jueves, 14 de julio de 2011

Durante mis desvelos

Durante este verano me he dado a la tarea de leer el libro de los Salmos.  Este libro bíblico es una colección de poemas y canciones antiguas del pueblo de hebreo.  En esta colección encontramos piezas de diversos autores debidamente identificados mientras que algunas de ellas son anónimas o pseudónimas (escritas por autores utilizando un nombre distinto al suyo, como por ejemplo, "David").  En fin, el libro de Salmos es una obra colectiva que a través de los siglos se ha convertido en fuente de inspiración para judíos y cristianos por igual.

Allí encontramos hermosas expresiones de alabanza al Dios eterno, inspiradoras y esperanzadoras súplicas, así como también horrendos clamores rogando a la divinidad la ejecución de venganza sobre crueles enemigos.  Cuando leemos los salmos vemos en ellos espejos que reflejan la gran complejidad del carácter humano, tanto en sus virtudes como en sus carencias.

Confieso que mi utilización de los salmos durante los ultimos años ha sido de carácter liturgico, identificando principalmente aquellos salmos que sirven como expresiones para enriquecer la adoración comunitaria en la iglesia.  No obstante, el tomar tiempo para leer cada salmo con detenimiento me ha permitido saborear las emociones allí contenidas, tanto aquellas que pueden ser alentadoras como aquellas por las cuales sentiría vergüenza.  Allí me encuentro reflejado cuando adoro a Dios en la comunidad o en la intimidad, así como cuando grito con angustia o temor por no ver soluciones a los problemas del camino.  Leer los salmos en su totalidad me permite hacerlos míos, y descubrir que los sentimientos muy humanos que manifiestan, son mis propios sentimientos hacia Dios, hacia el prójimo (incluyendo a los llamados "enemigos") y hacia la vida misma.

Te invito, querido lector o lectora a que tomes tiempo para sumergirte en la rica meditación de los salmos.  No busques en ellos un tratado doctrinal organizado, ni tampoco busques en ellos una guía sobre ciencias naturales.  En ocasiones los sentimientos allí expresados sirven como ejemplo de lo que no debemos hacer o desear...  Sin embargo, como retrato humano, los salmos sirven para recordarnos que Dios se relaciona precisamente con personas limitadas, con virtudes y defectos, con fortalezas y carencias, con sueños y frustraciones... personas como tú y como yo...

«Sólo en Dios halla tranquilidad mi alma;
sólo en él he puesto mi esperanza...
Mi alma quedará del todo satisfecha,
como si comiera los mejores platillos,
y mis labios de aclamarán jubilosos
al pensar en ti recostado en mi lecho,
al meditar en ti durante mis desvelos.
Porque tú has sido mi socorro,
alegre viviré bajo la sombra de tus alas.
Mi alma está apegada a ti;
tu mano derecha me brinda apoyo.»

(Salmos 62.5; 63.5-8 RVC).

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