jueves, 24 de noviembre de 2016

Entren con acción de gracias


Salmo 100 (RVC)
1 ¡Canten alegres al Señor,
habitantes de toda la tierra!
2 ¡Sirvan al Señor con alegría!
¡Vengan a su presencia con regocijo!
3 Reconozcan que el Señor es Dios;
él nos hizo, y de él somos.[a]
Somos su pueblo. ¡Somos las ovejas de su prado!
4 Entremos por sus puertas y por sus atrios
con alabanzas y con acción de gracias;
¡Alabémosle, bendigamos su nombre!
5 ¡El Señor es bueno!
¡Su misericordia es eterna!
¡Su verdad permanece para siempre!
¿Por qué dar gracias a Dios? Año tras año escucho personas dar gracias por diversas razones... Muchas se concentran casi siempre en razones de carácter material... Otras personas –-y esto se ve mucho en los mensajes [emails] que se envían en cadena, o lo que postean en las redes sociales--- hacen una lista de razones que se enfoca en las limitaciones físicas que no tienen... “Porque puedo ver mientras hay tantos que no; porque puedo caminar mientras hay tantos que no tienen piernas; porque puedo oír mientras hay tantos sordos; porque tengo salud mientras hay tantos enfermos...” y así por el estilo. No digo que no se agradezca a Dios por ese tipo de bienes. Sin embargo cuando escucho o leo cosas semejantes no puedo evitar preguntarme: ¿los no-videntes no pueden agradecer a Dios? ¿quienes no pueden caminar? ¿y las personas con enfermedad crónica o terminal? Me parece algo simplista condicionar nuestras acciones de gracias a las cosas que tenemos o las ventajas que disfrutamos en comparación con quienes no las tienen, aquellos que con eufemismo llamamos “menos privilegiados”. A veces, sin tener plena conciencia de ello, nuestras acciones de gracias no son otra cosa que una manifestación del egocentrismo que tanto afecta a la humanidad desde que el mundo es mundo.

La Escritura para hoy nos lanza un reto. Por medio de las palabras del Salmo 100 la Escritura nos llama a desenfocar la mirada de nosotros mismos y enfocarla en Dios. Allí observamos varias expresiones de carácter imperativo: canten, sirvan, vengan, reconozcan, entremos, alabemos(le), bendigamos(le). Todas esas expresiones de una u otra manera implican acciones dirigidas hacia Dios.

¿QUIÉNES son llamados a agradecer? Habitantes de toda la tierra. No solo quienes tienen dinero y posesiones. No solo quienes gozan de buena salud. No solo quienes pueden caminar... ¡Habitantes de TODA la tierra! Todas las personas somas llamadas a expresar la acción de gracias indistintamente de lo que tengamos o dejemos de tener. Por mucho que nos pueda sacudir la idea, lo cierto es que la gratitud a Dios no está sujeta a condición o circunstancia alguna. Aún en enfermedad, escasez, dolor y limitaciones, si usted y yo somos habitantes de toda la tierra, entonces somos llamados a la acción de gracias. En el relato bíblico de Job, se dice que la primera reacción de Job ante sus calamidades fue postrarse en tierra y adorar a Dios diciendo: «desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré al sepulcro. El Señor me dio, y el Señor me quitó; ¡Bendito sea el nombre del Señor!» (1.20-21).

¿CÓMO agradecer? Con alegría; con regocijo.

→ “Pero este año muchas cosas me han salido mal...” La Escritura responde: Canten alegres a Dios.

→ “Pero la inflación aumenta mientras los ingresos disminuyen...” La Escritura responde: Sirvan al Señor con alegría.

→ “Pero es que estoy tan solo(a) y triste, hasta mis seres queridos se olvidan de mí”. La Escritura responde: Vengan a su presencia con regocijo.

→ “Este salmo me está pidiendo algo que no puedo hacer, yo no tengo tanta fe”. La Escritura cuenta que en una ocasión los discípulos dijeron a Jesús «Auméntanos la fe» y él les contestó: «Si ustedes tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, podrían decirle a este [árbol] ‘Desarráigate y plántate en el mar’ y el [árbol] los obedecería» (Lucas 17.5-6). No es necesario tener una “gran” fe: la que tenemos, si está puesta en el Señor, puede hacernos —como dice el viejo himno— “en el dolor cantar”.

¿POR QUÉ agradecer? Por que Él es DIOS (o sea, porque sí). Porque Él nos hizo. Porque nos ha hecho sus «ovejas», porque nos ha hecho pueblo suyo. Gracias a Dios porque no nos pertenecemos a nosotros mismos; porque nuestra vida no está en nuestras manos sino en las suyas. Gracias porque el Señor es bueno. Gracias porque para siempre es su misericordia; porque nos perdona lo que nadie más nos perdonaría. Gracias porque su verdad es por todas las generaciones; porque en un mundo tan lleno de falsedad, engaño y apariencias, Dios es fiel y verdadero.

Un último detalle: el título del Salmo, que en la mayoría de nuestras biblias se traduce como “salmo de alabanza”, contiene una palabra hebrea que generalmente se traduce como “acción de gracias”. Pero esa misma palabra también puede traducirse como “sacrificio”, haciendo referencia a los sacrificios que los antiguos ofrendaban a Dios en el santuario. Tomando en consideración ese dato, podemos percatarnos de que la acción de gracias a Dios implica mucho más que palabras, implica entrega, devoción, ofrecer a Dios lo que a Dios le pertenece. La parte central del Salmo nos llama a reconocer que el Señor es Dios... en eso consiste la verdadera vida, con eso comienza la acción de gracias que no depende de las circunstancias “favorables”. La fe que “canta alegre aún en el dolor” es posible cuando reconocemos a Dios como soberano y nos ofrecemos a Él como “sacrificio en su altar”, es decir, por completo, a la disposición de su Reino de paz, justicia y amor. Reciba pues, el Señor, lo mejor de nuestra gratitud: la entrega alegre de todo nuestro ser.

Soli Deo Gloria. 

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