lunes, 19 de febrero de 2018

¿Por falta de oración?

He estado tratando de abstenerme en escribir sobre este tema para no ofender la sensibilidad de quienes con buena fe y de todo corazón creen la idea que aquí voy a refutar.  No obstante, mi vocación como docente del cristianismo me quema por dentro si guardo silencio al respecto.

A raíz de la más reciente masacre ---y tengo que decir "más reciente", porque es ya algo tan común que podemos asegurar que seguirán ocurriendo--- en donde 17 personas, estudiantes y facultad de una escuela superior murieron, y otras tantas fueron heridas, en los medios sociales (emails, Facebook, Twitter, etc.) ha estado circulando nuevamente la idea que vincula estas tragedias con la falta de oración en las escuelas públicas de la nación. Hasta una camiseta han hecho para promover esta idea (vea la foto aquí incluida).  Dicha idea es problemática y fomenta conceptos distorsionados sobre lo que es y no es la oración, y que a continuación señalo con el fin de crear conciencia en nuestro pueblo.

I. La presencia divina no está condicionada a la oración. En el cristianismo hablamos de un Dios "omnipresente" y "omnipotente", sin embargo, la idea que se ha estado propagando implica que el Dios omnipresente y omnipotente no puede entrar y estar donde no le invoquen por medio de la oración. ¿Qué clase de "Dios" es ese? Siguiendo la lógica de ese pensamiento, entonces los padres y madres que llevan sus niños(as) a escuelas públicas (o privadas que no sean religiosas) les están abandonando en lugares donde Dios no está presente. ¿Qué clase de padres y madres son esos?

II. La oración no es un supresor de violencia. Por un lado, busque en la historia antigua y reciente, y encontrará gente de mucha oración cometiendo horrendos actos contra la vida y bienestar de las demás personas. Por otro lado, dos de las masacres de mayor prominencia en tiempos recientes han ocurrido en el interior de iglesias ¡donde había gente orando! (9 personas asesinadas en una iglesia en Charleston y 26 personas asesinadas en una iglesia en Texas).

III. Señalar la ausencia de oración "oficial" en las escuelas públicas como explicación de la violencia es prácticamente culpar a las víctimas de la tragedia. [Digo "oración oficial", porque la persona creyente puede orar donde le venga en gana, lo que no puede hacer es obligar a otras a orar. Mi educación primaria, secundaria y supeior ocurrió en una escuela privada religiosa y en una escuela pública (no-religiosa). En la primera nadie me podía forzar a orar (más allá de guardar silencio mientras se hicieran oraciones en las capillas) y en la segunda nadie me podía impedir orar, aún cuando institucionalmente no se forzara al estudiantado a profesar religión alguna.] Las ideas que "cristianamente" se están promoviendo, lo que en su cruda esencia están planteando es "Miren lo que pasa cuando no se ora en las escuelas".

Si nos identificamos como cristianos(as) --discípulos(as) de Jesucristo--- debiésemos tener mayor sensibilidad hacia quien sufre y padece ---indistintamente de su estatus religioso. Con su prédica y práctica, Jesús de Nazaret contrarrestó la idea de que las tragedias y enfermedades eran consecuencia de los pecados de quienes las sufrían. Lejos de sermonear a las víctimas, Jesús se les acercaba con ternura, con empatía, con sensibilidad, con su toque compasivo a quienes nadie más se atrevía ni quería tocar, extendiendo sus manos para ayudar mientras los religiosos de su entorno sólo extendían sus lenguas para criticar y sus dedos para acusar.

El problema de la violencia en las escuelas (y en la sociedad en general) es mucho más complicado que la solución simplista que plantea la idea que muchos cristianos(as) siguen repitiendo sin analizar.  El problema tiene raíces educativas, factores de salud mental (personal y colectiva), causas políticas y económicas, que deben ser atajadas de una manera multidisciplinaria. Claro está, mientras nos entretenemos con clichés y "memes" religiosos pasamos por alto la realidad de una industria billonaria que depende del fomento de la histeria colectiva y la belicosidad social para seguir produciendo dinero y comprando legisladores y políticos. "Follow the money" ---reza el dicho en inglés.

Dejemos de culpar a las víctimas. Las víctimas no necesitan nuestras opiniones religiosas deficientes, las víctimas necesitan nuestra solidaridad. Las familias en duelo no necesitan alguien que venga a empujarle su anhelo de simbiosis de Estado teocrático, lo que necesitan es la empatía de quienes le acompañan en medio de su dolor.  Es en el abrazo solidario que reconocemos la presencia divina.

Dejemos de propagar el concepto de la oración como panacea que mágicamente lo resuelve todo. Una expresión atribuida a la Madre Teresa afirma lo siguiente sobre la oración: "Yo solía orar para que Dios alimente a los hambrientos, o haga esto o lo otro, pero ahora mi oración es que Dios me guíe a hacer lo que debo hacer, lo que puedo hacer. Yo solía orar pidiendo respuestas, pero ahora estoy orando por fuerzas. Yo solía creer que la oración cambia las cosas, pero ahora oro para que cambiemos nosotros y cambiemos las cosas." Alguien, como mucha razón dijo, "no le pidamos a Dios que dirija nuestros pasos si no estamos dispuestos(as) a mover nuestros pies".

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