jueves, 9 de abril de 2020

¡Despierta, Señor! ¿Por qué duermes?

El Libro de Los Salmos es una colección de poemas/canciones del antiguo pueblo de Israel. Lo pudiésemos comparar con los himnarios que ha utilizado la iglesia cristiana a través de muchas décadas. El contenido de los Salmos es frecuentemente utilizado como parte de la liturgia cristiana en diversas tradiciones, especialmente por sus abundantes de expresiones de alegre alabanza y admiración a Dios. No obstante, las palabras de los Salmos no siempre son alegres. Sus expresiones recogen la inmensa variedad de estados de ánimo del ser humano, entre ellos frustración, dolor, quejas, angustias, miedo. El favorito de muchas personas es el Salmo 23, pero no todos los salmos manifiestan el mismo nivel de confianza y seguridad de quien escribió «cuando ande en valle de sombras de muerte no temeré mal alguno...»  Hay ocasiones en que los salmistas al transitar por "el valle de sombras de muerte" tuvieron temor -- como cualquiera de nosotros siente temor ante la incertidumbre.

Así como lo expresan los salmos hebreos, hay momentos en que nuestras oraciones se encuentran carentes de optimismo. En eso radica una de las funciones más maravillosas de los salmos para el cultivo y ejercicio de nuestra espiritualidad: nos brindan lenguaje para orar en tiempos de angustia. Los Salmos no descartan ni invalidan nuestros sentimientos de impotencia ante las circunstancias que están fuera de nuestras manos. No nos acusan de faltar a la fe ni nos avergüenzan cuando nuestro ánimo anda por el suelo. Al contrario, son un reconocimiento de que, en ocasiones, como lo expresa un dicho en inglés, "It's OK not to be OK" (está bien no estar bien).

Al leer los Salmos, nos encontramos con estas palabras:
¡Despierta, Señor! ¿Por qué duermes?
¡Levántate, no te alejes para siempre!
¿Por qué te escondes de nosotros?
¿Por qué te olvidas de la opresión que sufrimos?
Nuestro ánimo se halla por el suelo,
¡nuestros cuerpos se arrastran por la tierra!
¡Levántate, ven a ayudarnos
y, por tu gran misericordia, sálvanos!
(Salmos 44.23-26, RVC)
Algunos meses atrás prediqué un sermón que titulé "Hay días, y HAY días". Nuestro entorno presente plantea un gran reto para el estado de ánimo colectivo y personal. No es para menos, la humanidad de nuestro tiempo no había enfrentado una situación al nivel de lo que estamos viviendo. No se trata de una epidemia, sino de pandemia, es decir, la calamidad actual tiene alcance mundial. No se trata de algo que ocurre "allá a aquella gente en aquel país". El coronavirus COVID-19 es algo que ya ha tocado nuestras puertas y en cualquier parte que vayamos podremos encontrar sus huellas.

En momentos como estos, los Salmos nos brindan lenguaje para orar, así como también proveyeron el lenguaje para los primeros cristianos describir los horrores que sufrió Jesucristo en sus últimos días.(1)  Al igual que los escritores de los Evangelios, podemos hacer uso de este gran recurso en los Salmos. Nuestros lamentos(2) no se quedan en el aire, no son palabras lanzadas al vacío. Las Sagradas Escrituras y las experiencias nos enseñan que Dios, así como recibe nuestras alabanzas, también acoge nuestros temores y desesperos.

Soli Deo Gloria.

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Notas:
(1) Los relatos del martirio de Jesús en los Evangelios contienen múltiples citas de los Salmos.
(2) Hay Salmos que específicamente son identificados por los eruditos como "Salmos de lamentación."