jueves, 7 de febrero de 2019

Le puso de nuevo las manos sobre los ojos

" —¿Puedes ver ahora?
El hombre alzó los ojos y dijo:
—Veo gente; parecen árboles que caminan.
Entonces le puso de nuevo las manos sobre los ojos..."
(Marcos 8:22-26 NTV)

Aún cuando los Evangelios están repletos de narraciones de curaciones milagrosas de Jesús, lo cierto es que el fin de estos relatos no es llamar la atención hacia las curaciones per se, sino que también cumplen la función de ofrecer enseñanzas a manera de metáforas. En el caso del Evangelio Según Marcos, encontramos dos relatos de curación de hombres ciegos que cumplen la función de acentuar la incomprensión de los discípulos sobre la persona y mensaje de Jesús, el Cristo. Una de estas curaciones ocurre en Betsaida (Marcos 8.22-26) y la otra ocurre en Jericó.

Ahora bien, lo que llama mi atención sobre la curación en Betsaida es que, a diferencia de otras ocasiones, la curación milagrosa no ocurre de manera instantánea. En primera instancia, el hombre recobra parte de la visión, pero con limitaciones: veía la gente, pero le parecían árboles. Y ahí es donde el texto me sorprende al testificar que "entonces, [Jesús] le puso de nuevo las manos sobre los ojos."

Jesús muy bien pudo haber dicho, "Confórmate, por lo menos ahora ves algo, antes no veías nada. Sé agradecido, es mejor tener un poco de visión que no tener visión alguna." Pero Jesús no reaccionó así.  Tampoco buscó culpar al hombre acusándolo de tener una fe deficiente. Jesús no desistió en su obrar compasivo hacia el hombre necesitado: "le puso de nuevo las manos sobre los ojos." Jesús no abandonó al hombre sino que continuó con él hasta que la curación fue completada.

Esto nos debe servir de inspiración y recordatorio. En primer lugar, no debemos desistir de obrar el bien, ni de enseñar y practicar la justicia y el amor del reino de Dios, aunque no veamos los resultados que esperamos en el tiempo que los esperamos.

En segundo lugar, recordemos que lo ocurrido con el hombre ciego viene a ser para el Evangelio Según Marcos una metáfora para la falta de comprensión de los discípulos de Jesús. No debemos perder la esperanza cuando no entendemos bien lo que nos ocurre y los "por qués" de lo que nos ocurre. La fe no madura de un momento para otro. La fe y la comprensión ocurren en etapas, en pasos, como una larga carrera maratónica. No claudiquemos ante los tropiezos y desafíos que enfrentamos. Aún en medio de nuestra incomprensión, el Señor sigue y seguirá obrando, moldeando nuestro ser. El Señor no deja las cosas incompletas, seguirá poniendo de nuevo sus manos sobre nuestras vidas, hasta llevarnos a la plenitud.

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