martes, 24 de diciembre de 2013

Desde una distancia insegura

Mateo 1.18-25

A través de mis años en el oficio pastoral he pasado mucho tiempo en funerarias. Quizás les parezca extraño que comience esta reflexión tocando un tema algo sombrío. Habrá quien piense “¿Qué le pasa al Pastor, no se da cuenta de que estamos en tiempo de fiesta y celebración?” Bueno, lo que ocurre es que en las funerarias he observado situaciones y escuchado cosas muy interesantes. Personas se acercan a consolar a quien a perdido su ser querido. Con la mejor de las intenciones buscan qué decir, aunque en ocasiones sería preferible que no dijeran nada: un fuerte abrazo y la presencia solidaria es mejor que mil discursos. Una de las cosas que con frecuencia escucho es “ahora fulano(a) te mirará y te cuidará desde el cielo”...  Con toda franqueza les digo que si cuando yo muera voy a ir a un lugar desde donde voy a seguir mirando todo lo que ocurre aquí en la tierra, yo no quiero un “cielo” así. Y me pregunto, ¿qué conceptos alimentan esa idea? Simple. Si cuando alguien muere va a morar "al cielo", y allí es donde Dios habita y desde donde mira hacia la tierra, entonces lo lógico es pensar que la persona fallecida acompañará a Dios en ese asunto de estar (sic) velando hacia acá (sic).

“Todo el mundo sabe” que Dios está vigilando “desde allá”. ¿No es así? A finales de los años '80 se escribió una canción en inglés titulada “From a distance”. La misma ha sido grabada en varias versiones, pero alcanzó su mayor difusión en la versión de Bette Midler en 1990. La canción habla de lo bonito que se ve todo desde lejos. Es una canción que afirma la armonía, la belleza, y los ideales de la sana convivencia humana, y en la melodía se repite una y otra vez que desde lejos Dios nos está vigilando/mirando (“God is watching us”)...

Ahora bien, cuando miramos la realidad de la humanidad lo menos que vamos a encontrar es armonía, paz, sana convivencia, justicia, dignidad, igualdad, prosperidad y cosas por el estilo. El cuadro real es muy distinto: una humanidad quebrantada, sumergida en violencia, desigualdades, tiranías, injusticias, codicias, vanidades, carencias, angustias, corrupción, necesidades... ustedes y yo conocemos ese cuadro humano, no hace falta mayor descripción. Esa realidad humana no es algo nuevo, en verdad se identificar esa triste condición desde que el mundo es mundo. ¡Ah! Pero “Dios está mirando” – decimos – “desde lejos”...

Cabe señalar que la idea del Dios que observa desde lejos tampoco es nueva. Los antiguos también estaban convencidos de que Dios observa desde eso que llamaban “las alturas”. De cara a esta idea muchas personas cuestionan: "¿cómo es posible que Dios pueda quedarse viendo todo eso terrible que ocurre y no hacer nada al respecto?"  Desde lejos es fácil observar porque se observa desde “allá”, desde una distancia segura... “Desde lejos”, como repite la canción... “desde el cielo”, como dicen en las funerarias... Pero lo cierto es que la humanidad no necesitaba que Dios estuviese y permaneciese mirando. De ahí la importancia del mensaje bíblico que hoy consideramos. Cuenta el evangelio según Mateo que Dios no se quedó mirando desde lejos, sino que Dios entró en la escena como participante del drama humano, y... ¡de qué manera!  Dios optó por hacer suyo el dolor, las limitaciones, las carencias, las angustias, las ansiedades, el temor, y las incertidumbres propias de la humanidad. Dios optó por renunciar a observar desde lejos y se involucró para observar desde una distancia insegura: la distancia que lo haría vivir en carne propia la plenitud de lo más sublime y lo más horrendo de la experiencia humana.

Para describir esa acción arriesgada de Dios, el Evangelio Según Mateo toma una maravillosa porción de un discurso profético de Isaías: «...y le pondrás por nombre Emanuel, que significa 'Dios está con nosotros'» (1.23). Al celebrar el tiempo de Navidad debemos recordar y considerar el misterio de la encarnación que significa el acompañamiento pleno de Dios en medio de nuestras realidades cotidianas. El nacimiento de aquel niño no es otra cosa que Dios entrando en nuestro entorno, Dios riendo con nosotros pero también llorando y sufriendo con nosotros. No se queda observando desde un pedestal, cómodo, indolente, desde una distancia segura, sino que su compasión lo ha llevado a transitar nuestro propio camino. El nacimiento de Jesús es empatía, es sensibilidad, es acercamiento, es misericordia llevada a la acción, es solidaridad extrema. ¡Bendita gracia del Señor! Celebramos, pues, el adviento, la llegada de Jesús Emanuel: Dios está con nosotros.

Soli Deo Gloria.

domingo, 15 de diciembre de 2013

Si la iglesia fuera cristiana


Recién terminé de leer un libro que me ha estado acompañando durante varias semanas. De entrada su título es intrigante: "If the church were Christian" (Si la iglesia fuera cristiana). El título en sí mismo encierra una invitación a pensar y repensar. ¿Acaso la iglesia NO es cristiana? Se supone que por definición la iglesia ES cristiana, ¿o no?

El autor, Philip Gulley, es un ministro de tradición cuáquera, el cual nos narra su jornada de maduración en el pensamiento y la fe cristiana a la vez que va confrontando a la iglesia con lo mucho que el cristianismo se ha distanciado de Cristo. Dedica cada capítulo a explicar y comentar las aseveraciones que se enumeran a continuación.

Si la iglesia fuera cristiana… Jesús sería más su modelo de vida que su objeto de adoración.

Si la iglesia fuera cristiana… afirmar nuestro potencial sería más importante que condenar nuestros quebrantamientos.

Si la iglesia fuera cristiana… la reconciliación sería más valorada que el juicio.

Si la iglesia fuera cristiana… el actuar con gracia sería más importante que poseer la doctrina correcta.

Si la iglesia fuera cristiana… invitar preguntas sería más apreciado que proveer contestaciones.

Si la iglesia fuera cristiana… alentar la exploración personal sería más importante que la uniformidad comunal.

Si la iglesia fuera cristiana… suplir necesidades sería más importante que mantener instituciones.

Si la iglesia fuera cristiana… la paz sería más importante que el poder.

Si la iglesia fuera cristiana… se ocuparía más del amor y menos del sexo.

Si la iglesia fuera cristiana… esta vida sería más importante que la vida del más allá.

Tengo que advertir que a los herman@s cristianos que viven aferrados a sus ortodoxias, dogmas, y tradiciones inquebrantables, la lectura de este libro puede resultar perturbadora. Aun así les insto a que lo lean completo. Nadie tiene que concordar totalmente con sus planteamientos para sacar provecho de la lectura que ciertamente nos llevará a reconsiderar las maneras en que somos iglesia. La lectura provoca inquietud, molestia, ira, vergüenza, indignación ... curiosamente esas mismas reacciones provocaban los discursos de Jesucristo a los religiosos de su tiempo. La pregunta que cada lector o lectora tendría que meditar es "¿Queremos parecernos a Jesús, o preferimos parecernos a los religiosos que lo resistieron?"

Me parece que el libro provee al lector y la lectora herramientas para moverse de una fe rudimentaria al cultivo de una fe madura, que se esfuerza diariamente por aprender y por servir.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

YO CELEBRO LA NAVIDAD (reacciones y pensamientos de cara al concepto "war on christmas")

Durante la primera semana del mes de diciembre ya se observan los estandartes de quienes desde sus respectivas plataformas mediáticas defienden o atacan la celebración de la Navidad. Considero que muchos de los argumentos en pro o en contra rayan en el campo de lo absurdo. De cara a esta controversia inútil, comparto los siguientes pronunciamientos, a riesgo de desagradar los campamentos de ambos extremos. (A fin de cuentas, es a Dios a quien me interesa agradar). Siendo fiel a mis convicciones quiero afirmar que: YO CELEBRO LA NAVIDAD.

YO CELEBRO LA NAVIDAD… pero no me interesa que se obligue a nadie a celebrar la Navidad (especialmente si son personas que profesan una fe distinta a la fe cristiana, o si simplemente no profesan credo religioso alguno), así como no me gustaría que se me obligue a celebrar un festival perteneciente a otra religión. Somos parte de una nación que aboga por la libertad de religión, lo que significa que cada cual tiene el derecho de profesar su religión sin que el Estado imponga una religión en particular. Lamentablemente hay quienes definen la libertad de religión como "la libertad de forzarle mi religión al resto de la sociedad valiéndome de los recursos del gobierno".

YO CELEBRO LA NAVIDAD… sin el sentimiento paranoico de los teóricos de la alegada "war on Christmas" (guerra contra la Navidad). Sencillamente no le corresponde al gobierno ni al comercio proclamar a Jesucristo. Ni el gobierno ni el comercio fueron comisionados para evangelizar.  Eso nos corresponde hacerlo a los cristianos(as), mediante nuestro testimonio y mediante la forma en que tratamos a las todas las personas. En lugar de estar dando candela con eso de "put the Christ back in CHRISTmas" debiéramos ocuparnos de "putting the Christ back in CHRISTians", porque lo triste es que el cristianismo que se promueve en nuestro tiempo cada vez se parece menos a Cristo.

YO CELEBRO LA NAVIDAD… consciente de que en el Nuevo Testamento hay DOS narraciones sobre el nacimiento de Jesús, que tienen algunos puntos en común pero que también tienen diferencias considerables. Las circunstancias y escenarios relatados en el evangelio según Mateo y el evangelio según Lucas son distintas. A través de los años las tradiciones las han entretejido al punto de colocar ángeles, pastores, animales, familia y magos (sabios o astrólogos) en un mismo tiempo y espacio. Al hacer esta mezcla de personajes perdemos de vista la esencia de los mensajes y principios que cada uno de los relatos plantea.

YO CELEBRO LA NAVIDAD… consciente de que el 25 de diciembre fue una fecha seleccionada, que coincide con la fecha de nacimiento de personajes importantes en otras religiones, y que no se sabe a ciencia cierta cuándo nació Jesucristo.  Su origen de familia artesanal proveniente de las clases empobrecidas dificulta (por no decir que imposibilita) que el evento se haya conservado en registros históricos oficiales. Lo que encontramos en los evangelios según Mateo y Lucas son relatos de carácter teológico: su intención es transmitir evangelio (buenas nuevas) sobre la divinidad y su relación con la humanidad:

*BUENAS NUEVAS de apertura a los gentiles (en Mateo se narra que unos astrólogos de tierras lejanas fueron a Belén a adorar al niño recién nacido).

*BUENAS NUEVAS de apertura hacia los pobres y menospreciados de la tierra (en Lucas se narra la aparición de huestes angelicales para dar la buena noticia a un grupo de pastores cuidando sus rebaños, los cuáles fueron a buscar al niño recién nacido).

*BUENAS NUEVAS de apertura hacia la humanidad plena afirmando la encarnación. La encarnación nos habla de un Dios que (a diferencia de muchos muchos cristianos) no vive enajenado de la realidad humana sino que la acoge y la abraza con humilde compasión. "Emmanuel" es "Dios con nosotros(as)", no "en contra de", ni "alejado de" nosotros(as).

¿Qué tal si en lugar de esperar que el gobierno y el comercio coloquen letreros de "Merry Christmas" en vez de "Happy Holidays", nos enfocamos en celebrar buscando parecernos más a Cristo en nuestras actitudes, conversaciones y acciones? Que el "espíritu de Navidad" - el Espíritu Santo - sature nuestras vidas de paz, amor, alegría y esperanza, virtudes que tanta falta hacen en nuestra fragmentada humanidad. Es desde esa coyuntura que YO CELEBRO LA NAVIDAD.