lunes, 29 de diciembre de 2014

Un año que viene y otro que se va

"Traigo un ramillete, 
traigo un ramillete
de un lindo rosal
un año que viene
y otro que se va..."
(Cantar navideño tradicional en Puerto Rico)

Ya estamos en ese tiempo en que el año se va echando a un lado para abrir paso a otro nuevo año: "Un año que viene y otro que se va".  La temporada trae gratos recuerdos a mi mente, como las bromas que mi abuelo materno solía jugar.  En cualquier momento mi abuelo decía "¡Mira allí por donde va!"  Yo preguntaba "¿Quién?", y él contestaba "El año viejo". Recuerdo también que era muy común en los periódicos de mi tierra publicar caricaturas ilustrando al nuevo año como un bebé recién nacido, a la vez que ilustraban al año que culminaba como un anciano en decadencia.

Durante estos días, como es de costumbre, entre amistades, familiares y, aún desconocidos, se cruza constantemente la frase "Que el nuevo año te traiga ____________ prosperidad/salud/cosas buenas (llene el blanco con lo que mejor crea)".  Les comparto que por un lado me llena de alegría intercambiar (ofrecer y recibir) buenos deseos, pero por otro lado no puedo evitar pensar y repensar lo que se está diciendo.  Tengo esa inclinación a - como se decía en mi tierra - "buscarle cinco patas al gato".  Desde muy joven recuerdo sentir cierta incomodidad con ese tipo de expresiones: "El año tal fue bueno", o "el año cual fue malo".  El año no es más que una manera relativa de medir el tiempo que pasa. El año sirve como referente a lo que se convertirá en gratos recuerdos o amargas memorias.  El año no "trae" cosas buenas ni malas, el año no "trae" ni "se lleva" a nadie.  A riesgo de sonar "aguafiestas" hago una invitación a que consideremos las expresiones que hacemos.  Lo que vendrá, vendrá.  Lo que dejará de ser, dejará de ser.  Sencillamente, como planteara Víctor Frankl, no tenemos el control sobre lo que acontece, pero si podemos decidir cómo reaccionar y hacer frente a lo que acontece.

Por ello, querido lector(a), no ruego que "el año nuevo te traiga" nada, sino que elevo mis plegarias a la Providencia Divina para que tengas las herramientas, las fuerzas, las esperanzas para lidiar con los retos que llegarán a tu vida:

---Que en medio de cada tormenta, puedas encontrar paz, y en medio de cada alegría puedas hallar inspiración.

---Que aprendas lecciones útiles, tanto en tus aciertos como en tus desaciertos.

---Que tus lágrimas encuentren alivio en el Espíritu Consolador y tus risas sirvan para animar a otras personas.

---Que tus heridas cicatricen y puedas dejar atrás rencores y amarguras.

---Que con el pasar del tiempo seas más humano(a), más cálido(a), más compasivo(a), más sensible.

---Que aprendas a valorar más y a cultivar la espiritualidad en relación con Dios, con el prójimo, contigo, y con la naturaleza.

---Que tus acciones y palabras tengan tan buen efecto que lleven a otras personas a sentirse agradecidas sólo porque existes.  En fin,

«¡Que el Señor te bendiga, y te cuide!
¡Que el Señor haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia!
¡Que el Señor alce su rostro sobre ti, y ponga en ti paz!» (Números 6.24-26 RVC)

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Dios te ha concedido su gracia

Olivia Hussey interpretando a María en "Jesus of Nazaret" (1977)
(Una reflexión inspirada en Lucas 1.26-38.)

En un sermón reciente indiqué que la época previa a la celebración de la Navidad me produce sentimientos de tristeza. En esta ocasión elaboraré un poco más el por qué de mis sentimientos de incomodidad.  La temporada festiva en nuestra sociedad es una constante contradicción. Veamos...

(1) La Navidad, propiamente como estación litúrgica en el calendario cristiano comienza el 25 de diciembre y se extiende hasta la fiesta de la Epifanía el 6 de enero. No obstante se hace difícil celebrar plenamente la temporada de Adviento cuando el comercio nos lanza su versión de la navidad aún antes de celebrar el “Día de Acción de Gracias” (“Thanskgiving”).

(2) Se supone que la Navidad celebra el nacimiento del ser humano más humilde, sin embargo se celebra actualmente en medio de una inundación de gran opulencia, excesos y frivolidad (si tiene usted alguna duda de esto, de un paseo por cualquier centro comercial en la zona).

(3) La Navidad se ha contaminado con los cuentos mágicos de un personaje mítico del Polo Norte cuyas distorsiones del siglo 20 distan mucho de la historia del obispo griego del Siglo 4 conocido como “San Nicolás”. Actualmente es más fácil relacionar la navidad con el Santa Clós popularizado por la canción de los años 30, “Santa Claus is coming to town”, que con el hijo de una madre soltera en Belén...  En esa misma dirección se puede observar tanta película navideña cuyo mensaje típico es: I BELIEVE (pero no en Cristo, sino …) IN THE MAGIC OF CHRISTMAS …

(4) Jesús representa paz, incluso se le llama “Príncipe de paz”... pero nosotros glorificamos el negocio/industria de la guerra: → no hemos parado de estar en guerra en más de una década; → tenemos sobre 900 bases militares en 130 países alrededor del mundo; → nuestro presupuesto bélico supera el presupuesto de educación y salud...  «Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios» (Mt 5.9).

(5)  Romantizamos tanto los dos relatos de la natividad (de Mateo y Lucas) que nos cuesta trabajo entender el horror de las condiciones en que ocurrió el nacimiento de Jesús, según el testimonio que encontramos en los escritos sagrados.  Tenemos tantas capas de tradición y superstición en la mente que se nos hace difícil ver y comprender lo que según los textos, estaba ocurriendo allí.

(6) Más aún, tendemos a pasar por alto el hecho de que ambos relatos sobre el nacimiento de Jesús, son narraciones que apuntan hacia el tema de la gracia divina obrando en la cotidianidad y aún en la “bajeza” humana.

Aquí consideramos una porción del extenso relato del nacimiento de Jesucristo contenido en el Evangelio Según Lucas, específicamente lo relacionado al anuncio de tan inusual nacimiento.  Esta porción de la narración enfoca en María, la que se convertiría en madre de Jesús.  Es interesante observar a María en relación con otros personajes de los relatos del nacimiento y la infancia de Jesús en Lucas.  El capítulo 1 comienza hablando de Zacarías y Elisabet, los padres de Juan. Sobre ellos la narración nos hace consientes de su estatus social y religioso.  Zacarías era un sacerdote, con acceso a un lugar “santo” al que el resto del pueblo no podía entrar. Sobre Zacarías y su esposa Elisabet el texto también establece su linaje familiar (1.5).  Más aún, son descritos como personas ejemplares: «Ambos eran íntegros delante de Dios y obedecían de manera irreprensible todos los mandamientos y ordenanzas del Señor» (1.6).  Más adelante en el capítulo 2 encontraremos a dos personas ancianas de edad avanzada a quienes el texto se encarga de describir como personas de gran piedad: Simeón, «justo y piadoso», y Ana, la «profetiza» (2.21-38). En la narración de Lucas, aunque no veremos a José asumiendo un papel “protagónico”, la narración acentúa su linaje social/religioso: «un hombre descendiente de David» (1.27).  A María no se le identifica ni se le describe con virtudes de carácter social, ni religioso.  Ni siquiera se indica nada sobre su procedencia familiar.  María simplemente es identificada como «una virgen que estaba comprometida con José...» (1.27).  A la luz de la mentalidad y la cultura de su época, quien viese a María caminando por ahí no pensaría en ella como un ser de gran prominencia, perteneciente a las clases sacerdotales o a la realeza.  Se trataba de una adolescente (prácticamente una niña), pobre, vulnerable, cuyo único mérito en su sociedad sería pertenecer a algún hombre y darle hijos.

A esa jovencita, se le presentó un enviado de Dios a darle un anuncio asombroso, algo que alguien como ella jamás imaginaría ni esperaría escuchar.  Como parte del mensaje divino, el ángel le ofreció las siguientes palabras: «María, no temas. Dios te ha concedido su gracia» (1.30).  Mencionaba hace un momento que los relatos de la natividad son historias que dan testimonio de la gracia divina.  Por eso quiero llamar nuestra atención a esas palabras: «no temas. Dios te ha concedido su gracia».  Observemos bien: «Dios te ha concedido», es decir, Dios te ha otorgado, regalado, obsequiado... no se trata de algo merecido, comprado ni ganado.  Así es la gracia de Dios...

A través de los tiempos los seres humanos en la práctica hemos insistido en que el amor divino es algo que se tiene que merecer, vemos el favor divino como un producto que se puede adquirir cumpliendo ciertos requisitos o llevando a cabo ciertas acciones.  No obstante, el Dios que se manifiesta en las Escrituras actúa siempre primero, buscando al ser humano alcanzándole, acercándose, viniendo a su encuentro, redimiéndole, perdonándole, abrazándole, extendiéndole su misericordia, amándole incondicionalmente...  Por eso es tan importante reconocer las implicaciones de esas palabras: «no temas. Dios te ha concedido su gracia».  Eso es evangelio, eso es buena noticia, sobre todo cuando entendemos que María, aquella muchachita de Nazaret, no es la única hacia quien van dirigidas esas palabras.  La gracia divina no es para una sola persona, ni para una sola comunidad, ni para una sola nación, el evangelio es tan poderoso que no se ciñe a las restricciones que unos pocos pretendan imponerles, el evangelio es para todas y todos más allá del origen, más allá del linaje, más allá de la religión, más allá del poder económico o político, más allá de las virtudes o ausencia de ellas, la buena noticia de Dios en Jesucristo se proclama desde el anuncio de su llegada al mundo: «NO TEMAS, DIOS TE HA CONCEDIDO SU GRACIA».

Ahora la Escritura Sagrada nos extiende una invitación. Aquella jovencita llamada María nos enseña cómo responder ante el anuncio de la gracia divina: «Yo soy la sierva del Señor. ¡Cúmplase en mí lo que has dicho!» (1.38).  María, aún desde sus limitaciones, reconoció la grandeza de la gracia divina, y respondió entregándose de lleno al Señor, disponiéndose por completo a los designios de su voluntad.  De esta forma también debemos responder todas aquellas y aquellos que hemos recibido la noticia de la gracia/amor que Dios en Jesucristo nos concede.
Soli Deo Gloria.

viernes, 5 de diciembre de 2014

Why The Belhar Confession is Needed Here and Now

An open letter to Presbyterian Church (USA) [ruling and teaching] elders voting on the inclusion of The Belhar Confession in «The Book of Confessions»

At First Spanish Presbyterian Church in Miami we devoted seven weeks of Bible Study to analyze and discuss the Belhar Confession. At first it looked like a history class about something that happened far away from us, in South Africa, decades ago. Then, as we examined the document more closely, we began to see how pertinent the theological content of the Confession is to our context. While we were engaged in the study of the Confession the Ferguson tragedy exploded uncovering century-old wounds that have not healed in our society. As we continued our investigation and dialogue, lots of testimonies made evident that the evil of racism is alive and well among us...

I was born in the USA --not in the continental USA, but in a piece of land that the USA owns in the Caribbean sea. Therefore, I am an American, not an European-American, but a Puerto Rican-American. Since childhood I heard about something referred to as “American values”: freedom, equality, democracy, and so on. When I moved to the continental USA, I was shocked when I realized that even though our Declaration of Independence states that “all men are created equal”, in reality some are “more equal than others” --as George Orwell's Animal Farm accurately illustrates. I was also disappointed when I realized that white Hispanics also discriminate against other Hispanics with darker skin color. Racism is systemic. Racism is sinful. Racism is evil. Racism is hate. Enmity with one another is not God's desire for humanity. Love for one another is.

The Belhar Confession gives our denomination theological tools to help us in our efforts for justice, peace, and healing in a fragmented society, broken and wounded by all kinds of inequality. The Confession reminds us “that the church as the possession of God must stand where the Lord stands, namely against injustice and with the wronged”. It also reminds us that “God has entrusted the church with the message of reconciliation in and through Jesus Christ”. The church is called to shine Christ's light in the midst of darkness. May the church set an example that in Christ a different world is possible: the way of the Kingdom of God.

Soli Deo Gloria.

+++ RECURSOS EN ESPAÑOL +++

Descargar «La Confesión de Belhar» -traducción al español

Las grabaciones de las sesiones 2 a la 7 de nuestras presentaciones sobre el tema en la Primera Iglesia Presbiteriana Hispana en Miami, FL, pueden ser escuchadas en los siguientes enlaces:
Descargar la presentación «Racismo y segregación en nuestro contexto: "The Land of the Free"» -24 de septiembre de 2014 (Recurso para la Sesión 7)
 

martes, 2 de diciembre de 2014

¡Manténganse despiertos!

«En cuanto al día y la hora, nadie lo sabe, ni siquiera los ángeles en el cielo, ni el Hijo. Sólo el Padre lo sabe. Pero ustedes, presten atención y manténganse atentos, porque no saben cuándo llegará el momento …  Esto que les digo a ustedes, se lo digo a todos: ¡Manténganse despiertos!» (Marcos 13.32-33, 37 RVC)

La gente que vivió antes del nacimiento de Jesucristo había pasado varios siglos en expectativa.  Aquel pueblo tenía la esperanza de la llegada del mesías prometido en la literatura profética, pero cuando el mesías llegó, pasó desapercibido (excepto por unos pocos de los más humildes y pobres).  Las hijas y los hijos de Israel no estaban alerta.  Se encontraban sumergidos en medio de su complicada existencia colectiva: la ocupación imperial, la pobreza, las injusticias, las carencias, las enfermedades, los conflictos étnicos, las desigualdades sociales, la corrupción religiosa... en fin, males que acompañaban a la humanidad en la antigüedad (y que aún la siguen acompañando en sus diversas manifestaciones presentes).

Durante esta semana comenzamos la temporada de Adviento.  En este tiempo se recuerda la expectativa del antiguo pueblo de Dios por la llegada del mesías, a la vez que se afirma la expectativa de su regreso glorioso.  De este lado de la historia tenemos la ventaja del testimonio de quienes reconocieron su llegada en las tierras palestinas, quienes escucharon sus enseñanzas, vieron sus milagros, contemplaron el trato solidario hacia las personas más desventajadas, y presenciaron sus expresiones de perdón hacia sus verdugos. Más aún, contamos con el testimonio de quienes lo vieron y sintieron luego de vencer las cadenas del sepulcro.  No obstante, vivimos rutinas tan aceleradas, tan acosadas por las complicaciones propias de la convivencia humana y tan maltrechas por los golpes del camino, que pudiésemos estar tan desenfocados(as) como el pueblo que no percibió la llegada del mesías la primera vez.  Por ello la importancia de estar alertas, atentos(as) y despiertos(as). Que nuestras conciencias no se adormezcan en la autocomplacencia, ni que nuestro ser se despiste en los ahogos y ansiedades.

“El día ni la hora” nadie lo sabe. Por tal razón la temporada de Adviento nos recuerda la importancia de vivir cada día al máximo, esforzándonos continuamente por imitar los pasos del Señor Jesús.  «En gratitud a Dios, dinamizados por el Espíritu, nos esforzamos por servir a Cristo en nuestras tareas diarias y por vivir vidas santas y gozosas, mientras aguardamos el nuevo cielo y la nueva tierra de Dios, orando "¡Ven Señor Jesús!"» (Una Breve Declaración de Fe -IPEUA). Ya sea que él regrese, o que nos llame a su presencia, estemos listos(as) para el encuentro redentor.

Soli Deo Gloria.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Algunas consideraciones sobre el "Día de Acción de Gracias"

Ha llegado nuevamente la fecha en que celebramos «El Día de Acción de Gracias».  La narrativa “oficial” del "Mayflower", los peregrinos y los nativo-americanos ha sido releída desde perspectivas menos romantizadas que aquella que me enseñaron en la escuela primaria hace más de tres décadas.  Cuando se mira hacia ese pasado, hay que hacerlo con la contrición de los genocidios cometidos por la inmigración europea y sus conquistas en Las Américas.

No obstante, indistintamente de las diversas perspectivas sobre el pasado, el Día de Acción de Gracias es una celebración muy importante en nuestra cultura, tanto en el plano civil como en el plano religioso.  Muchas personas, según sus posibilidades, suelen viajar largas distancias para compartir con sus familiares y disfrutar el tradicional menú.  Es una linda oportunidad para reconectarse con seres queridos y tomar tiempo para la reflexión colectiva.  De cara a esta especial ocasión quisiese acentuar la importancia de que nuestras celebraciones se llevan a cabo de forma sobria y consciente.

En primer lugar, debemos cuidarnos de que el Día de Acción de Gracias no se convierta en “el día del pavo”, ni en la víspera del “Black Friday”.  Recordemos con solidaridad a tantas y tantos que no pueden compartir con sus familias por tener que trabajar al servicio de los imperios del consumo. Incluso, ya hay analistas refiriéndose a esta práctica como “Black Thursday”. (Pulse AQUI para un análisis del fenómeno desde perspectivas económicas)

En segundo lugar, debemos evitar que nuestras celebraciones se conviertan en ejercicios de autogratificación y autojustificación. En este tiempo suelen manifestarse expresiones como “sé agradecido(a), pues puedes ver mientras otros(as) carecen de la vista, tienes movimiento mientras otros(as) se encuentran paralíticos(as), tienes una casa mientras hay tantos que no cuentan con un techo para resguardarse...” y cosas por el estilo.  Aunque la invitación a apreciar lo que se tiene puede ser bien intencionada, la implicación de esas expresiones es horrenda: sentir gratificación al comparar las posesiones propias con las carencias de otras personas.

En tercer lugar, debemos evitar echar nuestra responsabilidad colectiva a Dios...  ¡Qué muchas veces, frente a mesas repletas de alimentos que no se va a consumir, se pronuncian oraciones con la clichosa: frase “Dios, provee para quienes que no tienen”! De esta manera terminamos desentendiéndonos de la inequidad y la injusticia social pues, a fin de cuentas, le estamos pidiendo a Dios que se ocupe del problema.

En cuarto lugar, debemos cuidarnos de enfocar el asunto de la gratitud en “cosas” y no en “esencias”.  Debemos hacer la transición del “tener” al “ser”, movernos de una vida orientada hacia sí misma e indolente ante las necesidades ajenas a una vida compasiva, desprendida y solidaria, evolucionar del “yo” al “nosotros(as)”. Observemos que la oración modelo no dice “dame hoy mi pan diario”, sino “danos hoy nuestro pan diario”.

Por último, estimado lector(a), te invito a considerar una invitación que año tras año sigo planteando en diversos medios: Sé tú la razón por la que otras personas se sientan agradecidas.

Soli Deo Gloria.

martes, 25 de noviembre de 2014

Y nadie se la va a quitar

Martha and Mary by He Qi Chin
«Marta tenía una hermana llamada María, la cual se sentó a los pies de Jesús para escuchar lo que él decía.» Lucas 10.39

Cuenta el Evangelio Según Lucas (10.38-41) un episodio en el ministerio de Jesús en el cual se involucran dos mujeres, Marta y su hermana María.  Indica el texto que Marta hospedó a Jesús en su casa y se quejó con Jesús de que su hermana María la estaba dejando sola con todo el trabajo doméstico. Para la cristiandad esta es una historia conocida, enseñada desde la escuela bíblica dominical a la niñez y proclamada en múltiples sermones y conferencias.  Casi siempre el enfoque de las interpretaciones y aplicaciones que se dan a este pasaje implica el contraponer el exceso de trabajo vs. tomar tiempo para cultivar la espiritualidad.  Usualmente se tiende a pasar por alto un hecho de suma importancia: ambas son mujeres...

La narración indica que Jesús pronunció una felicitación: «María ha escogido la mejor parte, y nadie se la va a quitar» (v. 42). Esto tiene grandes implicaciones.  En medio de la sociedad patriarcal de la cultura mediterránea del Primer Siglo E.C., Jesús elogia a una mujer por asumir un rol que estaba reservado para los hombres. Jesús no trata a María como inferior, la ve como discípula y afirma su acceso al mismo derecho de los hombres.

Esta narración bíblica cobra singular pertinencia al observar el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer (25 de noviembre).  Las Naciones Unidas nos recuerdan que, en pleno Siglo 21,
1 de cada 3 mujeres ha soportado violencia física o sexual, principalmente por un compañero sentimental; cerca de 120 millones de niñas han sufrido el coito forzado u otro tipo de relaciones sexuales forzadas en algún momento de sus vidas; y 133 millones de mujeres y niñas se han visto sometidas a la mutilación genital femenina... (Más información aquí y aquí)
Si bien es cierto que en los textos sagrados se refleja la influencia de las culturas patriarcales y machistas que los produjeron, también es cierto que entre esos textos surgen testimonios que nos llaman a repensar los constructos sociales y señalan hacia la posibilidad de un mundo diferente y mejor.  El episodio de Marta, María y Jesús es una de esas voces que se levantan para crear conciencia desde la fe.  Desde esa conciencia es imprescindible que todos(as) trabajemos por afirmar la dignidad humana de cada niña y cada mujer – en un mundo donde no sufran más violencia física, sexual ni psicológica, un mundo donde nadie intente quitarles la parte que por derecho les corresponde: una vida plena.

Soli Deo Gloria.

jueves, 13 de noviembre de 2014

Un hombre tenía dos hijos

"The Return of the Prodigal Son"
Rembrandt c.1669
Quiero compartir aquí algunas reflexiones, producto de la lectura y relectura de una de las narraciones más conocidas en el Evangelio Según Lucas, esa que tradicionalmente titulan “Parábola del hijo pródigo”. No pretendo en este espacio hacer un análisis minucioso y detallado, simplemente quiero acentuar algunas consideraciones. Pero, antes de continuar leyendo estas notas, les invito a tomar unos minutos y leer el pasaje de Lucas 15.1-2, 11-32.

Este es el tercero de varios relatos que, según Lucas, Jesús pronunció en respuesta ciertas críticas y murmuraciones que hicieron los religiosos de su tiempo. Sobre ello comentaré adelante. El enfoque tradicional de esta narración reside en el hijo que tomó su herencia (aún cuando su padre vivía), se fue de la casa, malgastó lo que tenía, se ve en gran necesidad, recapacita y regresa. Esa parte de la trama ha sido expuesta hasta la saciedad en sermones, pláticas y estudios bíblicos en la cristiandad, de ahí que se le llame “parábola del hijo pródigo”. Sobre esa parte sólo quiero llamar nuestra atención a un detalle: el hijo había planificado el discurso que daría a su papá al regresar, pero cuando llegó el momento de pronunciar su discurso, el papá no le permitió terminarlo, sino que dio instrucciones a sus sirvientes para la restauración de su hijo y de una vez iniciar los preparativos para una gran fiesta. La imagen que plasma la narrativa es muy conmovedora, evidencia que el padre lo había perdonado en su corazón sin necesidad de discursos. Así de poderosa es la compasión divina.

Ahora bien, la segunda parte de la trama es la que suele ser pasada por alto, o simplemente no recibe la atención que debiera. Debemos observar que Jesús comenzó su narración diciendo: «Un hombre tenía dos hijos...» (15.11). De manera que cuando nos enfocamos en lo acontecido con el hijo menor estamos dejando el relato inconcluso. La narración no está completa hasta que consideremos la escena relacionada con el hijo mayor. La trama indica que, al enterarse de lo acontecido, el hermano mayor se enojó tanto que no quería entrar a la casa. Se sintió molesto con la extravagante demostración de amor de su padre hacia su hermano “perdido”. Tenía hacia su padre el mismo sentimiento de incomodidad que llevó a los fariseos y escribas a murmurar contra Jesús diciendo «Este recibe a los pecadores, y come con ellos» (15.2).

Es ahí donde la parábola nos confronta. Y digo “nos” porque la esencia de esta narración va dirigida hacia los religiosos(as) que en nuestro celo "espiritual" tendemos a clasificar a las personas siguiendo fórmulas dualistas como “perdidos(as)” o “salvados(as)”, “pecadores(as)” o “santos(as)”, “conversos(as)” o “inconversos(as)”. Somos como el hermano mayor que no disfrutamos la fiesta por creernos más dignos que el hermano menor. Somos como el que se siente con el derecho y privilegio de decidir hacia quién y cómo Dios manifiesta su misericordia.

Algo hermoso en esta segunda parte de la parábola es que el padre que había salido (¡corriendo!) a buscar a su hijo menor, también sale de la casa a buscar al hijo mayor para invitarlo a participar de la alegría de la fiesta: «su padre salió a rogarle que entrara» (15.28). ¿Recuerdan cómo comenzó Jesús el relato? «Un hombre tenía dos hijos». El padre desea que ambos hijos estén junto a él.

Queridas amigas y amigos que afirmamos profesar la fe cristiana: es tiempo de que entendamos las implicaciones y el alcance de la gracia divina. Es hora de que rompamos con la costumbre de querer regular o ponerle límites al amor extravagante del Padre celestial. Basta ya de estar catalogando la gente que no se conforma a nuestras ideas y concepciones de la fe. Ha llegado el momento de renunciar a la arrogancia religiosa que pretende decirle a Dios a quién debe aceptar y a quién debe rechazar. Si nos hacemos llamar “cristianos(as)” entonces debemos actuar como Cristo, y no como aquellos religiosos que lo menospreciaban por “recibir a los pecadores y comer con ellos”. Es tiempo de bajar el dedo acusador y entrar de una vez y por todas a la fiesta de su gracia.

martes, 4 de noviembre de 2014

Jueces del universo

Brittany Maynard puso fin a su vida por medio del suicidio asistido, una práctica que es legal en cinco Estados de la nación.  La noticia ha causado revuelo mediático, despertando múltiples diálogos y discusiones en relación a tan complejo tema, así como el tema de la eutanasia ha causado revuelo en otros momentos.

No pretendo reflexionar en este espacio sobre la deseabilidad o no deseabilidad de tal práctica: no me corresponde a mí emitir juicios al respecto.  Lo que sí quiero comentar es sobre las reacciones de muchas personas ante el acontecimiento, en particular personas que, por el vocabulario y los términos que utilizan, dan la impresión de provenir de las filas de la cristiandad.  En redes sociales y en diversos medios noticiosos he leído expresiones en las cuáles se categoriza a la Sa. Maynard como una mujer falta de fe, incrédula y cobarde.  En múltiples ocasiones quienes opinan afirman categóricamente que el “destino eterno” de esta mujer es infierno y cosas por el estilo.  Y pregunto, ¿desde cuándo Dios les ha nombrado jueces del universo? ¿Desde cuándo Dios les autorizó a determinar qué tiene o no tiene perdón?

Recientemente asistí a una conferencia donde el ponente, en los primeros cinco minutos hizo una expresión que coloca a las iglesias que profesan cierta teología en ruta a “las pailas del infierno”.  No pude evitar sentirme aludido pues mis perspectivas teológicas difieren grandemente del ponente y se parecen mucho a lo que con tanta convicción el ponente estaba identificando como digno de condenación.

¡Cuán perturbadoras son las actitudes que profesan muchos/as que se identifican como cristianos/as! ¡Cuán diligentes son en emitir juicios condenatorios a diestra y siniestra! ¡Cuán convencidos/as están de saber con certeza el destino eterno de otras personas!  ¡Cuán lejos están de la forma de pensar y actuar de Jesús de Nazaret a quien llaman el Cristo!  ¡Qué mucho se parecen a aquellos grupos religiosos a los que Jesús dirigió las siguientes palabras: «los cobradores de impuestos y las rameras les llevan la delantera hacia el reino de Dios» (Mateo 21.31)!

Todo esto lleva a que la imagen pública de quienes profesan la religión (en particular la religión cristiana) esté por el suelo.  Estudios realizados revelan que aquí en los Estados Unidos el 87% de la gente considera los cristianos/as como sentenciosos (críticos, condenatorios, “judgmental”) y el 85% considera que la hipocresía es una característica de los cristianos/as.(1)

No se trata de que haya que vivir buscando acomodar opiniones para complacer al público en general, se trata de que la manera en que se expresan esas opiniones tienen el efecto de perder el derecho de ser escuchado. ¿Cómo se puede dialogar con gente que de manera contundente condenan a quien tenga posturas distintas? ¿Cómo se puede conversar con alguien que demoniza a toda persona que tenga una cosmovisión distinta a la suya? ¿Cómo entablar un intercambio de ideas con una persona arrogante que se siente dueña de la verdad absoluta y parte de la premisa que todas las demás están equivocadas?  Con actitudes como esas los cristianos/as terminan enlodando y pisoteando el nombre de Cristo, el nombre que tanto dicen “alabar”.

El mandato de Cristo de amar al prójimo no está condicionado a que el prójimo comparta las mismas ideas, características y condiciones.  Compasión condicionada, a fin de cuentas, no es compasión. ¿Qué tal si en lugar de distanciarnos de la persona distinta cultiváramos la empatía y la sensibilidad? ¿Qué tal si en lugar de pisotear a la persona que sufre aprendiéramos el valor de la solidaridad y el acompañamiento?

Soli Deo Gloria.

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Notas:
(1) Kinnaman, David, and Gabe Lyons. Unchristian: What a New Generation Really Thinks About Christianity... and Why It Matters. Grand Rapids, Michigan: Baker, 2007. Print.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Que fluya la justicia y el derecho mane

Amós 5.24
[Una plegaria publicada por el liderato de la Iglesia Presbiteriana (EUA) con motivo de los trágicos acontecimientos en Ferguson, MO.]

Oh Dios, con corazones apesadumbrados nos dirigimos a ti. Otra vida arrebatada, otro futuro robado. Otro joven de color asesinado. Una muerte que desembocó en lesiones, violencia y disturbios en los días siguientes, dejando al descubierto divisiones y sistemas de injusticia. Una lucha y confrontación que hoy continúa.

Que fluya la justicia como un río, y que el derecho mane como un impetuoso arroyo.

Familia, amigos, seres queridos, y vecinos de Michael Brown que no pueden llorar en paz porque sus patios están llenos de gas lacrimógeno, balas de goma, violencia y fuerza militar. Niñas y niños sin poder asistir a la escuela. Un lugar donde las sombras de la noche traen incertidumbre en lugar de descanso. Un lugar que también podría ser el nuestro.

Que fluya la justicia como un río, y que el derecho mane como un impetuoso arroyo.

Un tiempo donde las manos en el aire no sólo significan rendición, sino también solidaridad. Mientras las diferencias tratan de reinar, nosotros buscamos otro camino, una nueva manera de vivir en comunidad. Cambia nuestros corazones y transfórmalos de ser lugares que ven "otredad" a ser lugares que honran tu imagen en cada persona. Guíanos a usar nuestras voces para denunciar el racismo que todavía prospera en medio de nosotros, buscando sistemas de rendición de cuentas que mantengan la justicia para todas las personas. Fortalécenos para la difícil, pero hermosa tarea de desmantelar el racismo y construir una comunidad donde todas las personas son bienvenidas y honradas.

Que fluya la justicia como un río, y que el derecho mane como un impetuoso arroyo.

No hay excusas. No hay botones de “reinicio”. Sólo nosotros, tu pueblo fiel, que busca formas de llevar la esperanza en un momento en que desesperadamente se necesita. Mueve nuestros corazones, libera nuestras mentes, guíanos a seguir tu camino. Ayúdanos a echar a un lado nuestra complacencia para dar cabida a tu Espíritu, que nos llama hacia adelante desde este lugar. Haznos instrumentos de tu paz.

Que fluya la justicia como un río, y que el derecho mane como un impetuoso arroyo.

AMÉN.

martes, 9 de septiembre de 2014

El "factor estrella"

Al ver lo que Pablo había hecho, la gente empezó a gritar en la lengua de Licaonia: «Dioses en forma de hombre han bajado a nosotros.»  (Hechos 14.11 DHH)

En el libro de los Hechos De Los Apóstoles (14.8-18) hay una historia muy interesante que narra la visita de Pablo y su colega Bernabé a la ciudad de Listra, una antigua ciudad en lo que hoy se conoce como Turquía.  Al igual que en otros lugares, ocurrió un milagro de curación, un hombre cojo de nacimiento recibió la bendición de poder caminar.  El evento impresionó tanto a los habitantes de aquel lugar, que identificaron a Pablo y a Bernabé con los dioses griegos Zeus y Hermes, y se disponían a rendirles adoración, según su costumbre, ofreciendo sacrificios animales.

Repasar esta narración me llevó a pensar en la facilidad con la que muchas personas entronan a líderes religiosos, colocándoles en pedestales de apreciación desmedida.  La gratitud puede llevar a la gente a rendir sus voluntades y lealtades hacia quienes son percibidos como sus benefactores(as), un sentimiento que se acentúa si se dá en la esfera de lo religioso.  Particularmente en el evangelicalismo estadounidense, latinoamericano y caribeño, estamos observando la multiplicación exponencial de una cultura de celebridades cristianas.  Basta con mirar los afiches de promoción de muchos eventos para observar que el enfoque está en el "mensajero/a" más que en el mensaje.  Se llega al punto en que, para poder escuchar/ver en vivo a algunas de estas celebridades es necesario pagar tickets que van destinados a engrosar las ya obesas fortunas que tienen.

Ser figura pública (particularmente si se es pastor/a, sacerdote, o algún otro tipo de líder religioso), usualmente conlleva el riesgo de que haya gente que considere a uno/a más allá de lo que uno/a es: un ser humano, que representa de alguna forma el mensaje divino, pero un ser humano a fin de cuentas. G. Lloyd Rediger se refiere a esto como el factor estrella ("the star factor") inherente en la labor del clero.  Explica Rediger que "ninguna otra profesión le ofrece al individuo la responsabilidad de pararse, al menos semanalmente, frente a una audiencia e interpretar a Dios, la vida, y la moralidad para ellos/as".   Los miembros del clero debemos ser muy cuidadosos/as y estar conscientes del factor estrella, a mi entender, por varias razones.  En primer lugar, la adulación de la audiencia puede servir de combustible que alimente el insaciable apetito del egocentrismo, y quien tiene más alto concepto de sí del que debe tener, termina por convertirse en una persona arrogante incapaz de relacionarse saludablemente con las demás. En segundo lugar, la influencia del factor estrella ha sido terreno fértil para abusos de poder y explotación de la feligresía, o, para seguir la metáfora de la farándula, "los/as fans".  (Rediger específicamente explora cómo el factor estrella ha contribuido a la proliferación de acoso y abuso sexual en el clero, en su libro Ministry & Sexuality, 1990, Minneapolis: Fortress Press). Finalmente, -y lo más importante-, nuestra vocación ministerial consiste en ayudar a las personas a encontrarse con Jesucristo, y continuar el camino del discipulado cristiano.  Otra vez, nuestro enfoque siempre debe estar en el mensaje no en el "mensajero/a."

Cuenta la narración bíblica que, cuando Pablo y Bernabé vieron la reacción de la gente se rasgaron la ropa (gesto antiguo para indicar horror ante un acto sacrílego) y corriendo entre la gente gritaban: «Pero señores, ¿por qué hacen esto? Nosotros somos hombres, como ustedes.  Precísamente hemos venido para anunciarles la buena noticia, para que dejen ya estas cosas que no sirven para nada, y que se vuelvan al Dios viviente...» (vv. 14-15).

Por ello le extiendo un recordatorio al clero y al liderato religioso cristiano, así como a la feligresía en general: Somos seres humanos, estamos en el mismo bote, lo que corre por nuestras venas y arterias es sangre, como el resto de la gente.  No estamos exentos/as de errar, de equivocarnos, y de lastimar a otros/as queriendo o sin quererlo.  Tenemos virtudes y tenemos vicios como cualquier persona.  No estamos para enseñorearnos sobre la feligresía, sino para guiarles y acompañarles en el camino de la fe.  Debemos cada día tener conciencia de nuestra propia fragilidad para poder ayudar y apoyar a los/as demás con un espíritu de humildad y empatía.  Desde la tradición del protestantismo afirmamos el sacerdocio universal de todos los creyentes.  Siempre habrá gente que insista en treparnos en los pedestales del faranduleo religioso y el culto a la celebridad (Hechos 14.18), pero nos corresponde, como Pablo y Bernabé, seguir insistiendo en la centralidad del Evangelio, la buena noticia de la gracia divina para todos/as.  Y si alguna vez hemos resbalado en el peligroso precipicio de la egolatría, necesitamos regresar al camino del discipulado sencillo, simple, compasivo, desprendido, al estilo de Jesús de Nazaret.  Bien lo expresó el salmista, con unas palabras que debiésemos hacer nuestras cada día:
No somos nosotros, Señor,
no somos nosotros dignos de nada.
¡Es tu nombre el que merece la gloria
por tu misericordia y tu verdad! (Salmo 115.1 RVC)
Soli Deo Gloria.



viernes, 29 de agosto de 2014

Una oración de confesión eclesial

AMADO DIOS,
como creyentes en Cristo Jesús somos llamados/as a proclamar el evangelio para la salvación de la humanidad,
pero muchas veces olvidamos que hemos recibido la mejor de todas las noticias: tu gracia eterna por medio de Jesucristo.

Hemos recibido el encargo de obrar con dedicación y empeño para el amparo, la educación y la confraternidad espiritual de las criaturas de Dios,
sin embargo en ocasiones relegamos nuestra vida como comunidad de fe a un segundo plano, cuando no encontramos “algo más importante que hacer”.

Somos responsables del mantenimiento de la adoración divina,
pero son muchas las veces que pretendemos llevarnos el crédito y buscamos protagonismo cuando la gloria sólo te pertenece a Ti.

Como pueblo redimido nos corresponde luchar por la preservación de la verdad y la promoción de la justicia social,
sin embargo mantenemos silencio ante las mentiras del reino de este siglo y nos volvemos insensibles ante las injusticias, la discriminación, las guerras y tantos otros males que erosionan la humanidad.

En fin, no siempre buscamos manifestar el Reino de los Cielos al mundo.
Por eso Señor, confesamos nuestras faltas y rogamos la acción poderosa de tu Espíritu Santo transformando nuestras conciencias y encendiendo nuestros corazones con la pasión de adorarte, servirte y hacer a otros y otras partícipes de tu bendición. En Nombre de Jesús oramos y creemos.  AMÉN.

{Esta oración ha sido inspirada en "Los grandes fines de la iglesia", según expresados en el Libro de Orden de la Iglesia Presbiteriana (EUA), F-1.0304, que son: "la proclamación del evangelio para la salvación de la humanidad, el amparo, la educación y la confraternidad espiritual de las criaturas de Dios, el mantenimiento de la adoración divina, la preservación de la verdad, la promoción de la justicia social, y la manifestación del Reino de los Cielos al mundo".}

jueves, 7 de agosto de 2014

Extendió la mano

«Al momento, Jesús extendió la mano...» (Mateo 14.31)

La lectura del Evangelio señalada para el próximo domingo comprende los versos 22 al 33 del evangelio Según Mateo.  Esta es una conocida narración en la cual se describe el milagro del Señor Jesús caminando sobre las aguas.  El pasaje bíblico indica que Jesús se había apartado a orar mientras ordenó a sus discípulos cruzar al otro lado del lago.  Se cuenta que mientras iban en la barca, el ambiente se tornó tormentoso, con fuertes vientos y olas azotando.  Luego Jesús se les acerca caminando sobre las aguas, ellos se asustan, él les alienta, y Pedro pide caminar por las aguas también. Al ver el fuerte viento comienza Pedro a hundirse, pide ayuda a Jesús, y este lo rescata diciéndole «¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?»

Varias cosas llaman mi atención en este texto bíblico, pero en esta ocasión quisiera simplemente enfocar la frase utilizada en la narración para describir la acción redentora del Señor Jesús: «extendió la mano».  Es alentador saber que en medio de la difícil situación Jesús extiende su mano para sostener al necesitado.  En otras partes del Evangelio Según Mateo encontramos expresiones similares:

«Jesús extendió la mano, lo tocó y le dijo: "Quiero. Ya has quedado limpio." Y al instante su lepra desapareció.» (8.3)

«Cuando Jesús le tocó la mano, la fiebre se le quitó. Entonces ella se levantó y los atendió.» (8.15)

«Pero luego de despedir a la gente, él entró y tomó de la mano a la niña, y ella se levantó.» (9.25)

A través de este Evangelio observamos que la mano del Señor se extiende para rescatar, para ayudar, para hacer bien a quien se encuentra en una situación compleja y desventajada.  Igualmente, en las Escrituras hebreas encontraremos diversas instancias donde se utiliza la expresión "extendió su mano/brazo" para referirse a la acción liberadora de Dios. Esto, a su vez, nos debe llevar a reflexionar en lo siguiente: ¿para qué se extienden mis manos?  Las manos pueden ser un instrumento de ayuda y edificación. Un toque, una caricia, un abrazo, son capaces de manifestar solidaridad, consolación, afecto, cariño, amor, apoyo, aliento.  Pero también pueden ser un instrumento de destrucción, de injusticia, de daño, de perjuicio, y de muerte.  Cada día se nos presentan situaciones en las que nos corresponderá decidir para qué se extienden nuestras manos.  Sigamos el ejemplo de Jesús, extendamos nuestras manos para bendecir.  En el mundo hay demasiadas manos que destruyen.  Sean las nuestras diferentes.

jueves, 26 de junio de 2014

Cuidará también de mí

«No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Más bien, teman a aquel que puede destruir alma y cuerpo en el infierno. ¿Acaso no se venden dos pajarillos por unas cuantas monedas? Aun así, ni uno de ellos cae a tierra sin que el Padre de ustedes lo permita, pues aun los cabellos de ustedes están todos contados. Así que no teman, pues ustedes valen más que muchos pajarillos.»  ---Mateo 10.28-31 RVC

Recientemente me encontraba pasando por unos días de gran tristeza.  El más amplio concilio de mi denominación, Iglesia Presbiteriana (EUA), luego de casi cuatro décadas de constante debate sobre el tema de la sexualidad humana, determinó reconocer la discresión pastoral a cada ministro o ministra, de oficiar ceremonias matrimoniales a personas del mismo género, en aquellos Estados donde esto esté permitido por ley.  Es decir, recae sobre el ministro o la ministra determinar cuáles bodas oficia o cuáles bodas declina oficiar (indistintamente del género de la pareja).  (Mis opiniones al respecto fueron vertidas en una carta pastoral que puede leerse pulsando aquí).  Yo seguiré usando mi criterio pastoral al servir a quien necesita mi ayuda, de la misma manera en que lo he estado haciendo durante los pasados dieciocho años, esforzándome en actuar según el ejemplo que nos dejó Jesús de Nazaret: solo Dios es Señor de mi conciencia.

No obstante estos días recientes han sido de gran tristeza para mí por la manera en que muchas personas que profesan la fe cristiana se han expresado al respecto.  He estado recibiendo lo que en inglés se conoce como "hate mail" (correos de odio), con expresiones que no vale la pena publicar, más allá de decir que son expresiones muy hirientes.  Expresiones que no debiesen salir de labios de personas que afirman seguir al Maestro que nos enseño a amar, aún a los "enemigos". En medio de toda la complejidad de la situación, recibí una llamada telefónica de un compañero ministro presbiteriano.  Él había recibido noticias que durante esos días mi salud estaba afectada, por lo cuál había tenido que permanecer varios días en reposo.  Me llamó para preguntar por mí.  No me llamó para contender, a pesar de que en diversos temas teológicos tenemos discrepancias.  Me llamó para orar por mí y alentarme.  No se conformó con preguntar y orar.  Fue un poco más allá, comenzó a entonar la siguiente canción:

¿Cómo podré estar triste? ¿Cómo entre sombras ir?
¿Cómo sentirme solo y en el dolor vivir?
Si Cristo es mi consuelo, mi amigo siempre fiel,
si aún las aves tienen seguro asilo en Él?

Feliz, cantando alegre, yo vivo siempre aquí;
¡Si Él cuida de las aves, cuidará también de mi!

Cuando terminó de cantar y se despidió, no pude hacer otra cosa que descargar mis sentimientos y llorar.  Pero ahora no era un llanto de tristeza, sino un llanto de alegría y gratitud a Dios.  Un simple gesto puede hacer la diferencia en una persona que se sienta abatida, como yo me había estado sintiendo.  Las palabras de Jesús son un recordatorio de la gracia divina que se manifiesta más allá de nuestras limitaciones y carencias: «Así que no teman, pues ustedes valen...» (Mt 10.31)

¿Sabes de alguien que esté pasando por momentos difíciles?  ¿Qué tal si le extiendes una llamada, una oración, o le envías una tarjeta -o un mensaje electrónico- de aliento?  ¿Qué tal si juntos miramos a Jesucristo y nos esforzamos en seguir su ejemplo de sensibilidad, compasión y caridad hacia quien se encuentra abatido(a) por los golpes de la vida?  Mi compromiso seguirá siendo dar a otras personas el amor que con abundancia del Señor Jesús recibo, sabiendo siempre que "si Él cuida de las aves, cuidará también de mí".

Soli Deo Gloria.


martes, 24 de junio de 2014

An Affirmation of Interrreligious Commitment

An Affirmation of Interreligious Commitment*


We believe the Bible proclaims God’s love for all people, that Christ’s Great Commandment sets the standard for all of our relationships: “… ‘Love the Lord your God with all your heart, and with all your soul, and with all your mind,’” and, empowered by the Holy Spirit, “… ‘love your neighbor as yourself’” (Mt. 22:37, 39).

We confess

that the Presbyterian Church (U.S.A.) has sought to live up to its commitment to
love people of other religious traditions, but many times we have not;
with God’s help we resolve to do better;

that self-serving theologies and goals and triumphalistic attitudes pull us apart;
with God’s help we resolve to do better;

that some of our confessions and the dated perspectives of our religious
heritage have resulted in patterns of unhealthy relationships with people of other religions;
with God’s help we resolve to do better.

We resolve to do better and not perpetuate divisive relationships among our neighbors and ourselves.

God calls us to have loving relationships with people of other religions.

God calls us to approach others in a spirit of openness and trust as we follow Jesus Christ
in respecting and affirming the freedom of others.

God calls us, by the power of the Holy Spirit, to work with people of other religions
for peace, justice, and the sustainability of creation.

Guided on our way by the Holy Spirit, we will
meet human needs,
work for social justice,
participate in mission and evangelism,
pursue peace,
strengthen families,
educate for greater understanding,
nurture diverse communities,
value hospitality in our congregations, and
respect one another in our workplaces.

We follow Christ’s call to work for God’s kingdom; we believe that God will complete what we leave incomplete. To God be the glory!

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*This is part of «The Interreligious Stance of the Presbyterian Church (U.S.A.).», approved by the 221st General Assembly.

sábado, 21 de junio de 2014

Una carta pastoral a la comunidad presbiteriana... y a otras personas igualmente interesadas en la Iglesia Presbiteriana (EUA)

21 de junio de 2014

La 221 Asamblea General de la Iglesia Presbiteriana (EUA) tomó dos importantes decisiones en relación al tema del matrimonio de personas del mismo género, también conocido como matrimonio igualitario.  Al poco tiempo de oficializarse el voto de la Asamblea las redes sociales y medios de comunicación se inundaron de artículos reportando lo acontecido, acompañados de comentarios y opiniones en favor y en contra.

Me parece apropiado ofrecer algunas perspectivas al respecto, con el deseo de que cada cual pueda considerar el asunto de manera sensata y cuidadosa, sin dejarse arrastrar por los apasionamientos que caracterizan a los polos opuestos en un debate de esta naturaleza. No creo que es correcto recurrir a comentarios e insinuaciones que ponen en tela de juicio la fidelidad cristiana de personas que se encuentran en desacuerdo, y mucho menos demonizar y herir a quien difiere.

La 221 Asamblea General aprobó una "interpretación autoritativa" (A.I., por sus siglas en inglés) cuyo efecto es garantizar la libertad de conciencia en aquellos pastores y pastoras que entiendan apropiado oficiar ceremonias de casamiento de personas del mismo género en aquellos lugares en los cuáles esté permitido por la ley del Estado.  Ningún pastor o pastora está en la obligación de casar a nadie, sea en un matrimonio tradicional o entre personas del mismo género. Cada cual tendrá que ejercer su discreción y evaluar cada caso en sus méritos, de la misma manera que se ha hecho durante décadas.  Esta A.I. entró en vigor a partir del sábado, 21 de junio de 2014.

La 221 Asamblea General también aprobó una proposición de enmienda a la Constitución de la Iglesia, que, de ser ratificada por la mayoría de los 172 presbiterios (concilios regionales) de la Iglesia, ampliaría la definición actual de matrimonio para incluir el matrimonio entre personas de un mismo género.  La enmienda propuesta señala que "el matrimonio implica un compromiso único entre dos personas, tradicionalmente un hombre y una mujer".  En caso de ser ratificada, esta medida sería vigente a partir del verano del 2015.

A algunas personas esta decisión de la Iglesia Presbiteriana (EUA) les parecerá apresurada, pero lo cierto es que el tema de la orientación sexual ha estado en debate, estudio y discernimiento por alrededor de cuatro décadas.  Es decir, no se trata de algo adoptado a la ligera, sino de una etapa más en un largo proceso de reflexión.  No es la primera vez que la iglesia se enfrenta a circunstancias de cambio social.  Si nos remontamos en la historia a los inicios de la iglesia cristiana, encontraremos que la primera crisis la tuvieron los cristianos judíos al discernir que personas de culturas distintas y de otras naciones (a quienes solían llamar "incircuncisos") también tenían lugar en la iglesia naciente (véase, por ejemplo, el libro de Hechos, particularmente los capítulos 10 al 15).  Circunstancias similares fueron experimentadas por cristianos(as) al discernir y argumentar sobre la abolición de la esclavitud, el divorcio, la segregación racial, y la ordenación de las mujeres a los oficios y ministerios de la iglesia.  En ambos extremos de cada debate había personas que genuinamente amaban a Jesucristo y la iglesia.  Los años nos han permitido comprender cuáles decisiones fueron desafortunadas y cuáles decisiones fueron acertadas, aún cuando estuviesen en contradicción de normas culturales y leyes reflejadas en algunos versos de las Escrituras Sagradas.

Como en todo asunto de materia controversial, unas personas celebran y celebrarán la decisión mientras que otras personas lamentan y lamentarán la decisión.  La complejidad del tema abarca aspectos bíblicos, teológicos, jurídicos, sociales y relacionales. En todo, y a través de todo, exhorto a la sensatez, la cordura, y la sensibilidad para con todas las partes interesadas, más allá de la diversidad de puntos de vista. En última instancia, los unos(as) y los otros(as) somos miembros del cuerpo de Cristo.  La solidaridad, el respeto, la caridad, y sobre todo, el amor, debe ser la base sobre la cual se lleve a cabo el diálogo. Tengamos para con todos(as) el mismo amor que por gracia hemos recibido y seguimos recibiendo de Dios. El Espíritu Santo nos guíe e ilumine nuestros pasos y nuestra interacción.

«Que la gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sea con todos ustedes». - 2 Corintios 13.14

Soli Deo Gloria.

Rev. José Manuel Capella-Pratts, Presbítero Docente
Pastor de la Primera Iglesia Presbiteriana Hispana en Miami, FL
web:  www.presbyonline.org
email:  pastor696@gmail.com

sábado, 7 de junio de 2014

Y he descendido

Photo: Mike Kepka, The Chronicle | www.sfgate.com
Hace algunos días leía el capítulo 3 del libro del Éxodo, y encontré algo que llamó mucho mi atención.  Allí se encuentra una narración del llamado de Dios a Moisés...  La escena es muy conocida en la tradición judeocristiana: Moisés, quien había huido de Egipto, se encontraba en un lugar cuidando ovejas cuando vio algo asombroso, un arbusto que encendido en llamas, no se quemaba.  Cuenta la narración que acercándose escuchó la voz de Dios que le llamaba y entabló con él un diálogo vocacional.  Lo que llamó mi atención de toda la narración, es específicamente el contenido de un par de versos:
Luego el Señor dijo: «He visto muy bien la aflicción de mi pueblo que está en Egipto. He oído su clamor por causa de sus explotadores. He sabido de sus angustias, y he descendido para librarlos de manos de los egipcios y sacarlos de esa tierra, hacia una tierra buena y amplia...» (Éxodo 3.7-8 RVC)
¿Qué tiene de especial esa porción del texto?  Mucho.  Esas palabras muestran un Dios que ve la aflicción del pueblo, presta atención a su situación, y hace algo al respecto.  ¿Por qué lo considero especial?  Porque me parece que esas palabras no solo describen la acción de Dios en la antigua historia del pueblo hebreo, sino que también proveen un modelo a seguir para aquellas personas que nos consideramos servidoras de ese mismo Dios, particularmente en el contexto de la fe cristiana. El texto bíblico nos interpela a ver el contexto de quien sufre, escucharle con atención, y actuar para de alguna forma brindar alivio.

El problema que percibo en la cristiandad es que quizás estamos tan enfocados en nuestra subcultura religiosa y tan encerrados en nuestras reuniones de adoración que somos incapaces de ver más allá de nuestra realidad inmediata.  Nos enajenamos de la realidad circundante, flotando en las nubes de nuestra realidad alterna, alejada del "mundo" (entendiendo "mundo" como toda esa gente que llamamos "perdida" y que no forma parte de nuestra religión).  Mientras hay sectores de la cristiandad enfrascados en una lucha inútil contra las ciencias naturales, el planeta se nos sigue sufriendo daño ecológico que alcanza niveles irreversibles.  Mientras otros sectores de la cristiandad siguen obsesionados con meterse en la intimidad de las personas para controlar con quién se relacionan y a quién aman, la violencia multidimensional sigue creciendo.  Mientras otros sectores de la cristiandad se ofuscan tratando de descifrar minuciosos detalles del "más allá", las inequidades y las injusticias siguen en alarmante aumento.  Mientras otros sectores de la cristiandad se entretienen con el faranduleo y la ostentación de las "celebridades cristianas", en nuestras calles hay gente que no tiene qué comer en este día.

El Dios retratado en el relato del Éxodo no se queda encerrado en las cortes celestiales, sino que observa, escucha, presta atención y, sobre todo, actúa.  El Dios descrito en la narración, no se queda en las nubes, sino que desciende, es decir, llega hasta donde se encuentra la necesidad para ayudar y traer alivio.

Es mi ruego al Dios eterno que nos conceda un corazón como el suyo.  Que también seamos capaces de prestar atención a nuestros respectivos contextos, bajarnos de nuestras nubes de espiritualidad superficial, y acercarnos donde está la necesidad con genuino interés y compasión.

Soli Deo Gloria.

martes, 22 de abril de 2014

Ni encerrado, ni detenido, ni domesticado

La resurrección de Jesús implica que el Señor no puede ser encerrado, detenido ni domesticado a nuestro antojo... Al comienzo del evangelio según Mateo observamos una alianza entre los poderes políticos (el rey Herodes) y religiosos (los sacerdotes y los escribas) para eliminar al niño recién nacido (Mateo, cap. 2).  El final de la obra nos muestra una nueva conspiración religioso-política (Mateo 27.62-66) para mantener la tumba del Señor cerrada.  Pues, para que quede claro a quién le pertenece el poder y el imperio, cuenta el relato bíblico que en presencia de los guardias un ángel removió la piedra y se le sentó encima.

Los propósitos de Dios en la historia se van a cumplir gústenos o no.  El Señor no pudo ser contenido, limitado, encerrado... ni antes ni ahora.  Los guardianes contratados por los religiosos para mantener encerrado al que había estado muerto, fueron los mismos que de miedo «se pusieron a temblar y quedaron como muertos» (28.4) al ver la piedra removida.

En estos tiempos quizás no estemos tratando de encerrar al Señor en una tumba, pero pretendemos encerrarlo en nuestras concepciones de lo que es la fe y la religión; pretendemos encerrarlo en nuestros prejuicios, pretextos y exclusiones, particularmente en nuestras visiones trivializadas y clichosas de lo que es pureza y moral...  Recordemos que los poderes religiosos de su tiempo fueron incapaces de contener al Señor en el sepulcro, y de la misma manera los intentos de los religiosos arrogantes de nuestra época también serán frustrados.  El poder del amor del Señor para tod@s no puede ser encerrado, ni detenido, ni domesticado.  SOLI DEO GLORIA.


+         +        +
{Esto es una porción del Semón titulado «Y se hizo hermano», Mateo 28.1-10, predicado el Domingo de Resurrección, 20 de marzo de 2014, en la Primera Iglesia Presbiteriana Hispana en Miami, FL.  El audio del sermón completo puede ser escuchado en www.pastorjm.podomatic.com}

jueves, 17 de abril de 2014

Lunes Santo con los Miami Marlins

Washington Nationals vs Miami Marlins 4/14/2014
Recientemente tuve la oportunidad de presenciar un partido de béisbol, en el cuál el equipo local, los Miami Marlins, recibía la visita de los Washington Nationals.  Quedé fascinado con el Marlins Park.  Hace casi tres años que me radiqué en Miami, y todavía no había entrado en la monumental estructura.  Coronó la experiencia estar acompañado por mi familia, en particular por la presencia de mis padres, quienes tanto tiempo y recursos dedicaron en mi niñez cuando jugaba en las pequeñas ligas. Gratos recuerdos vinieron a mi mente.  Con toda probabilidad yo fui el peor bateador de toda la liga, pero lo cierto es que disfruté cada minuto de aquella inolvidable época.

Igualmente me estaba disfrutando el partido.  Aplaudiendo y vitoreando los jugadores. Saboreando el entusiasmo de la ocasión.  Ahora bien, en la medida en que iba transcurriendo el partido, el juego no lucía bien para los Marlins: estaban siendo dominados cómodamente por el equipo opositor.  Ya en la séptima entrada se alejaba más la posibilidad de recuperación de nuestro equipo miamense. Entonces me percaté de algo que me dejó triste y perturbado: los fans de los Marlins comenzaron poco a poco a levantarse y a salir del estadio.  En la octava entrada la hemorragia de fans se hacía cada vez mayor, y en la novena entrada era imparable.  ¿No se supone que los fans estemos alentando nuestro equipo y acompañándole hasta el final?  No imagino lo que sentirán unos deportistas cuando la misma gente que el principio les aplaudía y vitoreaba, abandonaba las gradas mientras el equipo seguía dando la lucha en el campo de juego.

Entonces me cautivó un pensamiento.  Estando en la celebración de la Semana Santa, fue inevitable que mi mente divagase y recordase una frase contenida en los relatos de dos de los evangelios: «Entonces todos los discípulos lo abandonaron y huyeron.» (Mateo 26.56b; Marcos 14.50).  La noche en que Jesús había afirmado su amor por los suyos al compartir la cena pascual, cuando llegó la hora de su vil arresto, todos lo abandonaron y huyeron.  Pedro y los demás habían jurado su disposición a acompañarlo aún en la muerte (Mateo 26.35), pero al ver que las circunstancias para Jesús se volvían complicadas y peligrosas, todos lo abandonaron y huyeron...  así como los fans que apoyan su equipo mientras tiene ventaja, pero salen del estadio cuando la derrota se ve en el horizonte.  

Antes de ceder ante la tentación de juzgar severamente a los discípulos de Jesús, no olvidemos que ellos también somos nosotros(as).  En su experiencia nos podemos mirar como quien mira un espejo: nuestra lealtad para con el reino que Jesucristo predicó y practicó se ve socavada cuando las circunstancias se vuelven complicadas y difíciles.

Algo que llama mucho mi atención es que, aquella misma noche en que Jesús tuvo su última cena con los discípulos - con los mismos que lo iban a abandonar, e incluso, negar - es su pronunciamiento luego de darles el vino: «Yo les digo que, desde ahora, no volveré a beber de este fruto de la vid, hasta el día en que beba con ustedes el vino nuevo en el reino de mi Padre» (Mateo 26.29).  Jesús está consciente del carácter vacilante de sus discípulos, y aún así, pronuncia palabras de esperanza: volveremos a beber juntos en "el reino de mi Padre".  Los ha perdonado aún antes de ellos fallarle.  El mensaje de Jesús es buena noticia, es evangelio, es perdón, es compasión, es reconciliación, es restauración, es nuevas oportunidades.  Jesús no deja en el suelo al caído, le levanta.  Jesús no pisotea a quien fracasa, le invita a intentarlo otra vez.  Jesús no descarta a quien falla, le incluye en su mensaje de esperanza. Si fuésemos jugadores perdiendo un partido, aunque todos los fans se alejen, veríamos a Jesús animándonos a seguir adelante sin claudicar.

jueves, 20 de marzo de 2014

De acuerdo

Filipenses 4.1-7 

La carta de Pablo a los Filipenses es una carta muy querida y apreciada por la cristiandad.  Es allí donde encontramos el hermoso himno que detalla la humillación y exaltación de Cristo Jesús (2.5-11).  Es esa la carta que es conocida por muchos como la carta del gozo o de la alegría, por la forma en que el apóstol manifiesta haber aprendido a contentarse en medio de cualquier circunstancia, pues «todo lo puedo en Cristo que me fortalece» (4.11-13).  En ese mismo capítulo (4), entre un llamado a la constancia y un llamado al regocijo y la confianza en Dios, se encuentra un llamado muy particular: «Ruego a Evodia y Síntique, que se pongan de acuerdo en el Señor» (4.2).  Dos personas de la comunidad de Filipos, se encuentran en desacuerdo, y el apóstol está consciente de la seriedad de la situación.  Tomando en consideración el lugar de este llamado en la carta, y tomando en consideración el contexto eclesial que la misma presupone, quiero compartir varios planteamientos.

PRIMERO: el desacuerdo afecta a las personas directamente involucradas. Eso parece ser obvio, pero lo cierto es que no todas las personas tienen conciencia de ello.  Usualmente quien está en un desacuerdo pasa por alto que, así como ella está afectada, la otra persona también lo debe estar.

SEGUNDO: el desacuerdo afecta también a terceras personas, no sólo las que se encuentran directamente involucradas, sino otras personas; en este caso, la comunidad eclesial.  Cuando hay desacuerdo entre dos miembros de la comunidad, la comunidad sufre los efectos de la tensión, la tristeza, la ansiedad, la incomodidad que la situación genera. Tiene un efecto de expansión como las ondas que se forman cuando un objeto cae en el agua.

TERCERO: en ocasiones el desacuerdo requiere la ayuda de agentes externos que asuman un papel de mediación conciliatoria.  Acto seguido, Pablo recluta ayuda: «También a ti, mi compañero fiel, te ruego que ayudes a éstas que lucharon conmigo en el evangelio» (4.3). Evodia y Síntique necesitan la participación de alguien que les ayude a ver más allá del desacuerdo o el impase, alguien que les ayude a enfocarse en lo que realmente es medular y esencial, más allá de lo inmediato, alguien capaz de identificarse con ambas partes sin abanderizarse, alguien consciente de la necesidad de superar el problema para que la comunidad pueda seguir adelante.

CUARTO: el desacuerdo necesita ser atendido para dar paso al recocijo. Inmediatamente de su llamado al acuerdo entre Evodia y Síntique, Pablo hace una invitación a la alegría y el regocijo «en el Señor».  El mensaje del Señor es evangelio, buena noticia, reconciliación, nuevas oportunidades, nuevos comienzos.  ¡Qué gran sentido de alivio y alegría es el que se experimenta cuando cuando un malentendido es clarificado, cuando un desacuerdo es resuelto, cuando una relación es restituida de manera saludable!

Los seres humanos somos únicos, diferentes los unos de los otros.  Ni siquiera los llamados gemelos "idénticos" son "idénticos" (valga la redundancia).  Donde hay diversidad, inevitablemente ocurrirán discrepancias de ideas, sentimientos, y acciones.  Pero la diversidad lejos de convertirse en un problema, es -de facto- una bendición.  La armonía de diferentes instrumentos enriquecen una pieza musical; el esfuerzo de todos los instrumentalistas ensayando, acoplándose, corrigiéndose, y afinándose logra que el resultado final sea una experiencia de gran agrado, no sólo para los intérpretes, sino para la audiencia. +++

jueves, 6 de marzo de 2014

Hipocresía cristianoide

(Este es un extracto del Sermón que prediqué con motivo del Miércoles de Cenizas, 5 de marzo de 2014, en la Primera Iglesia Presbiteriana Hispana en Miami FL. Mateo 6.1-6, 16-21. El audio del sermón completo se puede acceder pulsando este enlace.)

«...no seas como los hipócritas...» (Mateo 6.5)

Durante los pasada década se ha estado investigando y escribiendo muchísimo sobre el fenómeno religioso en nuestra sociedad.  Parte de lo evidenciado en las numerosas encuestas y estudios es que la cantidad de personas que en esta nación declinan identificarse con alguna expresión religiosa organizada va en aumento exponencial.  Les llaman los “nones” (en Inglés), los “ningunos” (en Español).  No significa que estas personas no sean religiosas, sino que no se consideran como parte de alguna tradición religiosa en particular. Son quienes dicen “soy espiritual, pero no pertenezco a ninguna Iglesia”.  La vasta mayoría de la literatura sobre este fenómeno concuerda en que la religión en general, y la religión cristiana en particular, tiene un serio problema de credibilidad.  La hipocresía es lo que ha venido a representar la religión cristiana en nuestra sociedad.  La desatinada relación entre políticos disfrazados de religiosos cristianos, y religiosos cristianos con pretensiones y agendas políticas, entre otras cosas, nos ha ganado la fama de hipócritas, oportunistas, intolerantes, y otros epítetos más.  La adopción de la teología de la prosperidad por multitudes que convierten a sus caudillos religiosos en magnates, mientras sus seguidores(as) viven en serias condiciones económicas anhelando que un milagro les haga salir de la pobreza, ha llevado a la sociedad a caricaturizar al cristianismo, especialmente al cristianismo evangélico. Las agresivas manifestaciones públicas en ciertos temas relacionados a la sexualidad humana mientras se guarda silencio ante las injusticias y desigualdades avaladas por los poderes económicos y políticos llevan a nuestra sociedad a desconfiar de la iglesia cristiana y, en consecuencia, de la religión que profesamos... Y eso, sin entrar en detalles relacionados con los horrendos abusos sexuales cometidos por parte del clero...  Siempre prestos a juzgar pecados ajenos y a ignorar los propios... Eso es religión tóxica, que lejos de restaurar al ser humano lo que hace es alejarlo de Dios. Debemos recordar que Jesucristo hizo un llamado a sus discípulos a tener una «justicia mayor» que la de los escribas y fariseos (Mateo 5.20), pero con el pasar de los siglos hemos terminado proyectando la misma imagen de los escribas y fariseos de la antigüedad.

En medio de esta lamentable realidad nos urge considerar si habrá un antídoto para todo esto.  ¿Habrá algún remedio para una religión caracterizada por la hipocresía?  ¿Habrá alternativa a una religión tóxica?  La enseñanza de Jesucristo nos da la respuesta, especialmente en el contexto que nos ha tocado vivir. Y la respuesta es: una religión sincera; una espiritualidad realista, más sensible, más humana; una devoción genuina que ame y practique la justicia motivada por el amor y la justicia misma y no por las recompensas presentes o futuras; un cristianismo sin caretas ni máscaras; la vivencia cotidiana de discípulas y discípulos de Jesucristo que, reconociendo nuestra fragilidad, vivamos una jornada de arrepentimiento sincero y humilde que nos motive día tras día a obrar como nos enseñó el Señor mediante sus palabras y su ejemplo.  La Cuaresma, y en especial las cenizas, actúan como símbolo de arrepentimiento.  Y arrepentimiento no es sentirse culpable; arrepentimiento no es sentirse triste; arrepentimiento es un cambio de actitud, un cambio de mentalidad, y un cambio de dirección en la vida.  Hoy el Señor nos ofrece la oportunidad de unirnos en esta jornada de discipulado, aprendizaje, y práctica genuina, sin máscaras, sin caretas, sin pretensiones, sin arrogancia... con la certeza de que no vamos solos(as) en este camino: la gracia redentora de Dios nos toma de la mano.  Soli Deo Gloria.

miércoles, 5 de marzo de 2014

Dios es bueno. Punto.

No sé si será por la edad, por la maduración, por los estudios, por la experiencia pastoral, o por todas las anteriores, pero lo cierto es que mientras más tiempo pasa más me incomodan ciertos clichés del dialogar cotidiano evangélico.  No puedo negar el hecho de que uno de esos clichés también ha sido parte de mi hablar en múltiples ocasiones: "Dios es bueno".

Que quede claro: firmemente creo que Dios es bueno.  De eso no hay la menor duda en mi corazón. No obstante, lo que me ha estado resultando incómodo no es la expresión "Dios es bueno", sino el hecho de que usualmente es pronunciada cuando algo ha salido "bien", o ha obrado en favor de quien la dice.  "Los resultados de la prueba de cáncer salieron negativos... ¡Dios es bueno!"  "Encontré lo que se me había perdido... ¡Dios es bueno!"  "Mi negocio tuvo ganancias... ¡Dios es bueno!" "Fulano salió bien de la operación... ¡Dios es bueno!" "Me aumentaron el sueldo... ¡Dios es bueno!"  "Regresó mi hij@... ¡Dios es bueno!" ...y cosas por el estilo.

Entonces retumba en mi conciencia, como si estuviese escuchando una nota disonante, algo que se siente fuera de lugar... ¿Qué tal si los resultados dieron positivos a cáncer? ¿Qué tal si no apareció lo que buscaba? ¿Qué tal si mi negocio tuvo pérdidas? ¿Qué tal si Fulano no sobrevivió la operación? ¿Qué tal si en lugar de un aumento de sueldo, perdí el empleo? ¿Qué tal si mi hij@ no regresó? ¿Entonces Dios no es bueno? Esa es la implicación cuando pareamos siempre la expresión "Dios es bueno" con la celebración de las cosas que salen como queremos. La realidad es que las cosas no van a salir siempre como queremos o cuando queremos. De hecho, muchas veces van a salir como no queremos o cuando no queremos. Y Dios sigue siendo bueno.

Uno de los antiguos profetas hebreos, al reflexionar sobre la dureza y complejidad de la vida se expresó diciendo:
Aunque todavía no florece la higuera,
ni hay uvas en los viñedos,
ni hay tampoco aceitunas en los olivos,
ni los campos han rendido sus cosechas;
aunque no hay ovejas en los rediles
ni vacas en los corrales,
yo me alegro por ti, Señor;
¡me regocijo en ti, Dios de mi salvación!
Tú, Señor eres mi Dios y fortaleza.
Tú, Señor, me das pies ligeros, como de cierva,
y me haces andar en mis alturas
.  (Habacuc 3.17-19)
Dios es bueno, cuando me apacienta "junto a aguas de reposo", y Dios es también bueno, cuando me toca pasar por "el valle de sombras de muerte".  En ocasiones seré librado de penas, en otras ocasiones tendré que sufrirlas; y yo, como muchos(as) otros que me han precedido en la carrera, aprenderé a honrarle y bendecirle, cualquiera que sea mi situación.  Dios es bueno. Punto.

miércoles, 19 de febrero de 2014

Manipulación informativa

Hace algún tiempo no he escrito nada para postear aquí. La multiplicidad de asuntos en mi agenda parroquial me llevaron a darle un descanso al blog.  No obstante hoy me veo en la obligación de tomar aunque sea unos minutos para compartir algunos pensamientos.

Como muchos otros hispanoamericanos,  me siento perturbado por la situación que están atravesando nuestras hermanas y hermanos venezolanos.  Me resulta indignante cuando las libertades democráticas se ven amenazadas por los gobiernos bajo la consigna de mantener el "orden" --o, como se dice donde vivo: "for National Security" (Yes, I'm talking about YOU, Big Brother). Aún así,  hay factores que pueden empañar las luchas y reclamos legítimos de los pueblos, como la manipulación mediática, entre otros.  Comentaba hoy, en la red social Facebook, que no tengo razones para dudar que hayan ocurrido y estén ocurriendo abusos y violaciones de los derechos humanos de los manifestantes.  Esos los vi de cerca en ocasión de una huelga estudiantil en Puerto Rico. Los gobiernos tienen el control de las fuerzas policiales militares y en ocasiones utilizan esas fuerzas en exceso, maltratando (e incluso matando) a los ciudadanos a quienes habían jurado proteger y servir.

Ahora bien, en las redes sociales circulan fotos y vídeos ilegítimos, que se hacen pasar como evidencias de lo que ocurre, pero su procedencia no es verificable o, cuando se verifica, resulta ser algo tomado de otro contexto.  Un ejemplo de ello lo tenemos en la foto que acompaña estas líneas. La misma estuvo circulando en las redes sociales como evidencia de la brutalidad policial en contra de una mujer estudiante que protestaba. La foto de inmediato me resultó conocida; la había visto años antes en una noticia similar relacionada con Egipto (enlace aquí).  Como ese hay otros ejemplos que han terminado sirviendo a los medios controlados por el gobierno para deslegitimizar los reclamos de quienes se han lanzado a las calles a protestar.  Y eso, sin entrar en detalles de las prácticas de unos infiltrarse en el bando contrario para provocar incidentes que justifiquen más violencia.

No es mi intención en este escrito analizar las razones o sinrazones de uno u otro lado, eso pudiese ser material para otra ocasión. Nuestro hermano pueblo venezolano está sufriendo los resultados de una polarización que ya se veía venir. Lo que quiero aquí es, esencialmente, crear conciencia de la importancia de la información verificable. Imágenes y textos fuera de contexto pueden crear mucho daño. Opiniones desinformadas o malinformadas redundarán en decisiones erradas, indistintamente del ámbito social en el que ocurran.

Sean elevados nuestros ruegos en solidaridad con el pueblo venezolano, así como con todos los pueblos que sufren violencia y atropellos. Que triunfe la democracia y la justicia.