Una palabra de gratitud

«...y sed agradecidos» (Colosenses 3.15)
La Escritura nos enseña una y otra vez la linda virtud del agradecimiento. Cuando somos agradecidos(as), humildemente estamos reconociendo que lo que somos y lo que tenemos no es el producto exclusivo del individuo, sino que es el resultado de la gracia, el esfuerzo, y la contribución que – con o sin intención – otras personas han hecho. Nadie puede reclamar con veracidad el “haberse formado sólo”: somos seres gregarios. Por ello quiero dedicar estas líneas a manifestar públicamente mi gratitud a:

  • a mi esposa, Vilmarie Cintrón-Olivieri, por haberse embarcado conmigo en el proyecto de vida que nos ha unido durante quince años (más los años que vendrán);   
  • a mi familia inmediata y extendida, por lo que con amor y sacrificio han sembrado en mi, por su apoyo incondicional y su acompañamiento en todo tiempo;   
  • a la Presbyterian Church (USA) en su expresión puertorriqueña, por haberme formado durante mis primeros 41 años de vida: a los pastores(as), maestros(as) y hermanos(as) en la fe que tanto me inspiraron y enseñaron;
  • a las congregaciones de Caguas y Hato Rey (en Puerto Rico) por el privilegio de haberles servido como pastor y guía durante cinco y diez años, respectivamente;   
  • al Tropical Florida Presbytery, y a sus oficiales, por recibirme como miembro y hacerme sentir parte de esta nueva familia presbiterial;   
  • al Comité de Nominación Pastoral, por haberse encomendado a la dirección divina desde el inicio del proceso de búsqueda, por haber hecho su labor con rigurosidad y compromiso, poniendo siempre como prioridad el bienestar integral de la Iglesia: a ustedes mi respeto y admiración;   
  • a las hermanas y hermanos de la Primera Iglesia Presbiteriana Hispana en Miami, que con tanto amor y cariño aportaron tiempo, tesoro y talentos para que la celebración de la instalación pastoral fuese un evento lleno de abundante alegría e inolvidable júbilo, contagiando a los(as) presentes con un sentido de esperanza, gran entusiasmo y gratitud a Dios por sus bondades para con nuestro pueblo;   
  • a todos los hermanos(as) y amigos(as) amados(as) que vinieron desde destinos cercanos y lejanos, cruzando aire, tierra y mar, para compartir el gozo y el calor humano con nuestra congregación y su nuevo pastor;   
  • al Señor que me llamó aún antes de que yo tuviese la capacidad de responderle, que me ha sostenido en todo tiempo, que ha reído y llorado conmigo, que me ha alentado y corregido, y que día tras día renueva en mí el deseo de servir a Dios y al prójimo.
En todo y por todo, doy gracias a Dios.

A mi amada congregación, les recuerdo que la labor no culmina aquí, sino que comienza una nueva etapa en nuestra rica historia de servicio y testimonio al amparo de la fidelidad de Dios. Hay que trabajar con más esfuerzo y dedicación cada día, la ciudad de Miami necesita un pueblo que fielmente testifique en palabra y acción la gracia divina que nos ofrece un mejor porvenir para toda persona que se arroja en los brazos el Señor.

Agradecido,
Pastor José Manuel

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