sábado, 15 de junio de 2013

Cristiandad decreciente

Recientemente se ha estado reseñando en diversos medios la manera en que la fe cristiana ha ido decreciendo en la nación. Las investigaciones estadísticas evidencian que el número de personas identificadas como cristianas va disminuyendo considerablemente mientras que las personas que se identifican como no-religiosas (en inglés: “nones”) van en aumento. Algunos hermanos(as) cristianos responsabilizan de esa situación a quienes practican otras religiones. Otros hermanos(as) muy bien intencionados, pero muy equivocados, culpan a la ciencia y la tecnología. Otros se alarman porque durante muchos siglos la promoción del cristianismo recayó en los hombros de los gobiernos, las escuelas y otras instituciones civiles, y ya no es así. Con toda franqueza tengo que orientarles e indicarles que la iglesia cristiana no puede pretender ni esperar que las instituciones civiles y gubernamentales sean las que promuevan la fe cristiana mediante legislación. Desde los tiempos del emperador Constantino la iglesia se recostó y delegó la propagación del cristianismo en los poderes estatales, muchas veces por imposición y por la fuerza. El tiempo de la cristiandad Constantina ya pasó. Es hora de que abramos los ojos y reconozcamos la realidad contemporánea y dejemos de encerrarnos en las ilusiones de un contexto que ya no existe. Estamos en el Siglo 21, y la legitimidad de la iglesia y su relevancia – en ocasiones con mucha razón – está en duda.

Ahora bien: no es tiempo de desanimarnos. Tampoco es tiempo de entrar en el juego de buscar culpables. Mucho menos es tiempo de convertirnos en religiosos perseguidores que acosen a quienes tengan distinta fe o a quienes no profesen fe alguna. La experiencia del apóstol Pablo tiene mucho que enseñarnos hoy, de cara a los tiempos que nos han tocado vivir. Cuando Pablo vio su legitimidad cuestionada y se enfrentó a circunstancias muy adversas a su apostolado, su respuesta no fue otra que el testimonio de lo que la gracia de Dios había hecho por él (véase Gálatas 1.11-24). Pablo hizo lo que a todo(a) creyente en Cristo le corresponde hacer: contar la historia de lo que la gracia del Señor hace en su vida. Hermano(a), ¿cuál es tu historia? ¿cuál es tu testimonio? ¿Qué es lo que el amor de Dios hace por ti? ¿Cuál es tu experiencia? ¿Por qué amas a Jesucristo y te animas a seguirle? Es eso lo que debes contar.

[Extracto del mensaje «Cristiandad decreciente». Para ver el vídeo pulse este enlace.]

viernes, 7 de junio de 2013

Y en mi pecho tendrás un lugar: Graduación de La Progresiva 2013


«Progresiva, qué tierno es tu amor.
¡Cuán intensa es la fe dulce y viva
que tú sabes brindar con ardor!»**

Hoy tuve la oportunidad de participar en la graduación del grupo de duodécimo grado de La Progresiva Presbyterian School. Al igual que el año anterior, compartí palabras de reflexión tanto para los graduandos, como para sus familiares y amistades presentes.  Confieso que nunca he sido amante de las graduaciones. No obstante, desde que estoy involucrado con el Colegio Presbiteriano La Progresiva como resultado de mi labor pastoral con la Primera Iglesia Presbiteriana en Miami, estoy viendo los ejercicios de graduación desde perspectivas muy distintas a las que había considerado en años anteriores.  Las experiencias forman y cambian a las personas, y yo no soy una excepción a esa realidad.  Las experiencias me siguen formando y transformando con el pasar del tiempo.

Más allá de los breves minutos en los que compartí mis reflexiones, tuve la oportunidad de observar detenidamente la dinámica que ocurre entre graduandos, facultad, familiares y audiencia en general.  Ver a madres, padres y familiares aplaudir entusiastamente y levantarse a fotografiar a sus muchachos y muchachas teniendo sus rostros bellamente adornados con sonrisas relucientes fue algo que me conmovió.  De la misma manera fui transportado en el recuerdo a los tiempos en que los rostros sonrientes y orgullosos que yo observaba eran los de mis padres, que con amor y orgullo compartían mis logros al crecer y madurar.  Entonces entendí por qué muchas de esas sonrisas estaban acompañadas de lágrimas de alegría...

Escuchar jóvenes en sus discursos agradecer a sus familias y a sus profesores(as) por el apoyo, consejo, corrección y estímulo que les brindaron es una experiencia que no deja de impresionarme.  En un mundo que se caracteriza cada vez más por la ingratitud, los conflictos y el individualismo, es un bálsamo refrescante ver que hay jóvenes que se levanten en la vida con el valor y la sensibilidad de ser agradecidos.  De particular forma estremeció mi corazón una escena que pude ver más en más de una ocasión: un padre y una madre abrazados fuertemente a su hijo o hija, derramando copiosas lágrimas de felicidad. Eso me llevó a pensar en cuántos y cuán grandes sacrificios se han hecho para ayudar a ese hijo o hija a triunfar y tener las herramientas que le ayuden a ser una persona de bien.  Igualmente me llevó a pensar que también hay muchos padres y madres que no se ocupan... y que así mismo hay hijos e hijas que no aprecian ni aprovechan las oportunidades que sus progenitores con amor y sacrificio les proveen.  Los que observé hoy me llenan de esperanza, se ve que su anhelo ha sido echar hacia adelante en la vida a estos jóvenes.

Doy gracias a Dios por que la Primera Iglesia Presbiteriana Hispana hace varias décadas tuvo la visión de tomar un proyecto de inigualable impacto en el terruño cubano cardenense, Colegio Presbiteriano La Progresiva, y recontextualizarlo en la ciudad de Miami, FL. Tiempos y espacios distintos, con una misma misión: sembrar la buena semilla en la niñez y juventud que se levanta.  «Enseña al niño a seguir fielmente su camino, y aunque llegue a anciano no se apartará de él» (Proverbios 22.6).

Queridos(as) hermanos(as) y amigos(as), mantengamos en nuestras oraciones a La Progresiva Presbyterian School.  Apoyemos siempre con nuestras plegarias al estudiantado, a la dirección, a la facultad, al personal administrativo, a las madres y padres, y a todas las personas que de diversas maneras forman parte de esta hermosa comunidad ministerial educativa.

«Nunca, nunca podré, Progresiva,
nunca, pues, tu cariño olvidar,
que en mi mente estarás siempre viva
y en mi pecho tendrás un lugar»**

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** Porciones del Himno del Colegio Presbiteriano La Progresiva