Dios es bueno. Punto.
No sé si será por la edad, por la maduración, por los estudios, por la experiencia pastoral, o por todas las anteriores, pero lo cierto es que mientras más tiempo pasa más me incomodan ciertos clichés del dialogar cotidiano evangélico. No puedo negar el hecho de que uno de esos clichés también ha sido parte de mi hablar en múltiples ocasiones: "Dios es bueno". Que quede claro: firmemente creo que Dios es bueno. De eso no hay la menor duda en mi corazón. No obstante, lo que me ha estado resultando incómodo no es la expresión "Dios es bueno", sino el hecho de que usualmente es pronunciada cuando algo ha salido "bien", o ha obrado en favor de quien la dice. "Los resultados de la prueba de cáncer salieron negativos... ¡Dios es bueno!" "Encontré lo que se me había perdido... ¡Dios es bueno!" "Mi negocio tuvo ganancias... ¡Dios es bueno!" "Fulano salió bien de la operación... ¡Dios es bueno!" "Me aumentaron e...