domingo, 15 de diciembre de 2013

Si la iglesia fuera cristiana


Recién terminé de leer un libro que me ha estado acompañando durante varias semanas. De entrada su título es intrigante: "If the church were Christian" (Si la iglesia fuera cristiana). El título en sí mismo encierra una invitación a pensar y repensar. ¿Acaso la iglesia NO es cristiana? Se supone que por definición la iglesia ES cristiana, ¿o no?

El autor, Philip Gulley, es un ministro de tradición cuáquera, el cual nos narra su jornada de maduración en el pensamiento y la fe cristiana a la vez que va confrontando a la iglesia con lo mucho que el cristianismo se ha distanciado de Cristo. Dedica cada capítulo a explicar y comentar las aseveraciones que se enumeran a continuación.

Si la iglesia fuera cristiana… Jesús sería más su modelo de vida que su objeto de adoración.

Si la iglesia fuera cristiana… afirmar nuestro potencial sería más importante que condenar nuestros quebrantamientos.

Si la iglesia fuera cristiana… la reconciliación sería más valorada que el juicio.

Si la iglesia fuera cristiana… el actuar con gracia sería más importante que poseer la doctrina correcta.

Si la iglesia fuera cristiana… invitar preguntas sería más apreciado que proveer contestaciones.

Si la iglesia fuera cristiana… alentar la exploración personal sería más importante que la uniformidad comunal.

Si la iglesia fuera cristiana… suplir necesidades sería más importante que mantener instituciones.

Si la iglesia fuera cristiana… la paz sería más importante que el poder.

Si la iglesia fuera cristiana… se ocuparía más del amor y menos del sexo.

Si la iglesia fuera cristiana… esta vida sería más importante que la vida del más allá.

Tengo que advertir que a los herman@s cristianos que viven aferrados a sus ortodoxias, dogmas, y tradiciones inquebrantables, la lectura de este libro puede resultar perturbadora. Aun así les insto a que lo lean completo. Nadie tiene que concordar totalmente con sus planteamientos para sacar provecho de la lectura que ciertamente nos llevará a reconsiderar las maneras en que somos iglesia. La lectura provoca inquietud, molestia, ira, vergüenza, indignación ... curiosamente esas mismas reacciones provocaban los discursos de Jesucristo a los religiosos de su tiempo. La pregunta que cada lector o lectora tendría que meditar es "¿Queremos parecernos a Jesús, o preferimos parecernos a los religiosos que lo resistieron?"

Me parece que el libro provee al lector y la lectora herramientas para moverse de una fe rudimentaria al cultivo de una fe madura, que se esfuerza diariamente por aprender y por servir.

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