jueves, 29 de septiembre de 2011

Water cooler gossip

Éxodo 16.1-15

Esta porción de la historia sobre el Éxodo de Israel en el desierto, a pesar de ser tan antigua, a la vez resulta ser muy contemporánea.  Cualquiera que haya trabajado en instituciones (voluntarias o salariales) se puede identificar con lo que allí se cuenta.  La narración viene a ser un espejo de la conducta humana en contextos organizacionales.

Según el texto bíblico, el naciente pueblo hebreo, libertado de la esclavitud en Egipto por medio de actos portentosos divinos, se encontraba en una travesía hacia “la tierra prometida”, la “tierra que fluye leche y miel”.  El asunto se complica por el hecho de que la travesía es por medio de un desierto y, como bien sabemos, el desierto es un lugar inhóspito para la vida humana, particularmente tratándose de una caravana colectiva tan grande.  No había pasado mucho tiempo cuando la gente comenzó a murmurar en contra de su liderato (es decir, Moisés y Aarón).

Algo que llama mi atención en la narración es que expone en varias ocasiones el asunto de la murmuración (versos 2, 7, 8, 9, y 12).  La Real Academia Española de la Lengua define murmuración como “Conversación en perjuicio de un ausente”.  Interesante concepto: el daño se hace a “un ausente”.  Hay quienes disfrazan sus conversaciones bajo la etiqueta de “crítica constructiva”, pero tratándose de una comunicación que no va dirigida por los canales apropiados ni cuentan con la participación de la persona(s) directamente implicada(s), esas llamadas “críticas constructivas” terminan siendo “murmuraciones destructivas” que en nada contribuyen al bienestar del individuo ni de la organización.  En inglés les llaman “water cooler gossip”; en español les llamamos “chismes/conversaciones de pasillo”.

Ahora bien, lo que más me inquieta de este interesante fenómeno es cuando ocurre en el contexto de la Iglesia.  Si usted es feligrés/miembro de una congregación cristiana con toda probabilidad habrá tenido algún grado de participación (como perjudicado o como perjudicador) en conversaciones de pasillo (o de “parking” y escondrijos similares).  Esta es una práctica que nada resuelve, nada edifica y nada bueno produce.  Por el contrario, lastima personas y familias y sus efectos nocivos se pueden extender a la comunidad.  Lo que es peor, le hace un flaco servicio al Señor y al evangelio (que por definición es «buena noticia», algo muy distinto a la murmuración).  Una cultura de murmuración, lejos de crear y afirmar relaciones, aleja a quienes con corazón sincero se acercan a la iglesia para “buscar de Dios”.  El Señor Jesús, en una ocasión afirmó que «no hay nada secreto que no llegue a descubrirse, ni nada escondido que no llegue a saberse» (Mateo 10.26 DHH).  En la narración del Éxodo, Moisés indica al pueblo que «el Señor los ha oído murmurar contra él. ¿Quiénes somos nosotros? Cuando ustedes murmuran, no murmuran contra nosotros, sino contra el Señor» (16.8).

Nuestras conversaciones, lejos de rayar en la murmuración, debiesen ser diálogos sensatos, prudentes y discretos, dirigidos a construir y edificar, y a fomentar lo justo, lo bueno y lo digno, en el lugar apropiado, y con las personas apropiadas. El autor de la Carta a los Efesios lo propone de la siguiente forma: «Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes» (Efesios 4.29 RVR95).  Tengamos conciencia de que siempre nuestras palabras llegarán a otros oídos, incluyendo los oídos de Dios.  Renunciemos a la cultura de la murmuración, y abracemos la cultura del diálogo honesto y bien intencionado.

Lo angular en nuestras relaciones

Por Fabián Paré
Red de Liturgia / CLAI

«…los principales sacerdotes y los fariseos, entendieron que hablaba de ellos.»
Mateo 21,33-46

Resulta fácil y habitual pensar cómo tiene que ser la vida de los demás, proponerles replanteos y esclarecerles lo que tienen o no que hacer; y suele ser bastante difícil y poco común pensar como tiene que ser nuestra vida, proponernos replanteos y lograr esclarecimientos sobre lo que tenemos que hacer o no.  Es algo propio de la condición humana, por eso nos cuesta muchas veces darnos cuenta de algunas cosas que hacemos y no suelen tener consonancia con lo que debiéramos reflejar como cristianos/as.  Es fácil poner el peso de una interpretación bíblica sobre otros/as, pero nos cuesta asumir el peso que puede tener sobre nosotros/as: Si se habla de falsos profetas, serán otros (porque nosotros/as nos consideramos verdaderos); si se habla de árboles que no dan buen fruto, serán otros (porque nosotros/ consideramos los nuestros buenos); si se habla de trigo y cizaña, pues la cizaña serán otros (porque nosotros/as nos consideramos trigo); si se habla de imprudencia, pues serán otros los imprudentes (porque nosotros/as nos consideramos prudentes); si sobrevienen tempestades y tormentas es por la falta de fe de otros (porque nosotros/as nos consideramos llenos de fe); si hay una generación perversa que demanda una señal, pues serán otros (porque nosotros/as consideramos que no las necesitamos); si se habla de semillas del reino que no crecen o mueren, consideramos que hablan de otros (porque nosotros/as nos consideramos ‘buena semilla’); nos consideramos como el buen samaritano pero de muchas maneras mostramos indiferencia sobre las necesidades de los demás; nos consideramos como Pedro cuando confiesa al Mesías, pero creemos que es otro cuando Jesús le dice ‘aléjate de mí Satanás’; de la misma manera cuando se habla de labradores malvados, creemos que son otros porque nosotros/as nos consideramos ‘buenos’.  Si no tomamos otra posición respecto a esta manera de leer la Biblia, lamentablemente no nos alejamos mucho del lugar en el que se posicionaban los principales sacerdotes y los fariseos respecto a lo que Jesús enseñaba.  Debemos corrernos de ese lugar desde donde creemos que la lectura bíblica avala nuestro comportamiento, de lo contrario nos privaremos de la posibilidad de involucrarnos en un aprendizaje de lo que Jesús enseña.  En lugar de buscar aval de nuestro comportamiento, es mejor volver a entender nuestro comportamiento desde la enseñanza de Cristo.

El Reino de Dios involucra al que se considera un perro que come las migas que caen de la mesa de sus amos (y no se habla de la mesa de jefes, patrones, dueños, sino de la misericordia de Dios); al que cree que tan solo tocando el manto de Jesús quedará sano, al que cree que tan solo una orden de Cristo bastará para sanar, al que se arrepiente de los males que cometió; y yendo al trabajo que involucra la extensión de este reino, implica a los que se disponen a servir con humildad, amando como Jesús amó (no con un amor condicional como el nuestro).  Nos cuesta compararnos con un perro, nos cuesta confiar en el poder de Jesús -que no es el poder de las jerarquías instaladas en nuestra convivencia-, y sobre todo nos cuesta arrepentirnos sinceramente de los males que hemos provocado; más aun nos cuesta disponernos a servir con humildad y más todavía amar como Jesús ama.  ¿Por qué es tan difícil este reino de Cristo?

Las dificultades que se nos presenta junto a Cristo, se relacionan con el lugar que no queremos perder, lugar que nos empodera y determina el tipo de relación que mantenemos con los demás; nos sentimos poderosos/as controlando la vida de los demás, y entramos en desesperación cuando perdemos ese ‘control’.  Mientras sigamos sintiendo eso no seremos muy diferentes a aquellos malvados que mataron al hijo del dueño para quedarse con su heredad (Mt 21,38-39), ni a aquellos principales sacerdotes y fariseos que buscaban echarle mano a Jesús para sacarlo del medio (Mt 21,46). 

La edificación de nuestra convivencia, a la luz de las enseñanzas de Cristo, nos lleva a tener en cuenta los ‘materiales’ que utilizamos en esa construcción, cuando Jesús dice: ‘la piedra que desecharon los edificadores…’ habla de la misericordia, compasión, amor, eso es lo que solemos desechar en la construcción de nuestra convivencia, y resulta que Dios lo dispone como ‘cabeza del ángulo’, sostén y soporte de toda la edificación.  Ser involucrados en la salvación nos lleva a reflexionar sobre lo angular en nuestras relaciones.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Día Mundial de Oración por La Paz - 09/21/2011

Oración de Confesión

Oh Dios de paz, tú que nos conoces antes que fuésemos formados en el vientre de nuestra madre, perdónanos cuando nos quedamos solo en las intenciones y no nos comprometemos con acciones concretas en favor de la paz y la justicia.
 
¡Que nuestras acciones y voces promuevan siempre la paz!
 
Oh Dios de justicia, tú que juzgas con misericordia a nuestra humanidad, perdónanos cuando permitimos que tu imagen sea desfigurada al permanecer pasivos delante de tanta violencia y exclusión.
 
¡Que nuestras acciones y voces promuevan siempre la paz!
 
Oh Dios de amor, tú que nos creaste con el propósito de ser una gran familia, perdona nuestra incapacidad de reconciliarnos con nuestros semejantes tanto con nuestros seres más queridos como con nuestros enemigos.
 
¡Que nuestras acciones y voces promuevan siempre la paz!
 
Oh Dios de gracia, tú que nos diste el don de la palabra para que sea instrumento de transformación, perdónanos las veces que hemos hablado precipitadamente, sin pensar en las consecuencias, o nos callamos por miedo o indiferencia.
 
¡Que nuestras acciones y voces promuevan siempre la paz!
 
Dios de vida, tú nos has colocado en la tierra para cuidarla y velar por su bienestar, perdónanos cuando no hemos sido capaces de cuidar a tu mundo, de proteger la naturaleza, la casa que nos diste: el hogar de nuestros antepasados y descendientes. Ayúdanos a promover la vida y buscar la paz.
 
¡Que nuestras acciones y voces promuevan siempre la paz!

jueves, 8 de septiembre de 2011

Theological Education Fund

Formas en que podemos aportar a la preparación de nuevas vidas formándose para el ministerio pastoral/educativo en nuestra denominación, Presbyterian Church (USA).

Pulsa este enlace para más información y recursos.