jueves, 31 de octubre de 2019

Jesús ES el modelo a seguir


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«Por lo tanto, también nosotros, que tenemos tan grande nube de testigos a nuestro alrededor, liberémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante. Fijemos la mirada en Jesús, el autor y consumador de la fe, quien por el gozo que le esperaba sufrió la cruz y menospreció el oprobio, y se sentó a la derecha del trono de Dios. Por lo tanto, consideren a aquel que sufrió tanta contradicción de parte de los pecadores, para que no se cansen ni se desanimen.» (Hebreos 12:1-3, RVC)

Estos versos son parte de un argumento muy extenso en la Carta que lleva el nombre de “Hebreos”.

En términos generales, esta carta es más bien un discurso/sermón exhortando a los miembros de una comunidad cristiana primitiva a no claudicar, no volver atrás abandonando la fe en Jesucristo y abrazando nuevamente sus antiguos caminos.

El autor utiliza diversos recursos para acuñar su mensaje, desde argumentos inspiracionales hasta terribles advertencias.

Ya en el capítulo 11, el autor hace un recuento de quienes precedieron en la fe a los miembros de su comunidad.  Es algo así como un álbum de fotografías de familia --que trae a la memoria gratos recuerdos, pero también tristes remembranzas.

Todo eso desemboca en la exhortación de los primeros versos del capítulo 12. Allí esencialmente hace dos llamados a su audiencia:

El primero es a observar las vidas que les precedieron y que eso sirva de inspiración para quienes se encuentran enfrentando las luchas del tiempo presente (v. 1):
Por lo tanto, también nosotros, que tenemos tan grande nube de testigos a nuestro alrededor, liberémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante.
Aquí la imagen/metáfora es la de un atleta corriendo en un estado de la cultura grecorromana, mirando la trayectoria de sus predecesores como inspiración para correr con dedicación y con ganas de llegar a la meta.

El segundo llamado, continuando la misma metáfora de la carrera, es a poner la mirada en Jesús como modelo / ejemplo de perseverancia y fidelidad aún en medio de las más graves contrariedades (la cruz): «Consideren a aquel que sufrió...» (v. 3)

Es en este segundo llamado que hoy quiero hacer hincapié. Si usted ha estado siguiendo mi enseñanza y predicación a través de los años, se habrá percatado de mi insistencia en este particular: el centro de la religión cristiana es Cristo, ser discípulos de Jesús es mucho más que “admirar a Jesús” sino imitar a Jesús y seguir su ejemplo en todas las relaciones y áreas de la vida, específicamente su relación con Dios y su relación con los demás seres humanos.

Ser iglesia de Cristo no es reclutar personas para que vengan a ver un programa de “sano entretenimiento”. Ser iglesia de Cristo es involucrarse en la misión reconciliadora de Dios en el mundo, en los pasos de Jesús. No es hablar de Jesús, no es memorizar datos sobre Jesús, es fijar la mirada en Jesús y seguir su ejemplo:

  • ¿Cómo trataba Jesús a las demás personas? ... mujeres, niños, enfermos, personas desplazadas, personas vulnerables...
  • ¿Cómo confrontaba Jesús la hipocresía religiosa? ¿Cómo se enfrentó Jesús las ideologías y acciones de los poderosos de la tierra?
  • ¿Cómo se relacionaba Jesús con Dios, a quien llamaba “Abbá”? ¿Cómo atendía Jesús su salud física? ¿Cómo cultivaba Jesús su salud emocional y espiritual?
  • ¿Cómo enfrentó Jesús el sufrimiento? ¿Cómo expresó Jesús su alegría?

Observando y considerando a Jesús en su tiempo, es que descubrimos cómo nos corresponde actuar en el nuestro.

Una de las Confesiones de nuestra Iglesia Presbiteriana (EUA), lo expresa de la siguiente manera:
El estar reconciliado con Dios significa ser enviado al mundo como su comunidad reconciliadora. A esta comunidad, la iglesia universal, se le ha confiado el mensaje de Dios de la reconciliación y ella participa en la labor de subsanar las enemistades que separan al ser humano de Dios y de sus semejantes. Cristo ha llamado a la iglesia a esta misión y le ha dado el don del Espíritu Santo. La iglesia mantiene continuidad con los apóstoles y con Israel por medio de una fiel obediencia a su llamado. 
La vida, la muerte, la resurrección y el retorno prometido de Jesucristo han establecido el modelo para la misión de la iglesia.  
-- Su vida como ser humano envuelve a la iglesia en la vida ordinaria de la humanidad. 
-- Su servicio a los seres humanos compromete a la iglesia a trabajar en pro del bienestar humano en todas sus formas. 
-- Su sufrimiento hace a la iglesia sensible a todos los sufrimientos humanos, de manera que contempla la faz de Cristo en el rostro de los seres humanos que sufren toda clase de privaciones. 
-- Su crucifixión revela a la iglesia el juicio de Dios sobre la crueldad del ser humano hacia sus semejantes, y las consecuencias terribles de su propia complicidad en la injusticia. 
-- En el poder del Cristo resucitado y en la esperanza de su retorno, la iglesia contempla la promesa de la renovación de la vida del ser humano en la sociedad y de la victoria de Dios sobre toda maldad. 
La iglesia sigue este modelo en su forma de vida y en su método de trabajo. Vivir y servir de esta manera es confesar a Cristo como Señor. (Confesión de 1967, 9.31-9.33, negrillas añadidas)
Quiero acentuar la última oración: Vivir y servir de esta manera es confesar a Cristo como Señor.” De eso se trata la religión cristiana, "lo demás" --como dicen en Ponce, Puerto Rico-- "es parking.”

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