martes, 29 de enero de 2013

Haciendo ruido

«Pero yo les muestro un camino aun más excelente... Si yo hablara lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal resonante, o címbalo retumbante.» (1 Corintios 12.31-13.1 RVC)

El capítulo 13 de la 1ra Carta de Pablo a los Corintios, generalmente es leído en ceremonias nupciales.  No obstante, el contexto que lleva a Pablo a escribir no es el de una boda, ni el romanticismo de la relación de pareja. Pablo escribe a una iglesia que tiene serios problemas en las relaciones y la comunicación entre sus miembros. El capítulo 13, llamado por algunos como "el himno al amor", viene a ser la invitación del apóstol a la comunidad cuya experiencia de vida se estaba viendo marcada por múltiples conflictos y rencillas de diversa naturaleza. En el capítulo previo (12) Pablo expone la realidad lamentable de rivalidades que tienen como origen una incomprensión de la diversidad. Tal parece que entre unos y otros se menospreciaban y se dividían tomando como "excusa" la presencia de dones espirituales.  Pablo les enciende la luz, mostrando que en última instancia, el problema real es la falta de amor. Para que exista unidad, no tiene que haber uniformidad. Lo que tiene que haber es amor.

No pretendo disertar ampliamente sobre todo el contenido del capítulo 13.  Simplemente quiero invitarnos a reflexionar sobre el planteamiento contenido en el primer verso.  ¿Refleja tu/mi forma de hablar la presencia del amor?  Aún cuando se estén planteando ideas "correctas" o "inteligentes", la ausencia de amor convierte todo eso en ruido. El ruido dificulta la comunicación efectiva. El ruido dificulta la comprensión. El ruido se convierte en un elemento distractor que diezma nuestra atención de las cosas que realmente son importantes y valiosas. Puedes "tener razón", pero sin amor, la "razón" no es más que un aparato ruidoso.  Tomemos un momento para autoevaluar qué es lo que manifiesta nuestra forma de hablar (oralmente o por escrito). Tomemos un tiempo para considerar, no solo qué decimos, sino cómo lo decimos. La verdad sin amor lastima y ofende. La verdad en amor construye. El mundo tiene ya demasiado ruido.  No contribuyamos a aumentar sus decibeles. Hagamos la diferencia. Andemos en eso que Pablo llamó, «un camino aun más excelente».

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