martes, 24 de diciembre de 2013

Desde una distancia insegura

Mateo 1.18-25

A través de mis años en el oficio pastoral he pasado mucho tiempo en funerarias. Quizás les parezca extraño que comience esta reflexión tocando un tema algo sombrío. Habrá quien piense “¿Qué le pasa al Pastor, no se da cuenta de que estamos en tiempo de fiesta y celebración?” Bueno, lo que ocurre es que en las funerarias he observado situaciones y escuchado cosas muy interesantes. Personas se acercan a consolar a quien a perdido su ser querido. Con la mejor de las intenciones buscan qué decir, aunque en ocasiones sería preferible que no dijeran nada: un fuerte abrazo y la presencia solidaria es mejor que mil discursos. Una de las cosas que con frecuencia escucho es “ahora fulano(a) te mirará y te cuidará desde el cielo”...  Con toda franqueza les digo que si cuando yo muera voy a ir a un lugar desde donde voy a seguir mirando todo lo que ocurre aquí en la tierra, yo no quiero un “cielo” así. Y me pregunto, ¿qué conceptos alimentan esa idea? Simple. Si cuando alguien muere va a morar "al cielo", y allí es donde Dios habita y desde donde mira hacia la tierra, entonces lo lógico es pensar que la persona fallecida acompañará a Dios en ese asunto de estar (sic) velando hacia acá (sic).

“Todo el mundo sabe” que Dios está vigilando “desde allá”. ¿No es así? A finales de los años '80 se escribió una canción en inglés titulada “From a distance”. La misma ha sido grabada en varias versiones, pero alcanzó su mayor difusión en la versión de Bette Midler en 1990. La canción habla de lo bonito que se ve todo desde lejos. Es una canción que afirma la armonía, la belleza, y los ideales de la sana convivencia humana, y en la melodía se repite una y otra vez que desde lejos Dios nos está vigilando/mirando (“God is watching us”)...

Ahora bien, cuando miramos la realidad de la humanidad lo menos que vamos a encontrar es armonía, paz, sana convivencia, justicia, dignidad, igualdad, prosperidad y cosas por el estilo. El cuadro real es muy distinto: una humanidad quebrantada, sumergida en violencia, desigualdades, tiranías, injusticias, codicias, vanidades, carencias, angustias, corrupción, necesidades... ustedes y yo conocemos ese cuadro humano, no hace falta mayor descripción. Esa realidad humana no es algo nuevo, en verdad se identificar esa triste condición desde que el mundo es mundo. ¡Ah! Pero “Dios está mirando” – decimos – “desde lejos”...

Cabe señalar que la idea del Dios que observa desde lejos tampoco es nueva. Los antiguos también estaban convencidos de que Dios observa desde eso que llamaban “las alturas”. De cara a esta idea muchas personas cuestionan: "¿cómo es posible que Dios pueda quedarse viendo todo eso terrible que ocurre y no hacer nada al respecto?"  Desde lejos es fácil observar porque se observa desde “allá”, desde una distancia segura... “Desde lejos”, como repite la canción... “desde el cielo”, como dicen en las funerarias... Pero lo cierto es que la humanidad no necesitaba que Dios estuviese y permaneciese mirando. De ahí la importancia del mensaje bíblico que hoy consideramos. Cuenta el evangelio según Mateo que Dios no se quedó mirando desde lejos, sino que Dios entró en la escena como participante del drama humano, y... ¡de qué manera!  Dios optó por hacer suyo el dolor, las limitaciones, las carencias, las angustias, las ansiedades, el temor, y las incertidumbres propias de la humanidad. Dios optó por renunciar a observar desde lejos y se involucró para observar desde una distancia insegura: la distancia que lo haría vivir en carne propia la plenitud de lo más sublime y lo más horrendo de la experiencia humana.

Para describir esa acción arriesgada de Dios, el Evangelio Según Mateo toma una maravillosa porción de un discurso profético de Isaías: «...y le pondrás por nombre Emanuel, que significa 'Dios está con nosotros'» (1.23). Al celebrar el tiempo de Navidad debemos recordar y considerar el misterio de la encarnación que significa el acompañamiento pleno de Dios en medio de nuestras realidades cotidianas. El nacimiento de aquel niño no es otra cosa que Dios entrando en nuestro entorno, Dios riendo con nosotros pero también llorando y sufriendo con nosotros. No se queda observando desde un pedestal, cómodo, indolente, desde una distancia segura, sino que su compasión lo ha llevado a transitar nuestro propio camino. El nacimiento de Jesús es empatía, es sensibilidad, es acercamiento, es misericordia llevada a la acción, es solidaridad extrema. ¡Bendita gracia del Señor! Celebramos, pues, el adviento, la llegada de Jesús Emanuel: Dios está con nosotros.

Soli Deo Gloria.

domingo, 15 de diciembre de 2013

Si la iglesia fuera cristiana


Recién terminé de leer un libro que me ha estado acompañando durante varias semanas. De entrada su título es intrigante: "If the church were Christian" (Si la iglesia fuera cristiana). El título en sí mismo encierra una invitación a pensar y repensar. ¿Acaso la iglesia NO es cristiana? Se supone que por definición la iglesia ES cristiana, ¿o no?

El autor, Philip Gulley, es un ministro de tradición cuáquera, el cual nos narra su jornada de maduración en el pensamiento y la fe cristiana a la vez que va confrontando a la iglesia con lo mucho que el cristianismo se ha distanciado de Cristo. Dedica cada capítulo a explicar y comentar las aseveraciones que se enumeran a continuación.

Si la iglesia fuera cristiana… Jesús sería más su modelo de vida que su objeto de adoración.

Si la iglesia fuera cristiana… afirmar nuestro potencial sería más importante que condenar nuestros quebrantamientos.

Si la iglesia fuera cristiana… la reconciliación sería más valorada que el juicio.

Si la iglesia fuera cristiana… el actuar con gracia sería más importante que poseer la doctrina correcta.

Si la iglesia fuera cristiana… invitar preguntas sería más apreciado que proveer contestaciones.

Si la iglesia fuera cristiana… alentar la exploración personal sería más importante que la uniformidad comunal.

Si la iglesia fuera cristiana… suplir necesidades sería más importante que mantener instituciones.

Si la iglesia fuera cristiana… la paz sería más importante que el poder.

Si la iglesia fuera cristiana… se ocuparía más del amor y menos del sexo.

Si la iglesia fuera cristiana… esta vida sería más importante que la vida del más allá.

Tengo que advertir que a los herman@s cristianos que viven aferrados a sus ortodoxias, dogmas, y tradiciones inquebrantables, la lectura de este libro puede resultar perturbadora. Aun así les insto a que lo lean completo. Nadie tiene que concordar totalmente con sus planteamientos para sacar provecho de la lectura que ciertamente nos llevará a reconsiderar las maneras en que somos iglesia. La lectura provoca inquietud, molestia, ira, vergüenza, indignación ... curiosamente esas mismas reacciones provocaban los discursos de Jesucristo a los religiosos de su tiempo. La pregunta que cada lector o lectora tendría que meditar es "¿Queremos parecernos a Jesús, o preferimos parecernos a los religiosos que lo resistieron?"

Me parece que el libro provee al lector y la lectora herramientas para moverse de una fe rudimentaria al cultivo de una fe madura, que se esfuerza diariamente por aprender y por servir.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

YO CELEBRO LA NAVIDAD (reacciones y pensamientos de cara al concepto "war on christmas")

Durante la primera semana del mes de diciembre ya se observan los estandartes de quienes desde sus respectivas plataformas mediáticas defienden o atacan la celebración de la Navidad. Considero que muchos de los argumentos en pro o en contra rayan en el campo de lo absurdo. De cara a esta controversia inútil, comparto los siguientes pronunciamientos, a riesgo de desagradar los campamentos de ambos extremos. (A fin de cuentas, es a Dios a quien me interesa agradar). Siendo fiel a mis convicciones quiero afirmar que: YO CELEBRO LA NAVIDAD.

YO CELEBRO LA NAVIDAD… pero no me interesa que se obligue a nadie a celebrar la Navidad (especialmente si son personas que profesan una fe distinta a la fe cristiana, o si simplemente no profesan credo religioso alguno), así como no me gustaría que se me obligue a celebrar un festival perteneciente a otra religión. Somos parte de una nación que aboga por la libertad de religión, lo que significa que cada cual tiene el derecho de profesar su religión sin que el Estado imponga una religión en particular. Lamentablemente hay quienes definen la libertad de religión como "la libertad de forzarle mi religión al resto de la sociedad valiéndome de los recursos del gobierno".

YO CELEBRO LA NAVIDAD… sin el sentimiento paranoico de los teóricos de la alegada "war on Christmas" (guerra contra la Navidad). Sencillamente no le corresponde al gobierno ni al comercio proclamar a Jesucristo. Ni el gobierno ni el comercio fueron comisionados para evangelizar.  Eso nos corresponde hacerlo a los cristianos(as), mediante nuestro testimonio y mediante la forma en que tratamos a las todas las personas. En lugar de estar dando candela con eso de "put the Christ back in CHRISTmas" debiéramos ocuparnos de "putting the Christ back in CHRISTians", porque lo triste es que el cristianismo que se promueve en nuestro tiempo cada vez se parece menos a Cristo.

YO CELEBRO LA NAVIDAD… consciente de que en el Nuevo Testamento hay DOS narraciones sobre el nacimiento de Jesús, que tienen algunos puntos en común pero que también tienen diferencias considerables. Las circunstancias y escenarios relatados en el evangelio según Mateo y el evangelio según Lucas son distintas. A través de los años las tradiciones las han entretejido al punto de colocar ángeles, pastores, animales, familia y magos (sabios o astrólogos) en un mismo tiempo y espacio. Al hacer esta mezcla de personajes perdemos de vista la esencia de los mensajes y principios que cada uno de los relatos plantea.

YO CELEBRO LA NAVIDAD… consciente de que el 25 de diciembre fue una fecha seleccionada, que coincide con la fecha de nacimiento de personajes importantes en otras religiones, y que no se sabe a ciencia cierta cuándo nació Jesucristo.  Su origen de familia artesanal proveniente de las clases empobrecidas dificulta (por no decir que imposibilita) que el evento se haya conservado en registros históricos oficiales. Lo que encontramos en los evangelios según Mateo y Lucas son relatos de carácter teológico: su intención es transmitir evangelio (buenas nuevas) sobre la divinidad y su relación con la humanidad:

*BUENAS NUEVAS de apertura a los gentiles (en Mateo se narra que unos astrólogos de tierras lejanas fueron a Belén a adorar al niño recién nacido).

*BUENAS NUEVAS de apertura hacia los pobres y menospreciados de la tierra (en Lucas se narra la aparición de huestes angelicales para dar la buena noticia a un grupo de pastores cuidando sus rebaños, los cuáles fueron a buscar al niño recién nacido).

*BUENAS NUEVAS de apertura hacia la humanidad plena afirmando la encarnación. La encarnación nos habla de un Dios que (a diferencia de muchos muchos cristianos) no vive enajenado de la realidad humana sino que la acoge y la abraza con humilde compasión. "Emmanuel" es "Dios con nosotros(as)", no "en contra de", ni "alejado de" nosotros(as).

¿Qué tal si en lugar de esperar que el gobierno y el comercio coloquen letreros de "Merry Christmas" en vez de "Happy Holidays", nos enfocamos en celebrar buscando parecernos más a Cristo en nuestras actitudes, conversaciones y acciones? Que el "espíritu de Navidad" - el Espíritu Santo - sature nuestras vidas de paz, amor, alegría y esperanza, virtudes que tanta falta hacen en nuestra fragmentada humanidad. Es desde esa coyuntura que YO CELEBRO LA NAVIDAD.

jueves, 17 de octubre de 2013

Entre la cárcel y la espada: Reflexiones sobre la oración, resultados, y reacciones


¡Alto! Antes de seguir leyendo estos pensamientos, separa un tiempo breve y lee en tu Biblia el pasaje de Hechos 12.1-17. Luego continúa con esta lectura...

En una ocasión leí un libro en el cuál el autor hizo una afirmación bien interesante. Decía el autor que existen 5 evangelios, a saber: el Evangelio según Mateo, el Evangelio según Marcos, el Evangelio según Lucas, el Evangelio según Juan y "el Evangelio según los Santos Evangélicos". Encontré la aseveración de lo más curiosa. Explicaba el autor que este "quinto" evangelio se compone de todos los pasajes de la Biblia que nos gustan, dejando de lado o eliminando aquellos que no son de nuestro agrado, por las razones que sea. Ese quinto evangelio está lleno de los textos bíblicos que acarician el alma, pero no contiene los textos bíblicos que confrontan nuestra conciencia. El texto bíblico que comento en esta ocasión, parece pertenecer a este quinto evangelio, y dentro de un rato explicaré por qué lo digo.

Mientras tanto, quisiera hacer algunas observaciones sobre lo leído, particularmente en los versos 6-17. Allí se cuenta una narración relacionada a la liberación milagrosa que recibió el Apóstol Pedro una de las ocasiones en que fue encarcelado. La narración del Libro de los Hechos nos indica que ya la Iglesia cristiana primitiva --principalmente sus líderes--, estaba padeciendo persecución por causa de su fe en Jesús. Pedro se encontraba encarcelado y el narrador bíblico puntualiza que mientras eso ocurría, «la Iglesia hacía sin cesar oración a Dios por él» (v. 5). ¡Qué reconfortante para un líder cristiano saber que su Iglesia le recuerda y le apoya en oración en medio de las dificultades! El narrador bíblico es muy cuidadoso al enfatizar la importancia de la oración cada vez que tiene la oportunidad de hacerlo. Y en este pasaje bíblico, se señala esto al menos en dos ocasiones (vv. 5 y 12). Para ponerlo en palabras cortas y precisas: hay que vivir orando.

Curiosamente, cuenta la narración que Pedro recibió la visita de un ángel que lo fue a sacar milagrosamente de la cárcel pero, ¡le parecía una visión en lugar de una realidad! ¿Acaso no se estaba orando en favor de Pedro? ¿Cuántas veces a nosotros nos ocurre lo mismo? Oramos por la intervención de Dios y cuando Dios interviene nos cuesta trabajo creerlo. A veces --como se dice en mi pueblo-- tenemos en nuestras propias narices las bendiciones de Dios y no las podemos identificar. Nos parece demasiado bueno para ser cierto. Necesitamos pedir al Señor la visión y discernimiento del Espíritu Santo para ver apropiadamente e identificar su intervención en nuestra vida.

Cuando finalmente Pedro salió de la cárcel en forma milagrosa y se apareció en la casa donde precisamente estaban orando por su bienestar, la muchacha que lo atendió se alegró tanto que lo dejó afuera esperando y cuando dio la noticia a los demás ¡la tomaron por loca! (véase el v. 15). ¡Tampoco lo creían! ¡Visión y discernimiento de Dios... qué mucho lo necesitamos! Dios actúa y no lo vemos. Dios se mueve y no lo percibimos. Dios contesta las oraciones y no nos damos cuenta de cuál es su respuesta. En este punto es que planteo que el pasaje pertenece al "quinto evangelio". Generalmente atendemos con devoción y entusiasmo los versos ya comentados (vv. 6-17). ¡Dios obró en favor de Pedro y lo libertó milagrosamente! Ahora bien... usualmente pasamos por alto los versos 1-3...

... ¿Qué pasó con Jacobo? Jacobo, al igual que Pedro, era uno de los tres discípulos más cercanos de Jesús, sus amigos íntimos. Pero en esta narración, Jacobo no tuvo el mismo destino que Pedro: Pedro salió de la cárcel, pero Jacobo fue ejecutado a filo de espada (v. 2). Sabemos que la Iglesia primitiva oraba por sus líderes. ¿Salió mal la oración? ¿Dios quería más a Pedro que a Jacobo? ¿La Iglesia oraba más por Pedro que por los demás? ¿Triunfó Pedro y Jacobo no? Eso, me parece a mí, que es una de las más grandes lecciones del pasaje bíblico. La Biblia, contrario al "evangelio según los santos evangélicos", no sólo nos presenta historias y testimonios "de triunfo", según lo define nuestro sentido común... La Biblia también nos presenta las ocasiones en que las cosas salen como no quisiéramos que salieran. La Biblia también nos confronta con la realidad del dolor y las pruebas que todos -creyentes o no creyentes- tenemos que enfrentar por el solo hecho de estar vivos. Es ahí donde necesitamos madurar. La contestación que recibimos no siempre es la que queremos o creemos. Y no por eso se deja de orar. Y no por eso debemos pensar que Dios no nos ame o nos atienda. Todo tiene su tiempo bajo el Sol, decía "El Predicador". En lugar de ignorar la realidad de las pruebas, debemos buscar qué podemos aprender de ellas, sea cual sea la circunstancia... y así encontraremos triunfo aún en el dolor.

Muchas personas consideran la oración como las órdenes que Aladino daba al Genio de la lámpara. “Dios dame, dame, dame, dame... y si no me das lo que quiero, entonces no me amas, entonces no creo en ti, entonces no existes...” Jesús nos enseñó un modelo diferente. Jesús con su ejemplo nos enseñó que la oración es abrirse y amoldarse a la voluntad perfecta del Padre Celestial. No siempre lo entenderemos, pero podemos tener la garantía de «que a quienes aman a Dios todas las cosas les ayudan a bien» (Romanos 8), aún aquellas que consideramos negativas. Jesús oraba diciendo «venga tu reino... sea hecha tu voluntad». ¡Quiera Dios que en nosotros pueda desarrollarse esa confianza, esa seguridad y esa sumisión al Padre Celestial!

Nos recuerda el escritor Tommy Tenney (en su libro Desde la perspectiva de Dios) que cuando oramos diciendo "venga tu reino", también eso significa "que se vaya el reino mío". Los dos reinos no pueden coexistir. En mi vida reino yo, o reina el Señor... pero no puede haber dos reyes. Enseñan Las Escrituras (y la experiencia de muchos de nosotros lo confirma) que la voluntad de Dios es «buena, agradable y perfecta». Encontraremos bendición, satisfacción y realización en la medida en que aprendamos a abrirnos a esa voluntad divina, aún cuando estemos entre la cárcel y la espada. En última instancia, lo más importante no es "donde" estar, si en todo tiempo y todo lugar aprendemos a vivir en la compañía del Señor.

viernes, 4 de octubre de 2013

Génesis, la creación, y los dinosaurios

El universo según entendido por los antiguos.
Estamos ya en la segunda década del Siglo 21, y en ocasiones me parece como si aún nos encontrásemos en la Edad Media. Tan cerca como esta misma semana (2 de octubre de 2013) se publicaba un reportaje en el cual se indica que la Junta Educativa del Estado de Texas el próximo mes tendrá ante su consideración una medida que, de ser aprobada, abriría la posibilidad de incluir conceptos creacionistas en los libros de texto de ciencias para las escuelas. Para que conste: como profesante de la fe cristiana creo y afirmo a Dios como el Creador. Los descubrimientos y conocimientos científicos, en nada afectan mi convicción de Dios como origen y como originador. Ahora bien, siendo hijo de la era científica, no tengo ningún problema en reconocer el valor de los descubrimientos y hallazgos que llevan a los expertos a entender que la tierra tiene millones de años de existencia, que a través de esos millones de años la vida en la tierra ha pasado por diversas etapas evolutivas, y que el ser humano como hoy lo conocemos es un acontecimiento relativamente reciente en comparación a la edad del planeta, y aún más, en comparación a la edad y amplitud del universo.

El viejo debate estadounidense de creación vs. evolución, o más amplio, fe vs. ciencia, es un debate que corresponde a cierto entendimiento dentro de la inmensa diversidad de la cristiandad: me refiero al cristianismo fundamentalista. Esta corriente de pensamiento teológico, muy arraigada en la cultura popular, cree, entre otras cosas, en la inerrancia bíblica. Es decir, ve la Biblia como un libro cuyo contenido ha sido textualmente revelado por Dios, de tal manera que se encuentra carente de toda limitación humana, y, por lo tanto, sus expresiones pueden ser aplicadas literalmente a la vida contemporánea sin más criterios que "la Biblia dice". Desde las perspectivas fundamentalistas, cualquier afirmación que no sea que Dios creó el mundo en seis días resulta problemática. El concepto de la inerrancia bíblica fue descartado por mi tradición cristiana -Iglesia Presbiteriana- en los Estados Unidos en 1913 (¡hace un Siglo!). Me consta que muchas otras tradiciones cristianas se han distanciado de las maneras literalistas de entender y aplicar las Escrituras Sagradas, a pesar de que, según indiqué previamente, ese concepto sigue muy arraigado en la cultura popular.

Eso entonces nos lleva a considerar algunas notas sobre el libro del Génesis, el libro que sirve de combustible a la polémica entre cristianos fundamentalistas y la academia. Este libro bíblico tiene un papel muy importante en tres de las principales religiones mundiales: Judaísmo, Cristianismo, e Islam. El libro es de autoría anónima. La idea de Moisés como autor comenzó a circular en el judaísmo durante el periodo greco-romano. No obstante las investigaciones de biblistas y eruditos nos enseñan que el Génesis fue escrito a través de varios siglos, utilizando tradiciones orales y escritas... Se estima que dichas tradiciones fueron tomando forma a partir de los tiempos de monarquía hebrea temprana (David, Salomón), y extendiéndose a los tiempos del exilio Babilonio y postexilio temprano (el regreso de los exiliados a la tierra durante tiempos de Esdras y Nehemías). Esas tradiciones orales y escritas fueron redactadas/editadas hasta formar una obra en la que podemos identificar -a grandes rasgos- las siguientessecciones:
  • Capítulos 1-11 contienen dos relatos de creación; una historia de asesinato; una épica de inundación; y una historia sobre una torre
  • Capítulos 12-36 contienen sagas sobre los patriarcas y matriarcas
  • Capítulos 37 en adelante – contienen la saga de José
Entretejidas entre esas secciones, encontraremos piezas de diverso género, entre ellas, etiologías (historias para explicar los orígenes de alguna costumbre o acontecer natural: por ejemplo, ¿Por qué las serpientes se arrastran? ¿De dónde salió el arcoiris? ¿Por qué el parto es doloroso? ¿Por qué hay que guardar el día de reposo/Sabat?)

La creación: dos relatos, una afirmación

En cuanto al tema de la creación, en Génesis encontramos no uno, sino dos relatos. El primero comienza en 1.1 y termina en 2.3. El segundo comienza en 2.4 y termina en 2.25. Si usted hace una lectura de ambos capítulos podrá percatarse de este asunto. Ambos relatos de la creación tienen enfoques diferentes, y provienen de tradiciones distintas. En el primer relato vemos que se describe la creación día por día hasta llegar al séptimo (1.1-2.3), resaltando la importancia de trabajar seis días y tener un día de reposo santificado para Dios. En el segundo relato (2.4-25) observamos que el enfoque está en el ser humano como punto culminante en la creación de Dios.

Podemos observar algunas similaridades y varias diferencias al comparar ambos relatos. Por ejemplo:
  • Época: El primero proviene de la época exílica y postexílica.  El segundo es más antiguo.
  • Materia prima: En el primero la materia prima para la creación es el agua (también símbolo de caos en culturas antiguas). Dios lleva a cabo la creación separando las aguas de todo lo demás (agua en exceso).  En el segundo la materia prima para la creación es el polvo. Dios crea un jardín/oasis en el terreno desértico (agua en escasez).
  • Orden: En el primero el orden creado es vegetación, animales, hombre/mujer.  En el segundo, el orden es distinto: hombre, vegetación (huerto/jardín), animales, mujer.
  • Tiempo: En el primero, el tiempo es contado como si fuera un himno o una expresión poética: «vino la noche y llegó la mañana» del primer/segundo/tercer... día, hasta llegar al séptimo. Con cada acto de creación se afirma que Dios «vio que era bueno»En el segundo Dios llevó a cabo la creación en un solo día (no en siete).
  •  Modo: En el primero, el gran diseño se forma por decreto de Dios: Dios dice y ocurre.  El 6to día Dios crea la humanidad (hombre-mujer) a su imagen, por el poder de su palabra. En el segundo, Dios desciende, forma al humano de la tierra, como si fuese un alfarero con sus manos, y sopla el aliento de vida.
  • Etiología:   En el primer relato, al séptimo día Dios descansó... y allí encontramos su función etiológica (explicar la importancia del Sabat -día de reposo- para el pueblo hebreo). En el segundo relato, si continuamos leyendo más allá del 2.25 encontraremos varias funciones etiológicas.
  • Afirmación: En ambos relatos el denominador común es Dios como creador.
Algunos consejos pastorales

Debemos tener cuidado de no dejarnos arrastrar por las controversias de creación vs. evolución (religión vs. ciencia): esa es una controversia propia del cristianismo fundamentalista. La Biblia es una biblioteca de fe, no es un tratado de ciencias naturales. Sus documentos se escribieron en tiempos en que no se contaba con los conocimientos que tenemos hoy, es decir, son producto de épocas pre-científicas.  Particularmente, los primeros once capítulos del Génesis no tienen intención de convertirse en una descripción periodística de los orígenes de la humanidad. Más bien son relatos teológicos que contienen enseñanzas más profundas que una mera descripción de eventos. Yo los describo como parábolas de la antigüedad. Como sabemos, las parábolas son -a grandes rasgos- cuentos o historias cuya finalidad es dar un mensaje o enseñanza particular. De esa manera, en los dos relatos de la creación el punto central es que Dios es el origen de todo lo creado. El cómo lo hizo es algo que está fuera de nuestro alcance (y, realmente no nos debería preocupar).

Muchas veces quienes profesan un entendimiento fundamentalista de las Escrituras Sagradas, consideran como "menos cristianos(as)" a quienes no compartimos esa misma idea. En distintas ocasiones me he topado con personas que cuestionan mi fe cristiana por no creer que la Biblia cayó del cielo como una obra culminada, encuadernada y lista para ser utilizada como manual de referencia para cada minucioso detalle de la complejidad humana. Hay quienes incluso ponen en duda la fidelidad a Dios de aquellos(as) que no compartimos la doctrina de la inerrancia bíblica.  Ser cristiano(a) no es asunto de idolatrar la Biblia como inerrante, ser cristiano(a) es asunto de tener fe en Cristo y vivir cada día esforzándose en seguir su ejemplo.  En la tradición reformada decimos que las Escrituras Sagradas son la máxima autoridad en materia de fe y práctica, pero eso no convierte la Biblia en un libro de texto escolar en materia de ciencias biológicas, físicas, geológicas, arqueológicas, naturales, etc.  En las Escrituras Sagradas encontramos el testimonio de individuos y comunidades que se relacionaron con ese maravilloso misterio al que denominamos «DIOS», y el impacto que la relación con Dios tuvo en sus vidas personales y colectivas.  En las Escrituras Sagradas encontramos de manera única el testimonio de la vida, la prédica y la práctica de Jesucristo, a quien reconocemos como Señor y Salvador.  Su vida misma es una afirmación del amor a Dios y el amor al prójimo como eje que debe mover todas las relaciones cotidianas.

¿Y los dinosaurios?
Descubrimientos científicos indican que se extinguieron antes de la aparición del ser humano en la tierra. Muchos de sus restos fósiles pueden ser encontrados en los museos de ciencias naturales... los podemos encontrar allí o en excavaciones en diversas partes del mundo...

Investigador excavando un esqueleto de saurópodo de 43 pies de longitud. Nigeria, 15 de septiembre de 2009.

lunes, 9 de septiembre de 2013

Espadas en arados

«El Señor juzgará entre las naciones y decidirá los pleitos de pueblos numerosos. Ellos convertirán sus espadas en arados y sus lanzas en hoces. Ningún pueblo volverá a tomar las armas contra otro ni a recibir instrucción para la guerra. ¡Vamos, pueblo de Jacob, caminemos a la luz del Señor!  (Isaías 2.4-5 DHH)

Las imágenes visuales de niños(as) muriendo por el efecto de armas químicas son imágenes muy fuertes, tan fuertes que borran de la memoria colectiva las imágenes de los efectos como resultado de la radiación que deja otro tipo de armas: las armas nucleares.

Llevo días consternado e inquieto por el desarrollo de la situación internacional a raíz de la guerra civil que lleva cerca de dos años ocurriendo en Siria. Me resulta preocupante la insistencia de nuestro gobierno (USA) en llevar a cabo un ataque contra Siria como “respuesta” al (alegado) uso de armas químicas por parte de la dictadura de Bashar Al-Asad contra comunidades insurgentes.  Me resulta preocupante que la administración Obama no haya querido esperar los resultados de las pruebas científicas realizadas por los especialistas de la ONU. Me resulta sospechoso que la administración alegue tener evidencia que constantemente ha denegado mostrar (ver artículo). Me hace recordar la narrativa del gobierno que hace una década juraba que Iraq poseía armas de destrucción masiva como razón para justificar una invasión en la cual nunca tales armas aparecieron.

La situación en Siria es mucho más compleja de lo que los medios de comunicación suelen mostrar.  No es sorpresa que gente en la calle repita el cuento de que “en Siria tienen armas químicas que podrían utilizar contra nosotros si no se hace algo ahora”. Para beneficio de todos(as) comparto un artículo muy bueno que nos puede ayudar a entender un poco mejor la situación allí: “¿Quiénes son los buenos y los malos en la guerra de Siria?”, (ver artículo).

Nucleares o químicas, las armas de destrucción masiva son eso mismo: instrumentos para destruir y exterminar.  No hay manera “benigna” de hacer eso.  Los pueblos son los que han sufrido y seguirán sufriendo las espantosas consecuencias de la “creatividad” humana para la muerte. Ciertamente debe alarmarnos la posibilidad del uso de armas químicas en cualquier parte del planeta. Pero igualmente debiera alarmarnos la posibilidad del uso de armas nucleares - y de esas nosotros tenemos cerca de 7,700 (ver artículo sobre informe de los arsenales nucleares existentes en el mundo). Lo que es más horrendo: somos la única nación que ha utilizado esta invención infernal contra otros seres humanos, no una vez, sino dos (Hiroshima, Nagasaki, 6 y 9 de agosto de 1945 respectivamente).

Nuestra Iglesia, Presbyterian Church (USA), se ha estado pronunciando consistentemente en contra de intervenciones bélicas y “soluciones” militares.  Nuestra Asamblea General #220 se pronunció específicamente en relación a la situación en Siria (descargar documento: en español / en inglés). Recientemente el Rev. Gradye Parsons, Secretario Permamente de nuestra Iglesia, emitió un llamado a la acción por la paz (ver vídeo). El Sínodo Nacional Evangélico de Siria y el Líbano, una voz que representa a hermanas y hermanos cristianos que viven en Siria, escribió a nuestra Iglesia urgiendo a que se promuevan acciones pacíficas y no una intervención bélica (ver carta). Múltiples voces a coro insisten en que un ataque empeoraría las cosas.  De todas esas voces, hay una voz que por este medio quiero destacar, es la voz de aquel carpintero de Nazaret que pronunció una bendición diciendo: «Dichosos los que trabajan por la paz, porque Dios los llamará hijos suyos» (Mateo 5.9 DHH).

Elevo mi clamor a Dios para que cobremos conciencia del gran error que constituye la constante promoción de la guerra.

Elevo mi clamor a Dios para que en todas las esferas donde nos movemos y actuamos, desde lo íntimo hasta lo público, desde lo personal hasta lo colectivo, podamos ser agentes promotores y constructores de paz.

Elevo mi clamor a Dios para que algún día podamos ver el sueño del profeta Isaías convertido en realidad: que los instrumentos de guerra y destrucción sean convertidos en instrumentos de siembra y edificación; que los instrumentos de muerte den paso a los instrumentos de vida; que los humanos finalmente caminemos a la luz del Señor.

sábado, 15 de junio de 2013

Cristiandad decreciente

Recientemente se ha estado reseñando en diversos medios la manera en que la fe cristiana ha ido decreciendo en la nación. Las investigaciones estadísticas evidencian que el número de personas identificadas como cristianas va disminuyendo considerablemente mientras que las personas que se identifican como no-religiosas (en inglés: “nones”) van en aumento. Algunos hermanos(as) cristianos responsabilizan de esa situación a quienes practican otras religiones. Otros hermanos(as) muy bien intencionados, pero muy equivocados, culpan a la ciencia y la tecnología. Otros se alarman porque durante muchos siglos la promoción del cristianismo recayó en los hombros de los gobiernos, las escuelas y otras instituciones civiles, y ya no es así. Con toda franqueza tengo que orientarles e indicarles que la iglesia cristiana no puede pretender ni esperar que las instituciones civiles y gubernamentales sean las que promuevan la fe cristiana mediante legislación. Desde los tiempos del emperador Constantino la iglesia se recostó y delegó la propagación del cristianismo en los poderes estatales, muchas veces por imposición y por la fuerza. El tiempo de la cristiandad Constantina ya pasó. Es hora de que abramos los ojos y reconozcamos la realidad contemporánea y dejemos de encerrarnos en las ilusiones de un contexto que ya no existe. Estamos en el Siglo 21, y la legitimidad de la iglesia y su relevancia – en ocasiones con mucha razón – está en duda.

Ahora bien: no es tiempo de desanimarnos. Tampoco es tiempo de entrar en el juego de buscar culpables. Mucho menos es tiempo de convertirnos en religiosos perseguidores que acosen a quienes tengan distinta fe o a quienes no profesen fe alguna. La experiencia del apóstol Pablo tiene mucho que enseñarnos hoy, de cara a los tiempos que nos han tocado vivir. Cuando Pablo vio su legitimidad cuestionada y se enfrentó a circunstancias muy adversas a su apostolado, su respuesta no fue otra que el testimonio de lo que la gracia de Dios había hecho por él (véase Gálatas 1.11-24). Pablo hizo lo que a todo(a) creyente en Cristo le corresponde hacer: contar la historia de lo que la gracia del Señor hace en su vida. Hermano(a), ¿cuál es tu historia? ¿cuál es tu testimonio? ¿Qué es lo que el amor de Dios hace por ti? ¿Cuál es tu experiencia? ¿Por qué amas a Jesucristo y te animas a seguirle? Es eso lo que debes contar.

[Extracto del mensaje «Cristiandad decreciente». Para ver el vídeo pulse este enlace.]

viernes, 7 de junio de 2013

Y en mi pecho tendrás un lugar: Graduación de La Progresiva 2013


«Progresiva, qué tierno es tu amor.
¡Cuán intensa es la fe dulce y viva
que tú sabes brindar con ardor!»**

Hoy tuve la oportunidad de participar en la graduación del grupo de duodécimo grado de La Progresiva Presbyterian School. Al igual que el año anterior, compartí palabras de reflexión tanto para los graduandos, como para sus familiares y amistades presentes.  Confieso que nunca he sido amante de las graduaciones. No obstante, desde que estoy involucrado con el Colegio Presbiteriano La Progresiva como resultado de mi labor pastoral con la Primera Iglesia Presbiteriana en Miami, estoy viendo los ejercicios de graduación desde perspectivas muy distintas a las que había considerado en años anteriores.  Las experiencias forman y cambian a las personas, y yo no soy una excepción a esa realidad.  Las experiencias me siguen formando y transformando con el pasar del tiempo.

Más allá de los breves minutos en los que compartí mis reflexiones, tuve la oportunidad de observar detenidamente la dinámica que ocurre entre graduandos, facultad, familiares y audiencia en general.  Ver a madres, padres y familiares aplaudir entusiastamente y levantarse a fotografiar a sus muchachos y muchachas teniendo sus rostros bellamente adornados con sonrisas relucientes fue algo que me conmovió.  De la misma manera fui transportado en el recuerdo a los tiempos en que los rostros sonrientes y orgullosos que yo observaba eran los de mis padres, que con amor y orgullo compartían mis logros al crecer y madurar.  Entonces entendí por qué muchas de esas sonrisas estaban acompañadas de lágrimas de alegría...

Escuchar jóvenes en sus discursos agradecer a sus familias y a sus profesores(as) por el apoyo, consejo, corrección y estímulo que les brindaron es una experiencia que no deja de impresionarme.  En un mundo que se caracteriza cada vez más por la ingratitud, los conflictos y el individualismo, es un bálsamo refrescante ver que hay jóvenes que se levanten en la vida con el valor y la sensibilidad de ser agradecidos.  De particular forma estremeció mi corazón una escena que pude ver más en más de una ocasión: un padre y una madre abrazados fuertemente a su hijo o hija, derramando copiosas lágrimas de felicidad. Eso me llevó a pensar en cuántos y cuán grandes sacrificios se han hecho para ayudar a ese hijo o hija a triunfar y tener las herramientas que le ayuden a ser una persona de bien.  Igualmente me llevó a pensar que también hay muchos padres y madres que no se ocupan... y que así mismo hay hijos e hijas que no aprecian ni aprovechan las oportunidades que sus progenitores con amor y sacrificio les proveen.  Los que observé hoy me llenan de esperanza, se ve que su anhelo ha sido echar hacia adelante en la vida a estos jóvenes.

Doy gracias a Dios por que la Primera Iglesia Presbiteriana Hispana hace varias décadas tuvo la visión de tomar un proyecto de inigualable impacto en el terruño cubano cardenense, Colegio Presbiteriano La Progresiva, y recontextualizarlo en la ciudad de Miami, FL. Tiempos y espacios distintos, con una misma misión: sembrar la buena semilla en la niñez y juventud que se levanta.  «Enseña al niño a seguir fielmente su camino, y aunque llegue a anciano no se apartará de él» (Proverbios 22.6).

Queridos(as) hermanos(as) y amigos(as), mantengamos en nuestras oraciones a La Progresiva Presbyterian School.  Apoyemos siempre con nuestras plegarias al estudiantado, a la dirección, a la facultad, al personal administrativo, a las madres y padres, y a todas las personas que de diversas maneras forman parte de esta hermosa comunidad ministerial educativa.

«Nunca, nunca podré, Progresiva,
nunca, pues, tu cariño olvidar,
que en mi mente estarás siempre viva
y en mi pecho tendrás un lugar»**

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** Porciones del Himno del Colegio Presbiteriano La Progresiva

martes, 21 de mayo de 2013

El Señor le dijo: «Hipócrita»

14 Pero el jefe de la sinagoga se enojó porque Jesús la había sanado en el día de reposo, así que le dijo a la gente: «Hay seis días en los que se puede trabajar. Para ser sanados, vengan en esos días; pero no en el día de reposo.» 15 Entonces el Señor le dijo: «Hipócrita, ¿acaso cualquiera de ustedes no desata su buey, o su asno, del pesebre y lo lleva a beber, aun cuando sea día de reposo?  (Evangelio Según Lucas 13.14-15)

Según el testimonio de los evangelios (los libros del Nuevo Testamento que dan testimonio de las acciones y enseñanzas de Jesucristo), la relación de Jesús con los sectores religiosos de su tiempo fue una llena de antagonismo. Difícilmente se le encontraría a Jesús y a los líderes religiosos compartiendo la misma tarima y enseñando las mismas cosas.  El pasaje que me motiva a reflexionar en esta ocasión (Lucas 13.10-17) es uno de muchos ejemplos donde se evidencia que la agenda de la religión “oficial” estaba en una dirección diametralmente opuesta a la agenda de Jesús: eso que él llamaba “reino de Dios” o “reino de los cielos”.

Cuenta la narración que Jesús se encontraba enseñando en una sinagoga, el lugar de encuentro de los religiosos para leer, estudiar y comentar las Escrituras Sagradas.  Allí observa a una persona que sufría una enfermedad, según indica el texto, «hacía ya dieciocho años» (v.11).  ¡Cuán grande y prolongado tormento el de aquella persona! En un contexto en el cual la expectativa de vida general no era muy grande, 18 años es una porción considerable: se podía decir que aquella persona había pasado quizás la mayor parte de su vida sufriendo y padeciendo.  Jesús entonces hace lo que solía hacer, su programa de trabajo: traer liberación y bienestar a la persona necesitada.

Dos detalles no deben escapar nuestra atención.  El primero es que la persona necesitada era una mujer, es decir, alguien a quien en aquel contexto se le consideraba como inferior al hombre. El segundo detalle es que la acción de Jesús ocurrió en el sabbat, el día que se consideraba sagrado en tal forma que no se podía realizar labor alguna.  Entonces la reacción de quien representaba la religiosidad institucional «el jefe de la sinagoga» (v.14), no se hizo esperar.  Se levantó en “defensa” del dogma, reaccionó para proteger aquello que formaba parte integral de los valores religiosos y sociales.  Para aquel líder religioso era más importante preservar la tradición que atender la integridad y el bienestar de otro ser humano, y con su actitud, ser cómplice de las ataduras de “Satanás” (v.16) que mantenían a la mujer encorvada. Jesús, por el contrario, pasó por alto las etiquetas y convenciones sociales y se atrevió poner sus manos (v.13) sobre la mujer para sanarle y devolverle el bienestar y la dignidad que le había sido robada, no solo por el padecimiento, sino por su propia religión, la cual solía considerar a la persona enferma como carente del favor y la bendición de Dios.  Así como Jesús no tuvo reparos en extender su compasión hacia aquella mujer atormentada, tampoco tuvo reparos en exponer públicamente la verdadera naturaleza del líder religioso, a quien categóricamente llamó «Hipócrita» (v.15).

En los tiempos y contextos que nos han tocado vivir, quienes pertenecemos a comunidades religiosas (iglesias) corremos el riesgo de actuar de la misma manera que el liderato de las comunidades religiosas (sinagogas) de los tiempos de Jesús. La proliferación de un fervor religioso que privilegia los dogmas y tradiciones por encima de la dignidad y el bienestar de todas las personas es algo que peligrosamente nos va alejando del sentir compasivo de Jesús y nos va alineando con el fanatismo que fue rechazado por Jesús.  Si consentimos la humillación, el trato desigual, los atropellos, los pre
juicios, el discrimen y las injusticias hacia otros seres humanos por las razones que sean, tendríamos que estar dispuestos a enfrentarnos al Señor, que con el mismo arrojo que lo hizo en el pasado, en el presente nos volvería a decir: «Hipócritas». Queda de uno(a) decidir bajo cuál paradigma va a leer, interpretar y aplicar las Sagradas Escrituras a la vida: según el paradigma de las tradiciones y los fundamentalismos religiosos que mantienen al ser humano encorvado, o según el paradigma del Señor Jesucristo.

lunes, 6 de mayo de 2013

El final de La Biblia


Aquellas personas que hayan estado siguiendo mis homilías y presentaciones durante la temporada de pascua de resurrección (ya sea en vivo en la Primera IglesiaPresbiteriana Hispana o a través de la internet), han sido expuestas sistemáticamente a reflexiones y pensamientos sobre el libro del Apocalipsis de Juan. El domingo pasado prediqué el último sermón de esta serie titulado «La ciudad de Dios».

El próximo domingo no predicaré sobre el Apocalipsis, sin embargo a manera de ejercicio de reflexión tomé un rato durante el día para leer el último capítulo del libro. Más allá de las descripciones utópicas de la nueva Jerusalén (por cierto, no se trata de lo que hoy conocemos como Jerusalén), y de las exhortaciones para prepararse para el regreso de Jesucristo, lo que cautivó mi atención fue el último verso de este capítulo: «Que la gracia del Señor Jesús sea con todos. Amén.» (22.21). Durante semanas he estado compartiendo, enseñando y exponiendo que, mientras el cine, la literatura y muchos religiosos promueven entendimientos que fluctúan entre la fantasía y el miedo, el mensaje del Apocalipsis es un mensaje de esperanza. Por ello me ha conmovido tanto este verso final. Tanta gente a través de las edades se ha enfocado, por un lado, en especular sobre los significados del lenguaje simbólico del libro, y por el otro, en acentuar de manera literal los anuncios de calamidades y terrores, sin embargo, el último verso del Apocalipsis – y por ende, el final de La Biblia – es un pronunciamiento de bendición y no de juicio. Se trata de una palabra de bondad, una expresión compasiva, una afirmación restauradora, una declaración de amor: «Que la gracia del Señor Jesús sea con todos. Amén.» La última palabra nos recuerda que por encima del juicio (o los juicios) está la compasión y por encima de la condenación, está el amor.

Nunca deja de perturbarme y entristecerme la rapidez con la que muchas personas identificadas con la fe cristiana están siempre dispuestas a juzgar a los demás y a etiquetarles como reos del infierno, atribuyéndose el lugar de juez del universo – un lugar que sólo le corresponde al Todopoderoso. Se ofuscan en catalogar los “pecados” de otros pasando por alto los propios. Se adjudican una vocación a la que Dios nunca les llamó, pues la vocación del cristiano(a) es proclamar el Evangelio, y «Evangelio» quiere decir «buena noticia». «Gracia» es lo que no merecemos, pero aún así Dios lo concede. «Gracia» es el favor inmerecido de Dios. «Gracia» es el amor de Dios que se derrama cual torrente de misericordia sobre nosotros(as) pecadores(as). Solo hay uno que se llama «Alfa y Omega», es decir, sólo hay uno con el poder de empezarlo todo y darlo todo por terminado. No caigamos en la arrogancia religiosa que pretende usurpar el poder del Eterno. Al contrario, que nuestras vidas sean sobrecogidas por un sentido de humildad y compasión. «Que la gracia del Señor Jesús sea con todos. Amén».

viernes, 5 de abril de 2013

La sangre de tus enemigos

Haciendo mis lecturas devocionales recientemente me topé con esta expresión en los vv. 22-23 del Salmo 68:
El Señor ha dicho: «Yo te haré volver de Basán. Te haré volver de las profundidades del mar. ¡Tus pies y la lengua de tus perros se teñirán con la sangre de tus enemigos!»”
La imagen mental es aterradora, un baño de sangre producto de la retribución y venganza. Lo más perturbador es que dicha expresión se atribuye a la boca del Señor: «El Señor ha dicho...» La imagen mental se asemeja a cualquier escena de la serie televisiva «Spartacus» o la película «300».

Esto es sólo un ejemplo del porqué insisto en que las Sagradas Escrituras (Hebreas, Cristianas o de cualquier otra religión) tienen que ser leídas con conciencia histórica y con las herramientas de la crítica literaria. Mi continuo recordatorio para quienes leen textos sagrados: ¡contexto! ¡contexto! ¡contexto! Por leer textos fuera de sus contextos y fuera de una conciencia histórico-crítica, a través de los años se han cometido grandes injusticias y atrocidades en nombre de Dios. Desde una perspectiva cristiana, la historia es testigo de tiempos en los que la iglesia persiguió a la comunidad científica, tiempos en los que emprendieron guerras, tiempos en los que se avaló la institución de la esclavitud, tiempos en los que se fomentó la desigualdad de género afirmando la supremacía masculina...

Tristemente, en pleno Siglo 21, a pesar de todas las herramientas y adelantos que tenemos en las ciencias bíblicas, gran parte de la iglesia cristiana sigue leyendo y aplicando los textos sagrados de forma literal-selectiva, con los mismos métodos/estilos que tanto daño han hecho a través de los siglos... y todavía siguen haciendo daño. Por ejemplo, acostumbran citar, textos del libro de Levítico (particularmente los capítulos 18-20) contra las personas homosexuales, mientras pasan por alto otras prohibiciones y leyes allí contenidas, como la de no utilizar vestidos con hilos mezclados (19.19), no comer nada con sangre (19.26, olvídense de las morcillas o de la carne que no esté bien cocida o “well done”), no hacerse trenzas ni cortarse la punta de la barba (19.27), o aplicar la pena de muerte a quien maldiga a su padre/madre (20.9) o a quienes cometan adulterio (20.10).

¿El punto? El fundamentalismo - puro o selectivo - difícilmente es una manera saludable de leer las Escrituras. El tomar pasajes pasando por alto su género y su contexto a la larga nos acorrala en incongruencias, alegorizaciones y errores que, lejos de ayudar a crecer la fe, lo que hacen es debilitarla y aprisionarla en la superficialidad.


En la fe cristiana debemos leer las Escrituras desde el ejemplo que encontramos en la vida (enseñanzas y acciones) de Jesucristo, que se atrevió a cuestionar tradiciones que privilegiaban los dogmas por encima de la integridad y dignidad de la persona, y se atrevió a cuestionar lecturas e interpretaciones cuyo fundamento no fuese la práctica del amor y la caridad. Jesucristo corrigió la imagen de un Dios vengativo y obsesionado con reglas, tradicionalismos y rituales de "pureza".  Jesucristo corrigió el concepto de un Dios guerrero que se goza en la matanza y exterminación de los "enemigos".  Jesucristo nos enseñó y demostró la esencia de Dios que no es otra cosa que el amor y el perdón, aún a los llamados "enemigos". Los antiguos se enfocaban en la expresión : «
Ustedes deben ser santos porque yo, el Señor su Dios, soy santo» (Levítico 19.2). Jesucristo redefinió el enfoque «sean compasivos, como también su Padre es compasivo» (Lucas 6.36).

Aquí les comparto enlaces a otros artículos y comentarios previos, relacionados con el tema de la lectura e interpretación de las Escrituras:

Leyendo las Escrituras Sagradas
En un púlpito responsable
Nota aclaratoria sobre La Biblia
Violencia Sagrada
Bibliolatría

Que nuestra lectura de las Escrituras sea para bendecir, y no para dañar.

domingo, 24 de marzo de 2013

Domingo de Ramos... no todo es lo que aparenta ser

Hoy la Iglesia cristiana celebra lo que tradicionalmente se conoce como "la entrada triunfal" de Jesucristo en Jerusalén. Este episodio también es conocido como "domingo de ramos" o "domingo de palmas" en referencia a las ramas o palmas que la gente agitaba como señal de júbilo mientras Jesús iba pasando. Razones que van más allá el alcance de este breve ensayo me han llevado en el pasado a cuestionar la adecuacidad del título "entrada triunfal" para este importante acontecimiento.

Aquellas iglesias cristianas que siguen el leccionario común habrán leído la versión del relato que aparece en el Evangelio Según Lucas la cual se encuentra en el capitulo 19, versos 28 al 40.  No obstante, cuando se lee algún relato bíblico, es importante observar dónde se ubica en la línea narrativa, particularmente si se trata de un relato que también aparece en otros escritos similares, como es el caso de los Evangelios.  Nuestra lectura se enriquece cuando consideramos los contextos más amplios.  En el caso que aquí nos concierne, el capítulo 19 de Lucas incluye una interesante narración en la que un cobrador de impuestos (conocido y despreciado por su ética cuestionable) es transformado radicalmente por su encuentro con Jesucristo y por el trato que de él recibió.  Luego presenta a Jesús contando una parábola en la que un rey pide cuentas a los súbditos por la utilización de los recursos que dejó a su cuidado.  Concluye esta historia con las siguientes palabras del rey: «en cuanto a mis enemigos, los que no querían que yo fuera su rey, ¡tráiganlos y decapítenlos delante de mí!» (19.27).  Estas palabras resultan perturbadoras, tomando en consideración lo que se narra a continuación: la llegada de Jesús a la ciudad de Jerusalén -cosa que desembocó en confrontaciones con las autoridades civiles y religiosas y le costó a Jesús la vida, a manos de aquellos que no lo querían como rey.

El episodio es conocido: particularmente desde un entendimiento popular formado por una síntesis de las diferentes versiones de los Evangelios.  En el Ev. Lucas no hay palmas ni ramos, hay mantos tendidos en el camino y alabanzas en boca del grupo de discípulos de Jesús (19.36-38). Entre los presentes habían fariseos que pedían a Jesús silenciar a los discípulos, cosa que éste rechazó hacer.

A través de los años he escuchado innumerables sermones y reflexiones sobre el tema de la adoración a Dios, tomando como fundamento el contenido de esta narración.  Algunas de las reflexiones me han resultado muy inspiradoras, no obstante, pasan por alto el sentido de lo que allí se está narrando.  Para tener el cuadro completo que nos pinta el Ev. Lucas, es indispensable observar el resto del capítulo 19. Se indica que cuando Jesús llegó cerca de la ciudad lloró y lamentó diciendo: «¡Ah, si por lo menos hoy pudieras saber lo que te puede traer paz! Pero eso ahora está oculto a tus ojos. Porque van a venir sobre ti días, cuando tus enemigos levantarán un cerco a tu alrededor, y te sitiarán. Y te destruirán por completo, a ti y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, por cuanto no te diste cuenta del momento en que Dios vino a visitarte.» (19.42-44). La historia de la entrada "triunfal" de Jesús resulta ser una historia de rechazo a Jesús y las terribles implicaciones de no acoger su reinado de paz.  Décadas más tarde Jerusalén sería devastada como resultado de concepciones mesiánicas bélicas y políticas militares.

Ahora bien, el relato del Ev. Lucas no culmina ahí.  Luego de su llanto por la ciudad, Jesús entró en el templo y comenzó a desalojar a los comerciantes que ya formaban parte de la religiosidad de Israel: Les decía: «Escrito está: “Mi casa es casa de oración.” ¡Pero ustedes han hecho de ella una cueva de ladrones!» (19.46). La prédica, la enseñanza y la práctica de Jesús era un duro golpe a los poderes políticos, económicos y religiosos de su tiempo... y del nuestro.  El Ev. Lucas nos deja saber que su enseñanza llevó a «los principales sacerdotes, los escribas y los principales del pueblo» a querer matarlo (19.47). Tan radicales fueron sus puntos de vista que provocaron una conspiración multisectorial para silenciarlo.

Hoy Jesús no puede ser asesinado físicamente.  Así que su mensaje es confrontado de otras maneras sutiles.  La radicalidad de su mensaje queda domesticada al punto de que somos entretenidos por una espiritualidad que divorcia la fe de la búsqueda de paz, dignidad y bienestar integral para todas las personas, indistintamente de su etnia, género, religión, sexualidad, educación, salud, nivel económico y social, o cualquier otra condición humana. Sus enseñanzas son adormecidas por una religiosidad individualista y desencarnada, enfocada en la piedad personal y en "el más allá" mientras en "el más acá" la violencia está rampante y la injusticia es ya una institución. Mientras bendecimos a Jesucristo como rey, nos hacemos de la vista larga ante lo que a Jesucristo realmente le importa.  El Domingo de Ramos, lejos de sumergirnos en prácticas cúlticas triunfalistas, nos debiese invitar a considerar la incongruencia de decir que amamos a Dios, a la vez que no amamos al prójimo. Si Jesucristo estuviera físicamente entre nosotros, tal vez se detendría al ver nuestras ciudades, nuestras comunidades, ¡y nuestras iglesias!, y volvería a llorar...

lunes, 18 de marzo de 2013

Para su bien

(c) Chris Peters 2009
No se trataba de un viaje para vacacionar.  Se trataba de una deportación, la medida que solían utilizar los imperios antiguos para la asimilación de las tierras conquistadas.  En este caso, Nabucodonozor, el rey de Babilonia, había deportado habitantes de Judá para hacer lo propio.  Lejos de su tierra, en un lugar extraño, con el dolor de haber visto su amada ciudad en ruinas, con el templo de Jerusalén - símbolo de la presencia divina - hecho pedazos... difícilmente sean condiciones que se puedan considerar como gratas o propicias.  Toda aquella persona que haya tenido que dejar su lugar de origen en circunstancias imprevistas conoce la sensación de vacío y luto que en momentos dados puede monopolizar el estado de ánimo.

Las Escrituras de Israel contienen muchas reflexiones sobre lo acontecido en el tiempo de la deportación a Babilonia.  El pensamiento teológico fue particularmente fecundo durante dicho periodo. ¿Por qué ocurrió? ¿Dónde estaba Dios? ¿Castigo? ¿Prueba? ¿Consecuencia? Estas y muchas otras preguntas inundaron la mente del pueblo exiliado.  Las respuestas fueron igualmente diversas.  Lo cierto es que las experiencias humanas son tan complejas que no se pueden (ni se deben) encerrar en conceptos estrechos y simplistas. La mayor parte de la vida se compone de tonalidades grises: no todo es blanco o negro.

Una de esas reflexiones de Israel, contenidas en los escritos de Jeremías, llamó mucho mi atención al leerla recientemente.  El texto en cuestión es parte de un discurso profético a los deportados:
«Como a estos higos buenos, así miraré a los deportados de Judá, a los cuáles eché de este lugar a la tierra de los caldeos, para su bien» (Jeremías 24.5 RV95).
No pretendo de ninguna manera hacer una declaración categórica que identifique como "bueno" todo lo "malo" que nos ocurre en la vida.  Hacer eso sería rayar en arrogancia de frente a la complejidad de las dinámicas existenciales.  No obstante, la expresión profética en este pasaje bíblico, reta mi razonamiento: es una invitación a hacer la paz con el hecho de que ocurren cosas inesperadas, desagradables, lamentables, dolorosas y tristes (la lista de adjetivos puede ser mucho más extensa).  Pero esas circunstancias muy bien pudiesen convertirse en experiencias de aprendizaje, e incluso, en experiencias de bendición (por absurdo que esto le pueda parecer al "sentido común").

En una reflexión similar, el apóstol Pablo escribió que a quienes «aman a Dios, todas las cosas los ayudan a bien» (Romanos 8.28 RV95).  No significa esto que todas las cosas salen bien, sino que «cooperan para el bien de...», como reza otra traducción del texto.  Si la experiencia que se enfrenta, ayuda a uno a ser más fuerte, más resistente, más empático, más humilde, más solidario, más integro... se puede entonces ver esa experiencia desde la óptica planteada por Jeremías.  El reto que enfrentamos de cara a las contrariedades de la vida, es que en lugar de fragmentar nuestro carácter, las experiencias nos lleven a madurar y ser mejores seres humanos.  El acero se forja entre altas temperaturas y fuertes golpes.

Que el Eterno nos conceda paz interior en nuestros respectivos procesos.  Amén.

martes, 5 de marzo de 2013

El cáncer no es juicio divino


«No te alegres cuando caiga tu enemigo; que no se alegre tu corazón cuando él tropiece...» --Proverbios 24.17

Son apenas las cinco y pico del 5 de marzo de 2013.  Me encuentro en la oficina pastoral cuando recibo la noticia de la muerte del presidente de Venezuela, Hugo Chávez.  No soy partidario de Chávez, ni tampoco detractor.  Esas opiniones le pertenecen al pueblo venezolano, de entre quienes tengo amistades que le admiran y amistades que le detestan. Mis expresiones aquí no vienen por la perspectiva política, sino por la perspectiva teológica.

Hoy vuelvo a ver lo que hace dos años observé cuando se anunció el asesinado de Osama Bin Laden: personas que con fervor afirman su lealtad al cristianismo a la misma vez que celebran con alegría y entusiasmo la muerte de otro ser humano (aunque sus acciones hayan sido "despreciables"). Hermanas y hermanos cristianos anunciando que la muerte del individuo en cuestión es un "juicio de Dios".

De todo corazón hago una invitación a la prudencia.  Detrás de cada persona que muere, hay una familia, una comunidad, una humanidad.  Hoy, como hace años, recuerdo el dolor que sentí la primera vez que escuché el diagnóstico médico del padecimiento de mi madre.  Como hijo que soy de una persona afectada por el cáncer, no puedo evitar repulsión por el tipo de juicio visceral que algunos "cristianos" anuncian a viva voz.  No olvidemos que aquel que para algunos es un héroe y para otros es un sociópata, para sus hij@s es "papá".

Aquell@s que reclamamos ser seguidores de Jesucristo, debemos recordar que Jesucristo es el modelo que debemos buscar emular.  Claro está, en muchos relatos bíblicos encontraremos personajes celebrando la muerte y el destino fatal de algún "enemigo" (como se observa en múltiples Salmos y otros escritos veterotestamentarios). No obstante, Jesucristo como paradigma humano tiene preminencia sobre cualquier otro modelo.  Aquel que colgado en una cruz, víctima de una ejecución atroz, perdonó a sus verdugos, es el que reclama que nos esforcemos en hacer lo mismo.  Las cintas rosadas colocadas en nuestros pechos en "apoyo" a las víctimas de cáncer, sólo serán un adorno vano y simplista si no estamos dispuestos a reconocer la dignidad humana básica de todas las víctimas de esta enfermedad mortal.  Algún día el cáncer puede tocar la puerta de nuestro hogar, quizás nos corresponda incluso enfrentarlo en carne propia. ¿Nos gustaría ver a otras personas alegrarse por ello?

A tod@s los venezolan@s, un abrazo solidario, y mis ruegos por la paz de su País en los momentos complejos que se avecinan. La gracia divina sea con ustedes. La gracia divina sea con tod@s.