miércoles, 3 de octubre de 2012

Es cierto porque lo vi en la TV

Al momento de escribir estas líneas tengo 42 años.  Pertenezco a la llamada “Generación X”. Mi niñez y adolescencia fueron nutridas por la cultura de los años 70’s y 80’s. Vi nacer los video juegos, la computadora personal, los Sony “walkman”, las video grabadoras VHS, los teléfonos portátiles, los CD players y otras tantas cosas. Como muchos otros niños(as), tuve la oportunidad de participar en juegos de naturaleza física, en el patio y en la calle, pero a la misma vez pasar mucho tiempo frente al televisor. Mi visión de mundo incluía una noción de la historia en la que los “indios” eran salvajes y malos mientras que los “vaqueros” (blancos) eran civilizados. Recuerdo que cuando jugaba con amiguitos en la escuela y en el barrio, nadie quería ser de los “indios”, todos queríamos ser “vaqueros”. Todo el mundo “sabía” que los indios eran malos, lo veíamos en la TV. Luego entendí que eso de “indios” y “vaqueros” pertenecía al pasado del “Viejo Oeste” americano, era materia para los libros de historia.

Pero en el tiempo de mi adolescencia enfrentábamos otra realidad, aprendí que los rusos sí eran malos, querían conquistar el mundo y destruirlo por medio de bombas atómicas. Y, claro está, tenía que ser cierto, porque lo vi en la TV. En la mayoría de las películas y series televisivas “los malos” de alguna manera estaban asociados con la extinta Unión Soviética. Los soviéticos inventaron un avión supersónico llamado “Firefox” que hábilmente Clint Eastwood logró robar. Junto con los cubanos y nicaragüenses, los rusos invadieron una escuela en “Red Dawn” --gracias a Dios por Patrick Swayze y Charlie Sheen, quienes los lograron vencer. Hasta intentaron dominar el boxeo cuando aquel temible gigante de nombre Ivan Drago mató a Apollo Creed en el cuadrilátero --menos mal que contamos con Rocky Balboa para darle una lección en su propia tierra natal...  Todo esto parecerá tonto, pero lo cierto es que, aun cuando se sabe que todo esto es “ficción” y “entretenimiento”, en el inconsciente queda un mensaje grabado: el rechazo, temor, desprecio y hasta odio por los de tal o cual raza, etnia o nacionalidad porque son “los malos”, son “el enemigo”.

La niñez contemporánea poco sabe de la “Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas”, pero la programación mental que recibe le enseña que “los malos” tienen barba larga, usan turbantes en la cabeza y profesan alguna versión del Islam. Y, desde luego, tiene que ser cierto porque lo vemos en la TV. Los ejemplos son demasiados para contarlos, pero basta con echarle un vistazo a varias de las temporadas de la serie “24” -una de mis favoritas series de acción- para observar como Jack Bauer nos libra de "esos terroristas" del medio oriente...

La TV (y de igual forma el cine), como fuente de entretenimiento, programa las mentes para que adoptemos los prejuicios raciales del sistema. Y esto se manifiesta en otras esferas más allá del entretenimiento televisivo. Recientemente observaba horrorizado que la tarjeta en un campo de tiro tenía una figura que asemejaba a una persona con facciones étnicas propias del medio oriente... Se nos enseña a polarizarlo todo, a temer y rechazar a quien es distinto, a etiquetarlo todo, y a pensar en términos de categorías absolutas. Pero la vida es mucho más complicada que los reduccionismos de las categorías absolutas. El ser humano es diverso y complejo. Pertenecer a una raza, nación o religión no convierte a la persona de forma automática en un ser perverso y lleno de maldad con deseos de aniquilar al resto de la humanidad....

El problema de asumir esas visiones de tipo reduccionista es que afecta en todas las direcciones. Es decir, pensamos que tenemos la verdad inconmovible cuando tildamos a otros de lo que sea. Sin embargo, esa misma programación mental colectiva puede volcarse en detrimento propio. Recientemente observaba un vídeo en el cual muchas personas de uno de los principales partidos políticos proferían insultos contra el retrato del candidato presidencial del otro partido. Indistintamente de mis ideales políticos, no puedo negar que me sentí indignado por las cosas que escuché. Ahora bien, lo que más me indignó fue el comentario que hizo otro espectador del vídeo - un individuo identificado como no-religioso - a los efectos de que “así se expresan y se comportan los cristianos.” Desde el contexto de mi prédica y práctica de la fe cristiana, tengo la convicción de que Cristo no avalaría el tipo de insultos y expresiones que aquellas personas estaban diciendo. Sin embargo, el comportamiento bochornoso de un número de personas que se identifican como “cristianas”, lleva a quienes no comparten la fe a pensar que “todos los cristianos” actúan así. Si me inquieta que se generalice contra mi fe por el comportamiento errado de quienes de “identifican” con ella, también me inquieta que se generalice contra las personas de otra fe (o raza, o etnia, o clase económica, etc.), aunque lo haya visto en la televisión (o en cualquier otro medio).

En sus exhortaciones finales a la antigua iglesia cristiana en la ciudad de Tesalónica, el apóstol Pablo incluyó la siguiente:  «sométanlo todo a prueba, aférrense a lo bueno, eviten toda clase de mal» (1 Tesalonicenses 5.21-22 NVI). El examen riguroso, el análisis de las fuentes, la comprobación de hechos, la investigación cuidadosa y la ponderación mesurada nos debe llevar a una comprensión seria y madura de las complejas dinámicas de las comunidad humana.  Somos seres pensantes, la fe no debe vivir divorciada del uso de la razón. Al así hacerlo, estamos honrando a Dios y contribuyendo a una mejor convivencia social.

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