lunes, 30 de abril de 2012

Certeza



Las siguientes preguntas y respuestas provienen del Catecismo de Heidelberg, escrito en 1563, e incluido en el Libro de Confesiones de la Iglesia Presbiteriana (EUA):

4.001 ¿Cual es tu único consuelo, tanto en la vida como en la muerte? 
Que yo, pertenezco—alma y cuerpo, tanto en la vida como en la muerte—no a mí mismo, sino a mi fiel Salvador, Jesucristo, quien al precio de su propia sangre ha pagado plenamente por todos mis pecados y me ha liberado completamente del dominio del diablo; quien me protege de tal manera que sin la voluntad de mi Padre celestial ni un cabello cae de mi cabeza; ciertamente todas las cosas deben adaptarse a su propósito para mi salvación. Por eso también, por medio de su Espíritu Santo, me asegura la vida eterna, y me hace estar de todo corazón dispuesto y preparado a vivir para él sin dudas ni reservas.

4.002 ¿Cuántas cosas debes saber para que puedas vivir y morir en la bienaventuranza de este consuelo? 
Tres. Primera, cuán grande es mi pecado y mi desgracia. Segunda, cómo soy liberado de todos mis pecados y sus desgraciadas consecuencias. Tercera, cuánta gratitud debo a Dios por tal redención.

jueves, 19 de abril de 2012

Leyendo las Escrituras Sagradas

"Even now when the Bible has been picked and pawed over by those who want to use it for their own purposes, it remains the primary way through which people of faith understand God and our relationship to God." *


LA BIBLIA **

9.27 La única revelación suficiente de Dios es Jesucristo, la Palabra encarnada de Dios, de quien el Espíritu Santo testifica singular y autorizadamente por medio de las Santas Escrituras, las cuales se reciben y obedecen como la palabra escrita de Dios. Las Escrituras no son un testimonio entre otros, sino el testimonio sin par. La iglesia ha recibido los libros del Antiguo y del Nuevo Testamento como testimonio profético y apostólico en el cual ella escucha la palabra de Dios, y por el cual su fe y obediencia se sustentan y gobiernan.

9.28 El Nuevo Testamento es el testimonio escrito de los apóstoles sobre el advenimiento del Mesías, Jesús de Nazaret, y el envío del Espíritu Santo a la Iglesia. El Antiguo Testamento da testimonio de la fidelidad de Dios en su pacto con Israel y nos señala el camino hacia el cumplimiento de su propósito en Cristo. El Antiguo Testamento es indispensable para entender el Nuevo, y éste no puede entenderse plenamente sin el Nuevo.

9.29 La Biblia debe interpretarse a la luz de su testimonio sobre la obra de reconciliación de Dios en Cristo. Las Escrituras, dadas bajo la dirección del Espíritu Santo, son, a pesar de todo, las palabras de seres humanos, condicionadas por el lenguaje, formas de pensar, y estilos literarios de los lugares y épocas en que fueron escritas. Reflejan puntos de vista sobre la vida, la historia y el cosmos prevalecientes en aquel entonces. Por lo tanto, la iglesia tiene la obligación de acercarse a las Escrituras con entendimiento literario e histórico.***  Así como Dios ha hablado su palabra en diversas situaciones culturales, la iglesia tiene confianza de que Dios seguirá hablando mediante las Escrituras en un mundo cambiante y en todas las manifestaciones de la cultura humana.

9.30 La palabra de Dios se comunica a su iglesia hoy en día dondequiera que las Escrituras se prediquen fielmente y se lean atentamente, dependiendo de la  iluminación del Espíritu Santo, y de la disposición a recibir su verdad y dirección.

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Tomados de forma literalista, sin un análisis crítico, responsable y serio, que tome en consideración los puntos esbozados en el párrafo 9.29 (arriba), las Escrituras Sagradas se pueden convertir (y de hecho, se han convertido) en instrumentos de opresión (social, política, económica y religiosa) y en excusa sistemática para la exclusión y marginación de seres humanos, privándoles de justicia, gracia y paz, a causa de su género, raza, credos, orientación sexual, condición de salud, y/o situación económica.

Bien lo expresó Pablo de Tarso, cuando en su 2da Carta a la iglesia de Corinto, de frente a ideas de cristianos judaizantes, afirmó lo siguiente: «la letra mata, mas el Espíritu vivifica» (2 Co 3.6 RVC).  Es necesario hacer una relectura liberadora de los textos sagrados, desde la óptica del «reino de Dios», esa convivencia armoniosa que Jesucristo enseñó, predicó y practicó.

Que así nos ayude Dios.

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Notas:
* Greg Garrett, 2011. The Other Jesus, Louisville: WJK Press, p. 31
** Sección tomada de la Confesión de 1967, en el Libro de Confesiones de la Iglesia Presbiteriana (EUA).
*** Negrillas nuestras.

martes, 3 de abril de 2012

El cumplimiento de la reconciliación

En este post les comparto una sección de «La Confesión de 1967», documento doctrinal oficial de nuestra denominación «Iglesia Presbiteriana (EUA)».  Espero que nos sirva de inspiración y reto...

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9.53 La obra redentora de Dios en Jesucristo abarca la totalidad de la vida del ser humano: lo social y lo cultural, la economía y la política, lo científico y lo tecnológico, lo individual y lo corporativo. Incluye el medio ambiente natural del ser humano, explotado y despojado por el pecado. Es la voluntad de Dios que su propósito para la vida humana sea cumplido bajo el dominio de Cristo, y que toda forma de maldad sea desterrada de su creación.

9.54 Las imágenes y las visiones bíblicas relativas al dominio de Cristo, tales como una ciudad celestial, una casa paterna, un nuevo cielo y una nueva tierra, una fiesta de bodas, y un día interminable culminan con la figura del reino. El reino representa el triunfo de Dios sobre todo lo que resiste su voluntad y destruye su creación. El reino de Dios ya está presente como fermento en el mundo, despertando la esperanza en los seres humanos y preparando al mundo para recibir su juicio y redención finales.


9.55 Con una urgencia que nace de esta esperanza, la iglesia se dedica a sus tareas actuales y lucha por un mundo mejor. No identifica el progreso limitado con el reino de Dios sobre la tierra, ni pierde la esperanza ante la contrariedad y la derrota. Con esperanza firme, la iglesia mira más allá de cualquier éxito parcial hacia el triunfo final de Dios.

9.56 “Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o pensamos, según el poder que actúa en nosotros, a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús, por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén.”