jueves, 13 de agosto de 2015

Jesús los miró con enojo y tristeza

«Jesús los miró con enojo y tristeza, al ver la dureza del corazón de ellos» (Marcos 3.4)

La imagen usual que existe de Jesús es una imagen de dulce compasión y ternura, por lo cual la expresión «Jesús los miró con enojo…» resulta hasta cierto punto, disonante. Ahora bien, antes de considerar los pensamientos que aquí comparto, les invito a leer la narración de Marcos 3.1-6 RVC.

«Los miró con enojo y tristeza...» es una expresión utilizada por el Evangelio Según Marcos para referirse a los religiosos de la época de Jesús, quienes se encontraban presentes en una sinagoga en el momento en que Jesús sanó a un hombre que tenía una mano atrofiada.  A continuación comento algunos puntos del relato que llaman mi atención.

Primero. El narrador se asegura de anotar que algunos de los presentes estaban vigilando a Jesús (3.2) para sorprenderlo en alguna falta, que en este caso sería ayudar al hombre de la mano atrofiada.  Esa mala costumbre que muchas personas religiosas tienen de andar entrometiendose en las vidas ajenas para señalarles es algo que perdura hasta nuestros días.  Están vigilantes, pero no para ayudar, sino para criticar, para condenar, para señalar, para acusar, para dar las opiniones que nadie les ha pedido, para emitir su juicio desde la tribuna que nadie les ha concedido. Muchos prefieren entretenerse acentuando los "pecados" y faltas ajenas antes que considerar los propios.

Segundo.  Jesús coloca al hombre enfermo en medio de la sinagoga.  Aquel que por su condición debía estar en la periferia, es traído al centro por Jesús. Aquel que por su enfermedad debía ser excluido, es convertido en el foco de atención.  Jesús, entonces, hace preguntas que tienen el efecto de confrontar a la audiencia con la necesidad de discernir lo que realmente es importante: ¿Qué debe ser prioritario - los dogmas y tradiciones o el bienestar humano?  Por lo que se lee en los evangelios podemos observar que los religiosos devotos en tiempos de Jesús eran muy estrictos con sus conceptos de la ley divina. A través de los años se había desarrollado todo un sistema de dogmas fundamentados en su forma de leer e interpretar las escrituras sagradas hebreas. Parte de esos dogmas comprendía las reglas sobre qué se podía hacer y que no se podía hacer en “el día de reposo” (el Sábado), para no violentar el mandamiento de guardarlo...  Las preguntas de Jesús fueron contestadas por aquellos con silencio inculpador.

Tercero.  Indica la narración que «Jesús los miró con enojo y tristeza al ver la dureza de sus corazones» (3.5).  ¿Cómo mirará Jesús a los religiosos de nuestro tiempo?  ¿Cómo reaccionaría si escuchara sus sermones y enseñanzas en las iglesias y en los medios de comunicación masiva? Desafortunadamente grandes sectores de la cristiandad contemporánea demuestran tener la misma actitud que los religiosos que se oponían al mensaje de Jesús.

Cuarto.  La ley religiosa hebrea se componía de 613 mandamientos, siendo el de guardar el Sábado uno de los “top-ten”. Es sumamente importante notar que a Jesús no le tembló el pulso al subordinar el mandamiento religioso al bienestar de aquel hombre necesitado…

La audiencia contemporánea es confrontada al igual que lo fue la audiencia en aquella sinagoga: ¿vamos a ser como los religiosos farisaicos cuyo interés es su dogma a como dé lugar, o vamos a asumir una actitud de compasión solidaria?  ¿Seremos como aquellos que se mantenían vigilantes para juzgar desde sus pedestales de arrogancia espiritual, o vamos a seguir los pasos de Jesús, para quien la misericordia era más importante que las leyes y tradiciones religiosas?

Si hoy nos hacemos llamar «cristianos», es indispensable que miremos el ejemplo de Cristo y nos esforcemos cada día en imitarlo.  El discipulado cristiano requiere que privilegiemos la caridad y el amor, por encima de cualquier otra consideración.

Es mi oración y anhelo que la gracia divina nos haga sensibles a la necesidad del prójimo y transforme nuestros corazones endurecidos.

Soli Deo Gloria.

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