miércoles, 18 de marzo de 2020

A mitad de semana (Lectura y Reflexión | 3-18-2020)

UN SALMO PARA HOY - Salmo 147.1-11 (Nueva Traducción Viviente)

1 ¡Alabado sea el Señor!
¡Qué bueno es cantar alabanzas a nuestro Dios!
    ¡Qué agradable y apropiado!
2 El Señor reconstruye a Jerusalén
    y trae a los desterrados de vuelta a Israel.
3 Él sana a los de corazón quebrantado
    y les venda las heridas.
4 Cuenta las estrellas
    y llama a cada una por su nombre.
5 ¡Qué grande es nuestro Señor! ¡Su poder es absoluto!
    ¡Su comprensión supera todo entendimiento!
6 El Señor sostiene a los humildes,
    pero derriba a los perversos y los hace morder el polvo.

7 Canten su gratitud al Señor;
    al son del arpa, entonen alabanzas a nuestro Dios.
8 Él cubre los cielos con nubes,
    provee lluvia a la tierra,
    y hace crecer la hierba en los pastizales de los montes.
9 Da alimento a los animales salvajes
    y alimenta a las crías del cuervo cuando chillan.
10 No se complace en la fuerza del caballo
    ni en el poder del ser humano.
11 No, el Señor se deleita en los que le temen,
    en los que ponen su esperanza en su amor inagotable.

PENSAMIENTOS PARA PONDERAR

En medio de tantas noticias y circunstancias que provocan temor, ansiedad y tristeza, este Salmo nos invita a reconocer y alabar a Dios. Hace un llamado a considerar la providencia divina que se manifiesta en la naturaleza. Mi esposa y yo vivimos en un sexto piso y nuestro balcón en muchas ocasiones se convierte en lugar de solaz y encuentro con el Señor. La foto que acompaña esta nota es una de nuestras orquídeas. Tomé la foto esta mañana. Contemplando su belleza pensaba, cuán profunda la sabiduría y el poder divino, dedicando tanta imaginación y creatividad a cada detalle de algo tán frágil y efímero como una flor.

Mientras ponderaba estas cosas, me fijé en un visitante alado, uno de esos pequeños pajaritos que abundan por esta región y frecuentan nuestro balcón. Llevaba una ramita en su pico. Acercándonos a la primavera, esta avecita diminuta labora arduamente en formar un nido para procrear junto a su pareja. ¿Quién le dijo que este es el tiempo de hacerlo? ¿Quién le enseñó a reconocer las estaciones y los ciclos del año? ¿Quién le adiestró para escoger los materiales necesarios para construir lo que será su hogar durante las próximas semanas? ¿Quién le creó con ese “instinto”? Para las personas creyentes la respuesta a estas interrogantes es una: El mismo que “cuenta las estrellas y llama a cada una por su nombre.”

El orden creado tiene millones de años. El mundo ha visto incontables desastres “naturales” y no-naturales. Aún así, las flores salen en su tiempo. Aún así, los pájaros vuelven a anidar. Sin querer en ninguna manera aminorar la seriedad y fatalidad del tiempo que estamos viviendo y del que apenas comenzamos a sufrir sus efectos, mirar la creación me recuerda que no estamos abandonados a los designios de un destino incierto. Digamos, pues, con el Salmista:
“¡Qué grande es nuestro Señor! ¡Su poder es absoluto! ¡Su comprensión supera todo entendimiento!”
Soli Deo Gloria.

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