viernes, 5 de abril de 2013

La sangre de tus enemigos

Haciendo mis lecturas devocionales recientemente me topé con esta expresión en los vv. 22-23 del Salmo 68:
El Señor ha dicho: «Yo te haré volver de Basán. Te haré volver de las profundidades del mar. ¡Tus pies y la lengua de tus perros se teñirán con la sangre de tus enemigos!»”
La imagen mental es aterradora, un baño de sangre producto de la retribución y venganza. Lo más perturbador es que dicha expresión se atribuye a la boca del Señor: «El Señor ha dicho...» La imagen mental se asemeja a cualquier escena de la serie televisiva «Spartacus» o la película «300».

Esto es sólo un ejemplo del porqué insisto en que las Sagradas Escrituras (Hebreas, Cristianas o de cualquier otra religión) tienen que ser leídas con conciencia histórica y con las herramientas de la crítica literaria. Mi continuo recordatorio para quienes leen textos sagrados: ¡contexto! ¡contexto! ¡contexto! Por leer textos fuera de sus contextos y fuera de una conciencia histórico-crítica, a través de los años se han cometido grandes injusticias y atrocidades en nombre de Dios. Desde una perspectiva cristiana, la historia es testigo de tiempos en los que la iglesia persiguió a la comunidad científica, tiempos en los que emprendieron guerras, tiempos en los que se avaló la institución de la esclavitud, tiempos en los que se fomentó la desigualdad de género afirmando la supremacía masculina...

Tristemente, en pleno Siglo 21, a pesar de todas las herramientas y adelantos que tenemos en las ciencias bíblicas, gran parte de la iglesia cristiana sigue leyendo y aplicando los textos sagrados de forma literal-selectiva, con los mismos métodos/estilos que tanto daño han hecho a través de los siglos... y todavía siguen haciendo daño. Por ejemplo, acostumbran citar, textos del libro de Levítico (particularmente los capítulos 18-20) contra las personas homosexuales, mientras pasan por alto otras prohibiciones y leyes allí contenidas, como la de no utilizar vestidos con hilos mezclados (19.19), no comer nada con sangre (19.26, olvídense de las morcillas o de la carne que no esté bien cocida o “well done”), no hacerse trenzas ni cortarse la punta de la barba (19.27), o aplicar la pena de muerte a quien maldiga a su padre/madre (20.9) o a quienes cometan adulterio (20.10).

¿El punto? El fundamentalismo - puro o selectivo - difícilmente es una manera saludable de leer las Escrituras. El tomar pasajes pasando por alto su género y su contexto a la larga nos acorrala en incongruencias, alegorizaciones y errores que, lejos de ayudar a crecer la fe, lo que hacen es debilitarla y aprisionarla en la superficialidad.


En la fe cristiana debemos leer las Escrituras desde el ejemplo que encontramos en la vida (enseñanzas y acciones) de Jesucristo, que se atrevió a cuestionar tradiciones que privilegiaban los dogmas por encima de la integridad y dignidad de la persona, y se atrevió a cuestionar lecturas e interpretaciones cuyo fundamento no fuese la práctica del amor y la caridad. Jesucristo corrigió la imagen de un Dios vengativo y obsesionado con reglas, tradicionalismos y rituales de "pureza".  Jesucristo corrigió el concepto de un Dios guerrero que se goza en la matanza y exterminación de los "enemigos".  Jesucristo nos enseñó y demostró la esencia de Dios que no es otra cosa que el amor y el perdón, aún a los llamados "enemigos". Los antiguos se enfocaban en la expresión : «
Ustedes deben ser santos porque yo, el Señor su Dios, soy santo» (Levítico 19.2). Jesucristo redefinió el enfoque «sean compasivos, como también su Padre es compasivo» (Lucas 6.36).

Aquí les comparto enlaces a otros artículos y comentarios previos, relacionados con el tema de la lectura e interpretación de las Escrituras:

Leyendo las Escrituras Sagradas
En un púlpito responsable
Nota aclaratoria sobre La Biblia
Violencia Sagrada
Bibliolatría

Que nuestra lectura de las Escrituras sea para bendecir, y no para dañar.