viernes, 12 de octubre de 2018

Suicidio: Algunas consideraciones pastorales

El tema del suicidio es uno sumamente complejo por la multiplicidad y diversidad de emociones que quedan en los seres queridos de quien se suicida.

El tema se torna aún más complejo cuando entran consideraciones teológicas y de fe.  La creencia generalizada en la cristiandad (independientemente la denominación o iglesia) es que la persona que se quita la vida sufrirá el castigo eterno, irá al infierno, etc.  Yo suelo ser cauteloso con este tipo de creencias por varias razones.

En primer lugar, indistintamente de lo que muchos digan, La Escrituras Sagradas nada dicen sobre el tema del suicidio. Los casos de suicidio que se registran en las narraciones bíblicas son informados simplemente sin emitir juicio valorativo al respecto. Cualquier juicio es mera inferencia o especulación del lector. 

En segundo lugar, solo a Dios le corresponde el papel de juzgar, condenar y/o salvar.

En tercer lugar, tomando en consideración mi conocimiento de las ciencias de la conducta humana, he llegado a entender que la persona que se quita la vida, lo hace bajo la influencia de un estado de salud mental/emocional quebrantada (breve o prolongado). Es decir, una persona en su sano juicio difícilmente atentaría contra su vida, pues el ser humano tiene en sí mismo un instinto de supervivencia, lo que quiere decir es que la tendencia humana es a buscar sobrevivir, no a buscar morir. Una persona que se suicida, sin razón aparente, por lo general se encontraba en un gran estado de perturbación, desesperación y angustia, aunque nadie más lo sospechara.  Es ahí donde me parece pertinente la pregunta: ¿Condenaría un Dios misericordioso a una persona que ha tomado una desafortunada decisión fuera de (aunque sea solo por un momento) de sus capacidades mentales? ¿No fue el mismo Jesús quien oró diciendo "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen"?  Las Sagradas Escrituras hacen énfasis en la gracia y la misericordia de Dios.  Ante una circunstancia tan complicada como la muerte de una persona por causa del suicidio, yo prefiero, en lugar de emitir juicios u opiniones condenatorias, confiar en que el amor y la gracia del Señor es más poderoso que cualquier concepto o idea que nosotros podamos tener.

Claro está, lo más importante para la familia en duelo es que puedan procesar su tristeza de manera apropiada. Es prudente incluso buscar grupos de apoyo con otras personas que han perdido familiares por el suicidio. También es prudente buscar ayuda profesional (consejeros, psicólogos), además de la ayuda espiritual de la comunidad de fe.

El mejor apoyo que podemos brindar a personas que hayan enfrentado la pérdida de un familiar a causa del suicidio, es acompañarles en su dolor, que se puedan desahogar, orar con y por ellos, y, si son creyentes, afirmar la gracia y el perdón del Señor. “Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 8:38-39).

IMPORTANTE: Si usted, o alguna persoona cercana tiene o ha sentido inclinaciones a quitarse la vida o se encuentra en gran estado de angustia, procure ayuda inmediatamente de algún proveedor de salud.  Puede también contactar a Lifeline pulsando este enlace. o llamando al 1-888-628-9454

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