¿Alineándonos con Satanás?

Al leer cuidadosamente los Evangelios, podemos observar que las controversias y enfrentamientos de Jesús siempre fueron con personas religiosas, no con aquellas personas que su sociedad consideraba como “pecadoras” (por ej. prostitutas, cobradores de impuestos, gente extranjera).

Uno de tantos ejemplos lo encontramos en el pasaje de Lucas 13.10-17 (toma un par de minutos para leerlo aquí). Allí se cuenta que Jesús se encontraba en una sinagoga (el lugar de reunión para leer y estudiar las Escrituras Sagradas en el Sábado o “día de reposo”). Por allí también se encontraba una mujer cuya enfermedad la había mantenido encorvada durante casi dos décadas. Al verla, Jesús obró un milagro que devolvió la salud a esta mujer atormentada. 

La reacción del líder de la sinagoga no se hizo esperar. Lejos de alegrarse por la restauración de la mujer, el líder religioso sermoneó a los presentes criticando lo que él consideraba una violación de las reglas del día sagrado. Ante sus propios ojos acababa de ocurrir una manifestación de la bondad divina hacia una persona vulnerable y vulnerada, ¡pero su mayor preocupación era mantener las normas religiosas por encima de cualquier cosa!

Jesús respondió al líder religioso con palabras cortantes. “Hipócrita”, le llamó sin tapujos ni reservas. En su argumentación (vv.15-16), Jesús identificó a “Satanás” como el responsable de la desdicha de aquella mujer. Y es precisamente en esta identificación que sus palabras llevan una carga aún mayor. Al valorar las reglas y dogmas más que a la mujer necesitada, aquel religioso hacía causa común con Satanás. Pretendiendo representar los intereses de Dios, el religioso estaba -de facto- representando los intereses del mal. Su actitud de aparente piedad contribuía a mantener a la mujer en una condición de opresión e infelicidad: mejor que siga encorvada antes que romper la tradición. Las palabras de aquel líder, lejos de alinearlo con el reino de Dios, lo alineaban con Satanás.

Lamentablemente, a dos milenios de aquel incidente, seguimos observando las mismas actitudes en templos y congregaciones de nuestro tiempo. Continuamos viendo gente que se preocupa más por el cumplimiento de dogmas, reglas y tradiciones, que por la liberación de las personas vulnerables y desventajadas. Con la actitud de soy-más-santo-que-tú, mantienen encorvadas a personas que no se acomodan a sus ideas y conceptos morales, políticos, o religiosos. Alegando obrar en nombre de Jesús, manifiestan las mismas actitudes tóxicas de quienes se oponían a Jesús. Se encumbran en sus pedestales como guardianes del dogma y la moral ajena, sin percatarse que su hipocresía cristianoide en ninguna manera representa el reino de Dios que Jesús enseñó y practicó. 

Iglesia: ¡basta ya de alinearnos con Satanás! Dejemos atrás las críticas leguleyas y abracemos la compasión y la caridad sincera. Jesús, con su ejemplo, sigue mostrando la dirección a seguir. Nos llama a continuar su misión de liberación, restituyendo la salud y bienestar de quienes han sido encorvados por los golpes del camino, los sistemas opresivos, y las condiciones que estorban la posibilidad de una vida digna y plena para todas las personas.

Soli Deo Gloria.


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