martes, 3 de mayo de 2011

Celebrando la ¿muerte?

En plena temporada de pascua/resurrección ocurrió la noticia sobre la ejecución del tan buscado Osama Bin Laden. Bajo ninguna circunstancia condono ni aplaudo las atrocidades que esa persona y su organización terrorista haya hecho a lo largo de su vida. Sus actos contra la vida son completamente deplorables. No obstante, lo que me impactó luego de saber la noticia fue la reacción en cadena que se vio manifestada a través de las redes sociales en las cuáles muchas hermanas y hermanos cristianos publicaron expresiones de regocijo y celebración. Insisto, rechazo enérgicamente las acciones maléficas en contra de la humanidad cometida por ese o cualquier otro grupo o gobierno (llámese 'terrorista' o no). No hay manera de poder aquilatar el dolor profundo que sienten los familiares y amigos de las miles de personas afectadas/muertas por dichas actividades. Sin embargo, añadió tristeza y dolor a mi corazón la morbosidad con que muchos 'cristianos' se expresaron. Simplemente esto me dejó estupefacto.

Habrá quienes piensen que su gozo está bien fundamentado en pasajes de las Sagradas Escrituras como aquel donde se narra al pueblo hebreo cantando y bailando al celebrar la muerte de los soldados egipcios al cruce del Mar Rojo. Pudiésemos encontrar muchos pasajes bíblicos similares, incluso muchos salmos pudiesen usarse para sustentar dichas acciones. Pero... todo ello contrasta tremendamente con la actitud, enseñanza y acciones de Jesucristo, quien redefinió las relaciones entre ser humano y Dios, así como las relaciones entre ser humano y ser humano: "oyeron que les fue dicho... más yo les digo..." Para la fe cristiana, el marco de referencia siempre debe ser Jesucristo, incluso a la hora de leer e interpretar las Escritras del primer y el postrer testamento.

"Se ha cumplido la justicia", dijo el Presidente (cristiano) Obama. ¿Justicia? ¿Cuál justicia? Cuando el antiguo pueblo de Dios adoptó como una de sus reglas el llamado "ojo por ojo y diente por diente" lo hizo como una medida para asegurar que la revancha/desquite/venganza nunca fuese desproporcionalmente mayor a la ofensa originalmente cometida. Si miramos el costo humano de la guerra en que nos hemos visto sumergidos durante una década, ¿podemos decir que la "retribución" ha sido proporcional al daño cometido? ¿Cuántas personas han muerto víctimas de los viciosos ataques terroristas vis a vis a cuántas personas han muerto por nuestros ataques a naciones enteras como represalia a las acciones de un grupo extremista? ¿Cuántos de nuestros soldados, muchos de ellos muy jóvenes con toda una vida por delante, han quedado muertos o mutilados como resultado de nuestro "ojo por ojo y diente por diente"? Esto es algo que nos debería llevar a repensar si realmente estamos en la línea de Jesucristo o si nuestra fe no ha evolucionado como consecuencia de sus actitudes, enseñanzas y acciones según testificadas en los Evangelios.

Como aportación a nuestras meditaciones comparto algunas frases y citas que igualmente han sido publicadas hoy en los diferentes medios de comunicación electrónica. Mi gratitud a quienes han contribuido a plasmar en las redes sociales un llamado profético a la prudencia y la solemne reflexión:

«Lloro la pérdida de miles de vidas preciosas, pero no me regocijaré en la muerte de una, ni siquiera la del enemigo. Devolviendo odio por odio multiplica el odio, añadiendo más tinieblas a una noche que ya de por sí carece de estrellas. Las tinieblas no pueden ahuyentar las tinieblas: solamente la luz puede hacer eso. El odio no puede ahuyentar el odio: solamente el amor puede hacerlo» --Martin Luther King, Jr.

«No te alegres cuando caiga tu enemigo; que no se alegre tu corazón cuando él tropiece...» --Proverbios 24.17


«Ojo por ojo y el mundo terminará ciego» --M. Gandhi

«Si tan solo los cristianos(as) anunciaran la vida de Jesucristo con el mismo entusiasmo que anuncian la muerte de Bin Laden... Hmmm... Wishful thinking...» --JM. Capella-Pratts

Todo agresor (individual o colectivo) debiese enfrentar la justicia y responder por sus atrocidades contra la humanidad, pero esa regla debiese comenzar "por la casa". Nuestro estribillo reza "One nation under God", pero no tomamos a Dios en consideración ni seguimos sus caminos.

Quiera Dios compadecerse una vez más de este mundo e iluminar nuestras mentes para no seguir actuando con las vísceras. A fin de cuentas, la violencia sólo engendra violencia. Y las celebraciones de la muerte sólo provocarán más muerte. En algún sótano del planeta ya habrá gente planificando cómo "vengar" la muerte del líder terrorista, muchos(as) más inocentes morirán y el ciclo sangriento continuará.

Este es tiempo de reflexión, recogimiento e introspección honesta y valiente, aunque ello no resulte simpático a muchos(as)... Celebrar la muerte del monstruo no nos hace diferentes a él.  Cristianos y cristianas: ¿hemos sido realmente llamados a celebrar la muerte, particularmente cuando al hacerlo estamos glorificando la venganza, el odio y la violencia?

Por último (al menos, por ahora) les comparto el enlace a una carta abierta del «Presbyterian Peace Fellowship» en respuesta a la noticia de la muerte de Bin Laden.

En este otro enlace se incluyen excelentes recursos de parte de nuestra denominación, Presbyterian Church (USA), sobre temas relacionados a la guerra, el terrorismo, la muerte, muy apropiados para la situación presente.

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