jueves, 27 de septiembre de 2012

Cortesía: en peligro de extinción

«Que su amabilidad sea evidente a todos.» (Filipenses 4.5 NVI)

No es un secreto que en los tiempos en que nos ha correspondido vivir, la cortesía o amabilidad es algo que muchas veces brilla por su ausencia. Nunca pensé que tendría que decir algo como esto. Cuando era muy jovencito pensaba que ese parecer era "cosa de viejos" que siempre añoran tiempos "mejores".  No obstante, al madurar y, ¿por qué no?, al envejecer, me he percatado de que "los viejos" tenían razón en esto. Frases como "por favor", "tenga la bondad", "buenos días", "disculpe", "muy amable", "pase usted", "gracias", son frases que se escuchan cada vez con menos frecuencia.

La cortesía es algo que debiera manifestarse en todas las relaciones humanas.  Pero en esta ocasión quiero enfocar mis pensamientos de forma particular en las comunicaciones electrónicas o "emails".  Un email es una carta que en lugar de ser escrita en papel, se escribe en una computadora (o tablet, o teléfono inteligente) y se envía de manera electrónica.  Tiene la ventaja de recibirse rápido.  No depende de todo el proceso más lento que implica el correo regular (escribir, sellar, enviar al buzón, y esperar un par de días en lo que llega). El correo electrónico se envía y se recibe en cuestión de segundos acelerando de esta manera la comunicación.  Ahora bien, el que una carta se envíe de manera electrónica, no invalida el hecho de que es una carta.  En la escuela aprendí que una carta comienza con un saludo y temina con una despedida.  Esto no es algo que constituya una ley que si no se cumple conlleva penas y castigos, pero es asunto de cortesía.  Una pequeña frase al principio y al final tiene la facultad de afectar positivamente el ánimo de quien recibe la comunicación.  Esa expresión simple de cortesía tiene la capacidad de brindar calor humano: no es una máquina la que escribe ni es una máquina quien recibe, son personas que tienen sentimientos, aspiraciones, esperanzas y frustraciones. 


Bien lo dice el escritor bíblico: «Las palabras amables son un panal de miel;
endulzan el alma y sanan el cuerpo» (Proverbios 16.24).  Aún aquellos temas que puedan ser más controvertibles pueden tratarse de forma positiva y obtener mejores resultados cuando son acompañados de cordialidad.  La prisa nunca debiese ser motivo para sacrificar un saludo amable y una despedida cordial. Una pizca de sal puede acentuar el buen sabor de la comida o lo puede arruinar. Les invito, pues, a contribuir para que la cortesía no sea algo en peligro de extinción.  El mundo está lleno de amarguras, pero por medio de “pequeñas” porciones de amabilidad, podemos hacer nuestra parte para darle un mejor sabor.

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