sábado, 7 de junio de 2014

Y he descendido

Photo: Mike Kepka, The Chronicle | www.sfgate.com
Hace algunos días leía el capítulo 3 del libro del Éxodo, y encontré algo que llamó mucho mi atención.  Allí se encuentra una narración del llamado de Dios a Moisés...  La escena es muy conocida en la tradición judeocristiana: Moisés, quien había huido de Egipto, se encontraba en un lugar cuidando ovejas cuando vio algo asombroso, un arbusto que encendido en llamas, no se quemaba.  Cuenta la narración que acercándose escuchó la voz de Dios que le llamaba y entabló con él un diálogo vocacional.  Lo que llamó mi atención de toda la narración, es específicamente el contenido de un par de versos:
Luego el Señor dijo: «He visto muy bien la aflicción de mi pueblo que está en Egipto. He oído su clamor por causa de sus explotadores. He sabido de sus angustias, y he descendido para librarlos de manos de los egipcios y sacarlos de esa tierra, hacia una tierra buena y amplia...» (Éxodo 3.7-8 RVC)
¿Qué tiene de especial esa porción del texto?  Mucho.  Esas palabras muestran un Dios que ve la aflicción del pueblo, presta atención a su situación, y hace algo al respecto.  ¿Por qué lo considero especial?  Porque me parece que esas palabras no solo describen la acción de Dios en la antigua historia del pueblo hebreo, sino que también proveen un modelo a seguir para aquellas personas que nos consideramos servidoras de ese mismo Dios, particularmente en el contexto de la fe cristiana. El texto bíblico nos interpela a ver el contexto de quien sufre, escucharle con atención, y actuar para de alguna forma brindar alivio.

El problema que percibo en la cristiandad es que quizás estamos tan enfocados en nuestra subcultura religiosa y tan encerrados en nuestras reuniones de adoración que somos incapaces de ver más allá de nuestra realidad inmediata.  Nos enajenamos de la realidad circundante, flotando en las nubes de nuestra realidad alterna, alejada del "mundo" (entendiendo "mundo" como toda esa gente que llamamos "perdida" y que no forma parte de nuestra religión).  Mientras hay sectores de la cristiandad enfrascados en una lucha inútil contra las ciencias naturales, el planeta se nos sigue sufriendo daño ecológico que alcanza niveles irreversibles.  Mientras otros sectores de la cristiandad siguen obsesionados con meterse en la intimidad de las personas para controlar con quién se relacionan y a quién aman, la violencia multidimensional sigue creciendo.  Mientras otros sectores de la cristiandad se ofuscan tratando de descifrar minuciosos detalles del "más allá", las inequidades y las injusticias siguen en alarmante aumento.  Mientras otros sectores de la cristiandad se entretienen con el faranduleo y la ostentación de las "celebridades cristianas", en nuestras calles hay gente que no tiene qué comer en este día.

El Dios retratado en el relato del Éxodo no se queda encerrado en las cortes celestiales, sino que observa, escucha, presta atención y, sobre todo, actúa.  El Dios descrito en la narración, no se queda en las nubes, sino que desciende, es decir, llega hasta donde se encuentra la necesidad para ayudar y traer alivio.

Es mi ruego al Dios eterno que nos conceda un corazón como el suyo.  Que también seamos capaces de prestar atención a nuestros respectivos contextos, bajarnos de nuestras nubes de espiritualidad superficial, y acercarnos donde está la necesidad con genuino interés y compasión.

Soli Deo Gloria.

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