Del baúl de recuerdos: «Reflexiones sobre el ataque terrorista»


[Publiqué estas reflexiones originalmente en el Hato Rey Informa, boletín de la Iglesia Presbiteriana en Hato Rey, Puerto Rico, de la cual fui pastor cuando ocurrieron los lamentables hechos del Martes, 11 de septiembre de 2001. El boletín fue distribuido a los asistentes al servicio del Domingo siguiente.
 Al cumplirse un aniversario más de la tragedia, comparto a continuación aquellas palabras pastorales.]

Parecía sacado de una de esas películas como la serie “Die Hard”. Pero lo cierto es que lo que nuestros ojos veían en la televisión el pasado Martes no era una escena de Hollywood. Era una triste escena de la cruda realidad. No había efectos especiales... la destrucción, la explosión, el fuego y el derrumbe que vimos era real. No había actores ni actrices cobrando grandes sumas de dinero por aparentar tristeza y pánico... los rostros angustiados y desesperados eran verídicos; las lágrimas derramadas no eran artificiales, se trataba de lágrimas de profundo dolor...

En medio de todo, me resulta muy lamentable la cobertura de algunos medios de comunicación para difundir la información. Creo que no había ninguna necesidad de poner música de terror como fondo a las escenas que se proyectaban. Tampoco había necesidad de crear gráficas computarizadas de aviones volando, como si se tratara del anuncio de alguna película de horror. Eso, en mi barrio, se llama morbosidad. Me parece que los medios deberían buscar la manera de difundir la información de forma serena y no alarmista ni espectacular. No es la primera vez que algo así sucede, igual ha sido cuando llegan los huracanes...

El dolor ajeno nunca debe ser utilizado para mejorar el “rating” de los programas noticiosos. Como decía mi abuela, “a quien le caiga... que se lo ponga”.

En momentos como este, hay varias reflexiones que debemos considerar. En primer lugar, no somos invulnerables. Los seres humanos, especialmente en  nuestro País, vivimos como si fuéramos a ser eternos, como si nuestra vida nunca se fuera a terminar. Cuando menos lo esperamos, recibimos la mala noticia de algún diagnóstico médico inesperado o alguna situación para la cual no estábamos preparados.

Lo segundo es que, en momentos como este, podemos unir nuestros pensamientos a las palabras del Salmista: “Alzaré mis ojos a los montes. ¿De dónde vendrá mi socorro?” (Salmo 121:1). Compartía hace una semana, una frase que me hizo pensar mucho: “Lo que hagamos con Dios cuando las cosas marchan bien, determinará lo que hagamos con Dios cuando estamos en dificultades.” A mí me gustaría usar un poco de “licencia poética” y hacer una ligera pero significativa adaptación: lo que hagamos en relación a Dios cuando las cosas van bien, determinará lo que Dios haga con nosotros, cuando las cosas andan mal. El dinero que usamos (y que muchas personas aman más que a su propia vida), tiene la inscripción “IN GOD WE TRUST”. Lo que observamos a diario dice lo contrario, nuestro País se ha alejado terriblemente de los principios bajo los cuales fue fundado. Es necesario regresar a la base (“back to the basics”, como me dijo un hermano en estos días).

“Mi socorro viene del Señor que hizo los cielos y la tierra” (Salmo 121:2). En momentos como estos (así como en todos los momentos de la vida), es necesario que aprendamos a confiarnos en las manos de Dios. Dios no va a eliminar el sufrimiento con una varita mágica, pero definitivamente nos va a acompañar en medio del sufrimiento, pues el Señor sabe por experiencia lo que es la profundidad del dolor y la desesperación.

Roguemos a Dios por el consuelo y la paz espiritual de todas las personas que han perdido sus familiares y amigos en estos ataques terroristas. Oremos a Dios por estas personas que de manera ciega y confundida cometen semejantes barbaridades. Oremos por los gobiernos y las autoridades, para que Dios les ilumine y no tomen sus decisiones cegados por un deseo de venganza que a nada bueno les puede llevar.

“Señor, levanta nuestras vidas, levanta nuestras iglesias... levanta nuestras naciones. AMÉN.”

Pastor José Manuel (16 de septiembre de 2001 | Hato Rey, Puerto Rico)

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