jueves, 20 de marzo de 2014

De acuerdo

Filipenses 4.1-7 

La carta de Pablo a los Filipenses es una carta muy querida y apreciada por la cristiandad.  Es allí donde encontramos el hermoso himno que detalla la humillación y exaltación de Cristo Jesús (2.5-11).  Es esa la carta que es conocida por muchos como la carta del gozo o de la alegría, por la forma en que el apóstol manifiesta haber aprendido a contentarse en medio de cualquier circunstancia, pues «todo lo puedo en Cristo que me fortalece» (4.11-13).  En ese mismo capítulo (4), entre un llamado a la constancia y un llamado al regocijo y la confianza en Dios, se encuentra un llamado muy particular: «Ruego a Evodia y Síntique, que se pongan de acuerdo en el Señor» (4.2).  Dos personas de la comunidad de Filipos, se encuentran en desacuerdo, y el apóstol está consciente de la seriedad de la situación.  Tomando en consideración el lugar de este llamado en la carta, y tomando en consideración el contexto eclesial que la misma presupone, quiero compartir varios planteamientos.

PRIMERO: el desacuerdo afecta a las personas directamente involucradas. Eso parece ser obvio, pero lo cierto es que no todas las personas tienen conciencia de ello.  Usualmente quien está en un desacuerdo pasa por alto que, así como ella está afectada, la otra persona también lo debe estar.

SEGUNDO: el desacuerdo afecta también a terceras personas, no sólo las que se encuentran directamente involucradas, sino otras personas; en este caso, la comunidad eclesial.  Cuando hay desacuerdo entre dos miembros de la comunidad, la comunidad sufre los efectos de la tensión, la tristeza, la ansiedad, la incomodidad que la situación genera. Tiene un efecto de expansión como las ondas que se forman cuando un objeto cae en el agua.

TERCERO: en ocasiones el desacuerdo requiere la ayuda de agentes externos que asuman un papel de mediación conciliatoria.  Acto seguido, Pablo recluta ayuda: «También a ti, mi compañero fiel, te ruego que ayudes a éstas que lucharon conmigo en el evangelio» (4.3). Evodia y Síntique necesitan la participación de alguien que les ayude a ver más allá del desacuerdo o el impase, alguien que les ayude a enfocarse en lo que realmente es medular y esencial, más allá de lo inmediato, alguien capaz de identificarse con ambas partes sin abanderizarse, alguien consciente de la necesidad de superar el problema para que la comunidad pueda seguir adelante.

CUARTO: el desacuerdo necesita ser atendido para dar paso al recocijo. Inmediatamente de su llamado al acuerdo entre Evodia y Síntique, Pablo hace una invitación a la alegría y el regocijo «en el Señor».  El mensaje del Señor es evangelio, buena noticia, reconciliación, nuevas oportunidades, nuevos comienzos.  ¡Qué gran sentido de alivio y alegría es el que se experimenta cuando cuando un malentendido es clarificado, cuando un desacuerdo es resuelto, cuando una relación es restituida de manera saludable!

Los seres humanos somos únicos, diferentes los unos de los otros.  Ni siquiera los llamados gemelos "idénticos" son "idénticos" (valga la redundancia).  Donde hay diversidad, inevitablemente ocurrirán discrepancias de ideas, sentimientos, y acciones.  Pero la diversidad lejos de convertirse en un problema, es -de facto- una bendición.  La armonía de diferentes instrumentos enriquecen una pieza musical; el esfuerzo de todos los instrumentalistas ensayando, acoplándose, corrigiéndose, y afinándose logra que el resultado final sea una experiencia de gran agrado, no sólo para los intérpretes, sino para la audiencia. +++

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