lunes, 29 de diciembre de 2014

Un año que viene y otro que se va

"Traigo un ramillete, 
traigo un ramillete
de un lindo rosal
un año que viene
y otro que se va..."
(Cantar navideño tradicional en Puerto Rico)

Ya estamos en ese tiempo en que el año se va echando a un lado para abrir paso a otro nuevo año: "Un año que viene y otro que se va".  La temporada trae gratos recuerdos a mi mente, como las bromas que mi abuelo materno solía jugar.  En cualquier momento mi abuelo decía "¡Mira allí por donde va!"  Yo preguntaba "¿Quién?", y él contestaba "El año viejo". Recuerdo también que era muy común en los periódicos de mi tierra publicar caricaturas ilustrando al nuevo año como un bebé recién nacido, a la vez que ilustraban al año que culminaba como un anciano en decadencia.

Durante estos días, como es de costumbre, entre amistades, familiares y, aún desconocidos, se cruza constantemente la frase "Que el nuevo año te traiga ____________ prosperidad/salud/cosas buenas (llene el blanco con lo que mejor crea)".  Les comparto que por un lado me llena de alegría intercambiar (ofrecer y recibir) buenos deseos, pero por otro lado no puedo evitar pensar y repensar lo que se está diciendo.  Tengo esa inclinación a - como se decía en mi tierra - "buscarle cinco patas al gato".  Desde muy joven recuerdo sentir cierta incomodidad con ese tipo de expresiones: "El año tal fue bueno", o "el año cual fue malo".  El año no es más que una manera relativa de medir el tiempo que pasa. El año sirve como referente a lo que se convertirá en gratos recuerdos o amargas memorias.  El año no "trae" cosas buenas ni malas, el año no "trae" ni "se lleva" a nadie.  A riesgo de sonar "aguafiestas" hago una invitación a que consideremos las expresiones que hacemos.  Lo que vendrá, vendrá.  Lo que dejará de ser, dejará de ser.  Sencillamente, como planteara Víctor Frankl, no tenemos el control sobre lo que acontece, pero si podemos decidir cómo reaccionar y hacer frente a lo que acontece.

Por ello, querido lector(a), no ruego que "el año nuevo te traiga" nada, sino que elevo mis plegarias a la Providencia Divina para que tengas las herramientas, las fuerzas, las esperanzas para lidiar con los retos que llegarán a tu vida:

---Que en medio de cada tormenta, puedas encontrar paz, y en medio de cada alegría puedas hallar inspiración.

---Que aprendas lecciones útiles, tanto en tus aciertos como en tus desaciertos.

---Que tus lágrimas encuentren alivio en el Espíritu Consolador y tus risas sirvan para animar a otras personas.

---Que tus heridas cicatricen y puedas dejar atrás rencores y amarguras.

---Que con el pasar del tiempo seas más humano(a), más cálido(a), más compasivo(a), más sensible.

---Que aprendas a valorar más y a cultivar la espiritualidad en relación con Dios, con el prójimo, contigo, y con la naturaleza.

---Que tus acciones y palabras tengan tan buen efecto que lleven a otras personas a sentirse agradecidas sólo porque existes.  En fin,

«¡Que el Señor te bendiga, y te cuide!
¡Que el Señor haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia!
¡Que el Señor alce su rostro sobre ti, y ponga en ti paz!» (Números 6.24-26 RVC)

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Dios te ha concedido su gracia

Olivia Hussey interpretando a María en "Jesus of Nazaret" (1977)
(Una reflexión inspirada en Lucas 1.26-38.)

En un sermón reciente indiqué que la época previa a la celebración de la Navidad me produce sentimientos de tristeza. En esta ocasión elaboraré un poco más el por qué de mis sentimientos de incomodidad.  La temporada festiva en nuestra sociedad es una constante contradicción. Veamos...

(1) La Navidad, propiamente como estación litúrgica en el calendario cristiano comienza el 25 de diciembre y se extiende hasta la fiesta de la Epifanía el 6 de enero. No obstante se hace difícil celebrar plenamente la temporada de Adviento cuando el comercio nos lanza su versión de la navidad aún antes de celebrar el “Día de Acción de Gracias” (“Thanskgiving”).

(2) Se supone que la Navidad celebra el nacimiento del ser humano más humilde, sin embargo se celebra actualmente en medio de una inundación de gran opulencia, excesos y frivolidad (si tiene usted alguna duda de esto, de un paseo por cualquier centro comercial en la zona).

(3) La Navidad se ha contaminado con los cuentos mágicos de un personaje mítico del Polo Norte cuyas distorsiones del siglo 20 distan mucho de la historia del obispo griego del Siglo 4 conocido como “San Nicolás”. Actualmente es más fácil relacionar la navidad con el Santa Clós popularizado por la canción de los años 30, “Santa Claus is coming to town”, que con el hijo de una madre soltera en Belén...  En esa misma dirección se puede observar tanta película navideña cuyo mensaje típico es: I BELIEVE (pero no en Cristo, sino …) IN THE MAGIC OF CHRISTMAS …

(4) Jesús representa paz, incluso se le llama “Príncipe de paz”... pero nosotros glorificamos el negocio/industria de la guerra: → no hemos parado de estar en guerra en más de una década; → tenemos sobre 900 bases militares en 130 países alrededor del mundo; → nuestro presupuesto bélico supera el presupuesto de educación y salud...  «Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios» (Mt 5.9).

(5)  Romantizamos tanto los dos relatos de la natividad (de Mateo y Lucas) que nos cuesta trabajo entender el horror de las condiciones en que ocurrió el nacimiento de Jesús, según el testimonio que encontramos en los escritos sagrados.  Tenemos tantas capas de tradición y superstición en la mente que se nos hace difícil ver y comprender lo que según los textos, estaba ocurriendo allí.

(6) Más aún, tendemos a pasar por alto el hecho de que ambos relatos sobre el nacimiento de Jesús, son narraciones que apuntan hacia el tema de la gracia divina obrando en la cotidianidad y aún en la “bajeza” humana.

Aquí consideramos una porción del extenso relato del nacimiento de Jesucristo contenido en el Evangelio Según Lucas, específicamente lo relacionado al anuncio de tan inusual nacimiento.  Esta porción de la narración enfoca en María, la que se convertiría en madre de Jesús.  Es interesante observar a María en relación con otros personajes de los relatos del nacimiento y la infancia de Jesús en Lucas.  El capítulo 1 comienza hablando de Zacarías y Elisabet, los padres de Juan. Sobre ellos la narración nos hace consientes de su estatus social y religioso.  Zacarías era un sacerdote, con acceso a un lugar “santo” al que el resto del pueblo no podía entrar. Sobre Zacarías y su esposa Elisabet el texto también establece su linaje familiar (1.5).  Más aún, son descritos como personas ejemplares: «Ambos eran íntegros delante de Dios y obedecían de manera irreprensible todos los mandamientos y ordenanzas del Señor» (1.6).  Más adelante en el capítulo 2 encontraremos a dos personas ancianas de edad avanzada a quienes el texto se encarga de describir como personas de gran piedad: Simeón, «justo y piadoso», y Ana, la «profetiza» (2.21-38). En la narración de Lucas, aunque no veremos a José asumiendo un papel “protagónico”, la narración acentúa su linaje social/religioso: «un hombre descendiente de David» (1.27).  A María no se le identifica ni se le describe con virtudes de carácter social, ni religioso.  Ni siquiera se indica nada sobre su procedencia familiar.  María simplemente es identificada como «una virgen que estaba comprometida con José...» (1.27).  A la luz de la mentalidad y la cultura de su época, quien viese a María caminando por ahí no pensaría en ella como un ser de gran prominencia, perteneciente a las clases sacerdotales o a la realeza.  Se trataba de una adolescente (prácticamente una niña), pobre, vulnerable, cuyo único mérito en su sociedad sería pertenecer a algún hombre y darle hijos.

A esa jovencita, se le presentó un enviado de Dios a darle un anuncio asombroso, algo que alguien como ella jamás imaginaría ni esperaría escuchar.  Como parte del mensaje divino, el ángel le ofreció las siguientes palabras: «María, no temas. Dios te ha concedido su gracia» (1.30).  Mencionaba hace un momento que los relatos de la natividad son historias que dan testimonio de la gracia divina.  Por eso quiero llamar nuestra atención a esas palabras: «no temas. Dios te ha concedido su gracia».  Observemos bien: «Dios te ha concedido», es decir, Dios te ha otorgado, regalado, obsequiado... no se trata de algo merecido, comprado ni ganado.  Así es la gracia de Dios...

A través de los tiempos los seres humanos en la práctica hemos insistido en que el amor divino es algo que se tiene que merecer, vemos el favor divino como un producto que se puede adquirir cumpliendo ciertos requisitos o llevando a cabo ciertas acciones.  No obstante, el Dios que se manifiesta en las Escrituras actúa siempre primero, buscando al ser humano alcanzándole, acercándose, viniendo a su encuentro, redimiéndole, perdonándole, abrazándole, extendiéndole su misericordia, amándole incondicionalmente...  Por eso es tan importante reconocer las implicaciones de esas palabras: «no temas. Dios te ha concedido su gracia».  Eso es evangelio, eso es buena noticia, sobre todo cuando entendemos que María, aquella muchachita de Nazaret, no es la única hacia quien van dirigidas esas palabras.  La gracia divina no es para una sola persona, ni para una sola comunidad, ni para una sola nación, el evangelio es tan poderoso que no se ciñe a las restricciones que unos pocos pretendan imponerles, el evangelio es para todas y todos más allá del origen, más allá del linaje, más allá de la religión, más allá del poder económico o político, más allá de las virtudes o ausencia de ellas, la buena noticia de Dios en Jesucristo se proclama desde el anuncio de su llegada al mundo: «NO TEMAS, DIOS TE HA CONCEDIDO SU GRACIA».

Ahora la Escritura Sagrada nos extiende una invitación. Aquella jovencita llamada María nos enseña cómo responder ante el anuncio de la gracia divina: «Yo soy la sierva del Señor. ¡Cúmplase en mí lo que has dicho!» (1.38).  María, aún desde sus limitaciones, reconoció la grandeza de la gracia divina, y respondió entregándose de lleno al Señor, disponiéndose por completo a los designios de su voluntad.  De esta forma también debemos responder todas aquellas y aquellos que hemos recibido la noticia de la gracia/amor que Dios en Jesucristo nos concede.
Soli Deo Gloria.

viernes, 5 de diciembre de 2014

Why The Belhar Confession is Needed Here and Now

An open letter to Presbyterian Church (USA) [ruling and teaching] elders voting on the inclusion of The Belhar Confession in «The Book of Confessions»

At First Spanish Presbyterian Church in Miami we devoted seven weeks of Bible Study to analyze and discuss the Belhar Confession. At first it looked like a history class about something that happened far away from us, in South Africa, decades ago. Then, as we examined the document more closely, we began to see how pertinent the theological content of the Confession is to our context. While we were engaged in the study of the Confession the Ferguson tragedy exploded uncovering century-old wounds that have not healed in our society. As we continued our investigation and dialogue, lots of testimonies made evident that the evil of racism is alive and well among us...

I was born in the USA --not in the continental USA, but in a piece of land that the USA owns in the Caribbean sea. Therefore, I am an American, not an European-American, but a Puerto Rican-American. Since childhood I heard about something referred to as “American values”: freedom, equality, democracy, and so on. When I moved to the continental USA, I was shocked when I realized that even though our Declaration of Independence states that “all men are created equal”, in reality some are “more equal than others” --as George Orwell's Animal Farm accurately illustrates. I was also disappointed when I realized that white Hispanics also discriminate against other Hispanics with darker skin color. Racism is systemic. Racism is sinful. Racism is evil. Racism is hate. Enmity with one another is not God's desire for humanity. Love for one another is.

The Belhar Confession gives our denomination theological tools to help us in our efforts for justice, peace, and healing in a fragmented society, broken and wounded by all kinds of inequality. The Confession reminds us “that the church as the possession of God must stand where the Lord stands, namely against injustice and with the wronged”. It also reminds us that “God has entrusted the church with the message of reconciliation in and through Jesus Christ”. The church is called to shine Christ's light in the midst of darkness. May the church set an example that in Christ a different world is possible: the way of the Kingdom of God.

Soli Deo Gloria.

+++ RECURSOS EN ESPAÑOL +++

Descargar «La Confesión de Belhar» -traducción al español

Las grabaciones de las sesiones 2 a la 7 de nuestras presentaciones sobre el tema en la Primera Iglesia Presbiteriana Hispana en Miami, FL, pueden ser escuchadas en los siguientes enlaces:
Descargar la presentación «Racismo y segregación en nuestro contexto: "The Land of the Free"» -24 de septiembre de 2014 (Recurso para la Sesión 7)
 

martes, 2 de diciembre de 2014

¡Manténganse despiertos!

«En cuanto al día y la hora, nadie lo sabe, ni siquiera los ángeles en el cielo, ni el Hijo. Sólo el Padre lo sabe. Pero ustedes, presten atención y manténganse atentos, porque no saben cuándo llegará el momento …  Esto que les digo a ustedes, se lo digo a todos: ¡Manténganse despiertos!» (Marcos 13.32-33, 37 RVC)

La gente que vivió antes del nacimiento de Jesucristo había pasado varios siglos en expectativa.  Aquel pueblo tenía la esperanza de la llegada del mesías prometido en la literatura profética, pero cuando el mesías llegó, pasó desapercibido (excepto por unos pocos de los más humildes y pobres).  Las hijas y los hijos de Israel no estaban alerta.  Se encontraban sumergidos en medio de su complicada existencia colectiva: la ocupación imperial, la pobreza, las injusticias, las carencias, las enfermedades, los conflictos étnicos, las desigualdades sociales, la corrupción religiosa... en fin, males que acompañaban a la humanidad en la antigüedad (y que aún la siguen acompañando en sus diversas manifestaciones presentes).

Durante esta semana comenzamos la temporada de Adviento.  En este tiempo se recuerda la expectativa del antiguo pueblo de Dios por la llegada del mesías, a la vez que se afirma la expectativa de su regreso glorioso.  De este lado de la historia tenemos la ventaja del testimonio de quienes reconocieron su llegada en las tierras palestinas, quienes escucharon sus enseñanzas, vieron sus milagros, contemplaron el trato solidario hacia las personas más desventajadas, y presenciaron sus expresiones de perdón hacia sus verdugos. Más aún, contamos con el testimonio de quienes lo vieron y sintieron luego de vencer las cadenas del sepulcro.  No obstante, vivimos rutinas tan aceleradas, tan acosadas por las complicaciones propias de la convivencia humana y tan maltrechas por los golpes del camino, que pudiésemos estar tan desenfocados(as) como el pueblo que no percibió la llegada del mesías la primera vez.  Por ello la importancia de estar alertas, atentos(as) y despiertos(as). Que nuestras conciencias no se adormezcan en la autocomplacencia, ni que nuestro ser se despiste en los ahogos y ansiedades.

“El día ni la hora” nadie lo sabe. Por tal razón la temporada de Adviento nos recuerda la importancia de vivir cada día al máximo, esforzándonos continuamente por imitar los pasos del Señor Jesús.  «En gratitud a Dios, dinamizados por el Espíritu, nos esforzamos por servir a Cristo en nuestras tareas diarias y por vivir vidas santas y gozosas, mientras aguardamos el nuevo cielo y la nueva tierra de Dios, orando "¡Ven Señor Jesús!"» (Una Breve Declaración de Fe -IPEUA). Ya sea que él regrese, o que nos llame a su presencia, estemos listos(as) para el encuentro redentor.

Soli Deo Gloria.