:

  • a mi esposa, Vilmarie Cintrón-Olivieri, por haberse embarcado conmigo en el proyecto de vida que nos ha unido durante quince años (más los años que vendrán);   
  • a mi familia inmediata y extendida, por lo que con amor y sacrificio han sembrado en mi, por su apoyo incondicional y su acompañamiento en todo tiempo;   
  • a la Presbyterian Church (USA) en su expresión puertorriqueña, por haberme formado durante mis primeros 41 años de vida: a los pastores(as), maestros(as) y hermanos(as) en la fe que tanto me inspiraron y enseñaron;
  • a las congregaciones de Caguas y Hato Rey (en Puerto Rico) por el privilegio de haberles servido como pastor y guía durante cinco y diez años, respectivamente;   
  • al Tropical Florida Presbytery, y a sus oficiales, por recibirme como miembro y hacerme sentir parte de esta nueva familia presbiterial;   
  • al Comité de Nominación Pastoral, por haberse encomendado a la dirección divina desde el inicio del proceso de búsqueda, por haber hecho su labor con rigurosidad y compromiso, poniendo siempre como prioridad el bienestar integral de la Iglesia: a ustedes mi respeto y admiración;   
  • a las hermanas y hermanos de la Primera Iglesia Presbiteriana Hispana en Miami, que con tanto amor y cariño aportaron tiempo, tesoro y talentos para que la celebración de la instalación pastoral fuese un evento lleno de abundante alegría e inolvidable júbilo, contagiando a los(as) presentes con un sentido de esperanza, gran entusiasmo y gratitud a Dios por sus bondades para con nuestro pueblo;   
  • a todos los hermanos(as) y amigos(as) amados(as) que vinieron desde destinos cercanos y lejanos, cruzando aire, tierra y mar, para compartir el gozo y el calor humano con nuestra congregación y su nuevo pastor;   
  • al Señor que me llamó aún antes de que yo tuviese la capacidad de responderle, que me ha sostenido en todo tiempo, que ha reído y llorado conmigo, que me ha alentado y corregido, y que día tras día renueva en mí el deseo de servir a Dios y al prójimo.
En todo y por todo, doy gracias a Dios.

A mi amada congregación, les recuerdo que la labor no culmina aquí, sino que comienza una nueva etapa en nuestra rica historia de servicio y testimonio al amparo de la fidelidad de Dios. Hay que trabajar con más esfuerzo y dedicación cada día, la ciudad de Miami necesita un pueblo que fielmente testifique en palabra y acción la gracia divina que nos ofrece un mejor porvenir para toda persona que se arroja en los brazos el Señor.

Agradecido,
Pastor José Manuel

sábado, 13 de agosto de 2011

¿Por qué me golpeas?

Por Pedro Benitez; CLAI/Liturgia


¿Por qué me golpeas? dijo
Jesús a aquel agresor,
cuando la falsa justicia
contra su verdad lo usó.

Pregunta que desde entonces
vaga sin contestación,
como otras tantas que, agónicas,
se oyen en el mundo de hoy.

¿Por qué? dice el agua, el aire
y su contaminación,
y los bosques depredados
y la fauna en extinción.

Y ¿por qué? dicen
el hambre, la sumisión,
el grito del indefenso,
el yugo de la opresión,
y el racismo, y la familia
víctima de la agresión.

¿Por qué, por qué me golpeas?
gime toda la creación.
Y heridas de guerra y odio,
claman la paz y el perdón,
y buscan que la violencia
cese y escuche su voz.

Sienta que al golpear, su mano
golpea también a Dios,
a ese Dios que ama y perdona,
y sin discriminación,
se compadece de todos,
aún de aquel que lo golpeó.
Para desterrar el odio,
para dar paso al amor.

Para que las manos dejen
de golpear la vida y vuelvan
a estrecharse en el perdón.

viernes, 12 de agosto de 2011

No Room for Boasting

"Sometimes we Christians can engage in boasting that contradicts the basis of our relationship with God. We can get puffed up about our access to God. You’ll see this kind of arrogance in the public square, and it surely turns people away from the Lord. It also contradicts the very basis of our Christianity. The more we remember that we have been made right with God through his grace, the more we will put aside pride and boastfulness. Our testimony in the world will come with genuine humility."

-Mark D. Roberts (from High Calling)